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Las marchas del 8M y la respuesta de la policía: ¿las mujeres somos las enemigas?

Escrito por Liliana Castaneda

La actuación desmedida de la policía en las manifestaciones del 8M abre el debate sobre cuál es el lugar de los derechos de las mujeres en las administraciones.

Liliana Castañeda Morales*

La digna rabia

El 8 de marzo es una conmemoración que reúne a miles de mujeres en Colombia para poner de presente que aún existen enormes deudas con al menos la mitad de su población. La Fiscalía reportó que en lo que llevamos de 2024 han ocurrido 32 feminicidios, 2068 casos de violencia sexual y 12 327 casos de violencia intrafamiliar en donde las víctimas han sido mujeres. Colombia es un lugar de alto riesgo para ser mujer.

Somos la mitad de la humanidad, pero diariamente nos asedian distintas violencias, brechas salariales, precarización laboral, limitaciones para decidir sobre nuestros cuerpos, acoso sexual en el trabajo, la calle y la academia, la anulación de nuestros aportes, subrepresentación política y una sobrecarga de labores del cuidado que tardaremos 209 años en equilibrar a este ritmo, según señala la Organización Internacional del Trabajo.

Hay una digna rabia que nos atraviesa el cuerpo todos los días y nos lleva a vencer al miedo al menos una vez al año, recordar las luchas de quienes nos antecedieron y tomarnos las calles, tomarnos la noche y gritar que estamos dispuestas a construir un nuevo mundo donde quepamos todas, todes y todos, aunque aún vivimos en uno que nos odia. 

En el desarrollo de la marcha, miles de mujeres de todas las edades vivimos zozobra constante por estar rodeadas de un dispositivo policial masculinizado y desproporcionado, cada vez más cerca de nosotras y que lanzó granadas aturdidoras y gases lacrimógenos a las manifestantes en inmediaciones del Museo Casa del Florero.

La indignación de las organizaciones feministas y de mujeres en decenas de lugares de Colombia se traduce cada año en organización de las jornadas de movilización, intervenciones artísticas y todo un dispositivo logístico que en Bogotá incluyó diálogos previos con las autoridades. Todo procurando que la protesta sea un lugar seguro para niñas, adultas y mayores.

Foto: Alcaldía de Bogotá - Para las feministas la movilización social es un ejercicio para reivindicar la legitimidad política de las demandas históricas, por lo cual, se han hecho esfuerzos para que sean espacios seguros.

Como si fuésemos la enemiga

El protocolo distrital para la garantía del derecho a la protesta social pacífica en Bogotá dispone una mesa de coordinación y seguimiento previo como instancia de interlocución y acuerdo sobre el acompañamiento estatal a las manifestaciones, los posibles riesgos, la protección del ejercicio periodístico y los canales de denuncias de posibles violaciones de Derechos Humanos. También existe una submesa para la garantía y seguimiento de los derechos de las mujeres, diversidades, disidencias de género y sexuales.

Las organizaciones feministas y de mujeres que organizaron la marcha han denunciado incumplimientos sobre lo acordado en esa mesa realizada el 4 de marzo pues hubo una presencia desmedida de efectivos de la UNDMO/ESMAD, falta de cooperación con el manejo del tráfico y nula gestión para garantizar iluminación en la Plaza de Bolívar y la circulación adecuada a la salida del lugar.

En el desarrollo de la marcha, miles de mujeres de todas las edades vivimos zozobra constante por estar rodeadas de un dispositivo policial masculinizado y desproporcionado, cada vez más cerca de nosotras y que lanzó granadas aturdidoras y gases lacrimógenos a las manifestantes en inmediaciones del Museo Casa del Florero. Cientos huyeron asustadas para encontrarse con la intimidación de más policías a su salida de la marcha.

Al finalizar, la policía retuvo documentos e intentó inmovilizar el vehículo que sirvió como tarima y le impusieron un comparendo a su conductor. Hoy la multa se encuentra en proceso de apelación.

Frente a las múltiples denuncias y evidencias en redes sociales, el alcalde Carlos Fernando Galán respondió con en un par de videos en los que declara que lo sucedido sería sometido a investigación pero a la vez señaló que el accionar de la policía fue “una decisión tomada en terreno como respuesta a un riesgo inminente a su integridad, todo en el marco de la ley”.

La respuesta del alcalde es más bien lánguida y no aclara por qué el gobierno distrital no actuó para prevenir irregularidades como la falta de luz y excesos de la fuerza pública en una manifestación de la que tuvo conocimiento con antelación pues se realiza todos los años en la misma fecha.

Tampoco respondió por qué coordinó el despliegue de un operativo de fuerza pública tan desproporcionado y atemorizante con la policía metropolitana, o por qué era necesario que agentes del ESMAD, armados y equipados con protección de pies a cabeza, arremetieran contra las manifestantes como si fuéramos el enemigo.

Por otra parte, en Medellín, el alcalde Federico Gutiérrez no dudó un segundo en mostrarse como un héroe defensor de la infraestructura y señalar con un cartel de “se busca” a 8 mujeres participantes en acción directa contra la infraestructura del Metroplús.

“A mí me cuidan mis amigas”

El protocolo para la garantía del derecho a la protesta tiene como principio el uso del diálogo como recurso primordial para enfrentar las tensiones sociales, sobre todo cuando involucran a los sectores históricamente discriminados. Sin embargo, antes, durante y después de las manifestaciones del 8M no hubo diálogo.

El alcalde Galán expresó tanto en medios de comunicación como en sus redes sociales que está dispuesto a dialogar con las organizaciones feministas, de mujeres e incluso con sectores políticos que han rechazado la represión de la protesta. Esa promesa sigue incumplida después de que el alcalde no asistiera a la reunión que él mismo convocó.

Las feministas pensamos la movilización social como un ejercicio en el que reivindicamos la legitimidad política de todas y cada una de nuestras demandas históricas, incluyendo la de poder acudir a las manifestaciones con nuestras familias, sin importar la edad ni la condición.

Por eso es tan peligroso el llamado de la Secretaría de Seguridad de Bogotá a excluir de la manifestación a niños y niñas, ignorando el papel de cuidado que ha recaído sobre las mujeres históricamente, así como la capacidad de las personas mayores, las niñas y los niños de ser y actuar como sujetos políticos.

En ese orden de ideas, las colectivas han hecho enormes esfuerzos para que las movilizaciones reivindicativas de los derechos de las mujeres sean espacios seguros para todas y desde distintos lugares de la ciudad y el país se han tomado medidas como la conformación de esquemas feministas de Derechos Humanos y arreglos logísticos para el cuidado individual y colectivo de las asistentes.

Por eso es tan peligroso el llamado de la Secretaría de Seguridad de Bogotá a excluir de la manifestación a niños y niñas, ignorando el papel de cuidado que ha recaído sobre las mujeres históricamente, así como la capacidad de las personas mayores, las niñas y los niños de ser y actuar como sujetos políticos. 

Aún más peligroso resulta el perfilamiento promovido por la alcaldía de Gutiérrez en Medellín, que pone en claro riesgo a las mujeres expuestas y las estigmatiza. Quisiéramos ver el mismo ahínco en la búsqueda de los feminicidas y responsables de los crímenes sexuales cometidos contra mujeres en la región.

Cada feminicidio, cada hecho de violencia, cada manifestación misógina tolerada o promovida desde lugares de poder es una derrota de toda la sociedad. El Estado le falla a diario a las mujeres cuando nos revictimiza por acción u omisión. Por eso nace la consigna feminista: “El Estado no me cuida, a mí me cuidan mis amigas”.

El comportamiento de los gobiernos de Galán y Gutiérrez en Bogotá y Medellín durante las jornadas del 8M muestra que no existe una voluntad real de poner los derechos, miradas y agencia de las mujeres en el centro de su política. También recordamos que la promesa del presidente Petro de desmantelar el ESMAD como fuerza represiva de la manifestación social se quedó en arreglos cosméticos y un cambio de nombre.

Aquí nadie trata de justificar el daño al bien público y privado, pero sí es necesario poner en perspectiva los reclamos por justicia y equidad que llevan cada año a miles de mujeres a las calles. Estos reclamos son cada vez más vigentes porque el mundo sigue siendo un lugar hostil para nosotras.

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