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Los colectivos culturales en los barrios de Bogotá y Medellín

Juan Diego JaramilloEl arte no es solo estético, también teje lazos comunitarios ¿Quiénes están actuando durante la pandemia?

Juan Diego Jaramillo* y Jesús David Suárez**

En Bogotá: calmar el hambre y sobreaguar la cuarentena

En una de sus acostumbradas alocuciones, el presidente habló de la cultura y de las medidas para “salvarla” en tiempos de pandemia.

El mandatario cede la voz a la encargada del problema, la ministra de Cultura. Ella menciona todo lo que no ha podido hacerse: espectáculos, fiestas patronales, apertura de museos, entre otros. El panorama está lleno de números rojos y cuentas trágicas.

Acto seguido, la salvación. Prometen bonos y convocatorias, anuncian la seguridad social para artistas, el cruce de regalías y cambios en la Ley General de Cultura, entre otras medidas.

Antes de profundizar en soluciones, la ministra agradece a los artistas que nos han entretenido en estos días de encierro, “mandando mensajes de solidaridad y de pensamiento colectivo en estos momentos de crisis”.

En otra parte, no muy lejos de Casa de Nariño, un grupo de colectivos culturales y artísticos de la localidad de San Cristóbal se reúne virtualmente. Acostumbrados a trabajar con la comunidad durante décadas y a lidiar con el silencio del Estado, intentan entender lo que está pasando y las acciones que no deben tardar.

No hay tiempo para esperar la firma de alguna plantilla social. Las familias tienen que comer, las ayudas no están llegando —argumenta alguno—, necesitamos movernos más rápido —interviene el otro—.

Su trabajo formal es el arte y la cultura. Durante mucho tiempo han realizado muralismo, caminatas, ejercicios de memoria, música y producciones audiovisuales. Ahora la situación es muy distinta, no hay espacio para encontrarse. Está en juego la vida allá afuera y hay que buscar una forma de reorganizarse.

Acomodaron las pocas ayudas que llegaban, dieron información relevante sobre servicios públicos y otras urgencias. Inventaron nuevas formas de trabajo, artistas y gestores crearon encuentros virtuales. No como una enseñanza vertical o como un despliegue de talentos en pantalla. Buscaban incentivar otras imaginaciones y exorcizar juntos el encierro.

También surgieron iniciativas desde las huertas y las cocinas comunitarias. Acompañaron con alimento y algunos acercamientos acerca de la soberanía alimentaria desde casa y las huertas en pequeños espacios. Han sido luchas incansables, quizás desde afuera luzcan pequeñas o no parezcan importantes.

Sin embargo, estas luchas velan por el bienestar de sus comunidades y procuran no dejar desconectado a nadie. Se cuidan entre todos.

En Medellín: Casa Kolacho, de escenario cultural a centro logístico

Cambiando de ciudad y hablando con Jeihhco, de la Casa Kolacho en la Comuna 13 de Medellín, me cuenta que las banderas rojas aparecieron apenas cerraron las puertas. Actividades como el turismo cultural fueron las primeras en parar, teniendo en cuenta la interacción con extranjeros y las actividades al aire libre.

Bogotá Pandémica

Foto: Cortesía Colectivo ArtoArte
Bogotá Pandémica

Pero al igual que en Bogotá, los colectivos de esta comuna no se quedaron quietos. De entrada, buscaron reunirse o reencontrarse, “La Unión” se llamó este encuentro temporal. En pocos días se organizaron colectivos de distintas formas de trabajo cultural para buscar soluciones en sus barrios.

El primer paso: un censo en cada uno de los barrios, actividad que no ha podido hacer la alcaldía después de casi tres meses de pandemia. Le siguieron redes de apoyo para saber cuáles familias necesitaban ayuda y qué barrios estaban pasando más dificultades. Acto seguido, organización y recepción de ayudas. Casa Kolacho —antes escenario cultural de la Comuna 13— se convirtió en centro logístico.

Desde allí y con este reencuentro reanudaron, de manera virtual, muchas de las actividades que venían realizando: talleres, graffitour y producción musical. De hecho, me cuenta Jeihhco, la producción musical en el encierro empezó a aumentar, como en un confinamiento creativo.

A la solidaridad y a la creatividad hay que renovarlas cada día. Las banderas rojas siguen apareciendo, pero los colectivos no han bajado la guardia.

En Medellín y en Bogotá, quizás en muchos municipios más, los medios comunitarios y los colectivos culturales pasaron a la acción mucho antes de la que ministra, el presidente o los alcaldes se pronunciaran.

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Colectivos: arte y acción social

Y, entonces, ¿dónde está el arte y la cultura en tiempos de pandemia? ¿En redes sociales? ¿En conciertos en vivo? Quizás.

Existe una primera capa, más visible, del campo de acción que está cobijado por las ayudas ministeriales y municipales. Un poco más abajo, el panorama es otro. Encontramos colectivos e iniciativas artísticas y culturales que se han ganado la confianza de sus vecinos con un trabajo de años. Y que ahora, en tiempos de pandemia, están dando todo en sus barrios para que la comunidad no se derrumbe.

Bogotá Pandémica.

Foto: Cortesía Colectivo ArtoArte
Bogotá Pandémica.

Antes de llamarse artistas o crear “grandes relatos” del declive cultural que se avecina están librando una batalla más ardua. Intentan, día a día, no dejar que lo ganado como comunidad se desmorone. Luchan para que la gente no aguante hambre y que la vida pueda continuar juntos.

Tal vez para muchos puristas de las artes, estos colectivos -que hacen desde sancocho hasta intervenciones urbanísticas de alto impacto- no pueden ser llamados artísticos o culturales. Estas prácticas son formas de propiciar encuentros, de suscitar nuevos contratos de la imaginación y de evitar crisis existenciales. Por lo tanto, merecen mayor reconocimiento y visibilidad.

Así, eventualmente, podremos entender que las prácticas artísticas y culturales no son exclusivamente entretenimiento para la pandemia o para enviarnos “mensajes positivos”. Son, por el contrario, la única esperanza de una voz de compañía, encuentro y solución al olvido del tecnócrata que se enreda entre actas y listas de asistencia para poder llegar al fin con alguna medida a estos barrios.

Entre “Quédate en casa” y la bandera roja del hambre no parecen existir muchas opciones. Cada barrio y su ciudad tiene sus lógicas económicas, sus redes de solidaridad, sus formas de encuentro y sus líderes culturales o sociales.

En últimas, ellos son los que aprendieron a lidiar con las urgencias cotidianas (desplazamientos, violencia, falta de servicios públicos) y con el abandono de muchos gobiernos.

Ellos dejaron de lado sus actividades habituales, para darle un sentido a los vínculos que han construido durante décadas. Así han logrado sostener un colchón de solidaridad para evitar que colapsen los barrios.

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La respuesta del gobierno

Las becas distritales y ministeriales de cultura, así como las medidas oficiales para ayuda del sector cultural, ¿tienen de veras un carácter solidario y capaz de responder a la emergencia?

A juzgar por la desconfianza del gobierno hacia las organizaciones y colectivos de base, la respuesta no puede ser alentadora. E igual sucede con las otras distancias marcadas entre el Estado y comunidades.

No tiene sentido entonces responder a la pregunta por la cultura en tiempos de pandemia sin dar cuenta de los muchos agentes que componen el sector. Desde ellos -y solamente desde ellos- podrían surgir las alternativas de política capaces de mantener y propiciar el avance de la cultura en tiempos de pandemia y después de que pase.

El sector de la cultura está respondiendo como pocos a la urgencia. Ya es hora de sacarla de la precariedad y de ampliar sus márgenes de acción más allá del entretenimiento.

*Economista, magíster en Estudios Culturales, estudiante doctoral en Antropología e investigador en políticas culturales, con énfasis en redes de arte urbanas, colectivos e iniciativas ciudadanas.

**Colectivo ArtoArte, Bogotá.

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