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Los riesgos de exigir carnés de vacunación en Colombia

Escrito por Paula Pinzón
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Esta medida podría aumentar las tasas de vacunación, pero también agudizar la desigualdad en la distribución de las vacunas y erosionar la confianza en las instituciones. Estas son las razones y las alternativas que tenemos.

Paula Pinzón*

¿En qué consiste el decreto?  

Hace dos semanas el gobierno emitió el decreto 1408 y anunció que, a partir del martes 16 de noviembre, los mayores de 18 años deberán presentar el carné de vacunación físico o digital contra COVID-19 para acceder a lugares públicos y privados de concentración masiva como cines, restaurantes, estadios, discotecas, bares, museos y parques de diversiones. La norma se extenderá a los mayores de 12 años a partir del 30 de noviembre y posiblemente a los niños entre 3 y 11 años desde el 15 de diciembre.

La medida pretende evitar un nuevo pico de contagios, garantizar que la reactivación económica sea segura y alcanzar la meta trazada por el gobierno a principios de 2021: completar la pauta de vacunación de 35,7 millones de colombianos –el 70% de la población– antes de que termine el año.

Alcanzar este objetivo no será fácil, pues en estos momentos hay apenas 22,2 millones de personas totalmente vacunadas –alrededor del 44% de la población– y un poco más de 10 millones parcialmente vacunadas –cerca del 20%–. Además, en septiembre y octubre el ritmo de la inmunización decayó considerablemente por la escasez de dosis y el menor número de ciudadanos que acudieron a los puestos de vacunación.

Si bien la medida ha permitido aumentar las tasas de vacunación en países como Francia y Eslovenia, ha tenido también  efectos inesperados y resultados modestos en países como Italia.

¿Qué efectos tendrá en Colombia? La experiencia internacional y las particularidades del país sugieren que, al menos por ahora, podría traer más costos que beneficios.

Barreras de acceso y desigualdades internas

Entre enero y agosto del año en curso, la Encuesta Pulso Social realizada por el DANE encontró de forma consistente que hay dos grandes razones por las cuales algunos colombianos no están interesados en vacunarse: el temor por los efectos secundarios y las dudas sobre la efectividad de las vacunas.

En septiembre, el DANE modificó ligeramente la pregunta e incluyó nuevas opciones de respuesta y encontró que la falta de tiempo y la escasez de vacunas son las principales razones por las cuales algunos colombianos no se habían vacunado en ese momento pese a que el gobierno ya había levantado todas las restricciones por edad.

Aunque podría parecer un asunto menor, el tiempo es uno de los principales obstáculos que enfrentan los sectores más vulnerables de la población al tratar de vacunarse.

Mientras que una persona de clase media o alta puede trabajar desde casa o pedir una licencia si experimenta efectos secundarios y contratar a alguien que cuide a sus hijos hasta que se recupere, para una cuidadora de tiempo completo, una empleada doméstica, un migrante irregular o un trabajador informal cuyo sustento depende del trabajo diario, ir a vacunarse puede significar dejar a la deriva a las personas que tienen a cargo o quedarse sin comer uno o dos días.

De hecho, la Encuesta también reveló que las personas en condición de pobreza se han vacunado en menor proporción que el resto de la población y tienen menos interés en hacerlo.

Esta brecha puede explicarse porque, además de las limitaciones de tiempo, las personas en condición de pobreza enfrentan otras barreras de acceso a las vacunas.

Por ejemplo, suelen tener más dificultades para encontrar y consumir información de buena calidad porque carecen de las habilidades y los medios necesarios para hacerlo. Esto impide que accedan a datos indispensables como la ubicación y los horarios de los puestos de vacunación más cercanos a sus hogares o lugares de trabajo y facilita que crean en información falsa o engañosa, lo cual es  especialmente preocupante cuando circulan tantas mentiras e imprecisiones sobre la efectividad y los efectos adversos de las vacunas.

Así mismo, es probable que en el pasado hayan tenido experiencias negativas con el sistema de salud o con otras instituciones públicas y desconfíen de ellas. Pero aun si las personas en condición de pobreza logran acceder a información verificada y confían en las EPS, la falta de recursos económicos puede impedir que se desplacen a los puntos de vacunación.

Las tasas departamentales de vacunación confirman que las desigualdades socio-económicas han dificultado que las vacunas lleguen a los más vulnerables, pues los departamentos más pobres, con menor presencia estatal y peor infraestructura presentan cifras mucho más bajas que las de los más prósperos.

Las diferencias entre los departamentos son tan grandes como las diferencias entre países: mientras que Boyacá tiene una tasa de vacunación similar a la de Costa Rica, Chocó presenta una tasa inferior a la de Venezuela.

Estos datos sugieren que actualmente los principales obstáculos para aumentar el ritmo de la vacunación no son las creencias anti vacunas ni la falta de voluntad de los ciudadanos, sino el temor por los efectos secundarios, las barreras de acceso que enfrentan las poblaciones vulnerables y las desigualdades que existían antes de la pandemia y se agudizaron tras la llegada del virus.

Posibles efectos indeseables

Es muy probable que la medida del gobierno promueva la vacunación entre las personas que pueden hacerlo con facilidad y no lo han hecho porque tienen dudas moderadas, tuvieron el virus recientemente o tienen una percepción baja del riesgo, pero difícilmente impulsará la vacunación entre quienes encuentran barreras de acceso, por el simple hecho de que no contempla ninguna estrategia para reducir estas barreras.

Si esto ocurre, la exigencia de los carnés acelerará el ritmo de la vacunación, pero tendrá un efecto inesperado e indeseable: profundizar las brechas entre las personas vulnerables y el resto de la población.

Así mismo, podría socavar la ya escasa confianza de los ciudadanos en las instituciones, especialmente entre quienes están en desacuerdo con el decreto por considerarlo autoritario y los pocos que se oponen tajantemente a la vacunación. En países como Francia, Canadá e Italia, miles de ciudadanos salieron a protestar contra la adopción de esta medida.

Finalmente, podría estimular la falsificación de carnés, como ha ocurrido en Rusia y en los países mencionados anteriormente. En Colombia sería sumamente difícil controlar esta situación porque los carnés son diligenciados a mano, la plataforma Mi Vacuna presenta fallas técnicas y la comunicación entre las EPS, las IPS, el Ministerio de Salud y los puntos de vacunación es imperfecta.

Además, la verificación de los carnés estará a cargo de los dueños de los establecimientos, quienes han manifestado que si bien pueden exigirlos, no cuentan con las herramientas para garantizar que sean verdaderos. Hasta ahora, el gobierno no se ha pronunciado sobre estas limitaciones ni les ha ofrecido ningún tipo de acompañamiento.

En definitiva, aun si la exigencia de los carnés aumenta las tasas de vacunación y ayuda a alcanzar la meta establecida por el gobierno, es probable que agudice la distribución inequitativa de las vacunas y traiga otros efectos indeseables que superen los beneficios obtenidos.

¿Qué podemos hacer?

Existen varias estrategias que podrían acelerar el ritmo de vacunación y reducir los numerosos obstáculos que enfrentan las poblaciones vulnerables para acceder a las vacunas. Estas propuestas podrían reemplazar los carnés de vacunación o complementarlos para mitigar sus posibles efectos negativos. Algunas de ellas son:

  • Mejorar la logística de los puntos de vacunación

Esto implicaría ampliar los horarios para que dejen de funcionar en horario de oficina; contratar más personal para reducir los tiempos de espera; aclarar qué vacunas están disponibles en cada punto y abrir nuevos puntos en los sectores que presentan las tasas de vacunación más bajas.

  • Realizar campañas pedagógicas dirigidas a poblaciones específicas

La mayor parte de los esfuerzos pedagógicos del gobierno se han dirigido a toda la población, pese a que no todos sus miembros tienen las mismas dudas y necesidades. Es importante identificar los sectores con más barreras de acceso y reticencia hacia las vacunas, caracterizarlos demográficamente y diseñar campañas que apelen a sus dudas e intereses. El contenido, el tono, el énfasis y los canales de comunicación deberían adaptarse a cada uno de los grupos identificados. Los datos recopilados por el DANE y el Ministerio de Salud constituyen una herramienta fundamental para avanzar en esta tarea.

  • Otorgar incentivos o ayudas a grupos específicos

Estos incentivos deberían adaptarse a las necesidades de grupos específicos. Por ejemplo, a los trabajadores informales podría ofrecérseles un subsidio de alimentación para que puedan quedarse en casa si experimentan efectos adversos y a las personas que no cuentan con un punto de vacunación cercano a su vivienda o de trabajo un subsidio de transporte.

  • Establecer alianzas con líderes comunitarios

Esta estrategia podría usarse para promover la vacunación en los sectores donde prevalece la desconfianza hacia las entidades públicas, pero existen organizaciones sociales que cuentan con un amplio respaldo popular. En este caso, individuos respetados por las comunidades, serían los encargados de encabezar las campañas de vacunación.

Estas propuestas toman en serio las necesidades y las dudas de los ciudadanos y se esfuerzan por garantizar que el acceso a las vacunas sea más equitativo. Además de preocuparse por mostrar resultados, el gobierno debería hacer todo lo posible para evitar que los sectores más vulnerables sigan siendo los más perjudicados por la pandemia.

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