Inicio TemasEconomía y Sociedad El mal gobierno, la protesta y la política

El mal gobierno, la protesta y la política

Escrito por Jaime Acosta
Marchas y protestas se esperan en el 2020

Jaime AcostaUn panorama poco alentador sobre la situación del país: el gobierno, la economía, las movilizaciones ciudadanas y los partidos políticos.

Jaime Acosta Puertas*

El mal gobierno

Todos los gobiernos hacen algo bueno, aunque unos más que otros. Por eso el país anda a tumbos, pero anda. Duque estará haciendo una que otra cosa buena, como los avances de las vías 4G. Este mes, por ejemplo, el gobierno entregó 10,5 kilómetros de la vía Bogotá-Villavicencio y días atrás avances en la doble calzada que conduce a La Línea.

Pero nadie quiere ver esto. Duque no ha logrado conectar con la ciudadanía y, al contrario, se ha vuelto objeto de burla y hasta de fastidio. Al presidente también le ha costado caro su silencio ante problemas graves y las malas decisiones sobre nombramientos estratégicos.

Por ejemplo, cambió la cúpula militar que se había preparado para el postconflicto por personajes muy controvertidos. Tanto es así, que uno de ellos ya tuvo que irse, y el que lo reemplazó le rinde homenaje a uno de los asesinos más grandes de Colombia.

Duque dividió al país entre los de siempre y los del paro

Además, la política exterior es un hazme reír, tanto dentro como fuera de Colombia; y la política de seguridad ha sido ineficiente contra el paramilitarismo y el narcotráfico. A diario asesinan a líderes sociales, defensores de derechos humanos, ambientalistas y excombatientes de las FARC.

En la zona de Ituango, por ejemplo, un ejército de casi trescientos mil hombres fue incapaz de dar seguridad a 160 desmovilizados, que han tenido que desplazarse por la situación de orden público.

Así las cosas, Duque resultó mal gobernante, con mal equipo de gobierno en ministerios claves, y con un plan de desarrollo desbordado por la protesta ciudadana porque no soluciona ningún problema de fondo. Además, le falla a la paz, condición principal para la estabilidad, el bienestar y el progreso.

La economía y las reformas laboral y pensional

Por el lado económico al gobierno tampoco le va bien. Aunque mayor que el promedio de América Latina, el crecimiento de la economía colombiana está en un mediocre 3 por ciento. Los organismos internacionales consideran la franja en la que se encuentra —del 2,5 al 3,5 por ciento de crecimiento— como propia de una economía mundial en alerta naranja. Esto se debe al descenso sostenido del comercio internacional, y al enfriamiento del consumo por el calentamiento global y la inequidad.

Además, hay algo engañoso sobre el crecimiento de Colombia. Aunque en parte esté sostenido por el trabajo de campesinos y empresarios, buena parte la impulsan las economías ilegales. De hecho, un estudio de la Universidad de los Andes mostró que en el 2018 el negocio de la cocaína había producido más del doble que el del café.

Además, las cuentas internacionales están descuadradas; y la reforma tributaria les dará a los milmillonarios sesenta billones de pesos en cuatro años, a cambio de nada. Desde lo económico, ese es el punto más grave e irresponsable del mal gobierno, porque agrava la desigualdad y desfinancia la inversión pública. Aún más grave. Carrasquilla anuncia la necesidad de subir los impuestos a la clase media, porque el gobierno necesita 50 billones, los que les dieron a los milmillonarios. Además, la productividad es negativa desde hace treinta años. La innovación y la equidad no han venido de la mano de cambios en la producción.

Los recursos que recibirán los milmillonarios por la mal llamada ley de crecimiento podrían haber servido para evitar las reformas pensional y laboral, y para multiplicar los presupuestos de agricultura, industria y servicios de alta complejidad. Si Colombia quiere desarrollarse, debe darle una vuelta a la distribución del presupuesto nacional, lo cual solo es posible si el Estado cumple con los acuerdos de paz, parte engavetados, parte desfinanciados, y parte en ejecución.

Marchas en el gobierno de Duque

Foto: Presidencia de la República
El mal gobierno de Duque ha acrecentado el descontento de las personas y lo ha sacado a la calle

la política de seguridad ha sido ineficiente contra el paramilitarismo y el narcotráfico.

Una reforma pensional en estos días no tendrá mucha eficacia, porque con la economía actual son imposibles reformas más profundas y equitativas que aumenten la protección social de las mayorías.

En Brasil, los recursos para pensiones son el 12 por ciento del PIB y estas cubren al 80 por ciento de la población. En Colombia es del 3,5 por ciento y solo alcanza para el 25 por ciento. Además, la tal bomba pensional no existe, porque Colpensiones administra el 34 por ciento de los fondos, que cubre al 62 por ciento de pensionados, en su mayoría de un salario mínimo.

La idea de reforma laboral para el trabajo de dos horas es otra muestra de inequidad, ineficiencia y baja productividad de la economía. En vez de generar estímulos para nuevas oportunidades empresariales y de trabajo, se insiste la precarización laboral, que le resta capacidades y potencialidades al recurso humano.

Le recomendamos: ¿Qué pasará con la gobernabilidad de Duque?

¿Sigue la protesta?

El paro del 21N y los días que siguieron nos hicieron soñar que el país asustado e indiferente estaba despertando. El gobierno, que había anticipado y vilipendiado el paro, se asustó y armó a la carrera una “conversación nacional” sobre los temas que consideró y que poco coincidían con los trece puntos de la protesta.

Duque dividió al país entre los de siempre y los del paro, en vez de unirlo para consensuar una agenda hacia una verdadera conversación nacional para el presente y sobre todo para el futuro del país. En cambio, la conversación de la derecha y de la ultraderecha avanza a la velocidad que el gobierno considere para ganar tiempo y neutralizar la protesta.

Mientras tanto, los líderes del paro, ubicados en el centro y la izquierda, nunca imaginaron la espontánea e inmensa expresión ciudadana, que estuvo por encima de cualquier preferencia política, por eso los cogió con los trece puntos a medio armar y con los cuales pretendían negociar con el gobierno.

Después de dejar 104 propuestas, algunas de las cuales no eran viables, los organizadores del paro se fueron de vacaciones y al volver, en la primera reunión para programar la protesta del 2020, se agarraron a golpes. Las organizaciones sindicales y los pequeños saldos de la vieja izquierda quisieron tomarse el liderazgo del paro, obstaculizando el ingreso a quienes no hacían parte de sus cuadros. Ahora la protesta anda dividida.

Si no media una reflexión pensando primero y siempre primero en el país, la gente no volverá a las calles, a las plazas, al cacerolazo, a nutrir con posiciones inéditas la protesta, mientras los del paro siguen con las consignas de siempre: “el pueblo unido jamás será vencido”.

Tampoco los partidos alternativos o independientes han asumido una posición unificada, potente y sostenida para transformar y renovar con nuevas perspectivas el discurso político, la agenda nacional y la agenda electoral.

La protesta tuvo la iniciativa, también los partidos y movimientos alternativos, pero la perdieron y la pelota está en la cancha del mal gobierno y sus aliados. Sin embargo, las demandas que sacó adelante el paro fueron un logro ante el cual no hay que detenerse, sino unificarse, organizarse, revisarse, profundizar, sostenerse y crecer. Las victorias tempranas pueden ser pírricas, mientras que las victorias grandes hay que saberlas avizorar, construir y sostener.

El error fue parar la movilización en la semana que se aprobó la reforma tributaria. Esa hubiera sido una gran victoria política, pues era la prioridad. Mientras tanto, los de siempre trabajan en silencio para volver a sacar del cajón las reformas que el presidente había negado en noviembre: la pensional y la laboral. Piensan que la protesta se desdibujó y no volverá.

Si el Comité del Paro cree que el liderazgo de la protesta es de ellos y de nadie más, la mayoría de los que salieron en noviembre no volverán a salir, porque ya no se sabe con cuales puntos negociar con el gobierno, con los trece o con los ciento cuatro, así digan que estos son los componentes de aquellos.

Marchas de Jovenes en el gobierno de Duque

Foto: Cortesía Jonathan Santos
No solo se espera mucha protesta en las calles, sino que la carrera por la presidencia ya empezó.

Lea en Razón Pública: Dos meses del paro nacional: impasses y desafíos

¿Y los partidos políticos qué?

La casi totalidad de los partidos tradicionales y sus derivados están con el gobierno; y los alternativos o independientes están con la protesta ciudadana. Sin embargo, la dimensión del paro de noviembre y de comienzos de diciembre también los sorprendió.

No eran los portadores del reclamo ciudadano por la equidad, la dignidad, el cambio climático y la paz. O lo eran solo parcialmente, pues es cierto que algunos habían registrado en sus visitas a las regiones que el malestar en la gente era grande, que los jóvenes miraban su futuro con pocas perspectivas, y que los de mediana edad con demasiadas incertidumbres.

Duque se atrincheró con los gremios y con los partidos de la derecha y de la corrupción. Formó un solo cuerpo, como siempre lo hace la derecha, por eso ganan elecciones e imponen las reformas que les conviene. Mientras tanto, la protesta y los partidos independientes o alternativos, emocionados sí, sumándose a las marchas también, movieron las redes sociales sin lograr configurar un bloque que le diera más solidez a la protesta para profundizar en la consistencia y alcance de las demandas y de la movilización.

En todo caso el debate político por la presidencia en el 2022 arrancó, pues es la única manera de que el mal gobierno no se apropie de todo el espacio político nacional.

*Analista, consultor e investigador independiente. @acostajaime http://www.jaimeacostapuertas.blogspot.com

Artículos Relacionados

1 Comentario

Avatar
Franceline Lozano Sánchez febrero 18, 2020 - 11:36 pm

Dr. Jaime Acosta gracias por su análisis y tiene razón, los que salimos al 21N y después por el ejercicio y derecho ciudadano a la protesta frente a tanta inequidad nos cansamos. Ahora más que nunca vivimos un gobierno sin voluntad política para lo social, un estado frustrado, una ciudadanía sin faro y muchos desempleados a portas del suicidio.

Responder

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies