Lo que se está entendiendo en La Habana (pero no en la opinión pública) - Razón Pública
Inicio TemasConflicto, Drogas y Paz Lo que se está entendiendo en La Habana (pero no en la opinión pública)

Lo que se está entendiendo en La Habana (pero no en la opinión pública)

Escrito por William Duica
William Duica

William DuicaUna reciente entrevista con el alto comisionado para la paz permite ver que en la mesa de La Habana se está llegando a una comprensión operativa sobre el conflicto entre paz y justicia que todavía no se vislumbra en los medios nacionales.

William Duica*

El Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo

La entrevista

El pasado 13 de mayo salió al aire la entrevista que el periodista Tim Franks de la BBC le hizo al alto comisionado para la paz en Colombia, Sergio Jaramillo. La entrevista resultó ser una excelente oportunidad para tener en un mismo escenario a alguien que hizo algunas de las preguntas cruciales para comprender lo que está pasando en La Habana y, del otro lado, a alguien que tiene el conocimiento y la posición institucional para responderlas con credibilidad.

La “noticia” fue registrada por los medios locales solo a propósito de un avance que dio a conocer sobre la posibilidad de que Simón Trinidad estuviera en la mesa de negociación de La Habana. En general, la noticia en Colombia se redujo a este tema.

Para la opinión pública es un hecho que las FARC de hoy tienen tanto de proyecto político como de organización criminal. 

Sin embargo, las declaraciones de Jaramillo son reveladoras del “estado del arte” del proceso de negociación entre el gobierno y las FARC. Es decir, en esas declaraciones se encuentra una especie de radiografía de la manera en la cual se están entendiendo algunos aspectos del llamado “proceso de paz”.

Voy a tratar por separado el cuestionario y las respuestas, porque lo que me interesa no es la información que nos ofrece cada respuesta sino señalar la preocupación general desde la que se formulan las preguntas y arriesgar una interpretación de la que parece ser la manera en la que se están entendiendo algunos puntos en la mesa de La Habana.

Los delegados de paz de las FARC, Jesús Santrich y Maritza Sánchez.

Los delegados de paz de las FARC, Jesús Santrich y Maritza Sánchez. 
Foto: FARC-EPaz

Las preguntas

Lo primero que destaco es que las preguntas de Franks no estuvieron desarticuladas. No se trató de un cuestionario que iba apuntando en diferentes direcciones y sobre diferentes temas. Como sé que muchas personas no vieron la entrevista, me voy a permitir una transcripción libre de algunas de las preguntas:

  • ¿Qué tanto son las FARC un grupo rebelde de izquierda ideológicamente motivado y qué tanto son criminales organizados militarmente?
  • ¿Es el hecho de que sean ambas cosas lo que causa el escepticismo en Colombia acerca del proceso de paz?
  • El argumento de las FARC en el punto de desmovilización es: “si dejamos las armas, el Estado nos debe garantizar que no vamos a la cárcel”. ¿Qué piensa usted de ese argumento?
  • El presidente Santos ha dicho: “queremos el máximo de justicia que nos permita llegar a la paz. Cárcel no necesariamente significa detrás de las rejas, cárcel puede ser definida de muchas maneras”. Esto suena como si estuviera preparando el terreno para que los colombianos entiendan que los jefes de las FARC no van a ir a la cárcel. ¿Es esta la lectura adecuada?
  • ¿Cómo se puede calibrar es el balance entre justicia y paz?, ¿piensan que el precio de la paz es un poco más grande que lo que parece haber sido el de la justicia?
  • ¿Los jefes de las FARC van a ir a la cárcel?

Estas son preguntas que reflejan una justa preocupación sobre si, en el propósito de lograr la paz con las FARC, el gobierno va a desatender el clamor de justicia del pueblo colombiano.

Sin duda se trata de una preocupación justa porque, hoy por hoy, el rechazo a las FARC no se reduce al rechazo de una ideología de izquierda por parte de “la derecha”. Se trata de algo mucho más generalizado basado en un sentimiento de rechazo moral a la naturaleza de sus crímenes y a su asociación con el narcotráfico.

Para decirlo de una manera un poco simplista traigo a mi mente la imagen que quedó en la prensa de las guerrillas zapatistas del subcomandante Marcos en el México de los años 90. Si las FARC fueran hoy ese tipo de “guerrillas románticas”, con ideales de justicia y defensa de los derechos de los desprotegidos (comunidades de indígenas o campesinos pobres), quizá la aceptación nacional de la alternatividad penal sería más amplia.

Pero, como lo reflejan las dos primeras preguntas, para la opinión pública es un hecho que las FARC de hoy tienen tanto de proyecto político como de organización criminal. Por eso me parece que todo el enfoque del cuestionario pone el dedo en la llaga.

¿Cómo va a lidiar el gobierno con esa especie de “doble naturaleza” de las FARC a la hora de pretender lograr la paz sin ignorar la exigencia de justicia? El reto que está enfrentando el gobierno es lograr que el rechazo moral a las FARC no se le devuelva como un rechazo político al proceso de paz.

Las respuestas

Lo que me parece que aportan las respuestas de Jaramillo, vistas en conjunto, es una visión del estado actual de la comprensión que tanto las FARC como el Gobierno tienen del proyecto de la paz.

Mi propósito no es hacer un resumen de la entrevista pero voy a retomar un par de puntos para ilustrar lo que quiero decir. Cuando Franks pregunta si las declaraciones del presidente están preparando el camino para que los colombianos entiendan que los jefes de las FARC no van a ir a la cárcel, Jaramillo responde:  

“No. Creo que [el presidente] está tratando de apuntar a un espacio donde el acuerdo puede ser logrado. Hay dos cosas: estamos terminando una guerra de 50 años y usted no termina una guerra sin dignidad, tiene que ser un final dignificado. Y, en segundo lugar, no es solo un problema de justicia y de lo que pase con las FARC en términos de justicia criminal, es un acuerdo político y un número de reformas que garanticen que esta violencia no va a continuar”.

Luego, cuando le preguntan si en la balanza del Gobierno pesa más la paz que la justicia dice:

“Es una combinación de las dos. Por supuesto la relación entre justicia y paz es muy compleja. Pero para nosotros la justicia es ser capaces de llevar los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación. Y si logramos eso no solo habrá suficiente justicia sino soporte para una paz sostenible”.

Es de presumir que la tesis conocida por los negociadores del gobierno es que los jefes de las FARC no irán a la cárcel. ¿Significa eso impunidad? No necesariamente. Si la fórmula “el máximo de justicia que permita la paz” crea un espacio para llegar a un acuerdo sobre penas alternativas y si, adicionalmente, se prevé un modelo de justicia restaurativa centrada en “llevar los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación”, no necesariamente habrá impunidad.

Esta no se trata de una paz en la que desaparecen “los malos” y nos quedamos “los buenos” con nuestra sociedad llena de desigualdades.

En un intento por poner en evidencia que la paz será con impunidad, Franks trata de confrontar a Jaramillo con una cita de Pablo Catatumbo en la que este dice que “no se puede dar un tratamiento que ha sido diseñado para criminales a los guerrilleros (rebeldes)”.

Pero es un hecho que las FARC no han sido derrotadas y que están tomando la decisión política de finalizar el conflicto. Lo que las partes negociadoras parecen haber comprendido ahora es que este conflicto de 50 años, que tiene hoy la oportunidad de resolverse en una mesa de negociación, no puede terminar en la foto del Secretariado de las FARC tras las rejas.

No veo otra forma de interpretar la referencia de Jaramillo a que el final del conflicto debe ser dignificado. Es decir, las FARC y el gobierno parecen estar entendiendo que la firma de la paz es ante todo “un acuerdo político y un número de reformas que garanticen que esta violencia no va a continuar”.

Las delegaciones de paz del Gobierno y de las Farc en La Habana, Cuba.

Las delegaciones de paz del Gobierno y de las Farc en La Habana, Cuba.
Foto 2.3: FARC-EPaz

La comprensión

Ese es, sin duda, un gran avance que desafortunadamente la sociedad colombiana no ha alcanzado. Todavía los medios y la opinión pública siguen pensando que la firma de los acuerdos de paz es una especie de rendición de las FARC, una firma de sometimiento a la justicia.

Pero más preocupante aun es que no se entienda que la paz implica “un número de reformas que garanticen que esta violencia no va a continuar”. Y esas son reformas económicas y sociales que nos deben advertir a todos que la paz requiere una transformación de la sociedad. Esta no se trata de una paz en la que desaparecen “los malos” y nos quedamos “los buenos” con nuestra sociedad llena de desigualdades.

Al parecer, tenemos en la mesa de La Habana un estado muy depurado de la comprensión del proceso de paz, que resulta más que deseable. Ahora la dificultad estará en llevar esa forma de entender las cosas a la opinión pública.

La llamada “pedagogía de la paz” tiene que enfrentar la idea de justicia desde la cual se espera que se haga la paz. La dificultad consiste modificar la expectativa de que la justicia consista en aplicar penas que reflejen el rechazo moral de la sociedad a las FARC.

Pero la justicia, en este caso (por eso es transicional), no puede ser entendida como una traducción del rechazo moral al castigo penal. No digo que no deba haber rechazo moral, sino que debemos tramitarlo de otra manera.

Nuestro clamor de justicia no puede estar centrado en la compensación de nuestra ofensa social, sino en el propósito de restaurar la condición de ciudadanos de quienes han sido víctimas, garantizando los derechos a la verdad, la justicia y la reparación.
 

* Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia en el Departamento de Filosofía. Investigador en el grupo Relativismo y Racionalidad.

 

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies