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En las protestas todos han sido artistas

Escrito por Luisa Naranjo

Luisa-Naranjo-Razonpublica.jpg - 5.20 kBMás allá de las demandas, las marchas que se iniciaron el 21 de noviembre del año pasado pasarán a la historia por haber llevado la creatividad a las calles.

Luisa Naranjo*

Habitar las calles

El pasado 21 de noviembre logró transformar la lógica de la protesta, convirtiéndola en una posibilidad de expresión y creatividad que cambió radicalmente las maneras de habitar las calles y de relacionarse.

El ambiente de las manifestaciones estaba permeado por la emotividad y el deseo genuino de cambio. Ante la crisis del país esta vez no fue necesario convocar de manera oficial. Las razones para protestar provinieron de los asuntos individuales que, como se vio en la calle, resultaron comunes.

El precedente chileno

Para muchos, la marcha del 21 de noviembre era una manifestación de tantas habituales en Colombia. Sin embargo, semanas atrás los chilenos habían salido masivamente a protestar contra el alza en los pasajes del metro y contra las medidas económicas impuestas por el presidente Piñera.

A los chilenos no los detuvo nada, ni el estado de sitio, ni las violaciones a los derechos humanos por parte de los antimotines, ni los días y las noches en vela. Mientras muchos en el mundo recordaban los tiempos aciagos de Pinochet, los chilenos rememoraban a los cantautores asesinados durante la dictadura, que fueran iconos de la música protesta.

Por eso, cuando los chilenos volvieron a corear “el derecho de vivir en paz” del cantautor Víctor Jara como si fuera el himno de su país, no solo rindieron tributo al artista, sino que pusieron de manifiesto la vigencia de sus letras y la importancia del artista en la cultura chilena como un patrimonio cultural.

Los chilenos nos recordaron que vivimos una lucha común

Lo que empezó como una manifestación se convirtió en una multitud que salió a bloquear las calles y a mostrar a las nuevas generaciones que los motivos de las protestas seguían vigentes y que de ello podían dar cuenta las canciones de Jara, torturado y asesinado durante la dictadura.

En las décadas siguientes, otros grupos musicales continuaron en América Latina con la tradición de incluir, en sus temas y composiciones, los nuevos pasajes de la historia. Los Prisioneros, Charlie García, Silvio Rodríguez, Mercedes Sossa, Fito Páez, entre otros cantantes, han alimentado el espíritu de rebeldía y denuncia. Los chilenos nos recordaron que vivimos una lucha común que coincide con la de los Chalecos Amarillos en Francia.

El Arte en las Marchas 21N 2020

Foto: Facebook FARC
La creatividad ha sido protagonista en las marchas.

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 Un 21 de noviembre memorable e inédito

Lo sucedido el 21 de noviembre y los días que le han seguido es histórico. La emotividad, el sentimiento colectivo, la confluencia de propósitos, las vivencias individuales y comunes, el espíritu de solidaridad, de alegría y de valentía no tiene precedentes. Quizás lo más parecido a esto lo sean las manifestaciones públicas durante los años anteriores al asesinato de Gaitán (1948).

Las manifestaciones en Chile fueron un aliciente, un ejemplo y una inspiración para que el 21 de noviembre no pasara como una protesta más en Colombia. Se logró vencer el miedo y la desconfianza en la propia capacidad de ejercer una presión pública contundente y masiva.

Las marchas, una explosión de creatividad

Las manifestaciones del #21N —como fue etiquetada en las redes sociales— fueron también el detonante para que se generara de manera espontánea una explosión de creatividad. En la marcha no hubo ni líderes de centrales obreras, ni de partidos políticos que lanzaran las consignas, tampoco se vieron las pancartas acostumbradas.

Esta vez las arengas tenían ritmos, frases novedosas, y hasta coreografías, que con el paso de los días ya se bailaban como si fueran el éxito musical del momento. Las pancartas citaban a Britney Spears, a Amparo Grisales y a otros personajes de la cultura popular para expresar su inconformismo.

Desde que el caricaturista Matador comenzó a dibujar a Duque con rasgos de cerdo, se han hecho familiares las imágenes de cerdos para referirse al presidente. Un animal que en la cultura popular latinoamericana se asocia a lo sucio, a lo grosero, a lo ordinario y a lo despreciable.

El sonido de las cacerolas se convirtió en un símbolo generalizado que ha permitido la participación de los ausentes en las calles y en los bloqueos. El cacerolazo se mostró como señal de simpatía con las protestas. Muchos cargaban la cacerola como objeto indispensable de llevar al salir de casa, o bien hacían sonar la cacerola de la aplicación en el celular.

Además de los grafitis, en las paredes había carteles tipográficos con un tipo de letra similar al de Coca- Cola, pero transformada en Cace-Rola. La imagen de Cace-Rola remite a la pintura de Antonio Caro, artista colombiano que se valió del logo símbolo de Coca-Cola para escribir la palabra Colombia (1977).

Así mismo, la obra del artista Rafael Díaz se apropia de la obra gráfica de Antonio Caro que dice: Todo está muy Caro (1978) refiriéndose a la situación de la economía de ese momento y la transforma en Todo está Muy Facho (2018) contextualizada a la fecha. Aunque la obra de Díaz es del 2018, fue vista en las manifestaciones que se realizan desde el 21 de noviembre.

Las imágenes, las batucadas y el material que circuló en las redes sociales y en las calles de las diferentes ciudades del país son reflejo del interés de la gente por la política. Además, las redes sociales y los teléfonos celulares se convirtieron en instrumento decisivo para permitir la difusión rápida, sin filtros, ni censura de la información, sin importar su procedencia ni su tendencia política.

Los medios de comunicación ya no se limitan a la televisión, la prensa y la radio, ahora la ciudadanía es dueña y potencialmente comunicadora de contenidos de todo tipo. Esto ha permitido la diversidad de formas y maneras de expresarse en las calles. Las consideraciones personales puedan hacerse públicas y difundirse. Poco ha importado la estética; lo relevante ha sido el interés y el ingenio para comunicar. No se ha necesitado ser artista para expresarse.

Además de las pancartas, de los disfraces, del muñeco con la cara de Duque por un lado y la de Uribe por el otro, del ataúd de cartón que simulaba llevar un líder social muerto, del muñeco de plástico amputado, del tiburón de espuma sin aletas y de los cientos de pancartas improvisadas hechas con cartones, paralelamente se difundían piezas graficas por las redes sociales; videos, fotomontajes, memes y calcomanías, o lo que se conoce como stickers en la aplicación de whatsapp, con motivos de los integrantes del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) atacando a manifestante con gases lacrimógenos.

Las manifestaciones artísticas fueron diversas: los performances, la proyección del colectivo artístico El Marrano de Barro sobre la culata de un edificio en Chapinero con la imagen de Dylan Cruz, víctima del ESMAD, o  los grupos de teatro, los titiriteros, los bailarines y los músicos con el cacerolazo sinfónico colmaron el espacio público. Las manifestaciones artísticas propiciaron un ambiente de comunidad y camaradería, logrando que la gente sintiera la calle como un espacio propio.

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Contra el miedo

El arte y sus mecanismos de acción se volvieron también una estrategia de protección, como ocurrió en Chile. Allí, grupos de manifestantes, que se hicieron llamar primera línea, vestidos de super héroes, usando máscaras antigases, antenas de televisión, luces laser, cascos, guantes de obreros entre otras cosas, se convirtieron en una muralla humana para proteger a los manifestantes que iban detrás.

No se ha necesitado ser artista para expresarse.

En Colombia las protestas conformaron también una primera línea con máscaras antigases, pero con escudos que imitaban el uniforme del ESMAD. Los manifestantes fueron la versión “blanda” del grupo represivo. Sin armas y con armaduras de cartón crearon una versión no lesiva, ni agresiva para los antagonistas.

El arte en las marchas

Foto: Facebook FARC
+ARTE -BALAS, una de las consignas de la marcha.

Resultaba paradójico que durante las manifestaciones nocturnas la gente no tuviera temor de salir a las calles por miedo a ser atracado sino por miedo a la represión por parte del ESMAD. Nada fue más contundente que los cacerolazos hasta la madrugada, pues por primera vez en ciudades tan hostiles e inseguras como Bogotá se empezaba a habitar la ciudad de una manera más libre, tranquila y desprevenida.

Fue tan contundente la toma de los espacios públicos durante los paros que comenzaron el #21N, que la gente descubrió que las calles y la noche pueden ser lugares de encuentro y de vida social.

*Artista y filósofa de la Universidad de los Andes, especialista en Educación Artística de la Universidad Nacional de Colombia.

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