Las negociaciones de paz por la guerra en Ucrania
Foto: Europa enfrenta un cruce de caminos entre permitir que se avance en una paz que necesita de forma urgente, para lo cual tendrá que aceptar los estilos de Trump, o exigir e impedir junto con Ucrania que se llegue a una solución sin estar sentado en la mesa de negociaciones.

Las negociaciones de paz por la guerra en Ucrania: un cruce de caminos para Europa

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Europa enfrenta un cruce de caminos entre permitir que se avance en una paz que necesita de forma urgente, para lo cual tendrá que aceptar los estilos de Trump, o exigir e impedir junto con Ucrania que se llegue a una solución sin estar sentado en la mesa de negociaciones.

Se cumplen ya tres años de la invasión de Rusia a Ucrania, un acontecimiento de impacto global que obligó al mundo occidental a reaccionar con fuerza, pero especialmente a los países europeos para evitar ser un mero espectador del proceso de reconfiguración del sistema global.  

Mucho se debate sobre los errores cometidos en la gestión de las relaciones de Europa con Rusia, pero especialmente con Putin desde que llegó al poder. No es posible olvidar las señales contradictorias que se dieron luego de la anexión de la península de Crimea en el año 2014, con una tibia reacción luego confirmada por los Pactos de Minsk y la inexplicable profundización de la dependencia energética con Rusia. Asimismo, puede ser cuestionable cómo se manejó en términos históricos la ampliación de la OTAN o el proceso para que Ucrania ingresara a la Unión Europea. Más allá de dichos debates, ninguno de ellos exime a Rusia de la plena responsabilidad por la guerra desatada en 2022.

Las justificaciones presentadas por Putin, que son de alcance cultural, social, étnico, religioso, histórico, político y geopolítico, entre otras, no inhiben la flagrante violación de la integridad territorial y del derecho internacional. En ese sentido, cualquier intento por justificar su accionar supone atentar contra los pilares que velaron por la estabilidad internacional en las últimas décadas. Con mayor o menor énfasis, e incluso con algunas contradicciones, gran parte de la comunidad internacional condenó la invasión de Rusia a Ucrania (lo que quedó en evidencia en las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas). El inicio de la guerra generó reacciones inmediatas, comprometiendo enormes recursos de Estados Unidos y Europa para evitar una caída de Ucrania en manos de Putin. 

Otras potencias como China e India, que no impusieron sanciones y juegan un papel en las compras de muchos de los bienes que Rusia no puede vender a otros países por las sanciones, tampoco apoyaron la invasión de forma expresa y no están directamente involucrados, como se ha demostrado por ejemplo con Corea del Norte.

La irrestricta defensa de Ucrania contó con una visión común de los países europeos (la Unión Europea y Reino Unido), con Estados Unidos, lo que en el período de Biden le otorgó una centralidad a la OTAN y una reactivación del papel del G7 en los debates sobre la seguridad global. Los debates previos durante la campaña electoral en Estados Unidos y los posicionamientos de Trump ya como presidente electo adelantaban un posible quiebre de Occidente, lo que finalmente ocurrió pocas semanas después de asumir Trump la Presidencia.

Sus polémicas decisiones comenzaron en los ámbitos migratorio y comercial, en especial contra sus principales socios como México, Canadá y China, pero pronto se expandieron a las guerras de Medio oriente y Ucrania, donde en los dos casos propuso soluciones que traspasan una línea que incluso sorprendió al propio establishment estadounidense. 

Su visión sobre la guerra en Ucrania ya adelantaba ciertas simplificaciones, especialmente desde el momento en que anunció que en pocas horas pondría fin a la guerra. Su apuro por mostrar éxitos en ese sentido lo predispone a aceptar soluciones de corto plazo que están lejos de resolver las cuestiones de fondo, realidad que por cierto solo beneficia a Putin, que ahora ve en Trump un aliado para terminar de consagrar su misión de amedrentar el futuro de Europa. En paralelo, envía otros mensajes favorables para Rusia denostando a la OTAN y adelantando su menor involucramiento en la única organización que da en Europa ciertas garantías de que Putin no avanzará más allá de determinados límites.

La nueva administración de Trump dio dos pasos que pronto dejaron en el olvido los mensajes positivos que se dieron tras la reunión entre Trump y Zelensky concertada por Macron en París en el marco de la reinauguración de Notre Dame. Esa conversación previa no impidió su rápido acercamiento Putin, para luego concretarse en Arabia Saudita una primera reunión entre el secretario de Estado de los Estados Unidos y el canciller ruso, para alcanzar la paz, sin la presencia de Ucrania ni de ningún país europeo (tampoco de las autoridades de la Unión Europea). 

La sola realización de esta reunión sin la presencia de Ucrania ni de algún país europeo, a lo que habría que adicionarle la ausencia de comunicación con China (una potencia con mucha influencia sobre Rusia), desató un escándalo en Europa y alertó al mundo entero sobre la impactante realidad internacional. Macron, siempre en búsqueda de ocupar el liderazgo de Merkel, pero con escaso éxito, reunió en París a las principales potencias europeas con el objetivo de dar un mensaje claro a Trump, el futuro de Europa no se discute sin Europa. 

Por otro lado, Zelensky también mostró preocupación por lo acontecido y por los posicionamientos de Trump, que no parecen ser ni si quiera neutrales ya que a todas luces su visión está favoreciendo a Rusia.

Nuevas reuniones y encuentros se realizaron en estos días en Europa, con mandatarios y autoridades que le reclaman a Estados Unidos contemplar los intereses europeos y no ceder frente a los reclamos de Putin. La retórica llegó a niveles impensados cuando el propio Trump acusó a Zelensky de dictador por perpetuarse en el poder, con lo que ilegitima su figura como negociador, posición que acompaña lo aseverado antes por el presidente ruso. Las acusaciones de Trump son tan graves como absurdas y desconocen el amparo legal que correctamente aduce Zelensky para no llamar a elecciones en plena invasión de su territorio, debido a la activación de la ley marcial. 

Foto: Wikimedia Commons El pragmatismo de Trump y su necesidad de mostrar resultados atentan contra una solución justa para Ucrania.

A esta altura del desarrollo del artículo, el lector podría hacerse las siguientes preguntas: ¿Trump está apoyando a Putin en lugar de a Zelensky?, ¿Quiere Trump desmantelar la OTAN?, ¿Existe la posibilidad de una nueva alianza entre Estados Unidos y Rusia?, ¿Se quebrarán definitivamente las relaciones entre Estados Unidos y Europa?, ¿Aceptaría Trump que Ucrania pierda el 20 % de su territorio? Todas las preguntas son válidas, pero las respuestas son complejas. 

El presidente de la primera potencia mundial no está eligiendo entre Putin y Zelensky, ni tampoco quiere generar una nueva alianza con Rusia, país en el que no se puede confiar. Por el contrario, sí quiere poner fin a la Guerra en Ucrania, la que ya supera un millón de muertos y ha causado enormes pérdidas económicas, que en su mayoría fueron sustentadas por el propio Estados Unidos, además de Europa.

El pragmatismo de Trump y su necesidad de mostrar resultados atentan contra una solución justa para Ucrania. Todo indica que para alcanzar una paz provisoria no solo tendrá que asumir la imposibilidad de recuperar la península de Crimea, sino también dar por perdida la región del Dombás. A cambio de eso, ya no se maneja la posibilidad de su ingreso a la OTAN, por lo que deberá conformarse con acuerdos de defensa bilaterales y la promesa de ingresar a la Unión Europea apostando a su reconstrucción. En paralelo, Ucrania enfrenta las presiones de Estados Unidos para avanzar en la firma de polémicos contratos para la explotación de algunos recursos, lo que Trump exige como devolución del apoyo financiero y militar otorgado en estos tres años.

En este contexto, Europa enfrenta un cruce de caminos entre permitir que se avance en una paz que necesita de forma urgente, para lo cual tendrá que aceptar los estilos de Trump o, por el contrario, exigir e impedir junto con Ucrania que se llegue a una solución sin estar sentado en la mesa de negociaciones, lo que incluso podría afectar el proceso de paz ya iniciado por Estados Unidos. En paralelo, los países europeos deben discutir seriamente la necesidad de contar con su propia capacidad de defensa más allá de una OTAN controlada por Estados Unidos.

Es complejo adelantar cómo se desarrollarán los acontecimientos, pero es evidente que un quiebre entre Europa y Estados Unidos solo beneficiará a Rusia, y enviará un mensaje muy delicado a toda la comunidad internacional. En ese sentido, el cruce de caminos de Europa y las decisiones que se tomen en los próximos meses pueden ser un punto de quiebre en la reconfiguración del sistema internacional de las próximas décadas. 

Le recomendamos: Ucrania: ¿Se repetirá Múnich 1938?

Acerca del autor

Ignacio Bartesaghi
Ignacio@razonpublica.org | + posts

*Director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay

1 comentarios

Ignacio Bartesaghi

Escrito por:

Ignacio Bartesaghi

*Director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay

Comentarios de “Las negociaciones de paz por la guerra en Ucrania: un cruce de caminos para Europa”

  1. Aparte de lo sesudo y bien elaborado artículo del pensador uruguayo, subyacen algunas inquietudes respecto a lo que, a través de las líneas, deja ver claramente el articulista con cierta inocultable parcialidad, y bastante cargado de un marcado sesgo ideológico.
    Parece una construcción literaria dirigida a los europeos que, de leerla, sentirán algo así como un frescor en el rostro por las loas al impoluto imperio europeo-occidente. Guardarán reconocimiento eterno al ilustrado Bartesaghi cuando afirma que…….»ni tampoco (Usa) quiere generar una nueva alianza con Rusia, país en el que no se puede confiar………»!!!!!!!!!!
    Digo yo: ¿será que con la misma ligereza con la que el eurodefensor carga toda la responsabilidad de los males presentes y futuros a Rusia, como representante del demonio en estos lares, podríamos aseverar también que Ignacio desconoce la historia del dolor en el planeta tierra?
    Seguramente nadie le habrá contado, o comentado, las travesuras del rey Leopoldo en nombre del imperio belga, por el martirio al que sometió a decenas de millones de africanos, cuyo único pecado, que les costó la vida, era sentirse dueños de la tierra y de sus riquezas que el de Europa reclamaba para sí y para la inefable Bélgica; el doloroso tránsito a la independencia de India y otras naciones de Asia y África, saliendo de las feroces fauces del imperio británico; la horda de aventureros que, en nombre de los reyes hispanos, vertió la sangre aborigen por más de 300 años; el peso siniestro de la mano del tío Sam enderezando entuertos, derrocando gobiernos legítimos y llenando al mundo, al decir del genio de Caracas, de fuego, sangre y dolor, especialmente a nuestra grande nación desde el sur del Río Bravo hasta la tierra del fuego en la Patagonia; y así, podríamos continuar, apreciado Ignacio, porque Occidente, de eso y de otras cosas, sí que sabe!.

    Encaja también, el sentido documento, en la estructura mental de aquel habitante del tercer mundo (o sea, los jodidos) que, a fuerza de repetírnoslo, nos ha calado la idea de que realmente, los buenos estamos en Occidente y los malos en cualquier otro lado que no sea éste. Entonces, ¿será cierto, como lo insinúan las líneas del escrito que, en China, Rusia, India, Corea del Norte, etc.…………etc., ¿habita el mal y que los ángeles y querubines estamos por estos lados?

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