Las revistas culturales nacen…para morir - Razón Pública
Jorge_Consuegra

Las revistas culturales nacen…para morir

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Jorge_ConsuegraRecuento vívido de las tribulaciones que han sufrido a lo largo de los años tantos soñadores capaces de dar vida y voz a las ideas, a los versos y a la cultura en un entorno generalmente hostil o aún peor…indiferente.

Jorge Consuegra*

Insólita locura

Podrá parecer absurdo o por lo menos increíble, pero las revistas culturales en Colombia están destinadas a morir apenas nacen. Claro está que muchas de ellas han logrado sobrevivir especialmente por la loca terquedad de sus directores que, como el caso de Milcíades Arévalo de Puesto de Combate, le ha tocado desempeñar oficios varios, como ser corrector de textos, funcionario de banco, mensajero y hasta fotógrafo, para lograr mantener el durísimo presupuesto familiar y al mismo tiempo y con insólita locura, no dejar que su publicación caiga en el descanso eterno.

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Puesto de Combate en el comienzo era mensual y hoy, después de 35 años de brega, sale cada seis meses o simplemente cuando puede y eso le produce un enorme dolor en el alma a Arévalo, porque siente que las páginas de su revista entran a cuidados intensivos. Pero eso mismo le ha sucedido a la mayoría de las publicaciones culturales.

 

Combinando todas las formas de lucha

A principios del siglo XX, Baldomero Sanín Cano sintió la misma necesidad de Arévalo y en 1905 resolvió meterse la mano al bolsillo para mandar imprimir en una viejísima imprenta su Revista contemporánea, que trató de superar a la revista Gris, “ya que ésta había dejado una gran huella” en todos aquellos que esperaban el atardecer para escribir sus versos y luego ver sus nombres en letras de molde.

Pero ni la una ni la otra eran estrictamente culturales, sino que combinaban otras notas para tratar de cautivar a los comerciantes a ver si ellos se “apiadaban” y daban algún aporte que no era mayor a veinte o treinta centavos. Convertidos a hoy, los pesos de aquellos años a lo mejor habrían superado los seis dígitos. Y por eso muchas de esas publicaciones mientras hablaban del Parnaso, en la siguiente página aparecía una nota hablando de medicina o la llegada de una nueva colección de calzado.

Por esos mismos años, apareció el semanario La Gruta, publicado por Federico Rivas Frade y Rafael Espinosa Guzmán, quienes publicaban tanto noticias de actualidad como obras literarias, cuentos, artículos y poemas elaborados por jóvenes frívolos de la aristocracia bogotana.

Diez años después surgió Panida, una revista quincenal de arte y literatura que nació en Medellín el 15 de febrero de 1915 y “aglutinó, por primera vez, a una nueva generación de intelectuales que, con algunas poses propias de las vanguardias artísticas, animó el ambiente patriarcal de la capital antioqueña.

En esa revista se reunieron quienes, posteriormente, construyeron sus peculiares, y en algunos casos truncos, caminos creativos: Ricardo Rendón, León de Greiff, Teodomiro Isaza, Libardo Parra, Rafael Jaramillo, Jesús Restrepo Olarte, Eduardo Vasco, Jorge Villa, Félix Mejía, Bernardo Martínez, Fernando González, José Manuel Mora y José Gaviria”. Fue allí donde aparecieron “Los Nuevos”, pero aunque fue mucho el esfuerzo, la décima edición dijo “adiós y hasta nunca más”.

Entre Voces, Mito y Eco

Barranquilla, que vivía una maravillosa ebullición cultural, vio nacer la revista Voces, publicada desde agosto de 1917 hasta abril de 1920 gracias a la bonanza económica que se vivía y que se evidencia en la gran cantidad de pauta publicitaria que aparecía en la revista y que la ayudó a salir adelante, pero que murió a los tres años después ante la mirada casi atónica de quienes la dirigían.

Y debieron pasar muchos años, hasta mediados de los 50, cuando nace Mito, “una revista donde temas como la economía, la política, la cultura y la vida social tenían cabida sin atropellarse y sin por ello dejar de darle un sentido claro a la publicación. Era una revista que ejemplificaba fielmente la realidad del país a través de sus directores Jorge Gaitán Durán y Hernando Valencia Göelkel, quienes querían, a través de la palabra, debatir toda clase de opiniones y creencias”.

Mito fue una revista de aparición bimestral, con tiraje que oscilaba entre 1.000 y 1.500 ejemplares, y que entre abril y mayo de 1955 y mayo y junio de 1962 publicó 42 números y tres series de libros, al convertirse también en editorial.

“Cuando en los meses de abril y mayo de 1955, Mito publica su primer número, sorprende ya tanto por su ambicioso contenido como por la entidad intelectual de los componentes de su staff: Vicente Aleixandre, Luis Cardoza y Aragón, Carlos Drummond de Andrade, León de Greiff, Octavio Paz y Alfonso Reyes en el comité patrocinador, Borges, Cortázar y Carlos Fuentes, y de algunos desconocidos del patio como los jóvenes Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda”.

Cinco años después y al ver el alboroto que producía Mito, apareció Eco, dirigida por un gran número de personas, entre quienes se contaba uno de los directores de Mito. “Esta revista, en un principio, parecía hecha en Europa, pues daba la impresión de que hablaba de una sociedad que no era la bogotana. Sin embargo, con el paso del tiempo, esto cambió, lo que hizo que Eco se convirtiese en una de las revistas preferidas por el público”.

También en Cali y en Bucaramanga

Como éstas, muchas han sido las revistas que han nacido y vivido fugazmente y han desaparecido de la noche a la mañana, dejando una buena parte de la historia cultural de Colombia en sus páginas. Algunas, como las anteriores, han dejado más huella que otras, las cuales, como es el caso de la revista Pan de Cali, no son recordadas por casi nadie.

Pero no se nos podrá olvidar a otro de los geniales tercos: Rubén Jaramillo Vélez, filósofo y profesor de la Universidad Nacional, cuya revista Argumentos dejó una impronta entre quienes fueron sus asiduos lectores; “en sus páginas lo que primaba era el sentido crítico y la reflexión filosófica, en abierta oposición a la habitual mediocridad que por entonces campeaba entre las publicaciones universitarias”.

Entre aquellas que han dejado huella, vale recordar Lámpara que fue diseñada por Benjamín Villegas desde 1966, mientras realizaba sus estudios de arquitectura; fue una hermosa publicación financiada por la Esso Colombiana, la más hermosa que se publicaba entonces en Colombia y en donde escribieron los más importantes intelectuales del momento.

Y en años más recientes, han sido muchas las revistas y periódicos que han nacido y, muchas veces sin saberse cómo, han sobrevivido, aunque otras han ido a parar a los viejos anaqueles de las hemerotecas esperando a que un viejo investigador las rescate del olvido, como el caso de las revistas La Medusa y El Gran Burundú Burandá ha muerto, publicadas en Bucaramanga bajo la dirección del inolvidable Jorge Restrepo Valderrama y de Luis Álvaro Mejía, ambos absolutamente tercos, que enfrentaron todos los días a los insoportables molinos de viento que nos los dejaban trabajar.

Disparando ideas

Arcadia ha logrado sortear recientemente todo tipo de dificultades pero, aún así, se ha mantenido viva contra viento y marea; cada vez que sale una de sus ediciones, se produce un estallido de alegría entre quienes se acercan más y más al mundo del intelecto.

Lo mismo sucede con El Malpensante que sorprendió a propios y a extraños con su forma peculiar de hacer las entrevistas y publicar sus comentarios acertados y a veces ácidos.

Aparece Libros & Letras que se publica cada vez que milagrosamente se consigue la pauta, por lo menos para lograr pagar la impresión, pero quizás lo importante de ella, es que sus 5.000 ejemplares se distribuyen gratuitamente en todos los rincones en donde se hace cultura.

Pero también está el periódico El Túnel dirigido, administrado, escrito, diagramado y difundido por José Luis Garcés, infatigable promotor cultural en Montería. Un casi inocente tabloide llamado Magazín del Caribe lleva una década publicando noticias de quienes trabajan por la cultura en la Costa Atlántica. La revista Coroto, de reciente aparición, proyecto de colombo–estadounidenses decididos a marcar un hito en la historia de las letras colombianas y latinas en el país del Norte.

Finalmente no podemos dejar sin mencionar a Lecturas Críticas de muy buen concepto bibliográfico, DC revista dirigida por el novelista Enrique Patiño, El Librero Colombiano dirigida por un incansable promotor venezolano; El Clavo y Vuelta de Tuerca; Revista Cronopio, una propuesta en Internet, que ha marcado un hito extraordinario no sólo por el contenido, sino por el diseño; Nómadas de la Universidad Central; Kinestocopio que se publica en Medellín y dedicada totalmente al cine; el Magazín Dominical que se publicaba con El Espectador, y Lecturas que sigue saliendo con El Tiempo.

Pero es preciso aprender la terquedad de Milcíades Arévalo, ese Quijote de voz evaporada: así le toque seguir ilusionándose a oscuras en su vieja máquina de escribir, porque le cortaron el servicio de luz al no “levantar” para pagar la factura, seguirá al mismo tiempo golpeando puertas y corazones para que no le quiten el último aliento de oxígeno. Porque el día que definitivamente su revista no vaya más, él se irá con ella y quienes lo leemos, moriremos también a pedacitos.

Es mucho mejor para el país disparar ideas y hacer revistas y libros, que destrozarnos en los campos para seguir sembrando desamor…

* Publicista, periodista y catedrático universitario. Ha publicado cuatro libros: “365 formas de decir cómo te quiero Colombia”, “Curiosidades bibliográficas”, “Diccionario de Periodismo” y “Bogotá curiosa”.

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Jorge Consuegra
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