London River - Razón Pública
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London River

Escrito por Francisco Cuervo

Dirección: Rachid Bouchareb
Guión: Rachid Bouchareb, Zoé, Galeron, Olivier Lorelle
Actores: Blenda Blethyn, Sotiguy Couyaté

Reseña escrita por Francisco Cuervo

Durante los días posteriores a los ataques terroristas del 7 de julio de 2005, el jefe de la policía metropolitana de Londres, Brian Paddick, afirmó en una rueda de prensa que el objetivo de las bombas que estallaron en el sistema de transporte público de esa ciudad no era otro que asesinar y hacer daño a "civiles completamente inocentes". En cierto modo, London River de Rachid Bouchareb, constituye un intento por llenar de contenido esta expresión que, a pesar de las imágenes de los noticieros que acompañan las declaraciones de Paddick, parece vacía. Los "civiles inocentes" heridos y muertos y las "víctimas" de un ataque terrorista en una capital europea o norteamericana son en los medios, por lo general, personas sin nombre y sin pasado que parecen más bien una copia de las víctimas de la tragedia anterior -y, cabe agregar al margen, también los jefes de policía de todas las ciudades que han sufrido ataques terroristas parecen repetirse sin cesar en sus ruedas de prensa-. La película de Bouchareb se sirve tanto de las imágenes de archivo del ataque del 7 de julio, como de las declaraciones de Paddick como soporte documental. No obstante, su objetivo no consiste simplemente en mostrar el "lado humano" de las víctimas, una labor que conduce fácilmente a la presentación edulcorada de sus vidas o, en el peor de los casos, al cliché del "heroísmo" de los muertos, como si la idea de heroísmo tuviera sentido en el caso de una víctima de un ataque terrorista. Esta película invita al espectador a preguntarse en cambio qué significan las expresiones "víctima" o "civil inocente" para las personas de carne y hueso que se vieron directamente afectadas por semejante acontecimiento.

En efecto, Bouchareb pone en duda en primer lugar la idea tradicional de "víctima" que presentan los noticieros y los funcionarios en sus ruedas de prensa, pues desplaza el sentido de esta palabra para señalar implícitamente, no tanto a los muertos y los heridos, como a sus familiares que viven entre el dolor y la incertidumbre mientras no tienen noticia de los desaparecidos. Durante los días siguientes a la tragedia, los padres se aferran a la posibilidad de recibir una llamada providencial en la que su hijo perdido les confirme que no estaba allí y que no hay motivo para angustiarse. Elisabeth Sommers, la protagonista, es una mujer viuda que ha vivido toda su vida en una pequeña isla inglesa en el Canal de la Mancha. Su rutina consiste en el cuidado de su pequeña granja, la misa de los domingos y la visita a la tumba de su marido muerto en la guerra de las Malvinas, para compartir con él sus preocupaciones cotidianas. El 7 de julio de 2005 se entera en las noticias del ataque en Londres y se preocupa por su hija Jane, que vive allá desde hace dos años. Después de varios intentos por contactarla, decide viajar a la ciudad para saber de ella. Una parte del hilo argumental de la película es su peregrinaje junto a otras almas en pena que, después de un atentado, van de un lado a otro, entre hospitales y depósitos de cadáveres, con la esperanza de no encontrar entre los cuerpos a sus seres queridos ni de identificar los jirones de su ropa destrozada. Los avisos que hay que pegar en las paredes, las averiguaciones que hay que hacer en la policía, las visitas a las morgues y las salas de cuidados intensivos constituyen quizá la experiencia más dolorosa de la tragedia a causa de la angustia y la falta de seguridad sobre el destino de los seres amados.

Sin embargo, la película no se centra simplemente en este peregrinaje, sino que además muestra que las víctimas no constituyen un grupo tan homogéneo como el que suele aparecer en los medios. El otro personaje principal, el señor Ousmane, es un inmigrante malinés que trabaja en Francia como guardabosques y no sabe nada de su hijo Alí desde hace años, cuando lo dejó con su madre para buscar suerte en Europa. "No sabía que mi hijo vive aquí en Londres", le dice al imán en una mezquita de Londres, a la que acude para preguntar por Alí. "La madre está inquieta, ella vive en África. Desde los atentados no sabe nada de él, y no deja de llorar. Yo le he prometido encontrarlo y llevárselo de vuelta". Como Elisabeth, debe interrumpir su vida para buscar al hijo y vaga de institución en institución tratando de enterarse de su destino. Sin embargo, el contraste entre los dos protagonistas es no sólo cultural y biográfico -mientras Elisabeth asiste a misa en una pequeña capilla protestante, Ousmane reza sus plegarias a Alá en el campo; mientras ella observa el mar, él cuida los árboles- sino incluso físico: Elisabeth (interpretada por Blenda Blethyn) es blanca y rolliza como una campesina inglesa, Ousmane (Sotiguy Couyaté) en cambio es alto y delgado como una escultura de Giacometti. Frente a ella, él se ve de hecho indefenso, pero parece llevar la pobreza con una dignidad casi mística.

Algunos críticos coinciden en que la historia de London River es demasiado "construida" y por eso artificial. Esto es cierto, pero sólo desde un punto de vista limitado. Elisabeth descubre progresivamente que Jane vive en el norte de Londres -un barrio "lleno de musulmanes", como le dice ella por teléfono, asustada, a su hermano- precisamente con su novio Alí, con el que asiste a clases de árabe en una escuela. Esta relación es la que une a Elisabeth y Ousmane en un destino y una búsqueda común. Sin embargo, esta peripecia en la historia no aparece forzada, sino que se desarrolla con naturalidad, y sobre ella se sostiene no sólo buena parte del tejido argumental del filme, sino también el problema central que Bouchareb quiere exponer, que tiene que ver precisamente con la diferencia cultural que existe entre las víctimas de los atentados. Los defectos de la película se encuentran, en cambio, en algunos detalles innecesarios: la declaración de fe musulmana del detective de policía -que, además, habla francés- es un poco superflua, y también resulta un tanto sospechoso que Londres esté poblada solamente de inmigrantes amables y serviciales. Sin embargo, estas pequeñas fallas no logran empañar la calidad de un filme cuyas virtudes son evidentes: el tono menor de la narración, la fotografía, la impecable actuación de los protagonistas, el uso de la música, y la forma en cierto modo circular de la historia, que se cierra con el regreso de los protagonistas a su lugar de origen y sus actividades cotidianas.

En particular, cabe resaltar la imagen del recién fallecido Sotiguy Couyaté, quien recibió el Oso de Oro en el Festival de Berlín por su papel de Ousmane. Hay primeros planos de sus manos largas y su rostro viejo y ajado pero dulce que dicen más del personaje que sus propias palabras. Gracias a su presencia silenciosa y su aparente fragilidad, encarna con gran naturalidad un personaje que recuerda algunas figuras de Kafka: seres cuyo rostro refleja inocencia, pero cuya culpa inexpiable consiste en estar ahí, en un lugar donde, por alguna razón misteriosa, no debería estar. Igualmente, la actuación de Blenda Blethyn (conocida, por ejemplo, por Secretos y mentiras, de Mike Leigh) es precisa y profundamente respetuosa del personaje. Como dice Jens Balzer del Berliner Zeitung, a través de este personaje se muestran de un modo casi cómico "los prejuicios y la dureza de mollera" que una mujer como ella "lleva consigo al Londres multicultural", y que provienen del "mundo aislado y culturalmente homogéneo de la isla". Sin embargo, agrega Balzer con razón, "Elisabeth no es una mujer racista: ella tiene miedo simplemente, no conoce este mundo en el que ha vivido su hija, esta vida le es ajena, y Bouchareb respeta el derecho de los seres humanos a tener miedo, al principio, de aquello que es extraño."

London River no es una película reconciliada en la que dos visiones de mundo distintas terminan por convivir en armonía, o en la que una triunfa sobre la otra. En El gran Torino de Clint Eastwood, por ejemplo, el protagonista se redime a través del sacrificio por aquello que, al principio, parece odiar: el grupo de inmigrantes que viven al lado de su casa. En London River no hay espacio para esta redención heroica, entre otras cosas porque no hay lugar para el odio verdadero. El héroe de Eastwood es un lobo solitario que amenaza a los inmigrantes con su escopeta cuando se acercan a su casa. En London River jamás ocurre algo semejante. Cuando Ousmane le muestra por primera vez una foto en la que Jane y Alí están juntos, Elisabeth piensa que "algo le ha pasado a su hija", y busca asustada a la policía. Sin embargo, su reacción no se produce por desprecio hacia los musulmanes, sino porque teme por la suerte de su hija y no sabe cómo enfrentar una situación que, para quien vive en una ciudad como Londres resultaría normal, pero que para ella, habitante de una isla más o menos aislada, es completamente extraña. Mientras que el protagonista de El gran Torino termina entregando su propia vida a la comunidad que lo acoge, lo que triunfa al final de London River es una soledad dura y persistente que cada personaje debe sobrellevar con lo poco que tiene a mano. Por eso, al contrario de lo que se ha dicho a veces, la película no propone una reconciliación final, ni plantea la idea de que, a pesar de las diferencias, musulmanes y católicos, europeos y africanos son en el fondo iguales. Al contrario, entre Elisabeth y Ousmane hay un abismo cultural y geográfico que ella no puede remontar del todo, a pesar de ciertos gestos de afecto en las escenas finales.

Javier Ocaña, crítico de cine de El país de España, considera que es un "error lamentable" de Bouchareb el "jugar a un cierto suspense a lo largo de buena parte del metraje, con la posibilidad de que ambos, el inmigrante árabe y la inglesa de pura cepa, sean dos de los autores de los atentados". Y agrega: "Poner en paridad esa probabilidad, sobre todo tratándose de una película inspirada en hechos reales, no ayuda al examen de sucesos como este". Esta observación es tan equivocada como superficial, si se observa que la película no pretende dar una nueva versión de los hechos objetivos que todo el mundo conoció por los medios, sino explorar aquello que, de cierto modo, se oculta tras la dura costra de información que cubrió los atentados del 7 de julio. Así, el "suspense" del que habla Ocaña es inexistente para el espectador que conoce los sucesos y el resultado de las investigaciones de los atentados de Londres, pues Bouchareb no sugiere que las cosas ocurrieron de otro modo. No hay que olvidar que son los personajes de la película en los días que siguen al atentado y no los espectadores los que ignoran la identidad de los terroristas, y que por eso están buscando evidencias. Por lo demás, es justamente este juego de Bouchareb con la probabilidad de que los dos jóvenes sean los autores del atentado lo que permite examinar con cierta profundidad "sucesos como este", para usar las palabras de Ocaña. De hecho, el tejido de los miedos y prejuicios que presenta el filme llega a penetrar tan profundo que incluso Ousmane duda de la inocencia de su hijo -a quien, por otro lado, no conoce-. A través de este falso "suspense", la película muestra de hecho que la inocencia de los "civiles completamente inocentes" de los que hablaba Paddick en su rueda de prensa no es tan evidente como pudiera llegar a creerse. Al contrario, su origen o su contacto con el mundo musulmán los convierte en sospechosos, incluso ante los ojos de sus propios padres.

Por eso, puede decirse que London River es una película moralista, aunque en un sentido profundo: su enseñanza no es la armonía entre las culturas ni la defensa de cierta forma ingenua de lucha contra la intolerancia racial o religiosa; en cambio, es como un espejo vuelto sobre nuestros propios prejuicios. Bouchareb se aproxima a este asunto con respeto y evitando tomar partido, pues su objetivo no es la denuncia o la imposición de ciertos ideales, sino la exploración de la realidad a través del experimento. ¿Qué habría pasado, se pregunta, si dos jóvenes como Jane y Alí hubiesen sido, en efecto, víctimas de los atentados del 7 de julio? Seguramente el destino de sus padres habría sido en sus aspectos esenciales como el que presenta London River: un destino que no habría llegado a los medios de comunicación porque no habría tenido nada de espectacular o heroico. Sin embargo, al hacerle justicia a este destino imaginario a través de la película, Bouchareb ofrece una comprensión más profunda e incluso más histórica y universal que la de todos los noticieros y todas las ruedas de prensa. El pequeño drama de Elisabeth y Ousmane muestra no sólo ciertos aspectos de la naturaleza humana, sino que además sintetiza las tensiones en un mundo globalizado y complejo que, en particular desde el inicio de la famosa "lucha contra el terror", se ha vuelto cada vez más difícil.

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