
Los planes pistola: qué son y algunas dudas
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Desde el pasado 15 de abril se han presentado una serie asesinatos selectivos y atentados en contra de integrantes de la Fuerza Pública, ordenados presuntamente por el Clan del Golfo (o Autodefensas Gaitanistas de Colombia o Ejército Gaitanista de Colombia) como reacción al asesinato por parte de la Fuerza Pública de José Miguel Demoya Hernández alias “Chirimoya”, miembro del Estado Mayor de dicho grupo, el pasado 5 de abril en La Apartada, Córdoba.
Contrario a lo que se podría creer, pese a la abundante literatura académica que existe en Colombia sobre el conflicto armado, existen ciertos repertorios de violencia escasamente estudiados. Al igual que los paros armados o los confinamientos, los planes pistola son una práctica muy poco estudiada de manera sistemática por la polemología criolla, pese a no ser para nada nuevos en nuestra historia, remontándose por ejemplo a la guerra criminal que libró Pablo Escobar contra el Estado colombiano.
Los planes pistola se pueden definir como un repertorio de violencia en el que los grupos armados ilegales asesinan de manera selectiva integrantes de la Fuerza Pública, en territorios donde tienen cierta influencia, como respuesta al asesinato o captura de algún integrante relevante de la agrupación por parte de las autoridades.
Como bien han señalado Luis Trejos y Reynell Badillo[1] en uno de los mejores -y de los pocos- análisis que se han hecho hasta el momento sobre los planes pistolas en el país, desde el 2017 a la fecha las AGC han realizado aproximadamente seis planes pistola de cierto alcance nacional. En 2017 tras la muerte de alias “Pablito” asesinaron al menos 15 policías. En el 2021 decretaron un plan pistola ante la muerte de alias “Marihuano” siendo asesinados al menos 5 policías. En mayo 2022 tras la captura de alias “Otoniel” en varios municipios hubo amenazas de un plan pistola y en ese mismo año en julio la Policía confirmó que habían muerto 26 uniformados a causa de un plan pistola.
Al parecer la mayoría fueron en respuesta al asesinato o captura de algún integrante relevante de la agrupación por parte de la Fuerza Pública. Esto es algo en común que tendrían los planes pistola con algunos paros armados. Según Mercado e Higuera (2024) existen distintos tipos de paros armados[2], siendo uno de ellos los denominados paros retaliativos o confrontacionales, los cuales son convocados por los grupos irregulares en respuesta al accionar de otro actor armado en su contra, como, por ejemplo, el que convocaron las AGC en enero de 2012 en el Urabá y parte de la Región Caribe como represalia por la muerte de su comandante Juan de Dios Úsuga alias “Giovanni”.
Pero, aunque pueden estar relacionados, los paros armados y los planes pistola son repertorios distintos. Por ejemplo, en el marco del paro armado convocado por las ACG en mayo de 2022 por la captura y extradición de alias “Otoniel”, el grupo criminal también estableció un plan pistola. Pero, en otras ocasiones el grupo ha convocado paros armados sin que haya establecido planes pistola. De la misma forma como ocurre actualmente, el grupo está ejecutando un plan pistola sin la convocatoria de un paro armado.
Un tema que llama la atención es la falta de precisión en los medios de comunicación -y en algunas autoridades y agencias estatales también- a la hora de caracterizar el fenómeno. Algunos medios han señalado “en plural” que los grupos armados están ejecutando un plan pistola, metiendo en el mismo saco los asesinatos y atentados a la Fuerza Pública cometidos no solo por las AGC, sino también por el ELN y las disidencias de las FARC. Como señala el estudio de Mercado e Higuera (2024) reseñado en párrafos anteriores, existe evidencia de paros armados convocados de manera conjunta por distintos grupos armados, pero, lo que no hay es evidencia hasta ahora de planes pistola convocados de manera conjunta por distintos grupos irregulares. Además, en el contexto actual sería aún más contradictorio, pues son grupos ideológicamente diferentes y en algunos territorios incluso enfrentados a muerte entre sí.
Otro aspecto que llama la atención es el argumento esbozado en algunos medios, en el que se señala la reducción del presupuesto destinado a la Fuerza Pública como la principal causa de que la Fuerza Pública este debilitada, lo que la habría hecho más vulnerable al plan pistola. Si bien el tema de la reducción de recursos es muy grave, es un argumento utilizado de manera sesgada y politiquera, pues planes pistola igual de cruentos ocurrieron en años anteriores – como en el 2022 cuando fueron asesinados aproximadamente 26 uniformados -bajo otras administraciones y sin reducción del presupuesto a la Fuerza Pública.
El tema es tanto coyuntural como estructural. En lo coyuntural, si sabemos que algunos paros armados y planes pistola son de alguna manera previsibles hasta cierto punto, las autoridades deberían tener planes para anticiparse. Pero en lo estructural, más que un tema de presupuesto – que es importante- el gobierno y la Fuerza Pública deben desarrollar una política de defensa y seguridad ciudadana ajustada a la realidad de las guerras criminales actuales, propias del nuevo ciclo de violencia en el que al parecer ya entramos hace rato.
[1] https://www.lasillavacia.com/red-de-expertos/red-de-la-paz/el-clan-del-golfo-y-sus-planes-pistola-la-inseguridad-de-la-fuerza-publica/
[2] https://razonpublica.com/paros-armados-guerra-interna-colombia/
Acerca del autor

Armando José Mercado
*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.
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