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Los retos del nuevo ministro de Defensa

Escrito por Andrés Preciado

Andres PreciadoCarlos Holmes llega a un ministerio difícil, debe coordinar un sector desarticulado y encuentra serios problemas de seguridad y convivencia. ¿Cómo enfrentará tantos obstáculos? *.

Andrés Preciado**

El nuevo ministro

Después de la renuncia de Guillermo Botero, el presidente Duque nombró a Carlos Holmes Trujillo como ministro de Defensa. A propósito de ese nombramiento, conviene hacer un balance de esa cartera, y un análisis de los principales retos que afrontará su nuevo titular.

Los problemas en el Ministerio de Defensa comenzaron desde que Duque designó a Botero como ministro. El nombramiento tenía más justificación política que técnica: Botero venía del sector empresarial y tenía alta afinidad con el ala más uribista del Centro Democrático.

Los argumentos en favor de Botero se refirieron a su trayectoria administrativa, que por supuesto debería tener cualquier ministro. Pero Botero no tenía ningún tipo de experiencia en asuntos de defensa, seguridad urbana o conocimiento militar y policial.

Esa falta de experiencia llevó a Botero a cometer varios desatinos en la dirección y comunicación de los asuntos propios del Ministerio: el país debe entender que nombrar a un empresario como ministro de Defensa es tan equivocado como nombrar a un general en el Ministerio de Hacienda.

Recuperar el mando

Ese es, justamente, uno de los retos centrales que enfrentará el ministro Holmes: recuperar el mando civil del Ministerio de Defensa. Este asunto no es menor, pues el legado de dos ministros empresarios (Villegas y Botero) deja sin brújula estratégica y en medio de disputas a una de las carteras centrales en el Estado colombiano.

El Ministerio de Defensa es uno de los más “difíciles”, por ser protagonista de la coyuntura de mediano y largo plazo nacional. En ese Ministerio se deciden asuntos centrales, como la forma de implementar el Acuerdo de Paz y la consolidación de la estrategia contra el narcotráfico y la criminalidad organizada.

Y a lo anterior se añade el lastre de una cartera que va tarde en el examen de Gobierno y que está al borde de caer en un letargo que le impida mostrar resultados efectivos al cierre del mandato de Duque.

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Lo que enfrenta Holmes

En medio de la difícil recuperación de ese mando civil, hay asuntos igual de apremiantes en los que debe ocuparse el ministro. Algunos de estos otros desafíos son:

1. La arquitectura institucional.

En el sector de seguridad y defensa, las instituciones son desordenadas y están desarticuladas. De esa arquitectura hacen parte:

  • El Ministerio de Defensa;
  • El Departamento Nacional de Planeación (DNP);
  • El Ministerio del Interior, que administra el Fondo de Seguridad y Convivencia Ciudadana (FONSECON)–;
  • El Ministerio de Justicia, que está encargado de los asuntos de relacionamiento con el aparato judicial, la política de prevención de consumo de drogas y el sistema penitenciario y carcelario;
  • Ministerio de Hacienda, en su papel presupuestal
  • Y la Alta Consejería para la Seguridad y la Defensa Nacional en calidad de asesoría.

En medio de todo este entramado, el Ministerio de Defensa es el llamado a dar línea en dos políticas fundamentales, emanadas del Plan de Desarrollo: (1) la política de seguridad y defensa nacional, que ya se promulgó y que viene llevándose a cabo, y (2) la política de seguridad y convivencia que hasta ahora no se ha dado a conocer.

Uno de los retos centrales que enfrentará el ministro Holmes: recuperar el mando civil.

2. La institucionalización.

Tanto en el Ejército como en la Policía Nacional, es urgente promover un proceso de unidad de mando y de intereses institucionales, por encima de los intereses particulares de los generales, el ruido de sables y las pujas internas.

Esto va de la mano con revisar la pertenencia de los mandos que, en el caso del Ejército, ha debido repensarse hace tiempo. Además, el Ejército aún debe lidiar con los problemas reiterados del General Nicacio Martínez.

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Los problemas del ministerio se fraguaron desde el nombramiento de Botero. Nombramiento más político que estratégico.

Foto: Presidencia de la República
Los problemas del ministerio se fraguaron desde el nombramiento de Botero. Nombramiento más político que estratégico.

3. Las políticas de seguridad y defensa.

En asuntos más estratégicos, el país está en mora de tener una política que atienda los asuntos de la seguridad y de la convivencia ciudadanas, aquellos que afectan la vida diaria de los colombianos.

Aunque en buena hora el Plan de Desarrollo propuso diferenciar la política de seguridad ciudadana de la política de defensa, hasta ahora el Gobierno no ha promulgado ni divulgado esta segunda política. El retraso es injustificable, si se entiende este tema como una de las banderas de la anterior campaña presidencial y un sello propio del Centro Democrático.

En este punto el nuevo ministro se juega gran parte de su vocería y capacidad de coordinar un sector neurálgico, que no puede pasar más por disputas entre dependencias. Así no lo quiera, el ministro debe imponerse como el abanderado de esta nueva política si espera que tenga éxito.

4. No solo hay narcotráfico.

De la mano de lo anterior, el Ministerio necesita ampliar su agenda de temas prioritarios, hasta ahora dominada por el narcotráfico, más exactamente por los cultivos ilícitos.

Si bien este es un tema nodal de la agenda de seguridad del país, otros asuntos han sido descuidados, como los referentes a desarticular las rentas y las organizaciones criminales más allá de las disidencias de las FARC, y a problemas como el hurto a personas en las ciudades principales, el microtráfico y sus redes de distribución, el cambio del Modelo Nacional de Vigilancia Comunitaria por Cuadrantes y la gestión integral del homicidio en el marco de una estrategia de protección de la vida.

El Ministerio necesita ampliar su agenda de temas prioritarios, hasta ahora dominada por el narcotráfico.

Todos los asuntos anteriores deben entrar en la órbita del Ministerio. El nuevo ministro debe tener esto en cuenta si su intención es salir de la crisis de gestión de seguridad y defensa en la que se encuentra el actual Gobierno.

¿Cómo enfrentar los retos?

Como lo han mencionado varios analistas, el nombramiento de Carlos Holmes no cambia demasiado la línea política del Ministerio.

Si bien Holmes es un experimentado funcionario en los asuntos de gobierno y administración pública, su hoja de vida no es la de un experto en temas de defensa y seguridad. Sin embargo, tiene mucha más pertinencia para el cargo que Botero.

Eso ya es muestra de que el partido de gobierno –cercano a estos temas– no tiene muchas figuras políticas capaces de asumirlos. Por eso, Holmes debe pensar en rodearse de un equipo de segundo nivel técnico, que supla sus falencias específicas, mientras que él puede asumir directamente las de relacionamiento político.

En ese mismo sentido, para tener éxito, el nuevo ministro debe acercarse a las grandes ciudades y gobernaciones para concertar con ellas su agenda de seguridad ciudadana. Esta alianza le permitirá contener los frentes de seguridad urbana y seguridad nacional de manera equilibrada. También servirá para reconocer en los alcaldes locales y las novedosas secretarías de seguridad interlocutores válidos y ejecutores eficientes en el marco de una política clara y precisa de seguridad ciudadana que, de nuevo, es urgente. El cambio de los mandatarios locales le abre una ventana de oportunidad única al nuevo ministro.

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¿Qué enfrenta el nuevo ministro?

Foto: Justicia Penal Militar
¿Qué enfrenta el nuevo ministro?

Finalmente, el ministro debe dar mayor prioridad a las reuniones con centros de pensamiento, académicos y analistas, incluso si ellos tienen ideas opuestas. Eso implica menos reuniones en donde el único protagonista sea el verde olivo y el camuflado.

Una gran parte de los errores recientes del Ministerio se deben a pensar que el sector defensa debe justificar y apoyar a las fuerzas del Estado a toda costa. Si fuera así, no sería necesario un civil en esta cartera; de hecho, sería más eficiente un ministro militar o policía, que tuviera don de mando y respeto interno.

El mando civil del Ministerio de Defensa es uno de los triunfos más grandes de la libertad y los derechos humanos en Colombia. Se trata de una conquista para controlar y dirigir las fuerzas y para garantizar su actuación en el marco del Estado Social de Derecho.

No es mejor ministro aquel que marcha mejor o dice de forma más sincera “mi general”; es buen ministro aquel que garantiza, defiende y protege la integridad de las fuerzas de todas las amenazas, incluyendo las graves amenazas internas que tienen cara de corrupción.

* Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad EAFIT. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

*Consultor de IPA – Innovations for Poverty Action- e investigador del Centro de Análisis Político de la Universidad EAFIT. @andrespreciado3

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