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Las olvidadas muertes del tránsito

Escrito por Germán Alfonso Prieto

Un accidente de tránsito donde hay un carro volteado y algunas personas intentan rescatarlosGermán Alfonso Prieto

¿Por qué en Colombia mueren tantos a causa de los mal llamados accidentes de tránsito? Aquí, una lista de las causas de esta tragedia silenciada y de ocho cosas concretas qué podemos hacer para evitarla.

Germán Alfonso Prieto R.*

Peor que el conflicto armado

¿Sabe usted cuál es la segunda causa de muerte violenta en Colombia y la primera causa de muerte violenta entre los niños? Posiblemente la respuesta que le vino a la cabeza fue el conflicto armado, que tanta sangre y tanto dolor nos ha traído durante tantos años.  

Pero no. En este caso hablamos de un enemigo más silencioso y más cercano a todos: los mal llamados ‘accidentes’ de tránsito. Esos que en Colombia trajeron el año pasado 6.219 historias de muerte, de familias destruidas y de víctimas a quienes un siniestro de tránsito les desbarató la vida.

Este flagelo causó más de 41.800 personas lesionadas (muchas de ellas con secuelas de por vida) y un costo que se estima en varios miles de millones de dólares en gastos de salud, incapacidades, indemnizaciones y otros efectos indirectos.

Estos no son “accidentes”   porque prácticamente todos ellos eran evitables.

Ahora que tanto hablamos de la paz, cabría preguntar por qué no entablamos unos “diálogos de paz” por la seguridad vial, teniendo en cuenta que los siniestros de tránsito han causado más muertes que el conflicto armado, que afectan por igual a personas de todos los estratos, de todas las regiones y en especial a las más jóvenes, las más valiosas para nuestra sociedad.

Un diálogo que llegue no solo a las autoridades de transporte, salud y educación, sino a los muchos ciudadanos que siguen actuando como si ese no fuera un problema de ellos, que siguen siendo imprudentes, conduciendo embriagados, rodando a altas velocidades, siendo agresivos en la vía y en general violando las normas de tránsito.

Ahora que concluye la Semana de la Seguridad Vial, cuando expertos internacionales y autoridades locales discutieron sobre este flagelo, hago un resumen de algunos de los rasgos principales de la siniestralidad de tránsito en Colombia.  

Ciclovía en Bogotá.
Ciclovía en Bogotá.
Foto: Justin Swan

Personal e imprudente

Las cifras de siniestros o fatalidades de tránsito en Colombia siguen en ascenso, y en la última década han acrecido un total de 13,4 por ciento.

Detrás del dato se esconden miles de tragedias como las que vemos diariamente en los noticieros: el borracho que condujo a alta velocidad, la niña atropellada cuando iba en bicicleta hacia su colegio, los niños de Fundación que murieron dentro de un bus. No hay que olvidar por tanto que no hablamos de cosas lejanas sino de nuestros hijos, de nuestros amigos o de nosotros mismos.

Seguimos pensando que verse implicado en un siniestro es una cuestión de suerte y por eso hablamos todavía de “accidentes” de tránsito. Pero estos no son “accidentes”   porque prácticamente todos ellos eran evitables, y se hubieran podido prevenir con un mejor comportamiento. Sin embargo, muchas personas siguen actuando de manera imprudente, “dejando en manos de Dios” lo que les pueda ocurrir en la vía, y eso suele tener resultados nefastos.

El exceso de confianza y la falta de auto-cuidado siguen siendo los factores que más causan fatalidades en el tránsito. Esto ayuda a explicar por qué el 81 por ciento de las víctimas fatales en Colombia son hombres (que usualmente somos mucho más imprudentes y tendemos a sentirnos invulnerables). El exceso de confianza también podría explicar por qué el 43 por ciento de los fallecimientos por esta causa corresponde a personas entre 15 y 34 años de edad.

Dónde actuar, cómo actuar

1. Dadas las altas concentraciones de vehículos y viajes, la mayor parte de los siniestros de tránsito ocurren en las zonas urbanas (aproximadamente el 70 por ciento de los accidentes y el 87 por ciento de los lesionados).

Sin embargo, es en las ciudades pequeñas y en las zonas rurales donde hay mayor potencial de actuación, y donde mejores resultados pueden obtenerse en términos de reducción de muertes y lesiones por cada peso invertido.

Si en cada municipio o ciudad pequeña se evitaran uno o dos siniestros de tránsito cada año, las cifras totales colombianas podrían reducirse más de un 30 por ciento.

2. Con la adopción acelerada de sistemas integrados o de transporte público masivo en buses (como el SITP, TransMilenio y MIO) se abrió una puerta de oro para transformar los comportamientos de los conductores de transporte público, quienes por sus extenuantes jornadas y la ‘guerra del centavo’ se habían convertido en un gran factor de riesgo.

Sin embargo, por los métodos de capacitación y por los incentivos inadecuados (como decir  las presiones para cumplir con tiempos de recorrido que no se compadecen con el tránsito en las ciudades), parece estarse desaprovechando esta oportunidad, lo cual se refleja en altos índices de siniestralidad de los buses del SITP y TransMilenio, así como en sistemas de otras ciudades del país.

En la imagen aparece una panorámica de Medellín.
Los accidentes de tránsito se concentran en las
poblaciones urbanas. En la imagen aparece una
panorámica de Medellín.
Foto: Iván Erre Jota

3. Sin estigmatizar a los motociclistas (conductores, ciclistas y peatones también podemos ser imprudentes en la vía), es cierto que las motos, por su flexibilidad, potencia, vulnerabilidad y velocidad, se han convertido en vehículos altamente peligrosos – y sobre todo cuando se combinan con un comportamiento imprudente.

No es casualidad que más del 44 por ciento de los fallecidos y del 50 por ciento de los lesionados por siniestro de tránsito son motociclistas. Por eso es necesario desincentivar el uso de la motocicleta y cuando menos desacelerar un poco el crecimiento desaforado que están teniendo en todo el país.

4. No solo por ser los más vulnerables en la vía, sino porque es el modo de trasporte que (junto con el transporte público colectivo y masivo) necesitan las ciudades, es importante que tanto las autoridades como los conductores den mayor atención y cuidado a los ciclistas. Y por su puesto también a los peatones.  

En Bogotá, por ejemplo, los viajes peatonales o en bicicleta representan más del 45 por ciento de los totales de cada día. Y sin embargo, más que en la mayoría de ciudades del el mundo, caminar o montar en bicicleta en Colombia parece más un acto de valientes que un compromiso con el medio ambiente y la movilidad sostenible.

5. Hace muy pocos años el gobierno empezó a tomar conciencia sobre el problema, y por eso es apenas ahora cuando se habla de un Plan Nacional de Seguridad Vial y de una Agencia Nacional dedicada a este asunto.  Pero la capacidad institucional actual es casi inexistente y la capacidad de control de las autoridades es mínima.

El 81 por ciento de las víctimas fatales en Colombia son hombres.

Un ejemplo es el de la tragedia de los niños de Fundación que murieron calcinados dentro de un bus. Al investigar este “accidente” se encontró que el departamento de Magdalena solo cuenta con dos policías de tránsito para verificar el estado de los vehículos. Y así es difícil que las normas de seguridad se cumplan.

6. Como han demostrado muy diferentes experiencias internacionales, una Agencia Nacional de Seguridad Vial sería importante para centralizar los recursos, los análisis y los esfuerzos para inducir acciones más efectivas y eficientes.

Ojalá que el gobierno nacional aprenda de estas experiencias y ponga en funcionamiento esta entidad, con un equipo de trabajo de primera línea, con transparencia en el uso de los recursos y mucha participación de la ciudadanía.

7. Tradicionalmente el tema de la seguridad vial se ha delegado en el Ministerio de Transporte y en las Secretarías de tránsito o de movilidad. Esa es una visión muy reducida, pues  sería preciso involucrar de manera mucho más activa a ministerios y secretarías de Salud y Educación, trabajando de manera coordinada para reducir la cantidad y gravedad de los siniestros de tránsito.

8. Más que en cualquier otro tema, en esto de disfrutar de unas vías más seguras todos tenemos mucho que aportar.

Comenzando por un comportamiento más cuidadoso, por cambiar la agresividad y falta de cultura ciudadana por una buena energía y un comportamiento respetuoso que se contagie a todos.

También necesitamos conversar y hacer reflexionar a nuestros allegados sobre este tema, promoviendo un mayor uso del transporte público y de la bicicleta, y enseñando a nuestros hijos con el ejemplo.

Si estas reflexiones cambian un solo comportamiento y contribuyen a salvar una sola vida en la vía, habrán cumplido su objetivo. Manos a la obra. ¿Se le mide?

 

*Director del Programa de Tecnología en Gestión del Transporte, Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.
twitter1-1@transportetadeo​

 

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