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Los “pecados” del POT de Bogotá

Escrito por Diego Cancino
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El concejal que encabezó la lista del partido Alianza Verde al Concejo de Bogotá explica por qué el POT es perjudicial para la ciudad y cuáles son sus motivos para objetar conciencia en la votación del proyecto.

Diego Cancino*

Censura en la discusión del POT

El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) es una de las herramientas más potentes porque establece el modelo de ciudad que queremos y cómo vamos a usar nuestro suelo en los próximos doce años.

En otras palabras, el POT es la mejor oportunidad para construir una visión compartida de nuestra ciudad. En él están en juego los intereses de la ciudadanía, sus argumentos, emociones, necesidades, angustias e inconformidades. Por eso este es el ejemplo claro de que la democracia sin pedagogía y sin participación es una democracia vacía.

En el proyecto que la alcaldesa presentó al Concejo de Bogotá faltó pedagogía, una mayor disposición a propiciar diálogos territoriales y, desde luego, mayor participación ciudadana. Algunos concejales denunciamos esos defectos y por eso, en forma desconcertante, la mayoría del partido Alianza Verde usó la Ley de Bancadas para obligar a quienes no estamos de acuerdo con el POT a votarlo positivamente.

Lo anterior significa que, en caso de que el POT llegue a votarse, algunos concejales no podremos ejercer el derecho a expresar el voto libremente. Ante esta decisión, objetamos conciencia.

Verde que te quiero verde: mi historia en el partido

En las elecciones territoriales de 2019, fui la cabeza de lista del partido Alianza Verde en el Concejo de Bogotá. Tenía la convicción de que podíamos poner a girar a la ciudad en otra órbita, liderados por la primera alcaldesa de Bogotá y la primera alcaldesa verde: una mujer jugada con la transparencia y la cultura ciudadana. Mi campaña reflejó esa convicción.

Mi historia en el partido no es nueva ni empezó en las últimas elecciones. Por el contrario, desde que se fundó el partido Verde estuve ahí, de la mano de Antanas Mockus y Ángela María Robledo. En la Ola Verde fui secretario privado de Mockus y me entregué en cuerpo y alma a ese sueño que inspiró este país y lo cargó de esperanza.

Entre 2010 y 2015 fui asesor de Ángela María Robledo en la Cámara de Representantes, trabajé con Mockus en el Senado de la República, fui candidato al Concejo de Bogotá en 2015 y a la Cámara por Cundinamarca en 2018, y en 2019 fui elegido concejal de Bogotá. No llegué al partido por un aval o de manera oportunista o para usarlo con el fin de alcanzar mis propios intereses.

Por eso, en la discusión del POT mis críticas siempre están fundadas en los principios de la Alianza Verde y en la apuesta política que compartimos con Mockus. Este partido, que ha demostrado ser una alternativa política y ha inspirado a miles de ciudadanos, debe tener como pilar la democracia deliberativa.

De hecho, así lo estipula el artículo 5 de los Estatutos del partido: la democracia deliberativa y participativa son un principio y valor. Por eso me resulta ininteligible la decisión de mi bancada.

¿Por qué me opongo al POT?

Entiendo la política como una oportunidad pedagógica donde los servidores públicos tenemos la capacidad de transformar y transformarnos de la mano de la ciudadanía.

Los seres humanos somos codependientes y necesitamos aprender y construirnos mutuamente. Desde esa perspectiva, la democracia es un tejido de hilos relacionados que sostienen la vida colectiva y la pedagogía es un instrumento para que esos hilos se fortalezcan.

Esta posición política implica creer en la participación y en la democracia deliberativa. Pero también implica creer en una democracia sustentada en la crítica y no en el silenciamiento. Entre más cercanos, más críticos: de esa manera fortalecemos nuestra democracia y afinamos cada día más nuestra gestión y nuestra forma de gobernar.

En mi campaña al Concejo prometí aportar para que Bogotá fuera una ciudad invadida por la confianza y la cultura ciudadana, a través de la pedagogía y el trabajo colectivo en el territorio, es decir, a través de la participación diversa y transformadora de la ciudadanía.

En el proceso de formulación del POT no se oyeron las voces de las comunidades organizadas.

La participación es el gran lunar de este POT. Esto ha sido evidente en las sesiones del Concejo y en el cabildo abierto, donde los ciudadanos mostraron su descontento y su desconfianza en un proyecto que no perciben como propio. Los datos sobre participación que ha presentado la Alcaldía están inflados, pues incluyen como muestras de participación comentarios en redes sociales y etapas de mera socialización.

Ese solo hecho bastaría para oponerme a votar a favor del proyecto, pero ese no es mi único argumento. Mi conciencia política y filosófica no me permite apoyar un POT que favorece el interés inmobiliario y en el que se plantea construir viviendas sin garantizar el derecho fundamental y constitucional a la vida digna.

En campaña, firmé el “Compromiso Ambiental por Bogotá”, guiado por mi convicción de que es necesario ordenar el territorio alrededor de los ecosistemas y adaptarlo al cambio climático. En el POT hay avances en materia ambiental: se amplía la Estructura Ecológica Principal, se protegen los cerros orientales y la Reserva Van der Hammen, se hace una apuesta por reconocer y proteger el Parque Ecológico Cerro Seco y se garantizan suelos agroecológicos.

Sin embargo, el POT no asume el reto de enfrentar la emergencia climática. Se plantea la posibilidad de intervenir los humedales. No se respeta la cuenca del río Tunjuelo –que es la “Van der Hammen del sur”– y se propone construir hasta 40.000 viviendas en zonas de riesgo ambiental y de inundación.

Planear la realización de proyectos de infraestructura y vivienda en la cuenca del Tunjuelo tiene consecuencias ambientales y sociales negativas. Estas zonas presentan riesgos de inundación y de encharcamiento, por lo cual se estaría condenando a cientos de miles de habitantes de la ciudad a habitar en zonas indignas.

En el proceso de formulación del POT no se oyeron las voces de las comunidades organizadas, que han sufrido durante años la exclusión y la violencia. Tampoco se escuchó la voz de los expertos, como los del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo (CIDER) de la Universidad de los Andes.

En suma, el POT nació como un proyecto excluyente y planteó un modelo de ciudad basado en la movilidad y la infraestructura y no en la adaptación a la crisis climática.

Foto: Pqsels - El POT nació como un proyecto excluyente y planteó un modelo de ciudad basado en la movilidad y la infraestructura y no en la adaptación a la crisis climática.

Los motivos para objetar conciencia

Ante la imposición de la mayoría de la bancada de la Alianza Verde, haré uso de mi derecho fundamental a la objeción de conciencia.

Como lo ha afirmado la Corte Constitucional, el derecho a la objeción de conciencia opera “cuando el cumplimiento de la normatividad vigente exige por parte de las personas obligadas a acatarla un comportamiento que su conciencia prohíbe”. Esto quiere decir que la objeción de conciencia protege “la resistencia a obedecer un imperativo jurídico invocando la existencia de un dictamen de conciencia que impide sujetarse al comportamiento prescrito”.

 En mi caso, no puedo traicionar mis convicciones más profundas para serle fiel a lo que impone la bancada de mi partido. Porque soy verde, apelo a esta objeción de conciencia. No puedo apoyar un proyecto que nació mal, con escasa participación. No puedo apoyar un proyecto que propone construir las viviendas para los más pobres en zonas de alto riesgo y que antepone la infraestructura a los derechos de las personas. La democracia se basa también en la libertad de expresión y deliberación, no solo en una ley de bancadas impuesta.

El matrimonio no decreta el amor, sino que expresa el amor construido en un ritual. Así debe interpretarse la ley de bancadas: la apuesta política de una bancada no empieza a existir porque se aplique una ley. Dentro de la Alianza Verde tenemos diferencias fuertes y eso nos debe hacer reflexionar. Debemos asumir nuestra diversidad y nuestros conflictos de forma que no sea autoritaria.

* El autor agradece los aportes que hizo Jhon Mejía a la redacción del artículo.

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