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Las objeciones a la JEP, el Congreso y la debilidad del presidente

Escrito por Juan Pablo Milanese
Presidente Iván Duque en el Congreso de la República

Presidente Iván Duque en el Congreso de la República

Juan Pablo MilaneseEsta vez no fue la oposición sino Cambio Radical, el Partido Liberal e inclusive una parte de la U. ¿Acaso Duque tendrá que cambiar su estrategia de gobierno?

           Juan Pablo Milanese*

¿Cambio en el equilibrio del Congreso?

El gobierno fracasó al defender las objeciones del presidente a la Ley Estatutaria de la JEP ante la Cámara de Representantes, y todo hace prever que ocurrirá lo mismo en el Senado. Esto mostró la debilidad de Duque ante el Congreso, cuando estamos a poco más de seis meses de las elecciones municipales y departamentales.

Peor todavía: esta vez los protagonistas no fueron los partidos de la oposición, sino aquellos que se habían declarado “independientes” y de quienes se esperaba una actitud menos hostil hacia la administración Duque. Este fue el caso del Partido Liberal, de   Cambio Radical e inclusive del Partido de la U que se declaró como “de gobierno” pero se encuentra visiblemente dividido.

A pesar de lo anterior, sería exagerado hablar de un cambio de equilibrio en el Congreso—especialmente porque nunca hubo equilibrio—. Hasta el momento, Duque ha sido incapaz de adelantar cómodamente su plan de gobierno y, antes de cumplir un año en el poder, tuvo su primer conflicto de alta intensidad con el Congreso.

Más que de un “nuevo equilibrio”, nos encontramos entonces ante un proceso de reubicación o reacomodación de varios actores relevantes.

Puede leer: Los partidos bajo Duque: debilidades y fracturas internas.

Razones del cambio

No hay manera de saber a ciencia cierta las razones de cada congresista para votar en contra del querer del presidente. Y más difícil es encontrar una razón común entre los miembros de cada partido, porque estos funcionan como confederaciones de jefes regionales sin ideologías o programas consistentes.

Pero aun entonces cabe especular con un cierto grado de confianza sobre cuáles fueron los motivos de los congresistas de las fuerzas independientes para oponerse a las objeciones.

Duque ha sido incapaz de adelantar su plan de gobierno y, antes de cumplir un año en el poder, tuvo su primer conflicto de alta intensidad con el Congreso. 
  1. Convicción. Prácticamente todo este grupo votó a favor de los proyectos asociados con el acuerdo de paz durante la legislatura anterior, y aunque algunos fueron responsables de la ‘operación tortuga’ que afectó al fast track, otros fueron sus principales defensores. Además, muchos de ellos adoptaron el tema de la paz como una bandera de su campaña electoral.
  2. Racionalidad. Esta puede expresarse de muchas formas, desde congresistas que intentan recuperar o aumentar sus cuotas burocráticas o presupuestales, hasta aquellos que desean ayudar a su jefe político para que vuelva a ganar protagonismo tras la derrota en las pasadas elecciones.
  3. Una combinación de ambas. Posiblemente varios legisladores se han movido por convicciones y oportunismo, como sucede normalmente con la mayor parte de los políticos.

presidencia de la republica

Foto: Presidencia de la República
El trámite de iniciativas legislativas se le ha complicado a Duque ¿Cómo garantizará una mejor relación con los partidos?

En todo caso personajes como Germán Vargas Lleras, y en menor medida el expresidente Gaviria, lograron reconquistar parte del capital perdido durante las últimas elecciones.  Con esto dieron una señal de advertencia tanto al gobierno como a sus rivales dentro del propio partido.

Parece que el líder de Cambio Radical intenta mostrarse como una alternativa de derecha ante un gobierno que se muestra titubeante. De hecho, Vargas Lleras ya había desafiado a Duque a través de su bancada en el Congreso durante la discusión de la Ley de Financiamiento.

Puede leer: ¿El fin de Cambio Radical?

¿Mayor costo de la gobernabilidad?

La ‘era Duque’ comenzó con una apuesta arriesgada en relación con el Congreso:  gobernar con una base de alrededor del 35 por ciento de apoyo en cada cámara—constituida por el Centro Democrático y un puñado de partidos menores—y con la expectativa de lograr coaliciones específicas que le permitieran alcanzar mayorías circunstanciales.

Este fue un experimento osado por dos razones:

  1. Porque este tipo de estrategias suelen desarrollarse con apoyos legislativos más consistentes (alrededor del 45 por ciento).
  2. Porque los últimos dos gobiernos (dos periodos de Santos y dos de Uribe) acostumbraron al Congreso a operar bajo una lógica de coaliciones sobredimensionadas. Este modelo opera sobre la premisa de la desconfianza mutua entre gobierno y congresistas, y se caracteriza por costos de transacción notablemente altos. No obstante, garantiza el apoyo del congreso al gobierno.

La prolongación de estas disputas legislativas, sumadas a múltiples conflictos sociales (como el de la minga indígena, las movilizaciones estudiantiles, etc.) podría llevar al gobierno a repensar su estrategia de gobernabilidad en el Congreso.

Lo más probable es un viraje hacia la estrategia de coaliciones sobredimensionadas—cuyo rasgo negativo son los altos costos políticos y económicos para el gobierno—.   

¿Y las elecciones?

A pesar de lo anterior, no parece que este sea un momento adecuado para intentar el tránsito hacia ese tipo de estrategia.

La proximidad de las elecciones disminuye la disposición de los miembros del partido de gobierno a compartir recursos con otras fuerzas políticas que los utilizarán para disputarles espacios en las administraciones municipales y departamentales.

El electorado más fiel del Centro Democrático exige posiciones duras en materias relacionadas con el Acuerdo de Paz y con las movilizaciones sociales.

Tampoco es fácil avanzar en la búsqueda de acuerdos por fuera del Congreso, porque el electorado más fiel del Centro Democrático exige posiciones duras en materias relacionadas con el Acuerdo de Paz y con las movilizaciones sociales. De hecho, la popularidad del presidente parece estar directamente relacionada con la intensidad de la confrontación en estas materias.

Congreso votación objeciones de la JEP.

Foto: Facebook Senado
Congreso votación objeciones de la JEP.

La situación anterior reduce el espacio de maniobra del gobierno y lo pone entre la espada y la pared. Si el presidente ablanda su discurso y se muestra más conciliador, comienzan a oírse los murmullos dentro del uribismo que lo catalogan como traidor. Pero si asume posiciones intransigentes intensifica la protesta social y corre el riesgo de una mayor perturbación del orden público.

¿Duque, otra vez Uribe?

Lo que parece poco probable para las elecciones de octubre podría ser posible en 2020. Las elecciones de este año podrían ser un punto de quiebre para reacomodar las fuerzas políticas, especialmente dentro del Congreso. Esto se debe a que sucederá algo que no ocurría desde 2014: habrá dos años sin elecciones.

Ese silencio electoral podría distender un tanto el clima político e impulsar a los partidos ‘independientes’ a ser más complacientes con el gobierno—sobre todo si este les corresponde con cupos de burocracia o de presupuesto—.

Y no sería la primera vez que ocurre ese fenómeno: el primer gobierno de Uribe comenzó con una actitud hostil frente al Congreso. El actual senador tuvo un conflicto serio a raíz de su amenaza de revocarles el mandato a los congresistas, reducir el tamaño del Congreso y volverlo unicameral. La iniciativa no se hizo realidad, y—contra la voluntad inicial del presidente—el Congreso adoptó el Acto Legislativo de Reforma Política de 2003.

Lea en Razón Pública: ¿Duque es la versión 2.0 de Uribe?

También cabe recordar que en 2004 el presidente Uribe cambió drásticamente la conformación de su gabinete. Los ministros más dados a la confrontación, en especial Fernando Londoño Hoyos, fueron reemplazados por otros con un perfil más conciliador, en ese caso Sabas Pretelt de la Vega.

El rumbo que tomó el gobierno Uribe puede ser o no ser el que ahora tome el gobierno de Duque. Es difícil saberlo y quizás no pase de ser una intuición. Pero el escenario político, y especialmente, el del Congreso ofrece pistas que podrían mostrar avances en esa dirección.

* Doctor en Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Bolonia (Italia), jefe del departamento de Estudios Políticos y profesor asociado del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi de Cali.

 

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