Los jóvenes se mueven hacia la extrema derecha: ¿qué está pasando y por qué? - Razón Pública
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Los jóvenes se mueven hacia la extrema derecha: ¿qué está pasando y por qué?

Escrito por Camilo Herrera
Camilo Herrera Mora

Camilo Herrera MoraReuniones de grupos neonazis han prendido las alarmas sobre una cierta tendencia de los jóvenes hacia la extrema derecha. La herencia autoritaria, el reclamo de un orden, el rechazo de la corrupción y la impronta de la “seguridad democrática” estarían detrás de movimientos que reivindican la regeneración, la reconstrucción nacional y los valores tradicionales. Un análisis sugerente e inquietante sobre la cultura política de los jóvenes.

Camilo Herrera Mora*

0147Por qué creemos en ideologías

Recientemente se ha detectado una cierta tendencia entre los jóvenes a la formación de grupos de extrema derecha, y esto ha escandalizado a los medios de comunicación. Pero ¿es esto grave o es normal?, ¿existe o no existe algo más allá de lo que estamos viendo?

Realmente, los discursos políticos sólo son imaginarios de salvación o de solución de nuestras necesidades. Cuando nos declaramos liberales o conservadores -aunque suene tan arcaico- es porque creemos que en la filosofía socio-político-económica de estas colectividades están las respuestas a los problemas de la sociedad, y en particular a aquellos que nos afectan directamente.

Por esto existen épocas o momentos históricos cuando es difícil distinguir entre creencias religiosas y creencias políticas, pues ambas nos plantean promesas de salvación o de solución a las cuales nos plegamos en busca de identidad, de aceptación y de esperanza.

Estas necesidades y motivaciones son mucho más intensas entre los jóvenes, ya que a su edad se están consolidando las redes neuronales básicas y los procesos de individuación se acentúan durante la adolescencia. Las bases de las estructuras morales y culturales sobre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto ya se han estado moldeando en la niñez y en la pre-adolescencia.

Un debate pre-moderno

Hoy es casi imposible diferenciar la izquierda de la derecha; de hecho casi nadie parece interesado en definirlas.

Estas dos concepciones se trastocaron en Colombia desde la Violencia de los cincuenta, y hasta la fecha han servido para definir,

  • como extrema izquierda, a aquellos grupos y formas de pensamiento político que apoyan o simpatizan con las posturas de la guerrilla,
  • y como derecha a grupos y formaciones políticas que se enfrentan a los subversivos, hasta el punto de afirmar que los paramilitares son de extrema derecha, así no hayamos oído de ellos una propuesta de Estado autoritario o de reducción de libertades.

La confusión ha llevado a que en Colombia continúe un debate sobre izquierdas y derechas, cuando el mundo entero parece haber abandonado esas categorías desde 1989. La supervivencia de las ideologías es una clara característica de sociedades pre-modernas o por lo menos “en proceso de modernización”, que no han migrado de instituciones basadas en la tradición a una sociedad fundamentada en el pensamiento racional secular.

La separación del Estado y la religión, la libertad de religiones y de géneros, y la comprensión de la igualdad de derechos en la diferencia de comportamientos y de oportunidades son características de las sociedades modernas y postmodernas; pero aunque esto esté formalmente consagrado en nuestra Constitución, estamos muy lejos de actuar de esas maneras.

Los colombianos jóvenes parecen aferrarse cada vez más a las ideologías, porque la generación del milenio se ha enfrentado con una serie de tensiones que han impreso en sus imaginarios conceptos políticos pre-modernos como solución a la grave situación del país.

Ante el simplismo de las definiciones mediáticas y de políticos de plaza, es muy sencillo definir como extrema izquierda a la revolución contra el Estado y la extrema derecha como el llamado a poner el orden por la fuerza en una sociedad colapsada. Definiciones que los jóvenes registran como verdades absolutas (pese a que el mundo cada vez cree menos en absolutos y en generalizaciones) y que siguen como un camino de solución y de salvación.

Los jóvenes hacen la diferencia

En los estudios de opinión política de los últimos años se ha visto claramente cómo ante la pregunta sobre ubicación en el espectro político, las personas individualmente mantienen su posición cinco años después, pero en el agregado la sociedad está cambiando:

  • Aquellos que en 2003 pensaban que eran de izquierda, aún lo son, y lo mismo los de centro y derecha, pero el dato promedio registra claramente un cambio: de ser una sociedad de centro a convertirse en una sociedad de centro derecha. 
  • Son los jóvenes de 18 a 20 años quienes marcan la diferencia: están reportando que se declaran más cercanos a la derecha que al centro, lo que debemos analizar en detalle.

Rebeldía, desencanto, guerrilla y derechización de los jóvenes

Los jóvenes por su naturaleza tienden a ser rebeldes y revolucionarios, ya que por la impaciencia propia de la edad, quieren lograr todo en el corto plazo y con el menor esfuerzo.

Al combinarse desafortunadamente esta tendencia con la cultura del narcotráfico, con un entorno de violencia urbana y con las normas represivas de la delincuencia juvenil, en las zonas marginadas se está engendrando un serio problema de criminalidad. Esta rebeldía no se dirige solamente contra el establecimiento, sino contra la situación del país en forma difusa.

Cuando vemos cómo actores que simbolizan el orden y la autoridad, como los funcionarios públicos, los policías, algunos militares y ciertos sacerdotes violan las normas y cometen delitos impronunciables, se alimenta otra tendencia de rebeldía paradójica: el retorno a los valores, a la autoridad, al poder de la ley y el orden. Esta nueva tendencia no es otra cosa que un freno frente al cambio sociocultural acelerado que emprendió el país desde la Constitución de 1991 hacia una postmodernidad donde la libertad del individuo debía equilibrarse con el bien común.

Este cambio de rumbo surge como respuesta a la falta de soluciones y al temor desmedido frente a la amenaza percibida de la extrema izquierda. En cualquier otro país la perversión, la desidia y la corrupción serían confrontadas políticamente por una fuerza de izquierda moderada o socialdemócrata que plantearía “llegado el momento de la depuración de la clase dirigente y de las instituciones, que han abusado del poder a tal punto que ni se cumplen las normas escritas por ellos mismos”.

Pero como parte de esa corrupción también se ha manifestado en partidos de izquierda, la restauración del orden y la estructuración de una sociedad mejor parecerían requerir de posiciones de fuerza más efectivas que las instituciones democráticas y que el diálogo.

Son muchos los colombianos que desde que nacieron han visto, leído y oído que las “guerrillas de extrema izquierda” tienen azotado el país, y sobre esto hemos construido un falso discurso sobre la necesidad de buscar el fin del conflicto armado para poder llevar al país a una senda de desarrollo económico, pese a que el conflicto no explica más que el 5 por ciento de los homicidios.

La palabra “izquierda” es sinónimo de enemigo de la sociedad para muchos sectores de la sociedad colombiana, y las recientes administraciones de Bogotá no contribuyen mucho a presentar a la izquierda como una opción viable y una alternativa de poder, como sí ha ocurrido en Francia y España, por ejemplo.

La impronta de la “seguridad democrática”

Los jóvenes que habían visto a policías infringiendo las normas, a políticos corruptos y a una iglesia lejana, comenzaron desde comienzos del siglo a desarrollar su propia reflexión sobre el futuro del país, y mientras las conversaciones llenaban los corredores y las cafeterías de las universidades sobre la guerrilla, la extrema izquierda, la socialdemocracia, el conservatismo, la derecha y la ultraderecha, llegó al poder Álvaro Uribe, como reacción frente a un proceso de paz fallido, donde la guerrilla traicionó al país, dejando pasar la oportunidad más clara de solucionar el conflicto armado interno.

Este presidente colombiano, de origen liberal, lideró en forma contundente a las Fuerzas Armadas contra la subversión, logrando reducir su poder militar y su influencia política y económica, con lo que despertó un claro fervor en la mayoría de los colombianos, manifestado en movilizaciones como la multitudinaria marcha “No Más FARC” del 4 febrero de 2008, donde se dio un grito unánime de rechazo al grupo subversivo.

Los jóvenes que nacieron en los noventa fueron sometidos a todas estas tensiones mientras iban construyendo sus propias definiciones sobre izquierda y derecha, que sumadas a la frustración en torno a los recientes escándalos de corrupción, probablemente han provocado la aparición de nuevas posturas políticas de “regeneración”, “reconstrucción nacional” y “valores patrióticos” en sectores jóvenes, que no ven más salida que asumir posiciones contundentes de autoridad frente al desmadre social, político y económico del país. El presidente Uribe contribuyó a consolidar este imaginario: su discurso obsesivo y repetitivo en torno a la “patria” recuperada por el ex mandatario del baúl de los recuerdos, sin duda.

Estos jóvenes rebeldes, que se sienten llamados a liderar los cambios sociales frente al statu quo, comienzan a elevar sus voces no solo en nombre de la libertad y la igualdad, sino en nombre de la autoridad, el orden, la familia y los valores tradicionales.

Se están organizando así en Colombia dos grandes frentes de jóvenes con ideas radicalmente diferentes, donde unos buscan la equidad y otros el orden social, reviviendo los debates clásicos del siglo XIX en pleno siglo XXI, como consecuencia de las promesas incumplidas.

Hoy, tenemos una gran masa de jóvenes que simplemente exigen al Estado que les provea de todo, otra gran masa que exige del Estado seguridad y orden, muchos simplemente buscan identidad y pertenencia en las camisetas de un equipo de futbol, mientras que otros se refugian en la delincuencia de las calles por falta de oportunidades y ante los halagos del dinero fácil.

Un caldo de cultivo

Ante una extrema izquierda cercana a la guerrilla, la corrupción del gobierno de izquierda moderada de Bogotá, el centro identificado con tecnócratas de posturas tibias y sin carácter que se apoyan en cifras y porcentajes, la sombra del triunfo militar de Uribe, la posición del actual gobierno aparentemente moderada frente a la guerrilla, el aumento objetivo de la inseguridad, se está cocinando un caldo de cultivo propicio para que grupos de derecha y aún de extrema derecha, con discursos altisonantes de autoridad, control y reducción de libertades pululen en nuestro país.

Las viejos jóvenes de los años 60 y 70 ven con asombro y temor el resurgimiento de una extrema derecha entre los jóvenes de hoy, reclamando los mismos cambios que ellos exigían, pero en clave de autoridad y no de igualdad. Una errada concepción de la izquierda puede estar alimentando la extrema derecha. Un rasgo más de la extraña Colombia que estamos construyendo.

* Presidente de RADDAR Consumer Knowlege Group y Presidente del Centro de Estudios Culturales; Economista y Filósofo, columnista y conferencista nacional e internacional, dedicado al estudio de los cambios en el comportamiento sociocultural y socioeconómico.

 

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