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Las fuentes políticas del Estado Islámico

Escrito por Carlos Alberto Patiño
Coalición avanzando en Mosul, uno de los bastiones de ISIS.

Carlos patinoLa muerte del líder del Estado Islámico no garantiza el final del califato que este grupo quería construir. ¿De dónde vienen y por qué son tan fuertes las ideas que defienden los radicales musulmanes de Oriente Medio?

Carlos Alberto Patiño Villa*

El nuevo califa

El 29 de junio de 2014 un hombre que se hizo llamar el “califa Ibrahim” (nacido en 1971 como Ibrahim Awwad al Badri y que llevaba el nombre público de Abubaker Al Bagdadí) proclamó un nuevo califato que uniría a todos los creyentes del islam, específicamente a los de la corriente sunita. En sus declaraciones también dijo que el orden internacional contemporáneo era contrario a la organización política de las sociedades musulmanas.

Para este nuevo califa las sociedades musulmanas se encuentran gobernadas desde comienzos del siglo XX por regímenes ilegítimos, corruptos e impíos. El nuevo califato retomaría las viejas ideas políticas para rectificar un mundo que a sus ojos es injusto, violento y en donde imperan la inmoralidad y la corrupción.

Las reacciones de los gobiernos y de la opinión pública occidental fluctuaron entre la incredulidad y la ridiculización, sin ver que detrás del asunto había un ejército en expansión que estaba tomando territorios en Siria e Irak, y recibía adhesiones de grupos armados del África subsahariana y de los países árabes, así como de partidos políticos de países tan distantes como Indonesia.

Un extracto del discurso de este pretendido califa deja claro su alcance para millones de sus seguidores: “El sol de la yihad ha surgido, y la felicidad de las noticias de la benevolencia brilla hacia adelante. El triunfo se presenta sobre el horizonte, y los signos de la victoria han aparecido”.

Las raíces históricas

Pero las ideas políticas de Al Bagdadí estaban sustentadas más allá de los entramados ideológicos y organizativos de Al Qaeda, organización con la cual se involucró desde muy joven, después de ser imán en una mezquita de Bagdad, para luego separarse de los herederos de Osama Bin Laden y luchar por crear el califato.

Su ideología se basa en las ideas desarrolladas por el pensador Ahmed Ibd Abd al-Halim Ibn Taymiya (1263-1328), quien al parecer vivió en Damasco durante un período de expansión de los mamelucos, quienes prosperaron al sur de las tierras de otomanos y establecieron un gobierno en El Cairo.

Según el historiador Sami Moubayed, Ibn-Taymiya reaccionó contra estos gobernantes en ciudades como Damasco y Bagdad, denunciándolos por no ser verdaderos musulmanes, lo que explicaba la corrupción moral y la decadencia social que Alá El Misericordioso enviaba a los árabes por haber abandonado sus obligaciones religiosas, sus convicciones morales y sus deberes políticos.

Las ideas políticas de Al Bagdadí estaban sustentadas más allá de los entramados ideológicos y organizativos de Al Qaeda.

Para superar este estado de degradación, decadencia y corrupción, se hacía necesario crear una forma de ordenamiento político basado en el islam, a través de una yihad, entendida como un esfuerzo interior de perfeccionamiento y un esfuerzo colectivo de rectitud. En esta yihad el ejercicio de la fuerza tenía un papel destacado para ejercer una justicia implacable contra los impíos y los ilegítimos.

El Sagrado Corán y sus fuentes eran la referencia y la guía de acción, y deberían permitir una forma de ordenamiento político encabezado por un califa. Según el historiador sirio Moubayed, el texto directo de Ibn Taymiya sobre estas ideas es el siguiente: “Es obligado saber que la entidad de gobernar sobre el pueblo (es decir, el califa) es uno de los mayores preceptos de la religión. De hecho, si no es por ella no se establece la religión. Esta es la opinión de los salaf (primeros creyentes)”.

ISIS no se acaba con la muerte de su líder porque las ideas que él propaga tienen un origen anterior.

Foto: Departamento de Defensa EE.UU
ISIS no se acaba con la muerte de su líder porque las ideas que él propaga tienen un origen anterior.

Estas afirmaciones y otras similares hicieron que Ibn Taymiya fuera perseguido por los gobernantes de su tiempo, y a la vez lo convirtieron en una fuente de inspiración política permanente en diferentes núcleos musulmanes, sobre todo sunitas.

Las ideas de Ibn Taymiya, siempre presentes en lugares como la Universidad Mezquita de Al-Azhar de El Cairo, adquirieron un renovado aire a finales del siglo XIX, cuando el pensador musulmán Jamal Al Din Al Afghani se convirtió en un militante salafista antioccidental destacado en las tierras gobernadas por el sultán y califa del Imperio otomano.

Este pensador proclamaba la necesidad de establecer un gobierno pío y santificado, moralmente comprometido, de indeclinable compromiso religioso. Tal posición fue visible en la carta que en 1892 le envió al sultán Abduhamid II, suplicando mantener unido el mundo musulmán contra las potencias occidentales.

Las ideas de Al-Afghani, un radical que es considerado en Irán como el antecesor intelectual de la Revolución Islámica de 1979, fueron retomadas décadas más tarde por Ali Shariati, otro pensador islamista que junto a Sayyed Qotb, Mawlana Mawdudi e Ibrahim Ruggolah Khomeini, forman el núcleo duro del fundamentalismo islámico contemporáneo.

Esta tradición de pensamiento político ha hecho que algunos vean la abolición de los califatos, especialmente del último en desaparecer: el otomano en 1924, como una pérdida de la unidad musulmán que solo favorece a los impíos y a las potencias occidentales (que además son cristianas).

Así, el califato surgió como la opción más importante contra la fragmentación del mundo musulmán en diferentes estados-nación, ya sean repúblicas o monarquías, algo visto por muchos como el motivo de su fracaso político y económico.

Un califato es una forma de ordenamiento político que combina tanto lo religioso como lo político, territorial, militar y económico, y aspira a la unificación de los creyentes, dentro de la idea de la umma, como una gran comunidad de los creyentes.

Puede leer: Para entender a ISIS: califatos y califas

Una idea renacida

Todas estas ideas fueron asumidas y replanteadas por Abubaker Al Bagdadí durante sus estudios de doctorado en Asuntos Islámicos, y fue capaz de esperar el momento para darles salida como una opción viable.

El Estado Islámico que el califa Ibrahim proclamó en 2014 era y es mucho más que una organización terrorista, y la sola caída de su capital, Mosul, en 2017, no ha sido suficiente para su desaparición.

Muchos están dispuestos a ocupar de nuevo el lugar de Ibrahim.

Algo igual sucederá con la reciente muerte del califa en una compleja operación militar ejecutada por fuerzas especiales de Estados Unidos, pues dicho suceso no garantiza que el Estado Islámico, Isis o la idea del califato vayan a desaparecer.

Muchos están dispuestos a ocupar de nuevo el lugar de Ibrahim o Abubaker Al Bagdadi o Ibrahim Awwad al Badri. Derrotar al Estado Islámico o a Isis requiere muchos más que operaciones militares especiales. La verdadera lucha está en el terreno de las ideas que han caracterizado el pensamiento islámico de los últimos siglos.

Uno de los datos más preocupantes para las sociedades occidentales es que estas ideas políticas tienen la capacidad de atraer a miles de jóvenes europeos y norteamericanos (incluso a latinoamericanos de clases medias), que ven en ellas una oferta real de sentido.

Abu Bakr al Baghdadi, líder de ISIS.

Foto: Flickr
Abu Bakr al Baghdadi, líder de ISIS.

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Además, estas ideas han desatado una creciente tensión religiosa tanto dentro del islam contra las minorías de esta religión como contra otras religiones, especialmente el cristianismo.

*Profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia.

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