Los cien primeros días de Petro: ¿Una revolución ciudadana en marcha? - Razón Pública
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Los cien primeros días de Petro: ¿Una revolución ciudadana en marcha?

Escrito por Luis Fernando Medina
Fernando-Medina

Fernando MedinaEs poco tiempo para exigir resultados pero tiempo suficiente para marcar el camino. Petro ofreció cambios de verdadero fondo en el modelo de ciudad, pero su gobierno no ha logrado despegar. Un análisis sereno del programa y de los hechos, más una explicación de por qué no despega.

Fernando Medina*

La paradoja de Bogotá

La tradición de evaluar los primeros cien días de un gobierno se remonta a las primeras medidas adoptadas en el marco del “Nuevo Trato” que le propuso Franklin D. Roosevelt al pueblo norteamericano, sumido por entonces en una profunda depresión económica que amenazaba las bases mismas de su sistema social.

En el caso de los primeros cien días del gobierno Petro, este referente histórico expresa más que una simple coincidencia. Pero no se trata de una semejanza retórica, sino basada en ciertas consideraciones. Veamos:

-De una parte, las cifras sobre inversión, crecimiento, empleo, precios del suelo o metros de construcción autorizados muestran que Bogotá, lejos de encontrarse en medio de una crisis económica, atraviesa -como otras ciudades latinoamericanas- por un verdadero “boom” en términos de desarrollo, o al menos del concepto de desarrollo que hasta la fecha ha predominado en la mente y en el corazón de nuestros líderes,

-De otra parte, no es menos cierto que Bogotá se encuentra sumida en lo profundo de una “depresión política y ciudadana”, resultado sobre todo de los graves errores y actos de corrupción cometidos durante la pasada administración encabezada por Samuel Moreno. 

El balance de la gestión de Petro hasta la fecha -prematuro como todos los que se hacen dentro de esta tradición- tiene por fuerza estar marcado por estas dos realidades: El modelo actual de desarrollo de la ciudad y la propuesta de introducir cambios estructurales en el mismo, y la capacidad de reconstruir la confianza de la ciudadanía en sus autoridades, elemento indispensable para superar los retos del inmediato futuro.

En términos operativos, trataré de responder aquí a dos preguntas esenciales:

  • ¿Qué ha planteado Petro sobre el modelo de desarrollo, y cuáles señales ha enviado respecto de sus prioridades, de su visión del futuro de la ciudad?
  • ¿Cuáles medidas o pasos ha dado su administración para crear confianza ciudadana en la posibilidad de salir de este estado de crisis que se percibe – no obstante, y en alguna medida como resultado del “éxito” en materia de crecimiento económico, tal como el que se traduce en el ingreso a la ciudad de 150 mil vehículos nuevos cada año?
Fernando Medina Santos

En la versión inicial del Plan de
Desarrollo “Bogotá Humana” se señala
como eje unas nuevas relaciones con el
Departamento y con la Nación. 
Foto: Alcaldía de Bogotá.

Un cambio radical en el modelo de ciudad

Desde la campaña misma, Gustavo Petro sostuvo que de ser elegido como Alcalde pondría todo su empeño en transformar el modelo de desarrollo hasta ahora imperante.

En primer término -y como parte de lo que ha dado en describir como “la gobernanza del agua”- Petro hizo énfasis sobre los que considera grandes errores en el proceso de ocupación del suelo en esta hermosa y frágil sabana:

  • una ciudad de espaldas a su río principal al que hemos convertido en verdadera alcantarilla a cielo abierto;
  • una ciudad que se expande cada vez más hacia el norte y occidente, robando a la sabana tierras fértiles, encareciendo la extensión de redes de servicios públicos domiciliarios, ampliando las distancias y tiempos de recorridos entre las zonas habitacionales y los lugares de trabajo, de estudio y de recreación de los bogotanos y bogotanas.

​Ese modelo de ocupación del suelo ha tenido otros impactos negativos: ha creado una forma de segregación socio-espacial, o dicho en términos sencillos, los ricos y los pobres de la ciudad viven en mundos distintos y distantes. Esa segregación socio-espacial, además de ahondar las diferencias que tendremos que superar si aspiramos a vivir en paz, afecta la dinámica económica que se concentra en ciertos sectores y condena a las personas que habitan lejos de ellos a una existencia precaria.

Los barrios en zonas de ladera erosionada a punto de derrumbarse, o en zonas por debajo de la cota del río en donde se presentan inundaciones periódicas, son expresiones de esta situación. El desempleo, la informalidad, la carencia de escuelas o centros de salud y la ausencia de vías y de parques lo son también, como lo es la inseguridad que predomina en tales lugares.

-Además de la apuesta de detener la expansión de la ciudad a expensas de la sabana y de los humedales, y de “revitalizar” el centro extendido de la ciudad, aprovechando las coberturas existentes en términos de redes de servicios públicos y otras dotaciones urbanas, Petro ha hablado de la necesidad de centrar el desarrollo “no en el cemento, sino en el cerebro”.

Para ello ha planteado la urgencia de volcar la capacidad del Distrito en brindar oportunidades en materia de nutrición, estimulación temprana, cuidados y educación de calidad a miles de niños bogotanos que hoy no tienen acceso a ellas. La prioridad de la primera infancia, la apuesta por los jardines infantiles, el grado doce en la educación media, la ampliación del acceso a la educación superior son proyectos que sustentan la apuesta por un desarrollo centrado en los seres humanos, más que en las infraestructuras físicas.

De esta apuesta hace parte también la propuesta de reestructurar el modelo de atención en materia de salud, fortaleciendo los conceptos de salud pública, acceso garantizado a los servicios y medicina preventiva.

-Dos elementos más, expuestos en la campaña y recogidos en la versión inicial del Plan de Desarrollo “Bogotá Humana”, constituyen en mi opinión ejes centrales de la revolución urbana y ciudadana con que sueña Petro:

  • De una parte, unas nuevas relaciones con el Departamento y con la Nación, y el intento de proyectar las dimensiones de Bogotá como ciudad global.
  • Y de otra parte el propósito de construir una ciudadanía informada, activa, participante, que ejerce sus responsabilidades y defiende sus derechos más allá del ritual electoral.
Fernando Medina humedales
El alcalde ha propuesto detener la expansión
de la ciudad a expensas de la sabana y de los
humedales, y “revitalizar” el centro extendido
de la ciudad
Foto. Universidad Sergio Arboleda.

Del dicho al hecho

Más allá del diagnóstico y las propuestas, con los cuales muchos podríamos sentirnos identificados, hay que mirar a las realizaciones, no sin antes reiterar que cien días son muy pocos para cambiar una ciudad. Pero cien días sí son suficientes para mostrar el por qué, el para qué y el cómo de los cambios que se buscan. Las preguntas que surgen son entonces:

  • ¿Ha logrado Petro que los bogotanos y las bogotanas comprendamos los cambios que propone en el modelo de desarrollo?
  • ¿Nos ha dicho claramente cuáles son las prioridades de su gobierno, atendidas las restricciones presupuestales y de otro orden que no permiten hacer todas las cosas a la vez?
  • ¿Ha logrado que los bogotanos nos enamoremos de su proyecto de ciudad y que nos sintamos motivados a contribuir en su realización?

Lamentablemente, creo que la respuesta a estas preguntas es negativa. Y lo es de manera sorprendente, dada la gran inteligencia que tanto amigos como opositores le reconocen a Gustavo Petro, y la gran trayectoria que ya acumula en materia política.

El resultado sorprende también en un alcalde que ha hecho de las herramientas de comunicación instantánea uno de los instrumentos de su gestión, y que ha querido implantar un modelo de comunicación permanente con la ciudadanía.

Sorprende también la situación existente, reflejada en alguna medida en las encuestas de opinión sobre la gestión del Alcalde que se han publicado recientemente, tomando en cuenta que de su equipo de colaboradores hacen parte reconocidos académicos y experimentados técnicos, algunos de los cuales han hecho parte de otras administraciones y tienen por tanto una experiencia acumulada en estos temas.

Frente a un proyecto de transformación como el que plantea Petro, uno podría esperar la malquerencia de algunos socios del Jockey y del Country, a la par de una movilización entusiasta de aquellos sectores de la ciudad, ampliamente mayoritarios, que habrían de beneficiarse si aquél logra concretarse. Quizás hay mucho de lo primero, pero casi nada de lo segundo.

Fernando Medina rio
Petro ha hecho énfasis en que la ciudad
creció de espaldas a su río principal al
que hemos convertido en verdadera
alcantarilla a cielo abierto.  
Foto: Alcaldía de Bogotá.

A manera de explicación

Este resultado, tan paradójico, invita a buscar una explicación. Sugiero algunas líneas en esa dirección:

  • A Petro le ha costado trabajo armar equipo y liderarlo. Aún está por definir el nombre de colaboradores que tendrían responsabilidades fundamentales en la ejecución del proyecto, como lo sería el o la gerente de Metrovivienda.
  • El síndrome de Adán le ha impedido reconocer los avances previos en algunos campos prioritarios para la ciudad, incluidas las administraciones de dos alcaldes del que era entonces su partido.
  • Gobernar requiere de diagnósticos y propuestas. Requiere también de capacidad crítica. Pero tiene que ir más allá de eso. Del gobernante se esperan también soluciones razonables, viables y oportunas. El cambio de escenario, del Congreso en donde sus valerosas y fundamentadas denuncias hicieron historia, al escenario de “lo posible” parece haber afectado su capacidad de maniobra.
  • Los mensajes han sido muy abundantes, quizás en demasía, pero muy poco claros. Basta pensar en el tema de la movilidad, fundamental para el futuro inmediato de esta megalópolis, en donde hemos tenido “mucho ruido y pocas nueces”.
  • Los Secretarios, tan capaces la mayoría de ellos, no han terminado por asumir el liderazgo político de los asuntos de sus despachos. ¿Temor a opacar al jefe?
  • La polémica es el sello de este gobierno. Explicable frente a la magnitud de cambios planteados, pero innecesaria y francamente inconveniente en la búsqueda de los consensos necesarios sobre el futuro de la ciudad que deben incluir, por fuerza, a aquellos que no respaldaron el proyecto político que lo llevó a la Alcaldía.
  • Y un punto final, pero no por ello de menor importancia. Pecaría de ingenuidad política el alcalde Petro si no hubiera anticipado el nivel de oposición que encontraría su proyecto en algunos sectores, muy poderosos e influyentes, de nuestra sociedad. Pero enfrentar esa oposición, muchas veces injusta y destructiva, no puede traducirse en que la administración acabe por adoptar una cierta actitud de “paranoia” que le impide reconocer el papel enriquecedor que tiene la crítica en una sociedad plural.

* Abogado. Especialista en Derecho Administrativo. Magister en Ciencia Administrativa y Problemas del Desarrollo Económico y Social, Doctor (PhD) en Ciencia Política de la Universidad de York, Inglaterra. Consultor Internacional en materia de Hacienda Pública y Seguridad Social. Fue Subsecretario de Hacienda, Subsecretario de Asuntos Legales y Subsecretario de Hábitat en el Distrito Capital. Profesor universitario.

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