Los caminos de los libros | Columna | Marta Juanita Villaveces

Los caminos de los libros

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Colombia está pendiente de las urnas. Es natural. Las elecciones ocupan titulares, conversaciones, angustias y expectativas. Da la sensación de que todo lo demás queda suspendido mientras el país decide. Sin embargo, la vida continúa: las universidades siguen enseñando, los hospitales atendiendo, las instituciones funcionando, los investigadores investigando y los libros circulando.

La dinámica de una sociedad no se detiene por el voto, aunque por momentos parezca desplazar cualquier otra conversación. Resulta difícil escribir de algo distinto. Sin embargo, hay discusiones que siguen presentes incluso cuando la atención pública parece concentrarse en un único tema. Una de ellas tiene que ver con los libros, su circulación y el papel que cumplen las universidades en la construcción de una sociedad informada, crítica y diversa.

¿Qué es eso del libro universitario y qué hacen las editoriales universitarias? Puede parecer un asunto menor o incluso aburrido frente a los grandes debates nacionales. Pero las universidades son, quizá, los mayores centros de creación de conocimiento científico, social, artístico y cultural de una sociedad. Producen conocimiento especializado, pero las preguntas que abordan suelen ser públicas y transversales. Hablan a comunidades académicas, sin duda, pero también a la sociedad en su conjunto.

Por eso un libro universitario no es simplemente un producto editorial. Es una de las formas mediante las cuales el conocimiento sale de los escritorios, los laboratorios, los archivos y los grupos de investigación para encontrarse con lectores habituales, pero también con aquellos lectores improbables que terminan haciendo preguntas que la academia nunca anticipó.

Y ahí aparece un desafío que va mucho más allá de imprimir y producir un libro o de cumplir con los estándares editoriales. La pregunta no es únicamente cómo publicar. El interrogante para quienes publican (investigadores a través de las editoriales) es cómo lograr que ese libro encuentre lectores, circule y sea utilizado para pensar, aprender, discutir o cuestionar.

Surgen entonces preguntas que son comunes a muchas editoriales universitarias: ¿quién nos lee? ¿Qué tan lejos logramos llegar de nuestras propias burbujas académicas? ¿Cómo cautivar a estudiantes que crecieron en un entorno dominado por contenidos breves e inmediatos? ¿Cómo comunicar que una editorial universitaria no simplemente acompaña procesos de publicación, sino es una institución que ayuda a construir puentes entre la universidad y la sociedad?

La pregunta adquiere una dimensión particular en una universidad pública como la Universidad Nacional de Colombia. En una universidad pública el compromiso con el conocimiento no termina cuando se produce o se debate en las aulas. También implica hacerlo circular, propiciar su apropiación y permitir que contribuya a conversaciones más amplias en la sociedad. Esto implica llegar más allá de los espacios habituales de circulación académica. En un país con amplias desigualdades, el acceso al conocimiento a través del libro no puede convertirse en una expresión más de esas inequidades. Esa también es una responsabilidad pública.

Para medir la circulación del libro, se suele recurrir a indicadores como títulos publicados, vendidos o descargas realizadas, lo que no logra dar cuenta de las realidades territoriales, de ingreso y de acceso que condicionan esos resultados.  Son indicadores necesarios, pero insuficientes. En caso de lograr llegar, un libro comprado no necesariamente es leído.  Entonces surge otra duda:  ¿cómo saber si el conocimiento llega, genera conversación, despierta interés o transforma algo en quien lo encuentra?

Ahí es donde los indicadores se nutren de otros registros, por ejemplo, al uso de los libros en bibliotecas. A su incorporación en los syllabus universitarios. A las conversaciones que generan en aulas, comunidades o espacios de formación. No se trata de reemplazar los indicadores tradicionales, sino de complementarlos con una mirada más cualitativa que permita comprender mejor el verdadero alcance de una publicación.

Esta reflexión también lleva a pensar en el rol de las ferias del libro. Con frecuencia las entendemos como una meta, cuando en realidad son una plataforma. El objetivo no debería ser únicamente exhibir libros, sino ayudar a que encuentren caminos hacia nuevos lectores. Llevar un libro es importante. Pero quizá más importante aún sea contarlo, discutirlo y convertirlo en una conversación.

Las votaciones importan y definen rumbos. Pero mientras discutimos quién ocupará los espacios de decisión, existen otras tareas silenciosas que también construyen país. Llevar conocimiento a lugares donde normalmente no llega. Abrir espacios de conversación. Acercar la universidad a la sociedad. Lograr que una investigación se convierta en una lectura y que una lectura se convierta en uno o mil interrogantes.

No parecen apuestas grandiosas. Quizá precisamente por eso valga la pena hablar más de ellas. Porque una universidad pública no solo debe producir conocimiento. También debe preguntarse cómo hacerlo circular, cómo abrir conversaciones y cómo lograr que encuentre lectores allí donde más se necesita. En un país que suele concentrar su atención en los grandes debates, vale la pena recordar que también se construye país cuando el conocimiento encuentra un lector. Los caminos de los libros ayudan a que eso ocurra.

Acerca del autor

Marta Juanita Villaveces Nino
MJvillaveces@razonpublica.com.co |  + posts

Economista, MSc en Política Comparada y PhD en Estudios Políticos. Profesora Asociada, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Colombia. Ex Decana de la FCE, Ex viceministra técnica de Hacienda.

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Marta Juanita Villaveces Nino

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Marta Juanita Villaveces Nino

Economista, MSc en Política Comparada y PhD en Estudios Políticos. Profesora Asociada, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Colombia. Ex Decana de la FCE, Ex viceministra técnica de Hacienda.

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