Manos sucias: Buenaventura en la pantalla
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La película Manos sucias, actualmente en cartelera, tiene detrás la historia de varios jóvenes actores que decidieron no repetir la historia de sus personajes en la pantalla y se dedicaron a la actuación a pesar de todas las dificultades.
Sébastien Longhurst*
Entre dos mundos
Cuando Cristian Advíncula, un joven actor de Buenaventura, vio su propia imagen en una pantalla en enero de este año, era la primera vez que se veía actuar en un largometraje. Protegido por la oscuridad de la sala, el joven observó con emoción el estreno mundial de Manos sucias, atento a las reacciones del nutrido público del Festival de Cine de Cartagena 2014. Cristian recuerda este momento como uno de los más significativos de su corta vida.
Unas semanas después, Cristian salió de Colombia por primera vez para acompañar al equipo de la película al 13º Festival de Cine de Tribeca, en Nueva York. Galardonada con el premio al mejor nuevo director, Manos sucias fue una de las más recordadas del Festival. Con su sonrisa tranquila y su acostumbrada sencillez, Cristian grabó en su recuerdo cada momento de esta inesperada experiencia sin saber qué era realidad y qué era ficción entre la vida y la pantalla.
En el principal puerto de Colombia, hay historias tan reales que parecen ficción.
Esta delgada frontera entre lo real y lo ficticio, Cristian la conoce bien. Nacer, crecer, vivir y estudiar en Buenaventura es una buena escuela para saber navegar entre estos dos mundos. En el principal puerto de Colombia, por el cual transita más del 60 por ciento de las importaciones y exportaciones por vía marítima del país, hay historias tan reales que parecen ficción.
¿Quién puede creer, por ejemplo, que toda la riqueza, el comercio y la conexión con el mundo entero que concentra el puerto puedan coexistir con niveles de pobreza, desempleo, insalubridad y violencia que están entre los más altos de Colombia? ¿Quién puede creer que en una ciudad dónde cerca del 65 por ciento de la población es menor de 30 años, no existan instalaciones deportivas dignas de este nombre, ni un teatro, y a duras penas un cine? ¿Quién puede creer que a pesar de una herencia cultural tan rica y una energía creativa tan intensa, estos jóvenes prefieran cada vez más buscar su futuro en pandillas y narcotráfico?
![]() Buque de carga transitando por el puerto de Buenaventura. Foto: European Commission DG ECHO |
Elegir actuar
Pero Cristian decidió enfrentar esta realidad a punta de ficción. Hoy, como otros 37 jóvenes de Buenaventura, es estudiante de la licenciatura en Arte Dramático de la Universidad del Valle, Sede Pacífico, en Buenaventura. Creada en 2010, la licenciatura es el único programa universitario de Arte Dramático en toda la costa pacífica y es, en sí mismo, un desafío a la realidad de la ciudad portuaria.
Manuel Viveros, egresado de la licenciatura en la sede de Cali y actual director del programa de Buenaventura, entiende mejor que nadie el reto y a la vez la oportunidad que esta representa. “Abrir el programa era una apuesta a que las cosas podían cambiar. Reflexionamos alrededor del porqué hacer teatro en una ciudad que no tiene teatros, y empezamos a entender que más que artistas, teníamos que formar ciudadanos y que por intermedio del arte podíamos hacer una intervención más efectiva en las comunidades que lo requieren”, cuenta el joven director.
Cristian encarna la promesa de este programa. Al igual que sus compañeros, tuvo que enfrentar la incomprensión familiar al decidir estudiar teatro y no Logística Portuaria, Medicina o Ingeniería como lo hace la mayoría en la ciudad. Tuvo que convencerse de que no estaba loco, como lo pensaron sus amigos al verlo aprender a ser actor en una ciudad que escasamente tiene una compañía de teatro; tuvo que ser fiel a su voluntad de abrir una brecha con la actuación, y hacer algo para cambiar su ciudad que fuera diferente a la sobredosis policial con la que siempre responde el Estado. Siguió ganando materias, semestre tras semestre, y hoy va en su tercer año. Es uno de los estudiantes más talentosos de su grupo y su temperamento juvenil y alegre contrasta poderosamente con su sorprendente gravedad y energía en escena.
Historias para contar
La doble cara de Cristián era justamente lo que el director estadounidense Josef Kubota estaba buscando. Cuando este llegó a Buenaventura por primera vez en 2010, entendió que detrás de la faceta jovial de la ciudad y de su pueblo se escondían historias duras y oscuras. Le contaron de jóvenes que se embarcan en lanchas de pesca hacia Panamá jalando un rudimentario submarino cargado de droga. Preguntó por qué tenían que hacer esto y le hablaron de ganas de hacer algo, de ser alguien reconocido, de ser “un duro”. Le hablaron también de la necesidad de tener con qué comer, y de la falta de oportunidades. En las calles sin pavimentar de los barrios de la ciudad vio un talento natural para la actuación, la palabra y el movimiento; una belleza escondida que lo agarró y no lo soltó más.
La ciudad y su región ofrecían un escenario ideal para la historia: las calles de Buenaventura, el turbio y agitado océano Pacífico, las playas de arena y los manglares de Piangüita.
En 2012, siendo estudiante de la maestría de Cine de la Universidad de Nueva York, Kubota regresó a Buenaventura. La aventura de hacer la película Manos sucias empezó como un proyecto de grado. Josef había vuelto para contar la historia de estos viajes a Panamá, y capturar de esta forma el trágico callejón sin salida al que entran muchos jóvenes de la ciudad año tras año. La ciudad y su región ofrecían un escenario ideal para la historia: las calles de Buenaventura, el turbio y agitado océano Pacífico, las playas de arena y los manglares de Piangüita, al norte del puerto, donde basaron el rodaje por varias semanas. Pero faltaban los actores.
Josef conoció pronto el trabajo de la licenciatura de la Universidad del Valle. Asistió a varios talleres y clases, y descubrió en ellas el talento que buscaba para su película. Organizó una serie de audiciones, en las que la mayoría de los estudiantes se presentaron. Muchos fueron seleccionados para hacer de extras, uno para un papel secundario, pero Josef no encontró inmediatamente a sus dos actores principales. Fueron necesarias varias audiciones para que aparecieran Cristián y otro estudiante egresado de los talleres de actuación organizados por la Universidad del Valle, Jarlin Martínez.
![]() Universidad del Valle. Foto: Wikimedia Commons |
Una ficción real
El resultado de este proceso, después de que Josef modificara el guion tras escoger a los dos actores, fue Manos sucias. En la película, Jarlin tiene el papel de Jacobo, el mayor de los dos protagonistas, un personaje torturado por un pasado de violencia y muerte, que busca en un viaje de droga la oportunidad de irse de esta maldita ciudad para siempre y probar suerte en la capital.
El otro protagonista, Delio, joven e inocente, se junta al viaje para vivir la aventura, ser “un duro”, y regresar con dinero para su novia y su hijo recién nacido. Al encontrarse antes de viajar, se reconocen inmediatamente y resurge entre ellos una relación de hermandad distanciada por cosas de la vida, pero unida nuevamente en un destino común que no tiene vuelta atrás. Llevando un improbable submarino hacia el norte, encuentran en su camino de mar y selva unos obstáculos igual de improbables, para finalmente sellar sus destinos por siempre en un último acto trágico, de gran tensión dramática.
No por ser una historia alrededor del narcotráfico es Manos Sucias una “narco-película”. El motivo del viaje de Delio y Jacobo es en realidad un asunto de segundo plano. En la película en ningún momento se ve droga, ni se glorifica la aventura con el falso heroísmo con que lo hicieron recientemente las series televisivas. Manos sucias retrata la pérdida de la inocencia y del camino justo, que muchos jóvenes de Buenaventura enfrentan por la simple necesidad de sobrevivir. Retrata su forzada entrada a la edad adulta por vías torcidas, irresistiblemente atraídos por sueños que, como cualquiera, quieren cumplir.
En su vida real, Cristian y Jarlín siempre resistieron esta atracción, tan común en el cotidiano de Buenaventura. Curiosamente, fue la ficción la que los llevó a vivir lo que nunca quisieron hacer en la vida real. Para ambos, fue una experiencia muy fuerte, pues tienen amigos o conocidos que hicieron estos viajes de verdad, y algunos de ellos nunca regresaron. Como si fuera un exorcismo, ellos hicieron el viaje en el mundo de la ficción, conjurando para siempre la suerte que los esperaba en cualquier esquina.
Hoy inician una prometedora carrera de actuación, lejos de los estereotipos y como parte de la nueva generación de actores afrodescendientes que está emergiendo en el país. Como lo cuenta Cristian: “en la película, Delio entra al camino del mal. Pero yo no entraré al camino del mal, sino al camino de la actuación, para ser reconocido por las cosas que hago”. Como lo muestra Manos sucias, su talento será su mejor mercancía, y la pantalla, el mejor barco para llevarlo al mundo.
* Periodista y traductor Francés. Escribe para medios en Colombia como la revista Avianca, The City Paper Bogota y la revista Arcadia.
Acerca del autor
Sebastien Longhurst
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La película Manos sucias, actualmente en cartelera, tiene detrás la historia de varios jóvenes actores que decidieron no repetir la historia de sus personajes en la pantalla y se dedicaron a la actuación a pesar de todas las dificultades.





