Ley sobre el Día Nacional de la Champeta: ¿pluralismo cultural o populismo? - Razón Pública
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Ley sobre el Día Nacional de la Champeta: ¿pluralismo cultural o populismo?

Escrito por Andreiza Anaya y Kendry Serrano
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Andreiza_AnayaKendry SerranoEs una música arraigada en Cartagena pero ignorada en el resto de Colombia. Ahora un senador propone rescatarla y -aunque se trate de una movida electoral- esta Ley podría ser parte de un conjunto de medidas para reconocer a un pueblo marginado.       

Andreiza Anaya* – Kendry Serrano**

Para construir la paz

“Amo este ritmo porque lo llevo en la sangre, toda mi vida a la champeta he dedicado, quiero que sepan que esto no hace daño a nadie y mucho menos convierte lo bueno en malo”.

Las autoras de este artículo suscribimos plenamente estas palabras de El Michel en su canción, y no lo hacemos por moda sino porque crecimos en los barrios de tierra cartageneros, donde ser champetúas es más que oír la champeta. 

Por eso nos proponemos revisar la importancia y el impacto de declarar un “Día Nacional de la Champeta”, sobre todo cuando a nuestra generación le enseñaron que la música nacional de un país diverso como Colombia era el bambuco.

No es un secreto para nadie que Colombia está en un momento de transición política y jurídica. Desde que se firmaron los acuerdos entre el Gobierno y las FARC hemos visto  debates muy álgidos por los proyectos de ley que desarrollan lo firmado. La ley que reglamenta la Jurisdicción Especial para la Paz- considerada el corazón de lo pactado- ha estado en la cuerda floja en el Congreso y ha producido todo tipo de divisiones en la opinión pública. Lo mismo ha sucedido con el proyecto de reforma política que presentó el Gobierno nacional y que ha tenido infinidad de reparos por parte de los congresistas.

El proyecto

Kevin Flores
Kevin Flores en el Festival Afro Jamming Festival
Foto: Angélica Zambrano @Anyelik

Pero en medio de una agenda tan apretada y de tantas presiones encontradas, hay senadores que tienen tiempo para dedicarse a otros temas que – aunque no sean del interés de las mayorías- sí tienen repercusiones sociales. Algunas de estos proyectos de ley quizá buscan  ayudar a “construir la paz” pero otros parecen ser simples ‘movimientos’ para lograr ventajas electorales.   

Uno de los proyectos que se ocupan de esos temas sociales es del senador Andrés García Zuccardi, quien hace poco propuso  declarar el primer viernes del mes de noviembre como el Día Nacional de la Champeta. El Proyecto radicado bajo el número 144/2017, entre otras cosas pretende que este género arraigado en el Caribe colombiano sea reconocido como “una expresión musical y cultural de gran importancia”. Esto implicaría que las instituciones se dediquen a su reconocimiento y promoción.

Para apreciar mejor el sentido del proyecto de ley, es bueno recordar  que hace apenas dos años el concejal de Cartagena Antonio Salín presentó un proyecto que prohibía la música champeta en los colegios de la ciudad por ser “una forma de exacerbación del instinto sexual en menores de edad”, que estaba contribuyendo a aumentar los embarazos entre las adolescentes de la ciudad. La iniciativa no tuvo éxito gracias a la presión de diferentes sectores de la ciudad y del ámbito nacional.

Una cosa más que otra

Nosotras somos champetúas, y sin embargo debemos preguntar si este proyecto de ley contribuiría al reconocimiento cultural de la champeta, si ayudaría a su reivindicación, o si se trata de una movida política de cara a las elecciones del año entrante.

La respuesta más sencilla sería decir que la Ley en cuestión ayudaría a promover ese género musical del Caribe colombiano y al mismo tiempo le daría votos al senador que la propuso. O decir que aunque la intención del proponente sea politiquera, la Ley en sí puede servir (un poco) a la diversificación de la cultura. Veamos:    

  • Si miramos el proyecto desde el punto de vista romántico, podríamos decir que el llamado posconflicto es eso: construcción de paz mediante acciones que reivindiquen la identidad  cultural, artística, social y tradicional de las regiones o sectores que fueron  más golpeados por el conflicto armado.
  • Pero García Zuccardi obtuvo 50.220 votos en las elecciones del 2014, una cifra bastante grande para ser el senador más joven de Colombia. Y su proyecto de  ley tiene un tufillo de conquista electoral de un congresista que sabe cómo moverse.

Y si las cosas se miran más de cerca, resulta ser que el objetivo de tener más votos sería más fácil de lograr con el proyecto que el objetivo de rescatar y promover en serio este género musical que tanto gusta a los cartageneros.   

Un género con historia

Para apreciar bien el alcance y las implicaciones del proyecto del senador García es   necesario repasar la historia de la champeta.

El Festival de Música del Caribe tuvo su auge durante la década de 1980, como un punto    de encuentro de las musicalidades  de la africanía esparcida en Colombia, con los artistas y las canciones que antes de eso y desde el decenio de 1960 circulaban solo en acetatos y vinilos de soukus.

En el Festival de Música del Caribe se encontraron los músicos y cantantes como Charles King, Elio Boom, Louis Tower y Viviano Torres, procedentes de Palenque de San Basilio,  con los sonidos de Freddy McGregor, Diblo Dibala y otros que les inspiraron para crear canciones sin letras, o bien con onomatopeyas de lo poco que comprendían del inglés, el francés o el creole de aquellos otros visitantes del Caribe. Este primer ritmo se conoció como la Terapia Criolla. 

Más tarde los músicos cartageneros añaden sus propias letras, algunas en lengua palenquera, inspiradas en la realidad de barrios populares y marginados. Es la etapa de una revolución cultural en Cartagena por una música que es resistente y donde las personas  del común no aparecen apenas como pobres sino como agentes creativos aunque estigmatizados.

Allí se empieza a llamar “champeta” a esta expresión musical, por alusión a la champa o champeta que se utiliza en el Mercado Popular de Bazurto – un cuchillo que se usa para cortar verduras, pescados y víveres en general- y que además es la herramienta de “defensa” en las riñas. Por esos un champetúo es un amante de esta música, cuyo baile consiste en movimientos que evocan esas riñas. 

De esta manera la champeta viene a ser una expresión de las clases populares, y poco a poco para algunos se convierte en una fuente de trabajo, de reconocimiento y de ingresos   que les permiten salir de la pobreza.  

Papoman, Mr Black, El Yonky, y El Sayayín serían algunos cantantes de la generación de éxtasis de la champeta. Ellos aprovecharon y fortalecieron el uso del picó, un sistema de sonido que gracias a tener los cantantes y canciones en exclusiva lograba llegar al público  sin pasar por la tan conocida y voraz “payola” de las emisoras. El picó era la emisora del pueblo, que con cada CD (o cada “volumen”, como se llama en los barrios) ha ido ganando adeptos y obligando a las cadenas radiales a poner su música por exigencia de sus oyentes.   

La Ley y más que eso

Andre Garcia
Andrés Felipe Garcia Senador de la República.

Poco después y casi repentinamente la champeta empezó a tener apellido, ahora es “champeta urbana”.

Y en este punto podemos regresar al proyecto de establecer el “Día Nacional” de la champeta, teniendo en cuenta que se trata de una manifestación cultural relativamente reciente. Y tanto así que seguimos cambiándole el nombre, y que de modo vanidoso ahora algunos dicen “champeteros” en vez de champetúos.

Antes de promulgar la Ley habría que preguntarse: ¿qué es la champeta? ¿qué es lo que va a exaltarse? ¿Necesita de una conmemoración o de investigaciones para fortalecerla? ¿Vamos a celebrar las champetas (¿urbanas?)? ¿O eso que cada vez más suena al bling bling del reguetón, y cuyas líricas se van alejando de plasmar lo social para caer en el círculo vicioso de letras de amor, despecho y “culeteo”?

Más que un día nacional de la champeta, se necesitan acciones concretas desde lo local, que validen y consoliden la cadena de valor de esta práctica cultural, que permitan conservar la identidad sonora y los arraigos líricos que la hicieron grande. El proceso entonces debe ser trabajado primero desde lo local, evitando desconocimientos ligeros, moralistas y estigmatizaciones sin contexto como la del Concejal Antonio Salim.

De suerte pues que un día nacional debe ser acompañado por una política distrital de cultura de la champeta que identifique, caracterice, cualifique y desarrolle la cadena de valor de esta práctica. Pero esta tarea es cada vez más lejana si tenemos en cuenta que las administraciones, el sector privado y la misma ciudad de Cartagena les dan la espalda a espacios como el Mercado Cultural del Caribe -que tuvo que cerrarse por falta de recursos-. 

En medio del desgreño administrativo, de la corrupción y la inestabilidad  política de Cartagena, esta Ley facilista no es el proyecto que necesita la gente champetúa, empobrecida económicamente y discriminada por su etnia y su música por parte de las élites de la Ciudad Heroica.

*Comunicadora étnica y presentadora de Canal Capital.

**Magister en periodismo de la Universidad del Rosario y  periodista de Colprensa.

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