Los cinco retos del centro político en las elecciones del 2022 - Razón Pública
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Los cinco retos del centro político en las elecciones del 2022

Escrito por Enrique Herrera
Enrique Herrera

El 2021 está por terminar y el centro tiene todavía unos desafíos pendientes si quiere ganar las elecciones. Estos son los retos que deben enfrentar los candidatos y partidos que encarnan esta opción.

Enrique Herrera Araújo*

Primer reto: mirar hacia el futuro

El problema que enfrenta el centro político en las elecciones presidenciales del 2022 es que no tiene un relato emotivo que, con bases programáticas, conecte al elector con el candidato. Esa es una tarea urgente que tiene pendiente.

La derecha tiene una narrativa elaborada. Y Petro por su parte, tiene un discurso construido desde hace tiempo, pero ahora  tiene un problema: su relato es muy parecido al  de las elecciones del 2018 y el candidato que se repita, pierde.

La razón es una: el mundo cambió con el Covid-19, y cambiaron también los intereses y prioridades del elector.

La pandemia adelantó el futuro, pues aceleró la virtualidad, lo digital y el comercio electrónico. El mundo cambió el modo de producir y hacer riqueza. Hoy los nuevos ricos no son los banqueros tipo Rockefeller o fabricantes de carros tipo Henry Ford. La riqueza ya no reposa en lo material, sino en la Inteligencia Artificial, en lo digital y en las aplicaciones. En lo inmaterial.

El Covid-19 también hizo evidentes la pobreza, la desigualdad y la inseguridad de la ciudadanía. El mundo está cambiando y el discurso de los candidatos no incorpora estos cambios: están atrapados en las batallas del pasado, cuando la nueva agenda pide concentrarse en las batallas que vienen, como por ejemplo,  ¿Colombia se está preparando para competir en la revolución tecnológica? ¿Colombia se está uniendo a la ola digital, ambiental e inclusiva? ¿Está mejorando la productividad, la competitividad y disminuyendo la informalidad, la desigualdad y la inseguridad? ¿La gente qué está estudiando?, ¿hay ecosistemas de emprendedores?

Por supuesto que debemos mantener la conexión con el pasado, pero es momento de que las campañas se conecten con el futuro.

Segundo reto: un discurso emotivo y cohesionado

El desafío del centro es construir un relato nuevo, programático, inspirador y emotivo, pues el cerebro político es un cerebro emocional. Se precisa una campaña que enganche al votante como una serie de Netflix.

El discurso por supuesto debe recoger el descontento social y económico, pero no de la forma desgastada como tratan de hacerlo la izquierda y la derecha. Por eso el centro tendrá que oír a la ciudadanía en un diálogo colectivo, argumentado, útil y – sobre todo- debe comenzar a dar respuestas, a través de propuestas, a una ciudadanía que las reclama.  Hoy todos hablan y nadie escucha. Cada quien tiene su púlpito en las redes. Y si no se escucha es porque  no hay conversación.

Ahora bien, por primera vez en Colombia la mayoría del electorado (70 %) no encuentra un candidato que lo represente.

Hasta ahora la Coalición de la Esperanza es una entelequia que la gente no logra identificar ni descifrar porque lo que existe es multitud y en este caso, donde hay multitud hay confusión.

En la baraja de candidatos no está el naipe que buscan los electores y a estas alturas del calendario electoral no aparecerá la carta “comodín” y tocará escoger de lo que hay; y hasta una mala carta, estilo de lo que  ocurrió en Perú  con Castillo y Fujimori, se puede colar para una segunda vuelta y poner al país en el peor de los mundos. Ello dependerá si el Centro tiene la grandeza de unirse porque de lo contrario el riesgo estará ahí, latente.  Mientras tanto, los candidatos todavía no alcanzan a leer ni interpretar ni representar esos nuevos intereses del mundo Covid. No han encontrado la bolita

Tercer reto: un representante del centro

Otro desafío del centro es depurar la lista de aspirantes presidenciales y, para ello tendrían que encontrar los mecanismos para escoger a los más viables.

La Coalición de la Esperanza tiene muchos candidatos y ello confunde al elector. Que el ciudadano de a pie no sepa quiénes la conforman  implica que no se reconozcan en ella. La gente se identifica con individuos y no con generalidades ni con abstracciones.

La madre Teresa de Calcuta dijo que si se fijaba en las masas nunca actuaría, pero si se fijaba en un individuo, sí. La razón: estamos diseñados para sentir y expresar emociones hacía las personas y no hacía las estadísticas o abstracciones.

La Coalición de la Esperanza es eso, una abstracción que oculta la individualidad de los candidatos. En este sentido, hay que hacer lo que hizo Uribe en la campaña de 2017: depuró la camada de precandidatos presidenciales mediante el mecanismo de la  encuesta y antes de que finalizara el año postuló a Duque. En ese momento ganó identificación, nombre de pila y referente. Es decir, alguien concreto, de carne y hueso, por quién votar.

Hasta ahora la Coalición de la Esperanza es una entelequia que la gente no logra identificar ni descifrar porque lo que existe es multitud y en este caso, donde hay multitud hay confusión.

Foto: Colombia Informa - ¿Qué tan atípicas serán las elecciones?

Cuarto reto: crear la “ola del centro”

Una campaña ganadora necesita entusiasmo y para eso sería preciso provocar una “ola” como la “ola verde” de Mockus.

Y la manera de hacerlo pasa por crear hechos políticos. Por ejemplo, la decisión del partido verde si no se rompe, si no implota, de irse por esa vía ayudaría  en ese sentido; que Alejandro Gaviria e Ingrid Betancourt hagan lo propio también, o que se lance una lista de candidatos representativos pero sobre todo alternativos al Senado serían hechos políticos que ayudarían a crear la “ola del centro”.

En la política y en las elecciones hay tensiones, en el centro también. Es normal que cada uno tire de la cuerda, pero deben tener cuidado para que no se rompa.

Por ahora las encuestas muestran que el tablero sigue igual: Petro de primero y Fajardo de segundo, pero esto no será por mucho tiempo. Por primera vez la mayoría de la ciudadanía no encuentra un candidato que la represente. En escenarios inciertos como el actual, será presidente el que haga alianzas y consultas; el que reinvente el discurso, y el que dé confianza y certeza, aunque sea con mentiras.

Quinto reto: mantener la moderación

El centro debe seguir por el camino de la moderación. La moderación, según Antoni Gutiérrez Rubí es la forma de ganar elecciones.

La moderación es un activo político. “Los ciudadanos están esperando una política moderada que permita consensos, mayorías y también están esperando a políticos que hagan, de la palabra un culto a la política; y de la conversación, el diálogo y la capacidad de escucha, el púlpito donde se diriman las diferencias y viva la democracia”. Estas son características del centro en Colombia.

Además, agrega Gutiérrez Rubí que “cuando nos contenemos le damos espacio al diálogo, cuando limitamos nuestra agresividad le damos una oportunidad al encuentro, cuando oímos antes de hablar le damos una oportunidad al consenso”. Por eso, la moderación es radicalidad y contiene al populismo, al tribalismo y a los fachos.

En la política y en las elecciones hay tensiones, en el centro también. Es normal que cada uno tire de la cuerda, pero deben tener cuidado para que no se rompa. Antes de firmeza y rigidez, es necesaria la flexibilidad.

Los candidatos del centro deben unirse; poner en acuerdo ideas y principios; crear por medio de un buen mecanismo una pequeña lista de aspirantes, y escoger el candidato que irá a la primera vuelta.

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