Macron pierde su apuesta y la incógnita electoral sigue - Razón Pública

Macron pierde su apuesta y la incógnita electoral sigue

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El suspenso en las elecciones legislativas francesas continúa. Los resultados del 30 de junio dieron una victoria relativa a la extrema derecha, pero no son definitivos. El 7 de julio se sabrá el rumbo de la política francesa. Entérese de la situación.

Olga L González*

En el momento en que se publicará este artículo continúa el suspenso sobre las elecciones legislativas en Francia. Los resultados del domingo 30 de junio que dieron la victoria relativa a la extrema derecha (33% de los votos) no son definitivos y hay que esperar una semana para saber qué rumbo tomará la política francesa.

Las razones

Lo más probable, para entonces, es que haya una situación similar, e incluso peor, que la que llevó a Macron a convocar a estas elecciones, es decir, la ausencia de mayorías claras en el Parlamento y la dificultad para gobernar. Desenrollemos un poco la madeja para entender qué está pasando en el mundo electoral y político francés y cuáles son sus implicaciones.

Lo primero que hay que anotar es la sorpresiva decisión de Macron de convocar a elecciones legislativas. Recordemos que la Constitución francesa autoriza al presidente a disolver el Parlamento. Eso hizo Macron, tomando a todos por sorpresa, al día siguiente de las elecciones europeas (9 de junio). Ni siquiera su gabinete estaba al tanto de su decisión, y mucho menos los parlamentarios de su partido. Ahora, tuvieron que dejar sus curules (fueron elegidos hace apenas un año) y someterse a un nuevo escrutinio electoral.

Nadie sabe a ciencia cierta por qué hizo eso Macron. Sin duda, su popularidad era baja (31%) y sus mayorías en el Parlamento frágiles, 250 diputados de 577, es decir, que no lograba la mayoría absoluta. Para realizar sus reformas ha tenido que hacer alianzas programáticas con sectores más o menos cercanos, pero esto ha mermado su gobernabilidad. Ahora bien, a diferencia de Colombia, donde el presidente suele “comprar” a los congresistas para lograr consolidar mayorías (con sobornos o mermelada), en Francia no es fácil cooptar de esta manera a los opositores.

Todo esto le implicó un desgaste político y de imagen. Macron es percibido como un hombre alejado de los franceses, a gusto con los poderosos y millonarios, y distante con el pueblo, además de que cada vez busca aprobar más leyes de derecha.

Al no lograr obtener mayorías en el gobierno, Macron, como otros presidentes en el pasado, apelaba a un artículo de la Constitución, el 49-3, que lo autoriza a aprobar leyes sin discusión en el Parlamento, exponiéndose a que una moción de censura tumbara su gobierno en las siguientes 24 horas. Macron logró aprobar de esta forma su reforma pensional, que extiende la edad de jubilación, un proyecto muy impopular que había dado lugar a inmensas protestas en las calles. Guardadas proporciones, es como si Iván Duque hubiera insistido en pasar la reforma tributaria de Carrasquilla pese al estallido social de 2021.

Todo esto le implicó un desgaste político y de imagen. Macron es percibido como un hombre alejado de los franceses, a gusto con los poderosos y millonarios, y distante con el pueblo, además de que cada vez busca aprobar más leyes de derecha: la reforma de desempleo, que endurecía las condiciones de acceso a subsidios, y la reforma migratoria, duramente criticada por las ONG, constituyen dos ejemplos.

Por estas razones, su gobierno se expone permanentemente a mociones de censura. En varias ocasiones, la coalición de izquierdas y la extrema derecha depositaron mociones de censura, pero pocas veces votaron conjuntamente: ninguno quería firmar con su rival ideológico. Sin embargo, ya en marzo de 2023, una moción de censura fue votada por diputados de todos los partidos opositores. En esa ocasión, solo faltaron nueve votos para que su primera ministra (Elisabeth Borne) fuera destituida. Probablemente, Macron temía que una nueva moción de censura sacara a su primer ministro (Gabriel Attal) en otoño próximo, cuando se debe votar el presupuesto nacional (en esta ocasión, suele haber debates pugnaces en el Parlamento).

Así, Macron se sabía débil. Después de los resultados electorales del 9 de junio, las elecciones para diputados europeos que dieron una mayoría relativa a las fuerzas de extrema derecha (alrededor de 34% de los votos), sus temores se incrementaron: los electores (51% de participación) relegaron a su partido a un segundo lugar (15%), detrás del partido de extrema derecha Rassemblement National (31%).

Las elecciones europeas son un proceso muy específico, que no guarda mucha relación con el proceso electoral interno de Francia. Por eso, también, la decisión de Macron de disolver la Asamblea fue considerada sorpresiva. ¿A qué jugaba esta vez?

Quizá, desconectado como está de los problemas de los ciudadanos franceses, y confiado en un par de asesores, Macron se imaginó que este golpe de póker le podría ser favorable: él se ha presentado como expresión del sector moderado frente a dos extremos que sataniza. Pero, en realidad, al hacer esto, Macron está agitando un espectro más peligroso: la extrema derecha, ya en buena medida banalizada como partido político, está ad portas de lograr resultados históricamente altos en Francia.

La contienda

Para enfrentar al partido Rassemblement National (dirigido por Marine Le Pen), y para enfrentar a su hombre fuerte y posible primer ministro, Jordan Bardella, de 28 años, las fuerzas de izquierda decidieron unirse contra todas las previsiones de quienes conocen las divisiones entre los diferentes sectores de este espectro político: los partidos socialista, comunista, verdes y France Insoumise (partido originalmente formado por Mélenchon) se han ligado en la coalición “Nuevo Frente Popular”.

Si bien matemáticamente el partido de ultraderecha es el que tiene más opciones de formar una mayoría, no se descarta que la coalición de izquierda logre darle la vuelta a la partida.

La campaña electoral se desarrolló a toda velocidad y generó real interés. La participación del 30 de junio fue alta (70% de los franceses votaron). Sin embargo, de los 577 curules en disputa, solo fueron elegidos quienes obtuvieron la mayoría absoluta en su circunscripción (más del 50% de los votos), o sea 76 diputados. Los resultados definitivos solo se conocerán dentro de una semana, el 7 de julio, cuando se lleve a cabo la segunda vuelta.

Hoy, tres bloques se dibujan claramente: el partido de ultraderecha Rassemblement National (33% de los votos), la coalición de izquierdas Nouveau Front Populaire (28%), y la coalición presidencial (20%). ¿Qué sucederá el 7 de julio? Si bien matemáticamente el partido de ultraderecha es el que tiene más opciones de formar una mayoría, no se descarta que la coalición de izquierda logre darle la vuelta a la partida.

Desde ya, varios candidatos de la coalición de Macron y de la coalición de izquierdas dijeron que se retirarían donde haya “triangulares”, es decir donde haya candidatos enfrentados de los tres bloques, para darle fuerza al mejor posicionado y que pueda enfrentar al candidato de la extrema derecha. El voto del 7 de julio puede ser una ocasión histórica para Francia. Hoy, lo único claro es que la apuesta individual de Macron no dio resultado: los problemas políticos de fondo no se resuelven a punta de salidas desesperadas.

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Olga González

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Olga González

* Doctora en sociología de la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París, e investigadora.

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