¿El león libertario ruge de nuevo? Los sorpresivos resultados de las elecciones nacionales en Argentina
Foto: Consulado República Argentina

¿El león libertario ruge de nuevo? Los sorpresivos resultados de las elecciones nacionales en Argentina

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Este artículo intenta explicar este resultado teniendo en cuenta una coyuntura que, en un momento, parecía mucho más complicada para el oficialismo.

El resultado de las elecciones de medio término en Argentina fue sorpresivo, especialmente por su contundencia. Las encuestas, con matices, hablaban de un resultado ajustado, casi un empate técnico, en donde las distintas consultoras no arriesgaban más de tres puntos de diferencia entre La Libertad Avanza (LLA) el partido de Javier Milei y la coalición Unión por la Patria (UP), hegemonizada por el peronismo kirchnerista. Este artículo intenta explicar este resultado teniendo en cuenta una coyuntura que, en un momento, parecía mucho más complicada para el oficialismo. 

La tormenta antes del rugido

En junio, el fallo judicial de última instancia (luego de 16 años de iniciado el proceso) ponía presa a la expresidente Cristina Fernández de Kirchner. Pero por su edad y seguridad, los jueces le otorgaron la prisión domiciliaria (desde donde se le permite usar las redes sociales, recibir gente sin autorización previa y salir al balcón a saludar a sus simpatizantes). Este acontecimiento llevó al peronismo a lanzar una feroz ofensiva sobre el Gobierno, en la calle y en el Congreso, en donde La Libertad Avanza, el partido de Javier Milei, contaba con números bastante escuálidos, especialmente en el Senado. Para principios de septiembre la situación de Javier Milei estaba sumamente complicada e incluso se llegó a hablar de un posible juicio político que adelantara su salida. Los pocos diputados con que contaba LLA y sus aliados no pudieron en tres ocasiones evitar que el Congreso levantara los vetos de Milei a sendas leyes. Bastaba un tercio de la Cámara para evitarlo y el Gobierno fracasó en su intento de impedir la promulgación de tres leyes que buscaban mejorar los fondos de los jubilados, de las universidades nacionales y de los discapacitados. Estos proyectos tenían evidente apoyo de amplios sectores sociales. No contemplaban de dónde surgirían los fondos y eran vistos por el gobierno nacional como una amenaza a la meta del superávit fiscal que Milei venía consiguiendo desde el inicio de su mandato. Los temas eran evidentemente sensibles, pero Milei había roto puentes con algunos gobernadores de provincia dialoguistas y con algunos diputados del centro que antes, tímidamente, lo habían apoyado. En ese entonces, Mauricio Macri, aliado de Milei, se encontraba en el exterior tomando distancia. Estas decisiones del Congreso afectaron la percepción de los operadores financieros, y el peso argentino, que flotaba en una “convertibilidad flexible” entre bandas bastante amplias, comenzó a ser atacado por el mercado. Antes de las elecciones nacionales, la provincia de Buenos Aires, tradicional bastión peronista, separó las elecciones provinciales que elegían legisladores provinciales y municipales y las organizó para septiembre. Equivocadamente, el gobierno de Milei quiso darles carácter nacional a estas elecciones al tratar de presentarlas como un todo o nada. Los resultados fueron muy negativos, el peronismo logró catorce puntos de diferencia, mucho más de lo que decían las encuestas, que pronosticaban una victoria peronista de entre dos y cinco puntos de diferencia. Los mercados aumentaron su presión sobre el peso y las acciones y bonos argentinos se devaluaban en el exterior. El 22 de septiembre el secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, anunció que Estados Unidos estaba pensando en otorgar un Swap de alrededor de US$20.000 millones a Argentina para gestionar los riesgos de la situación financiera de este país. Esta información, y los pormenores de la operación, al principio recibida con cierto escepticismo, permitiría no sin ciertos sobresaltos ir sobrellevando la presión de los mercados. 

Mientras tanto, en la arena política, las noticias negativas continuaban. El candidato de LLA para las elecciones de diputados nacionales en octubre, un profesor universitario de economía, José Luis Espert, fue acusado de connivencia con un narcotraficante que había financiado la campaña de su pequeño partido (en ese entonces rival de LLA) en 2019. En ese momento, el generoso financista no estaba ni en el radar de la DEA ni en el del gobierno de Alberto Fernández. El periodismo presionó sobre la lista a diputados y Espert tuvo que renunciar. Nada parecía salir bien para el Gobierno.

En ese contexto político adverso, el 8 de noviembre, Milei realizó un acto en el Movistar Arena, un espacio generalmente utilizado para grandes recitales de estrellas internacionales de rock. La elección del lugar no podía ser más adecuada. Milei hizo un ritual político muy peculiar, en el que, entre otras cosas, cantó varias canciones de rock argentino con mensajes destinados a sus opositores o a sus fervorosos simpatizantes. Observado a la distancia, vemos que nada de ese performance era improvisado. La primera reacción del periodismo y de la oposición fue ridiculizarlo y considerado, en algunos casos, la expresión de una personalidad patológica. Lo cierto es que el ritual logró aunar a su militancia y contagiarla de un espíritu alegre, decidido y militante. La reproducción de partes del acto estalló en las redes sociales y logró un predominio de seguidores a favor de LLA, predominio que se mantuvo durante toda la campaña. 

A partir de entonces, Milei se lanzó a una campaña frenética que abarcó actos multitudinarios en los que fue acompañado por miles de jóvenes. En la mayoría de los casos, hizo largos recorridos por las calles atestadas de gente, desde un vehículo, bajando para saludar a sus seguidores. Estas maratónicas presentaciones se hicieron no sin cierto riesgo. En algunas, militantes opositores intentaron realizar contramarchas, aunque el alud mileísta los superaba ampliamente en número. En más de una ocasión hubo incidentes y algunos opositores arrojaron piedras. Se dice que debajo de su campera negra Milei tenía un chaleco antibalas que lo protegía, pero lo cierto es que habría podido pasar cualquier cosa. 

Paradójicamente, la renuncia obligada de Espert de la lista de diputados hizo poner el foco de la opinión pública en los candidatos kirchneristas. Lo que vieron no fue muy esperanzador: viejos y grises cuadros kirchneristas elegidos a dedo por Cristina como recompensa a su lealtad. Jorge Taiana, primer candidato de la Unión por la Patria (UP) en la provincia de Buenos Aires, tuvo que soportar que se le recordara su pasado como combatiente de la guerrilla urbana de los Montoneros. En 1975, Taiana fue encarcelado por el gobierno de Isabel Perón hegemonizado por la derecha peronista (gobierno que los peronistas han tratado de borrar de la historia). Además, como ministro de Relaciones Exteriores de Cristina Fernández de Kirchner fue un partícipe clave en los discutidos acuerdos con Irán en los que el gobierno argentino sacaba la alerta roja de Interpol para funcionarios iraníes acusados de haber ayudado a cometer dos atentados de Hezbollah en Buenos Aires, uno contra la embajada de Israel, el otro contra la AMIA, mutual de la comunidad judía argentina. Ambos atentados produjeron, en los noventa, más de cien muertos. Por lo demás, Taiana fue uno de los “vacunados VIP”: funcionarios del gobierno de Alberto Fernández y jerarcas peronistas que durante la pandemia se saltaron la fila para ser vacunados en un momento en que, por ineptitud, las vacunas escaseaban. 

En el segundo lugar de la lista a diputados por la provincia de Santa Fe, se nombró a Agustín Rossi, exministro de Cristina Kirchner y de Alberto Fernández, dueño de una considerable fortuna difícil de justificar. Además, Cristina, sintiéndose proscripta por el fallo de la Corte Suprema de Justicia, decidió poner en las listas a miembros de la izquierda peronista imitando una estrategia de Perón en el exilio. Entre ellos, el primer lugar de la lista de diputados para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue otorgado a Itaí Hagman, quien provenía de un movimiento guevarista que sólo tardíamente se integró en el kirchnerismo. En su spot publicitario Hagman decía querer contar su historia personal. Comenzaba muy ambiguamente afirmando que había nacido en “otro lugar”, ocultando que había nacido en el Estado de Israel, donde sus padres se habían exiliado. No lo dijo, tal vez, porque se presentaba en medio del conflicto de Gaza mientras los militantes kirchneristas flameaban las banderas palestinas. En las redes sociales se hizo burla de este ocultamiento. 

Foto: X: Javier Milei

La primera en la lista de diputados de Santa Fe, un distrito con muchos “chacareros”, esto es campesinos ricos, había ocupado con su grupo de militantes que no formaban parte del peronismo, una finca de producción láctea. Si bien no formaba parte de su campaña, en programas de televisión locales, unos años atrás, se había manifestado a favor de expropiar campos alrededor de la ciudad de Rosario y de eliminar el cultivo de soja. Cabe decir que el peronismo es un movimiento que tiende a unificar demandas de diversos y a veces contradictorios sectores sociales, moverlo hacia la izquierda podía ser deseado por algunos de sus militantes, pero alejaba a electores tradicionales de esa heterogénea fuerza. 

Cuando las críticas empezaron a llover sobre estos candidatos, la reacción fue no involucrarlos en debates ni en entrevistas televisivas o radiales, a menos que fueran en lugares absolutamente partidarios. Tampoco había una propuesta partidaria sobre qué hacer más allá de aunarse en la oposición a Milei. Por el contrario, Milei y sus candidatos multiplicaron sus apariciones en los medios. Es en este contexto en que se refuerza la ayuda norteamericana: Scott Bessent ofrece US$20.000 del gobierno de Estados Unidos más otros 20.000 provenientes de Wall Street. Donald Trump, queriendo dar un espaldarazo final a Javier Milei, afirma que esta ayuda está supeditada al apoyo que los votantes argentinos le den al presidente de los argentinos. En otros contextos esto podría haber sido leído como un “salvavidas de plomo”, como una frase infortunada que iba a convertirse en un bumerán. De hecho, el kirchnerismo creyó que se iba a producir una ola de ardiente nacionalismo malvinero que haría a los enfervorizados argentinos gritar “¡Fuera yankees!” Lo cierto es que los sectores medios urbanos consideraron que, dadas las circunstancias, no era mala la oferta de Trump. Más allá de la letra chica de los acuerdos, el descalabro de larga data de la economía argentina los llevó a darle una oportunidad. Las elecciones fueron un triunfo del gobierno de Milei que superó el 41% de los votos y, por consiguiente, la derrota del kirchnerismo, que logró apenas el 24% y que, sumando peronistas cercanos, alcanzó el 31%. 

Lo más difícil de explicar es el resultado electoral en la provincia de Buenos Aires. En las elecciones provinciales de septiembre de este año el kirchnerismo había sacado el 14% de ventaja a la Libertad Avanza. El gobierno nacional, apenas un mes y medio después, remontó quince puntos y ganó las elecciones en la provincia por un punto. Los intendentes municipales (alcaldes) que en septiembre habían trabajado denodadamente desaparecieron de escena. En parte, esto se debe a que lucharon por sus cargos municipales y provinciales, pero para las elecciones nacionales, en las listas a dedo de Cristina, no fueron tenidos suficientemente en cuenta. Además, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, está distanciado de Cristina y tal vez no puso demasiado entusiasmo. Pero el haber sido derrotado ensombrece su aspiración a candidato presidencial para 2027. 

Otro factor para tener en cuenta es la instrumentación por primera vez de la Boleta Única de Papel (BUP), equivalente al tarjetón electoral en Colombia. En Argentina, y en particular en la elección provincial de septiembre, el votante entraba al “cuarto oscuro” donde había sobre la mesa una cantidad indescriptible de papeletas de distintos partidos políticos. Este sistema paleolítico de votación permitía la realización de todo tipo de trapisondas, como hacer desaparecer las boletas de los otros partidos, en particular de las fuerzas minoritarias. De alguna manera, los números de las elecciones comparadas muestran que estos trucos daban algún resultado.  

En el peronismo, Cristina Fernández de Kirchner aparece como la primera derrotada. Difícilmente podrá mantener el lugar de preminencia que tuvo hasta ahora en el movimiento justicialista. Alex Kicillof, que aparecía como él presidenciable para las elecciones de 2027, queda debilitado por su derrota en la provincia de Buenos Aires.

Javier Milei y La Libertad Avanza son claros ganadores. Obtuvieron 64 bancas de diputados, que sumadas a las 37 de 2025 les da un total de 101. Esto, sumado a la mayoría de las bancas del PRO y de otros circunstanciales aliados, le permitiría formar quórum y aprobar leyes, algo que en la situación anterior era un imposible. De hecho, hasta ahora, el Gobierno se manejaba con decretos. 

Milei, Trump y el nuevo eje del poder

El alineamiento de Milei con Estados Unidos y con el Estado de Israel nació mucho antes de que ganara las presidenciales y se ratificó en todas las circunstancias en que fuera necesario hacerlo. En cuanto a su relación con Donald Trump, hay que recordar que Milei apoyó a Trump en plena campaña electoral de este contra Kamala Harris. Es evidente que Trump con su ayuda está beneficiando estratégicamente a uno de sus aliados más confiables en América Latina en un momento en que Estados Unidos mantiene tensas relaciones con Brasil y con México. La ayuda norteamericana significó una estabilización indispensable del mercado de capitales y, en la primera semana postelectoral, una subida impresionante de bonos y acciones argentinas en Wall Street y una consiguiente baja de las tasas que debe pagar Argentina para emitir deuda (el riesgo país pasó de superar los 1.500 puntos durante las turbulencias a bajar a 640). Más allá de los acuerdos firmados, Argentina va a participar activamente a favor de la política exterior del país del norte. En particular, de la política exterior de la administración Trump. Desde mi punto de vista esto se verá reflejado en un futuro no solamente con discursos y votaciones en los foros internacionales, sino que implicará políticas activas de envolvimiento de Argentina en la política exterior norteamericana.  

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Acerca del autor

Santiago Alvarez
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*Ph.D en Antropología Social, London School of Economics and Political Science. Profesor en la Universidad de San Andrés, en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Universidad Nacional de San Martín.

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*Ph.D en Antropología Social, London School of Economics and Political Science. Profesor en la Universidad de San Andrés, en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Universidad Nacional de San Martín.

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