Me despido de la decanatura - Razón Pública

Me despido de la decanatura

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Hoy me despido de un reto asumido en 2022: la decanatura de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, reto que inició con un diálogo con colegas administradores y contadores además de los economistas.  La idea inicial fue construir desde las tres disciplinas reconfigurando lo que ha sido el imaginario dominante en la Facultad según el cuál, la economía como disciplina debe prevalecer sobre las otras dos.  Esa idea ha calado en algunas mentes de la Facultad llevando a una tensión que se reproduce en la comunidad del profesorado y también entre el estudiantado.  Sin duda fue una apuesta complicada pero yo, como economista y como docente estaba y estoy convencida que la coexistencia de tres disciplinas en la Facultad debe tener un equilibrio y debe converger a un reconocimiento y participación conjunta, colectiva y propositiva. La idea torpe de la prevalencia de una disciplina sobre las otras refuerza discursos de exclusión y desigualdad.  Por el contrario, mucho debemos aprender de las tres, de sus ventajas o sus preguntas y de nuestra cercanía.

Inicié mi camino con la idea de que el profesor Mauricio Gómez [actualmente Contador General de la Nación], sería el vicedecano. Sin embargo, al profesor Gómez le hicieron una muy buena propuesta que aceptó por el reto y por el reconocimiento.  Me acerqué a una colega a quién poco conocía pero de quién tenía excelentes referencias para ofrecerle la vicedecanatura.  La profesora Martha Isabel Riaño aceptó e iniciamos un camino que concluimos en equipo con las metas propuestas. La ética, rigor laboral, el compromiso y la rectitud de la profe Martha son un sello increíble de su gestión para la Facultad.

¿Qué puedo decir de este proceso?: es un camino complejo.  Más allá de las actividades del día a día sobre las cuales se intenta mejorar procesos y la comunicación, el reto se conforma de asuntos como la resistencia al cambio, el imaginario que se tiene de la Facultad y las tensiones de convivencia y resolución de conflictos.

La resistencia al cambio, no es homogénea pero tiene algo en común: la percepción por parte de algunos de que las apuestas nuevas son incorrectas pues el pasado estático debe resguardarse.  Así, quienes proponemos algunas alternativas, somos señalados de no entender la tradición o las formas como “siempre” se han hecho las cosas. Aprendí, como estudiante, que las reglas de juego e inclusive la norma social son dinámicas.  Pero entender el movimiento también implica entender la quietud.  Es decir, enfrentamos algunas transformaciones en la Facultad pero reconociendo otras pueden permanecer y no requieren alterarse.

Esa resistencia al cambio también estaba presente en la norma social sobre inclusión, discriminación y VBG cuyo abordaje era marginal o de iniciativa casi individual.  No abordarlos evidenció una facultad agotada de prácticas sexistas en clase, hastiada de los sesgos o de los estereotipos que algunos profes reproducían. Lo abordamos, también con resistencia, pero se logró que el tema entrara a la dinámica de las clases y los posibles abusos salieran del escrache para encontrar en los espacios institucionales una posibilidad para resolverse.

Otro asunto que abordamos fue acerca del imaginario que se tiene de la Facultad en el ámbito de la Universidad que la percibe boyante y alejada de intereses internos. Aproveché varios espacios para informar sobre los desequilibrios de la Facultad, como el bajísimo número de profesores de planta (78), frente al número de estudiantes (3.500 aprox), lo que la deja con la más alta relación de estudiantes por profesor de la Universidad y requiere de esta atención para las necesidades que viven profesores y el estudiantado.  Así, la realidad de la FCE fue puesta también en los escenarios a los que nos convocan los cuerpos colegiados de la universidad.

En este tiempo, me rodearon profesoras y profesores comprometidos y con grandes calidades profesionales y humanas. Algunos más estrictos, otros con habilidades de conciliación y negociación y otros en búsqueda de cambios y nuevos retos.  Así, logramos un equilibrio interesante y diverso.  Resalto el acompañamiento constante en los momentos más complejos, como el paro que nos enfrentó a señalamientos, bloqueos, búsqueda de espacios de diálogo y presiones personales.

El estallido estudiantil interno, como denomino al paro iniciado en abril de este año, nos puso a todas y todos en una posición incómoda y poco conocida.  Todas las directivas y casi todos los profesores habíamos vivido paros pasados que, a diferencia de este, respondían a una insatisfacción contra el gobierno, es decir, el enemigo estaba afuera.  En esta oportunidad, no fue contra el gobierno sino contra quienes manifestamos una posición institucional a la designación del rector. Así, de un día para otro, muchos terminamos en el bando de los señalados por defender la institucionalidad, sea cual fuere el resultado, enfrentando insultos, hostigamiento y miedo. Aún creo desmedido el nivel de intolerancia que ha vivido la Universidad y la Facultad y, sigo creyendo que las muchas demandas o necesidades de cambio pueden tramitarse a través de los caminos institucionales y no las vías de hecho, iniciando por el diálogo (lo que no es fácil), y acompañados de tantas voces interesadas en la resolución de conflictos (profes y decanas de otras facultades). Hay necesidades de cambios en la Universidad pero no es con violencia simbólica ni señalamientos que se logran transformaciones duraderas y estables. Para que estas perduren, debe haber respeto y reconocimiento de tantas partes como sea posible, aún esas que uno ve como contradictorias.

Finalizo agradecida por este camino y con el convencimiento que la decanatura sigue en movimiento. Una Facultad con 72 años seguirá experimentando los cambios que se requieren para ser relevante en la formación en Ciencias Económicas. Para mi, vienen otros retos, desde lo público también pero siempre llevando en alto a la Universidad Nacional, mi alma mater y mi segunda casa, donde he podido construir y seguiré haciéndolo desde distintos roles.  Gracias.

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Marta Juanita Villaveces Nino

Escrito por:

Marta Juanita Villaveces Nino

Decana Facultad de Ciencias Económicas Universidad Nacional de Colombia

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