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Machismo petrista

Escrito por Mauricio Rubio
Machismo petrista

El gobierno del cambio prometió un enfoque de género y más inclusión de las mujeres. Pero el discurso y las acciones del presidente y algunos miembros de su gabinete no son coherentes con esa apuesta.

Mauricio Rubio*

Las mujeres gobernarán

Un anuncio del Programa de Gobierno de Gustavo Petro fue que el cambio sería con las mujeres. Prometió “saldar la deuda de representación política, igualdad y autonomía económica frente al hombre” y anunció que ellas ocuparían, como mínimo, la mitad de “todos los cargos públicos en todos los niveles y las ramas del poder”. El cambio se nutriría de “perspectivas y enfoques feministas y antipatriarcales”.

Un elemento tan importante para garantizar la igualdad, como lo es el entorno jurídico, dificulta el acceso de las mujeres al primer nivel de responsabilidades estatales. Esto ocurre por razones tan variadas como los obstáculos para establecer redes políticas, balancear responsabilidades laborales y de cuidado o instalarse en la capital.

Canciller machista 

Que Martha Lucía Zamora hubiese tenido que dejar la dirección de la Agencia de Defensa Jurídica del Estado es lamentable per se. Nombrada en ese cargo por Petro, de quien fue secretaria general en la Alcaldía, aguantó la ya célebre reprimenda de Álvaro Leyva: “A mí no me importa que condenen al Estado…¡Notifíqueme en la tumba… cuando salga el resultado de ese pleito ya voy a estar muerto!”.

Independientemente de los decibeles con que el canciller espetó el desatino, o que el pésimo chiste hubiese podido dirigirlo a un varón, el yerro, finalmente respaldado por Petro, fue profundamente varonil y machista.

La neuropsiquiatra Louanne Brizendine, especializada en diferencias cerebrales entre sexos anota que, desde la infancia, “las chicas participan juntas en las de­cisiones con el mínimo de estrés, conflicto o alarde de estatus. Los chicos usan el lenguaje para dar órdenes, hacer que se hagan las cosas, presu­mir, amenazar, ignorar propuestas y aplas­tar los intentos de hablar de los demás”.

Esa observación ilustra adecuadamente lo que según varios testimonios soportó Martha Lucía Zamora. Cuando están de por medio recursos públicos y se es cabeza de la diplomacia sin entrenamiento previo, los reflejos viscerales y el machismo inherente a ellos resulta costoso.

En el gobierno del cambio, del diálogo, de los consensos y de la Paz Total dos machos alfa actuaron como adolescentes pandilleros para dizque arreglar un enredo que uno de ellos armó.

La colaboradora que cortó con Petro machista

No es la primera vez que Petro le voltea la espalda a una socia de trajines estatales por apoyar a un macho pendenciero. En el Movimiento Progresista del que saldría Colombia Humana, grupo por el que fue candidato presidencial en 2018, hubo dos mujeres claves, Angela María Robledo, su eventual vicepresidenta, y María Mercedes Maldonado, una pupila cercana por varios años.

Economista de la Nacional, experta en urbanismo y desarrollo regional, fue secretaria de Planeación durante la alcaldía de Petro hasta que este le pidió reemplazar en la Secretaría del Hábitat a María Claudia Valencia a quien despidió cuando su esposo Daniel García Peña renunció. Este súbito movimiento molestó a la afectada quien hizo pública su inconformidad. Aunque no lo hizo explícito, debió sentirse indignada por esa decisión profundamente machista e irrespetuosa con su carrera profesional. El burgomaestre la consideró simplemente “esposa de” su alfil, sin agenda ni agencia propias.

La evidencia sobre violencia sexual por Hamás es abrumadora: testigos sobre militantes violando mujeres; cuerpos femeninos desnudos con disparos en la cabeza y el pecho o escenas estrambóticas y dantescas.

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Foto: ICBF - La primera dama está lejos de la dimensión feminista anunciada por el gobierno y se refleja en el uso de su poder para nombrar a personas cercanas en cargos públicos, por ejemplo, cuando su vecina Concepción Baracaldo fue nombrada como directora del ICBF pese a su inexperiencia en el tema.

Volviendo a María Mercedes Maldonado, al terminar su trabajo en la alcaldía continuó apoyando al líder. Colaboró en el desarrollo de Colombia Humana como coordinadora programática. Cuando Petro decidió apoyar a Hollman Morris para la Alcaldía y no a su antigua fórmula vicepresidencial, esta devota funcionaria cortó definitivamente con él.

Morris había sido acusado de violencia intrafamiliar por su exesposa. Además, una columnista lo culpó de “acosarla y besarla a la fuerza” y otra asistente en el Concejo anotó que ella y otras compañeras de trabajo también habían sido hostigadas por Morris.

A Maldonado no sólo le molestaron las quejas sino la manera cómo se evadieron. “En la asamblea distrital se eludió tratar ese tema por razones que no fueron claras. Petro a último momento no quiso asistir y ni siquiera se definieron unos criterios para una candidatura a la alcaldía”.

El presunto acoso laboral de Morris vino seguido de presión legal a una reconocida feminista artesanal. Que todo este tejemaneje apesta a machismo lo ilustra la sospecha de que Petro perdió el apoyo de muchas mujeres, sobre todo vinculadas a grupos feministas.

Las mujeres de Petro

Pocos aspectos ilustran mejor el machismo que las relaciones de pareja y el desempeño masculino en la crianza de los hijos.

“No lo crie, esa es la verdad”, fue la lapidaria frase de Petro tras la detención de su hijo Nicolás con cargos penales. Primero por la clandestinidad y luego por su “fulgurante” carrera política, Petro se desentendió por completo de responsabilidades con su hijo mayor.

Katia Burgos, la madre, expulsada de su familia por las actividades clandestinas del novio guerrillero, se fue a vivir con la suegra y el cuñado quienes le ayudaron con la crianza. Cuando Petro fue capturado y ella lo visitó en la cárcel, se enteró que ya había sido reemplazada por Mary Luz Herrán, quien anota que “le dijo que la quería como una hermana y a mí como su mujer”.

La nueva pareja de Petro tenía 16 años cuando, como militante del M-19, conoció al entonces comandante Andrés, 10 años mayor que ella. Solo al caer preso, visitándolo en la cárcel “descubrió que tenía novia e hijo abordo”.

Que Mary era casi niña lo refleja la reacción de Pacho Paz cuando ambos lo visitaron en Bogotá: “ese día regañó a Andrés por estar conmigo, al verme tan joven”. En retrospectiva, lo considera su maestro “sobre la política y la vida en la guerrilla”. Aclara que durante sus once años juntos “no hubo maltrato, ambos criamos a nuestros hijos desde su nacimiento, me enseñó sobre la maternidad, el amor, la revolución y la vida”. Afirma que “nos casamos en enero de 1992 y nos divorciamos en el 2003” aunque el matrimonio de Petro con Verónica Alcocer fue en el 2000.

También bastante menor que él, 16 años, el contraste entre su actual esposa y la compañera del M-19 no podía ser mayor. De familia burguesa y muy conservadora, cuando niña quería ser monja. “Yo vivía en el colegio de día y el convento de noche”. Como primera dama sigue siendo devota, “una mujer de fe… para mí, Dios y la Virgen de la Milagrosa son mi guía y fortaleza”.

Su devoción alcanzó para favorecer con cargos públicos a los hijos de Georgina Hollman, líder espiritual vinculada a una organización religiosa, sin importar la falta de experiencia de los apalancados.

También ha estado activa al buscar puesto en la nómina estatal y ciudadanía express para su amiga española Verónica Ferrer, ofrecer la dirección del ICBF a su vecina Concepción Baracaldo—quien admite no tener experiencia en niñez—o presionar en el Congreso la aprobación de reformas propuestas por su esposo.

En el gobierno del cambio, del diálogo, de los consensos y de la Paz Total dos machos alfa actuaron como adolescentes pandilleros para dizque arreglar un enredo que uno de ellos armó.

En la dimensión feminista anunciada en el programa del cambio, la primera dama colombiana está en el polo opuesto de Irina Karamanos, esposa del presidente de Chile, quien cerró su despacho en La Moneda, pues deseaba recuperar la autonomía financiera no sin antes “traspasar las fundaciones que dependían de esa oficina hacia los ministerios correspondientes y luego terminar con esa institución, que le parecía anacrónica y poco democrática”. Desvinculada del presupuesto público Irina se concentró en el Observatorio Internacional de Política Feminista y retomó su vocación empresarial.

El frente machista de Petro

Cualquier deslealtad con sus colaboradoras, cualquier arreglo de pareja o cualquier diferencia con dirigentes occidentales por las actividades de sus cónyuges es circunstancial al lado de las declaraciones hechas ante al reciente ataque de Hamás a Israel.

Incluso Gabriel Boric, reconocido mandatario de izquierda declaró: “condenamos sin matiz alguno los brutales atentados, asesinatos y secuestros de Hamás. Nada puede justificarlos ni relativizar su más enérgico rechazo”. Esta decidida posición acompañó, como en casi todas las democracias, una desaprobación de los bombardeos contra civiles por parte de Israel.

En abierto contraste con esta muestra elemental de sensatez, el mandatario colombiano, tras una oleada de críticas por negarse a condenar explícitamente el ataque y la toma de rehenes recordó “cómo el poder mundial trataba de una manera la ocupación rusa sobre Ucrania y de otra, muy diferente, la ocupación israelí de Palestina”.

Días después, tras un altercado en redes sociales con el embajador de Israel, remataría que “ya estuve en el campo de concentración de Auschwitz y ahora lo veo calcado en Gaza”.

La evidencia sobre violencia sexual por Hamás es abrumadora: testigos sobre militantes violando mujeres; cuerpos femeninos desnudos con disparos en la cabeza y el pecho o escenas estrambóticas y dantescas.

Simcha Greiniman, voluntaria para recoger cadáveres el 7 de octubre, encontró el de una mujer desnuda con “uñas y diferentes objetos en sus órganos genitales… fue abusada de una manera que no pudimos entender y apenas pudimos afrontar”.

El silencio de un gobierno que anuncia “un plan de choque para la prevención y eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres, construyendo una cultura de igualdad y respeto a los derechos humanos… con acciones integrales contra el feminicidio” ante estas salvajadas no puede interpretarse sino como machismo rampante bien empaquetado en retórica feminista.

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