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Los problemas del sector agrícola colombiano

Escrito por Omar Vanegas y Angela Gaitan
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La actual caída de los precios no es el único problema de nuestra agricultura. Hay que aumentar la productividad y la competitividad internacional, y para eso ya tenemos una ruta establecida*.

Omar David Vanegas**
Ángela María Gaitán***

Externado

Sector agrícola y pandemia

La pandemia, los desastres ambientales, el alto índice de desempleo y la caída del producto interno son los principales puntos de la agenda actual del gobierno.

La pandemia ha causado la muerte de al menos 34.600 personas, y la crisis económica inesperada desembocó hasta ahora en una caída del 9 % del PIB en el tercer trimestre de este año.

En medio de este naufragio, el sector agrícola ha sido uno de los pocos que no se detuvieron, de manera que gracias a nuestros campesinos se ha podido mantener el abastecimiento de los colombianos en tiempos de pandemia.

Pero aun entonces el sector agropecuario ha sido duramente afectado por la caída en la demanda interna e internacional por sus productos.

En el plano interno, este hecho se ha debido principalmente a la disminución en los ingresos de los hogares, el cierre de los establecimientos de comercio, la caída del sector turismo y el cierre de las instituciones educativas.

En el plano internacional, las estadísticas hablan por sí solas:

  • En este año las exportaciones e importaciones del país cayeron respectivamente en un 23,6 % y 20,8 %; es el efecto dramático de la pandemia sobre el comercio mundial.
  • El sector agropecuario de alimentos y bebidas contribuyó con un aumento del 3,4 % en las exportaciones y una caída del 1,3 % en las importaciones. Entre estas últimas, el subgrupo de legumbres y frutas tuvo un aumento del 2,3 % sobre el valor importado en 2019.

El caso de la papa

Según el Fondo Nacional de Fomento de la Papa (Fedepapa): “Colombia produce en promedio 2,7 millones de toneladas demostrando (sic) que abastece a los consumidores y a la industria sin ningún tipo de contratiempo”.

A pesar de esto y como vimos, hoy existe un exceso en la oferta de productos agrícolas en relación con la suma de demanda interna y demanda externa. Esta situación da pie a la caída de los precios de la papa, como también de productos como el arroz, las verduras y las frutas.

Según Fedepapa, la balanza comercial de este producto es deficitaria desde el 2010 debido a la entrada en vigor de tratados de libre comercio que desplazaron el consumo de la papa nacional.

Es verdad que los pequeños y medianos productores tienen que competir con las importaciones de los países tecnificados, donde la producción es más barata y por tanto los precios son más bajos que los nacionales. Pero la situación no resultó apenas de los tratados de comercio recientes; el problema de la competitividad de nuestra agricultura viene desde mucho antes y tiene raíces bastante más profundas que esos tratados comerciales.

La pandemia ha exacerbado esos problemas, de modo que hoy por hoy nuestros ‘papicultores’ no puedan cubrir los costos con los ingresos que reciben al vender su producto en los centros mayoristas. Esto por supuesto daña la calidad de vida y del empleo en el sector.

Foto: Pixabay - Hace unos días, se vivió una papatón en las ciudades del país, con lo que se buscaba compensar las pérdidas de los cultivadores.

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Competitividad

La gran brecha de ingresos entre el campo y la ciudad, los costos elevados del transporte en Colombia, la intermediación en el proceso de venta, la desigualdad en las capacidades productivas entre pequeños y medianos productores también afectan la competitividad de los campesinos.

Todos esos factores se traducen en altos costos de producción que impiden competir en un mercado que además está sufriendo choques “exógenos” o externos como el del coronavirus o los desastres climáticos.

Pero, aunque es cierto que el coronavirus, la caída de la demanda y los tratados de libre comercio empeoran la situación de los agricultores colombianos, también es cierto que el sector rural pide a gritos una reorganización desde hace ya varios años.

hoy existe un exceso en la oferta de productos y esta situación da pie a la caída de los precios de la papa

Una ruta establecida

Por este motivo, el primer punto del Acuerdo de Paz fue la Reforma Rural Integral. Para dar fin al conflicto armado ambas partes creyeron necesario transformar las condiciones de vida de las comunidades campesinas, y para eso acordaron una serie de 121 “disposiciones” o compromisos en materia rural.

No es del caso volver a enumerar aquí esos compromisos, pero sí hay que insistir en que la solución del problema de violencia en los campos implica el cumplimiento por parte del Estado de ese primer punto del Acuerdo del Colón. Solo de esta manera se atenderían de veras las dificultades en el acceso a las tierras y en los apoyos de producción y mercadeo que necesitan los pequeños y medianos productores del campo colombiano.

Pero esos cambios a su vez implican un aumento sustancial en la inversión por parte del Estado y un impulso efectivo a las asociaciones, los encadenamientos y las alianzas productivas para comercializar de manera transparente e inclusiva de los productores de distintos tamaños.

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Los remedios de corto plazo, como subsidios o ayudas compensatorias ante choques exógenos ayudan a amortiguar los efectos de esos choques, pero no solucionan los problemas del agro colombiano.

Seguimos perdiendo en competitividad, sin soluciones reales ni propuestas claras en un sector que emplea a la mayor parte de los trabajadores rurales del país: alrededor del 59 % de las personas residentes en el campo trabajan en actividades agropecuarias.

De seguir por la ruta que llevamos, nuestros campesinos nunca serán capaces de competir en calidad, en precios o en productividad. Existen brechas técnicas enormes que obstaculizan el cumplimiento de los protocolos fitosanitarios y la capacitación acertada en los procesos productivos.

Aunque la protección de las importaciones mediante aranceles pueda ser una solución atractiva para algunos, en realidad estos esfuerzos no son suficientes y en ocasiones difícilmente pueden ejecutarse.

Las instituciones, la intervención en los territorios y los planes o programas tendrían que encaminarse a cumplir lo acordado en materia la Reforma Rural Integral. El desarrollo rural debe ser un punto transversal en la agenda del gobierno de turno sin importar los intereses políticos.

*Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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