Los medios y la captura de “Fritanga”: un falso dilema ético - Razón Pública
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Los medios y la captura de “Fritanga”: un falso dilema ético

Escrito por William Duica
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Wiliam_DuicaAunque las circunstancias sí fueron inusitadas, los medios inflaron la noticia y además nos plantearon un falso dilema ético entre principios universales y conveniencias personales. Lo que sí quedó claro fue la doble moral colombiana.

William Duica

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¿Deben los artistas trabajar en las fiestas de personas cuyos recursos son presumiblemente mal habidos, o deben abstenerse de ello? 
Foto: Publicada por la revista Semana.

No daba para tanto

En medio de un vendaval de acontecimientos importantes para la vida política del país, se produjo la detención del cabecilla de los Urabeños, Camilo Torres –alias “Fritanga”–, en el exótico escenario tropical de su propia boda.

No se había decantado el análisis del “reversazo” a la reforma de la justicia cuando, ya hacia el final de la semana, se produjo otro hecho que bien requiere la atención nacional: el lanzamiento del “Puro Centro Democrático” que encabezará el ex presidente Álvaro Uribe.

Y sin embargo, en medio de semejantes turbulencias institucionales, los medios siguen registrando decenas de versiones, fotos, videos, listas de invitados, documentos, declaraciones de notarios, de médicos, de entrevistas a artistas y a modelos, y un sin fin de “hechos noticiosos” alrededor de “Fritanga”. Pero la captura en sí no fue la noticia. ¿Podría serlo la simple detención de uno más de los narcotraficantes vinculados con el paramilitarismo en los días que corren… y en Colombia? Escasamente habría dado lugar a un discreto titular, un solo día.

Agreguemos un día más de cubrimiento noticioso por el giro novelesco que adquirió este personaje al haber fabricado la farsa de su propia muerte y al haber sufrido una captura de película, cuando se preparaba para iniciar una segunda larga vida, rodeado de una gran fortuna y de sus “parceros”, que vienen siendo sus seres queridos.

¿Pero entonces qué provocó que semejante noticia acaparara el espacio de la prensa, de la radio y de la televisión durante un par de días más? ¡La ética!

Cuestión de ética

Dado que la espectacular farra matrimonial incluía un cartel de reconocidos artistas, los medios propusieron un “dilema moral” a la opinión pública, fascinados con la idea de hacer pensar a sus audiencias: ¿Deben los artistas trabajar en las fiestas de personas cuyos recursos son presumiblemente mal habidos, o deben abstenerse de ello?

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Que el 43% de los colombianos aceptara trabajar para un narco se interpreta como una indicación de que para muchos colombianos no existen principios universales.

Foto: Publicada en la revista Semana.

No faltaron quienes salieran a decir que sus principios morales les impedirían aceptar ese tipo de “invitaciones”. Pero también hubo artistas que declararon sin ambigüedad que no entran en consideraciones acerca de quién los está contratando. Simplemente hacen su trabajo y reciben sus honorarios. Por supuesto, la reacción obvia consiste en acusar a estos últimos de conducta antiética.

¿Puede realmente la sociedad aplicar una discriminación moral de esta naturaleza? Hay casos donde la respuesta es claramente negativa. Cuando se trata de los servicios profesionales de un médico o de un abogado, normalmente se aduce que éstos están obligados a “hacer el bien sin mirar a quién”, por así decirlo. Claro, en estos casos se argumenta que hay una prioridad del derecho a la vida, o a la salud, o a la defensa… pero en el caso que nos ocupa no hay algo así como la prioridad del derecho a la juerga.

Más allá de esas consideraciones, la pregunta es si realmente se le puede proponer a una sociedad que se guíe por un principio moral que proscribe todo contacto con los narcotraficantes, por vía de evitar toda transacción económica.

Falso dilema

Al lanzar la pregunta de si los artistas deben aceptar trabajos en las fiestas de los “narcos”, los medios no están propiciando una verdadera reflexión ética: no hay un dilema que obligue a la audiencia a tomar una decisión.

Un dilema ético nos enfrentaría a dos deberes u obligaciones morales: el derecho a la vida del paciente inerme frente, digamos, al hecho de que ese paciente es Hitler y el médico que lo atiende es un patriota francés.

Pero la pregunta sobre la fiesta de “Fritanga” nos pone, más bien, a confesarnos, a decir públicamente si somos capaces de elegir la obligación universal por encima del interés propio. Lo que se busca es inducir la idea de que existen unos principios universales que no deberíamos ignorar y que están por encima del beneficio personal.

Por eso la pregunta, que supone la existencia de tales principios universales, funciona menos como un dilema y más como un filtro que separa a los buenos de los malos: quiénes actúan guiados por principios universales y quiénes actúan por conveniencia personal.

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Alias Fritanga fue capturado dos años después de su supuesta muerte natural.  Foto: Policia Nacional.

Lo que resulta significativo para mí es el hecho de que la encuesta mediática arrojara un “empate técnico”: algo así como 43 por ciento por el SI versus 45 por ciento por el NO, y el resto por el consabido “no sabe, no responde”, un abultado doce por ciento.

El 43 por ciento que aceptaría trabajar para un narco se interpreta como una indicación de que para muchos colombianos no existen principios universales. Y no los hay, porque precisamente hay un porcentaje de la población que actúa “en interés propio”.

Pero aquí está el problema: no es correcto suponer que las obligaciones morales se desprenden del hecho de que seamos humanos o seamos racionales, porque por esta vía se llega a concluir que quienes no se comportan según lo que nosotros consideramos obligaciones universales (es decir, obligaciones de todo ser humano o de todo ser racional), tienen una especie de humanidad defectuosa o no son en realidad racionales, o son personas tocadas por el mal.

La conclusión de este análisis no es que resulte imposible distinguir entre lo moral y lo inmoral. La conclusión más bien consiste en señalar que es discutible la distinción entre una moral basada en principios universales y otra moral basada en la conveniencia propia.

La raíz de la doble moral

El discutir esa distinción es poner en duda la idea de que “la moralidad y la obligación empiezan justamente allí donde termina el interés propio” [1]. Es perfectamente posible que, en ciertas circunstancias, el interés propio coincida armoniosamente con el interés de la comunidad. Pero quienes suponen que esta coincidencia no es posible nunca, concluyen que hay una escisión inevitable entre moralidad e interés propio – vale decir que el interés propio siempre es inmoral.

Así, ante lo etéreo de los principios universales y lo concreto de sus necesidades, aspiraciones, deseos y pasiones, el individuo crea un abismo que separa el carácter práctico de la inmoralidad, del carácter ideal de la moralidad.

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Esta separación alimenta la mentalidad del “vivo”, del “avivato”, del “avión”: la moralidad tan colombiana según la cual “más bobo es el que no aprovecha”.

Foto: Tomada de Caracol TV.

Esta separación alimenta la mentalidad del “vivo”, del “avivato”, del “avión”: la moralidad tan colombiana según la cual “más bobo es el que no aprovecha”. Y para su comodidad y coherencia esta mentalidad asocia el actuar en interés propio con la vida privada. El llamado a actuar guiados por los principios morales es parte de un discurso público que no necesariamente corresponde a la acción privada. De esta manera el avivato minimiza su falta de moralidad, porque cree que es algo que queda en el ámbito de lo privado, del “aquí entre nos”. Esto es lo que configura una doble moral.

Pero actuar en interés propio no es necesariamente inmoral. Lo que resulta inmoral es no enfrentar públicamente, con razones, la voluntad de actuar guiado por determinados intereses. El corrupto es quien se sustrae al juego de las razones ofrecidas en la plaza pública y resuelve por debajo de la mesa o concilia en privado.

Por ello, me parece que, tomando como pretexto la pregunta sobre la participación de los músicos en la fiesta de “Fritanga”, enfrentar al ciudadano a la pregunta acerca de si está bien tomar dineros que tienen la mancha del narcotráfico, así sea haciendo un trabajo honesto como músico o cocinero o arquitecto, no suscita una reflexión sobre la conducta moral que eduque a las personas acerca de qué podemos hacer realmente para fortalecer nuestro compromiso moral con la sociedad.

No lleva a pensar acerca de cómo podemos tramitar nuestros intereses públicamente para armonizarlos con el beneficio de la comunidad.

Para ponerlo en términos del sabio Pambelé, es como preguntar: ¿Usted prefiere ser bueno o malo? ¿Usted prefiere actuar guiado por principios morales o por conveniencia propia? Pero a diferencia de la máxima simplista de Pambelé, para la gente en Colombia no es completamente claro que resulte mejor ser bueno que ser malo: acaban pensando que, en general, es más práctico ser inmoral que moral, a la hora de realizar sus proyectos de vida.

*Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia en el Departamento de Filosofía. Investigador en el grupo Relativismo y Racionalidad.

 

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