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Las guerras recicladas del paramilitarismo

Escrito por Andrés González
Víctimas de la Masacre de Segovia, perpetrada el 11 de noviembre de 1988 en el departamento de Antioquia.

Víctimas de la Masacre de Segovia, perpetrada el 11 de noviembre de 1988 en el departamento de Antioquia.

Andres GonzalezEste libro reconstruye la historia de un fenómeno que por más de 30 años dejó una huella imborrable en el conflicto interno de Colombia y que sigue amenazando al eventual posconflicto.

Andrés González*

Guerras recicladas: una historia periodística del paramilitarismo en Colombia

María Teresa Ronderos

Aguilar 2014

El paramilitarismo desde el relato

Abordar el fenómeno paramilitar en Colombia desde las voces de las víctimas y los victimarios, según el procedimiento de María Teresa Ronderos para construir este libro, ofrece una apertura, un reconocimiento y una validez a esos relatos locales y nacionales que por tanto tiempo estuvieron silenciados bajo el régimen de la violencia.

Con el paso del tiempo y con la reconstrucción del relato emerge nuevamente la voz de los vivientes, tanto de víctimas como de victimarios, con visiones propias y conscientes sobre ese “orangután de la violencia” que, según Ronderos, ha dejado un número igual o mayor de víctimas que la dictadura argentina.

Pero ¿por qué en Colombia la guerra se recicla? Esta es una pregunta transversal que hace la autora y que atraviesa las páginas de todo el libro. Responder esta pregunta implica poner en tela de juicio las condiciones de permanencia del conflicto armado colombiano y las coyunturas sociales, políticas y económicas que lo han legitimado a lo largo de las décadas.

¿por qué en Colombia la guerra se recicla? Esta es una pregunta transversal que hace la autora y que atraviesa las páginas de todo el libro. 

Es desde el relato de esas personas del común que padecieron la guerra, en contraste con los documentos teóricos y legales recopilados por Ronderos, de donde emergen la visión critica  sobre las coyunturas que implicaron el fortalecimiento de un fenómeno que nació “bajo el rótulo de autodefensas campesinas en los años ochenta” y que se conoce hoy como paramilitarismo.

Este fenómeno se extendió desde Puerto Boyacá a varias zonas del país y tuvo varias rencillas entre sus participantes, así como caídas y renacimientos.

Mujer joven víctima de las AUC.
Mujer joven víctima de las AUC. Foto: Informe Basta Yá! – Jesús Abad Colorado.
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica

Las AUC y la desmovilización.

El libro Guerras Recicladas: una historia periodística del paramilitarismo en Colombia permite comprender la desmovilización de estos grupos armados, que durante tantos años acrecentaron sus filas con diferentes tipos de actores: militares, políticos y narcotraficantes.

Estos actores, bajo la consigna de enfrentarse a la izquierda y el comunismo representado en sus guerrillas, fueron participes importantes en esa gran ola de violencia que se agravó por la incapacidad estatal para contener sus abusos o para extirpar de sus raíces sociales. 

Al comenzar el siglo XXI, los paramilitares ya eran un cúmulo de organizaciones que controlaban varias zonas del país y que se habían unido, el 19 de abril de 1997, bajo una sola bandera, Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), con la idea, según Ronderos, de “cosechar política y socialmente su poder”.

El objetivo era lograr una negociación rápida con el gobierno, aunque el presidente de turno no brindó esa posibilidad. Unos años más tarde, llegó a la presidencia Álvaro Uribe, quien permitió al paramilitarismo “una coyuntura política más favorable, pues contaban con fuerzas afines en el Congreso que ellos mismos habían hecho elegir”, con un total de al menos 60 congresistas, según la autora.

Este respaldo en el Congreso brindaba más confianza para la desmovilización que tenía en mente Carlos Castaño, una de las cabezas  de la organización en ese momento, con la esperanza de poder “canjear el capital militar, político y económico clandestino acumulado con los cañones y también con la mantequilla que repartieron por doquier”.

Así pudieron encontrar unas condiciones más favorables para la negociación con el Estado, con miras a mantener el capital y el poder que por tanto tiempo habían consolidado.

No era fácil para los líderes paramilitares perder su poder, su control y someterse a una justicia, que al principio, bajo un gobierno con lazos muy fuertes con el paramilitarismo, les había brindado las condiciones necesarias para que las consecuencias de sus actos no fueran juzgadas con todo el peso de la ley.

Este modelo de justicia “no los obligaba a confesar toda la verdad ni a entregar todos sus bienes para obtener penas alternativas”, es decir, estaba de acuerdo con la idea de desmovilización que este grupo tenía en mente: penas leves que no dependieran de cuántas verdades aportaban.

Algunos líderes que no se desmovilizaron mutaron en bandas criminales y los otros, cobijados bajo la Ley 975, cumplieron penas de ocho años.

Un año después, en 2006, las reglas de juego cambiaron, el escándalo de la parapolítica estalló y la Corte Constitucional modificó apartes de la Ley de Justicia y Paz, declarando que tenía que haber una confesión total de los delitos, bajo la idea de reparación y verdad, además del compromiso por parte de los desmovilizados de no volver a delinquir.

El efecto de este cambió fue que muchos líderes de organizaciones paramilitares fueron asesinados, como fue el caso de Carlos Castaño y Vicente Castaño, entre otros. Algunos subalternos huyeron de la justicia y las otras cabezas importantes de la organización fueron extraditadas. Algunos líderes que no se desmovilizaron mutaron en bandas criminales y los otros, cobijados bajo la Ley 975, cumplieron penas de ocho años.

Homenaje a las víctimas en Carmen de Bolívar.
Homenaje a las víctimas en Carmen de Bolívar.
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica

Los resistentes

“Los resistentes” es un capítulo importante de este libro de María Teresa Ronderos, en el que se resignifica y realza la acción de personas comunes, como monjas, fiscales, campesinos y periodistas, que “han hecho todo lo posible por transformar el odio autodestructivo en acción comunitaria”.

En muchas ocasiones se escucha el relato desgarrador de las acciones violentas sobre la ciudadanía, pero muy poco se sabe de los resistentes, esas personas que desde la colectividad hicieron frente a este proceso violento, implicando su propia vida en el ejercicio de estar los unos con los otros y actuar concertadamente.

Esta reacción fue una visión política que permitió identificar diferentes caminos que se podían tomar frente a un fenómeno violento y cómo desde la acción comunitaria se les podu hacer frente.

Hacer una reflexión sobre este panorama permite esclarecer varios matices que todavía no son muy claros: como los vacíos que tuvo la Ley de Justicia y Paz, las bandas de paramilitares que mutaron por un proceso de paz mal hecho, la reinserción de los paramilitares que quedaron libres y, finalmente, cómo incluir estos rezagos del paramilitarismo en una etapa de posconflicto.

 

* Estudiante de licenciatura en filosofía.

 

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