Más empresas, menor productividad y mayor informalidad
Foto: DANE

Más empresas, menor productividad y mayor informalidad

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Predominan empresas pequeñas, informales y de bajo crecimiento, con escasa capacidad para innovar, invertir y absorber trabajo calificado.

Colombia cuenta hoy con 1,8 millones de empresas registradas, según el Registro Mercantil (RUES). La cifra se presenta como un récord, y lo es en términos contables. Sin embargo, el dato adquiere sentido solo cuando se pone en contexto: por sí solo, no dice nada sobre la productividad del aparato productivo ni sobre el grado de informalidad que lo atraviesa. La discusión relevante no es cuántas empresas existen, sino qué tipo de actividad económica representan, en qué condiciones operan y qué tan capaces son de generar empleo formal y valor agregado.

Esa falta de contexto es especialmente relevante porque el registro mercantil muestra, salvo acontecimientos extraordinarios (como la pandemia), una trayectoria persistentemente ascendente. Su variación neta responde, en buena medida, a un efecto de acumulación de inscripciones que, además, no guarda una correspondencia estricta ni con los ciclos de depuración administrativa del RUES ni, necesariamente, con el desempeño efectivo de la actividad empresarial. Para interpretar adecuadamente esta cifra, es necesario descomponerla y examinar tanto lo que el registro captura como aquello que, por definición, queda fuera de su alcance.

¿Qué revela la composición del Registro Mercantil sobre la verdadera naturaleza empresarial en Colombia?

El primer paso es revisar la composición del registro. El 99% de las empresas creadas son microempresas, y las personas naturales, que representan el 72% de los registros nuevos, tienen una tasa de supervivencia a cinco años de apenas 30% (lo que implica que cerca de siete de cada diez empresas creadas dejan de figurar en el registro al cabo de cinco años). 

Que muchas empresas no sobrevivan no es, en sí mismo, motivo de alarma: la mortalidad empresarial forma parte del funcionamiento normal de una economía dinámica y los procesos de destrucción creativa juegan un papel clave en la reasignación de recursos hacia actividades más productivas. Lo relevante es observar la dinámica, el perfil de las que nacen y mueren: negocios de subsistencia que nunca tuvieron la escala ni las condiciones para prosperar y cuya salida del mercado no necesariamente libera recursos hacia actividades más productivas. 

El segundo paso es ampliar la lente más allá del registro mercantil para dimensionar la base productiva real. En ese sentido, la Encuesta de Micronegocios del DANE permite observar con mayor detalle la composición de la base empresarial del país. En 2024, Colombia contaba con más de 5,18 millones de micronegocios, de los cuales cerca del 90% operaban en la informalidad y el 69% no tenían registro mercantil. Visto así, la cifra de empresas registradas solo recoge una parte del universo productivo existente. El registro, por su propia naturaleza, refleja el segmento formal de entrada, mientras que una porción significativa de las unidades productivas permanece fuera de ese radar.

La influencia de la estructura empresarial colombiana en el empleo y la informalidad

Esta radiografía de la base empresarial ayuda a comprender lo que ocurre en el mercado laboral. En Colombia, más de la mitad de los ocupados (55,3%) trabajan en condiciones informales y, dentro de este grupo, el 62% corresponde a trabajadores por cuenta propia. Según BBVA Research, el 70,7% de los hogares colombianos cuenta con al menos un adulto en esta situación. Estos patrones sugieren una relación estrecha entre la alta prevalencia de micronegocios informales y la forma como se genera el empleo: estas unidades productivas suelen generar ocupaciones sin protección social, lo que termina reflejándose en la estructura de los hogares. De los micronegocios existentes, el 58% surge por necesidad, para obtener ingresos, complementarlos o ante la falta de oportunidades laborales acordes con la formación. En este contexto, el emprendimiento deja de ser una señal de dinamismo económico y pasa a ser principalmente un mecanismo de supervivencia.

Este patrón no es casual. La literatura muestra que el emprendimiento de subsistencia, predominante en contextos de alta informalidad, presenta capacidades de gestión limitadas y un bajo potencial de crecimiento. A nivel agregado, la persistencia de este tipo de firmas tiende a reducir la productividad, al mantener capital y trabajo asignados a unidades poco productivas¹. 

Foto: Alcaldía de Bogotá En 2024, Colombia contaba con más de 5,18 millones de micronegocios, de los cuales cerca del 90% operaban en la informalidad y el 69% no tenían registro mercantil.

En el caso colombiano, el Informe Nacional de Competitividad 2025-2026 documenta que los altos costos de formalización, especialmente para las pequeñas unidades productivas, refuerzan este círculo: muchas empresas no crecen ni se formalizan no por falta de iniciativa, sino porque el diseño institucional incentiva su permanencia en la informalidad.

El resultado de esta estructura se refleja en la productividad. En 2024, la productividad total de los factores en Colombia registró una variación negativa de 1,56%, ubicándose por debajo del promedio de América Latina y de la OCDE. Este no es un dato aislado ni coyuntural: es consistente con una economía en la que predominan empresas pequeñas, informales y de bajo crecimiento, con escasa capacidad para innovar, invertir y absorber trabajo calificado. Cuando la mayor parte del tejido productivo opera en estas condiciones, el crecimiento del número de empresas no se traduce en un mayor valor agregado ni en mejoras sostenidas del ingreso.

En este contexto, la proliferación de documentos de política y espacios de articulación no puede confundirse con resultados. Tras más de seis décadas y un centenar de documentos de política pública de desarrollo productivo, el criterio de efectividad no es el volumen normativo ni el tamaño del registro empresarial, sino si cambian las reglas, los costos y los incentivos que enfrentan las empresas para crecer y generar empleo formal. Mientras ese entorno no se modifique, el aumento en el número de empresas seguirá siendo una señal débil del progreso económico.

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¹Este argumento se apoya en la evidencia presentada por Sanguinetti (2014), Enhancing productivity in Latin America: from subsistence to transformational entrepreneurship, CAF; Banco Mundial (2008), Informality in Colombia: Enhancing Worker Welfare and Firm Productivity; Fernández, C. (2018, 2020), Informalidad empresarial en Colombia, Fedesarrollo y Coyuntura Económica; Fernández, C. y Villar, L. (2016), A Taxonomy of Colombia’s Informal Labor Market, Fedesarrollo, y Consejo Privado de Competitividad (2025), Informe Nacional de Competitividad 2025-2026.

Acerca del autor

Mónica Lorena Ortiz
mlortiz@razonpublica.org | + posts

*Economista y profesional en finanzas y comercio internacional, con maestría en economía de las políticas públicas. Experiencia profesional en política macroeconómica, desarrollo productivo, CTI y desarrollo de estadísticas de dinámica y desarrollo empresarial.

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*Economista y profesional en finanzas y comercio internacional, con maestría en economía de las políticas públicas. Experiencia profesional en política macroeconómica, desarrollo productivo, CTI y desarrollo de estadísticas de dinámica y desarrollo empresarial.

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