
Lo que le depara a la educación en Colombia por la transición demográfica
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La transición demográfica acelerada que vive Colombia tendrá impactos en la reducción de niños y jóvenes del país en las próximas décadas. Lo que supone un reto para la política educativa se puede convertir en una oportunidad a favor de la calidad y la cobertura.
El pasado 27 de noviembre, el Observatorio Colombiano de Políticas Educativas y Profesión Docente (OCPE) de la Universidad Pedagógica Nacional realizó el foro “Impactos de la transición demográfica en la educación y la formación de maestros en Colombia”, donde distintos académicos presentaron sus análisis frente al futuro de la educación del país a partir de la transición demográfica acelerada. Este fenómeno, entendido como el cambio de niveles altos a niveles bajos de mortalidad y fecundidad, impacta directamente el crecimiento de la población.
Las nuevas estimaciones poblacionales
Según las proyecciones de población del DANE (actualizadas en el mes de julio), en Colombia la población seguirá aumentando hasta 2043 (con 56 millones de personas); a partir de ese año, empezará el descenso y para 2070 la población será equiparable a la observada en 2021. Estas cifras fueron actualizadas por el DANE ante la evidencia de caída de la tasa de natalidad y las reducciones en el número de nacidos vivos en el país, que pasó de 660.999 en 2015 a 445.001 en 2024, pasando de reducciones anuales entre -1% y -2% en 2018 y 2020, hasta las observadas en 2023 (-10,1%) y 2024 (-13,7%).
Estos resultados, derivados de la transición demográfica, y sus impactos, se vienen discutiendo en los últimos meses desde enfoques de política pública como la sostenibilidad fiscal, el sistema pensional y la cantidad de población en edad de trabajar para los próximos años. Sin embargo, una arista de interés se ubica también en torno al papel de la política educativa en este contexto de reducción de niños, niñas y jóvenes para las próximas décadas.
La población en edad de estudiar en preescolar, básica y media (3 a 16 años) pasará de 11,4 millones de niños/as y jóvenes a 10,6 millones en 2030 y 7,4 millones para 2050. Esta variación se observará en todas las regiones del país, pero la mayor reducción, entre 2024 y 2050, se presentará en Cali región (-44,3%), Eje cafetero (-43,4%), Valle de Aburrá (-41,8%), Cúcuta región (-41,6%) y Bogotá región (-39,4%). Las diferencias en las proyecciones regionales reflejan el reto de la política pública para tomar decisiones diferenciales entre cada departamento y municipio. En el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana encontraron que la menor demanda educativa causada por la transición demográfica tiene una incidencia directa y negativa en la matrícula, que ya presenta reducciones. Esto tendrá impacto en la sostenibilidad de colegios, como el cierre de establecimientos, lo que afecta a los niños y niñas que estudian en esos colegios. De las sedes cerradas en ese período, 2.446 (39,1%) son privadas y 3.817 (60,9%) son oficiales.
Estos cierres se explican por factores de bajos ingresos y por la caída de matrículas, en los casos de los colegios privados, y también por baja cantidad de la proporción de estudiantes por maestro en los colegios públicos, que implican reubicación de los estudiantes por optimización de recursos.

La transición como oportunidad para la educación con calidad
Pese a la caída de la población en edad de estudiar de las próximas décadas, las estimaciones de requerimientos de nuevos maestros y maestras muestran una demanda creciente, contrario a lo que podría pensarse preliminarmente.
A partir de dos estimaciones realizadas por el Observatorio OCPE-UPN, teniendo en cuenta los niños/as y jóvenes proyectados en las próximas décadas y el relevo generacional en el magisterio, la necesidad de nuevos maestros podría estar entre 83.000 y 157.000 adicionales para 2030 y 116.000 a 273.000 para 2050.
La diferencia en cada rango estimado depende de las políticas que implemente el Estado para ampliar cobertura neta, reducir la proporción de estudiantes por maestro en las próximas décadas y garantizar tres grados de preescolar, como plantea el artículo 18 de la Ley General de Educación.
El desarrollo de políticas activas para fortalecer la educación preescolar, básica y media implica una financiación adecuada, con priorización de inversión que sea flexible a las necesidades regionales. Como mencionan los autores del estudio “La transformación demográfica en Colombia: retos y oportunidades ante la caída de la natalidad”, la transición es una oportunidad para una mayor consolidación de escuelas, la mejora de la calidad educativa y una mayor inversión en tecnología educativa.
Las inflexibilidades del presupuesto, como el del Sistema General de Participaciones, o de la política educativa, como las relaciones técnicas de alumnos-docente mínimo, debe ser revisada para ajustarse a la nueva realidad que ya vive Colombia y que viene en las próximas décadas.
Por esto, reformas que se encuentran actualmente en discusión, como la ley de competencias del Sistema General de Participaciones, tendrán implicaciones en el presupuesto que se asignará en los niveles departamental y municipal, así como las nuevas responsabilidades de los gobiernos regionales sobre las inversiones en educación.
Reorientar los recursos para garantizar mayor acceso, bienestar integral para la permanencia y para ampliar la obligatoriedad de la educación con tres grados de preescolar, y la educación media, son apuestas que el país puede hacer en este escenario de menor cantidad de población de niños y jóvenes.
Los escenarios estimados muestran también un requerimiento de nuevos maestros y maestras para los próximos años. Esto implica que la política que se promueva en los niveles nacional y regional dé prioridad a la formación de alta calidad para docentes en el futuro inmediato. También se debe dar prioridad a incentivos para la atracción de egresados con alto desempeño académico, así como la promoción de formación continuada con posgrados de calidad en el área de educación.
Un escenario crucial para delimitar el rumbo de la educación en Colombia, atendiendo los impactos de la transición, es el IV Plan Decenal de Educación 2026-2035. Este Plan es la hoja de ruta de la política pública educativa de los próximos diez años y es fundamental que el Ministerio de Educación Nacional y los distintos actores partícipes de su construcción tengan como un factor transversal el fenómeno de transición demográfica acelerada.
Incluir la discusión de la transición demográfica puede y debe ser prioridad en la agenda de política educativa que implementará el próximo gobierno nacional y debatirán las y los congresistas elegidos en 2026, así como los nuevos gobernadores, alcaldes, diputados y concejales electos en 2027. Las decisiones que se puedan adoptar antes de 2030 serán cruciales para que se vean reflejadas en los años donde los cambios demográficos serán más grandes.
De esto dependerá que el proceso de reducción de los niños, las niñas y jóvenes, que vivirá el país en las próximas décadas pueda ser utilizado como una oportunidad para fortalecer la calidad académica, garantizar el acceso efectivo a la educación y reducir la deserción en todos los niveles educativos.
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Acerca del autor

Diego Cortes Valencia
*Economista y Magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.
5 comentarios






Se necesita fortalecer la formación técnica desde grados inferiores al 10°. Aprovechando el talento humano que ha ingresado a la profesión docente, ingenieros por ejemplo. De tal manera que el estudiante sale con grado 12 o 13 pero con títulos de técnico además de académico validados para un ingreso a la universidad. Siempre y cuando sea en la misma línea de estudio
No sueñes con cosas de papel y letra, mas improbable 2/97 al 10o estadístico con negativo a la verdadera película.
La educación debe ser i integral, hoy enfrenta retos enormes derivados de un uso adecuado de las nuevas tecnologías y de la apa
tía de los padres frente al proceso de formación de sus hijos.
La verdad hoy muy pocos ( casi nadie) quiere ser maestro, pues la profesión esta infravalorada por el conjunto xe la sociedad.
Creo que es la oportunidad para mejorar la calidad de la educación, los grupos de clase en la educación básica, media y vocacional no deben superar los veinte estudiantes, de este modo los maestros podrán hacer mejor su labor pedagógica y disciplinar. Formación personal, académica, ética, estética y social.
Con menos estudiantes por cada grupo los docentes podrán realizar mejor su labor ya que habrá más recursos didácticos por cada estudiante y más tiempo para dedicarle a cada uno de ellos, asistiéndoles en su aprendizaje.