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Los principales problemas ambientales (segunda parte)

Escrito por Gerardo Ardila
Gerardo Ardila

Gerardo ArdilaTras mirar al modelo de ciudad en la pasada edición de la revista, aquí se alude a cinco desafíos específicos –que tampoco figuran hasta ahora entre las prioridades de los candidatos: el Río Bogotá, los cerros y los bosques, los residuos sólidos, la contaminación acústica y el diseño institucional para cuidar del medio ambiente; dónde estamos y qué queda por hacerse. 

Gerardo Ardila *

BOGOTA

El Río Bogotá

No se trata de una simple “corriente de agua”, sino de un complejo sistema de interrelaciones del cual forman parte los humedales, las áreas de inundación, los bosques, los suelos y sus características, los acuíferos, así como todos sus afluentes y sus respectivos ecosistemas.

Los bogotanos nos acostumbramos a concebir el río como un obstáculo, como un tubo, olvidando que estar bordeada por un río es una ventaja para la ciudad. Se le reserva el mismo tratamiento que se le dio al río San Francisco y al San Agustín en su momento: desaparecerlos y enterrarlos bajo la ciudad como caños de aguas negras, deshabilitando sus sistemas para permitir la urbanización salvaje.

Cuando se habla del río Bogotá, hay dos temas estratégicos entrecruzados: su tratamiento hidráulico y su recuperación ambiental. No es posible concebir el uno separado del otro, así como no es posible considerar el río tan sólo desde la perspectiva de Bogotá: es el tema regional por excelencia.

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El nuevo proyecto de recuperación del río aún no está asegurado, a pesar de las inversiones realizadas. Las distintas entidades involucradas han acordado un plan conjunto de inversiones por 1.814 millones de dólares, faltando por conseguir aún 1.047 millones.

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La política del agua no se puede dejar de discutir, más aún cuando involucra la protección de las fuentes, la recuperación de las cuencas y la disposición de las aguas usadas.
También se requiere discutir una vez más el caso de la Represa del Muña, pues los alcaldes no pueden seguir eludiendo su responsabilidad, amparados en que la recuperación del río es el único camino para la  recuperación ambiental del Muña.
Por último, es importante revisar el esquema actual de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá  (EAAB) y sus interrelaciones con las comunidades, con sus obligaciones ambientales, y con las demás empresas privadas que operan en el territorio del Distrito.
Los datos producidos por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM) y por el equipo gubernamental que prepara los informes para el International Climate Change Partnership (ICCP) muestran que una de las áreas más vulnerables es precisamente la Sabana de Bogotá, que se verá sometida a una disminución en la disponibilidad del agua de cerca de un 30 por ciento y una disminución de los páramos: 80 por ciento para Chingaza, 15 por ciento para Guerrero y 5 por ciento para Sumapaz.

Cerros, bosques y estructura ecológica principal [1]

Bogotá pierde su cobertura vegetal y sus bosques de manera acelerada. El Plan de Ordenamiento y Manejo de los Cerros Orientales (POMCO) determinó acciones que no se han cumplido.

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Otro tanto ha ocurrido con la “Reserva Forestal Regional del Norte – Thomas van der Hammen”, declarada el 19 de julio de 2011 por el Consejo Directivo de la CAR, después de 13 años de haber sido planeada por primera vez. La corporación cuenta con un año de plazo para entregar el Plan de Manejo correspondiente. Uno de los candidatos a la alcaldía ha anunciado que no cumplirá la ley y que no respetará la declaratoria.

El cumplimiento de los planes de manejo de los cerros orientales y de la Reserva Norte contribuye a disminuir los terribles impactos de las obras recientes en la ciudad que arrasaron bosques conectores muy valiosos en la Carrera 3 con Calle 26 y que han puesto en riesgo al Parque de la Independencia.

En el área de la Reserva Forestal del Norte aún no es clara la interacción con el Plan de Ordenamiento Zonal Norte ni el estudio de licencias al menos para tres planes parciales (Los Sauces, Sorrento y Mazda).

Tampoco se entiende lo que ocurre en los cerros de Suba, donde se han aprobado dos planes parciales (Altamira y El Santuario) en áreas protegidas y se encuentran cinco más en proceso (Hunza, Hacienda Casablanca, Cayambé, Otraparte, San Carlos-Santa Helena).

Aun está por discutir la decisión sobre la zona del Seminario Mayor en la Reserva de los Cerros Orientales y los permanentes abusos contra el Parque Ecológico Distrital Entrenubes en la zona suroriental de la ciudad, que hoy ha perdido mucho más de la mitad del área que tenía al momento de su declaratoria.

Es necesario construir el Corredor Ecológico del Borde Sur y asegurar la protección de la región alta de Sumapaz, en el Distrito y defender como parte integral del proyecto de recuperación del río Bogotá su área de protección.

En fin, también es importante discutir con los alcaldes regionales las acciones complementarias de vecindad para la protección de la estructura ecológica compartida, al menos en las zonas de bordes compartidos.

Residuos sólidos

Bogotá produce 6 mil 200 toneladas diarias de residuos sólidos, de las cuales 5 mil 400 llegan al relleno sanitario Doña Juana. Un promedio de 800 toneladas diarias se reintegran a la cadena productiva gracias a la labor de cerca de 15 mil familias de recicladores.

En Doña Juana se procesan 11 litros de lixiviados por segundo, lo que equivale a sólo una parte menor del total de líquidos lixiviados producidos por las basuras y que se filtran a través del suelo. Doña Juana se acerca al final de su vida útil. Es necesario buscar alternativas diferentes a la expansión del relleno, pues sus límites se sobreponen ya con las áreas de Mochuelo, parte de Usme y parte del territorio rural de Pasquilla.

De otra parte, la ciudad produce hoy un poco más de doce millones de metros cúbicos de escombros por año, los cuales no tienen el menor control ni existe una legislación adecuada para su tratamiento y disposición; estas cifras van a aumentar alrededor de 18 millones de metros cúbicos por año. 

Ante la insuficiencia de lugares autorizados y reglamentados para disposición final de "escombros" ¿cómo asumirá la nueva administración este reto ambiental? ¿qué tipo de estrategia se debe implementar para el manejo integral de los residuos de construcción, que no sea la exportación a la Sabana de Bogotá o su localización en la ronda del río Bogotá, como actualmente se hace?

Los residuos peligrosos generados en la ciudad son cerca de 150 toneladas diarias, de las cuales sólo 14 son de origen hospitalario, relativamente bien controladas. En la región hay incineradores que logran procesar apenas alrededor de 50 toneladas diarias. 

Las decisiones de tratamiento y disposición de basuras tienen que complementarse con acciones educativas y desarrollo de cultura ciudadana, de suerte que se disminuya la producción de basuras y se incorpore el reciclaje y la selección en la fuente como una parte normal de la vida cotidiana.

Aire y contaminación auditiva

La protección de la calidad del aire en Bogotá tiene una abundante legislación, a pesar de la cual no se ha logrado avance, ante todo a causa de la baja calidad tecnológica de los combustibles y de la obsolescencia de los equipos de transporte y de la industria.

Los estudios han demostrado altas concentraciones de material particulado (PM10) en la mayoría de los lugares de monitoreo. Las áreas más delicadas son aquellas con mayor presencia de vehículos de servicio público y, en especial, aquellos que funcionan con diesel. 

El ingreso de la gasolina con etanol subió los promedios, contradiciendo la idea defendida por los productores de biocombustibles que aseguran que su mezcla disminuye la emisión de gases de efecto invernadero y mejora las condiciones de salubridad de la población. 

Un estudio de la Universidad de Los Andes indica que en varias vías de Bogotá el ruido sobrepasa los límites permitidos (70 decibeles) durante gran parte del día, alcanzando hasta 77 decibeles en las horas de mayor afluencia. 

Otra fuente de contaminación auditiva muy grave es el aeropuerto; sus planes de expansión no han sido revisados en detalle.

Fortalecimiento institucional

No puede haber política ambiental distrital mientras la Secretaría Distrital de Ambiente, SDA, tenga las limitaciones técnicas, financieras y de alcance político que tiene en el presente. 

Su presupuesto no representa sino cerca del 1 por ciento del total del presupuesto del Distrito y su falta de autonomía la convierte en una entidad legitimadora de la agresión ambiental por parte de depredadores que arrasan el territorio.

La SDA debe ser el núcleo de la visión sustentable de un modelo de calidad de vida integral. Es urgente el cambio y la reubicación institucional.

 

* Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.

Para ver las notas de pie de página, pose el mouse sobre el número.

 

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