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Las estrategias para la segunda vuelta

Escrito por Efraín Sánchez
fachada del palacio presidencial

fachada del palacio presidencial

Los discursos de Santos y de Zuluaga  tras conocer los resultados de primera vuelta muestran bien las banderas y estrategias que van a usar en estas tres semanas. Pero ¿serán capaces de convencer a los abstencionistas y a los votantes de los demás partidos?

Efraín Sánchez*

Pequeñas sorpresas

En la elección presidencial de este 25 de mayo no hubo grandes sorpresas, pero sí hubo algunas pequeñas. Como era de esperarse, habrá segunda vuelta, la abstención bordeó el 60 por ciento, el voto en blanco apenas llegó al 6 por ciento, Martha Lucía Ramírez quedó de tercera (15,5 por ciento) y Enrique Peñalosa de quinto, con algo más del 8 por ciento.

Sin embargo, pocos esperaban que Óscar Iván Zuluaga, el candidato del Centro Democrático, es decir, de Uribe, ganara por un margen que supera aquello que los medios han llamado “empate técnico”. La verdad es que no hubo empate. Ganó Zuluaga, es decir, Uribe. Tampoco se esperaba que la izquierdista Clara López estuviera tan cerca de la conservadora Marta Lucía Ramírez (15,23 por ciento y 15,53 por ciento respectivamente).

Pocos esperaban que Óscar Iván Zuluaga, el candidato del Centro Democrático, es decir, de Uribe, ganara por un margen que supera aquello que los medios han llamado “empate técnico”.

Al parecer la decisión de voto fue poco sensible a los escándalos que agitaron las campañas en los últimos días. Tampoco lo fue al mensaje de la paz del presidente Santos, a la profecía de un oscuro futuro si ganaba Zuluaga, a la profecía de paz con impunidad si ganaba Santos, y a la vana ilusión de un repunte del voto en blanco.

Si estos factores tuvieron algún impacto, este fue muy pequeño. Ni hubo movilización electoral masiva por la paz, ni se castigó a los candidatos por los escándalos, ni el uribismo votó masivamente. Ante la perspectiva segura de una segunda vuelta, la mayoría de los casi 33 millones de electores dejó el resultado al azar.

Las perspectivas para la segunda vuelta son todo, menos claras. Ni Santos ni Zuluaga tienen garantizado el triunfo, pues ni uno ni otro han convencido al electorado, ni tienen argumentos contundentes para derrotar el 15 de junio a su principal enemigo común: el desencanto de los colombianos. Los dos tendrán que pensar en estrategias inteligentes para ganar la Presidencia, así sea por un margen escaso, como todo indica que va a suceder.


El Presidente-candidato Juan Manuel Santos en una
visita al municipio de Manaure, Guajira. 
Foto: Presidencia de la República

Las estrategias

Los discursos de los dos candidatos en la noche del domingo permiten vislumbrar cuáles van a ser esas estrategias. Comencemos por la que les es común: ganar el apoyo de los tres candidatos minoritarios.

El presidente Santos, quien aparte de la carta de la paz no parece tener estrategia, sacó a relucir una táctica que en el pasado le ha servido bien: hacer propias las ideas de sus contrincantes:

  • De Marta Lucía Ramírez destacó la lucha contra la corrupción y el respeto por las instituciones. Esto último, dijo, “que ha sido bandera del Partido Conservador, ha sido también nuestra bandera”.
  • A Clara López le reconoció “propuestas bien diseñadas para tener un país más incluyente, más equitativo y para apostarle a la reconciliación en el posconflicto”. Desde luego, esas propuestas también son suyas: “esas son también mis prioridades: los pobres y la paz”.
  • Las propuestas de Enrique Peñalosa “en materia ambiental y de seguridad ciudadana y su énfasis en la educación de calidad” son también propuestas que, según Santos, no solo “compartimos”, sino que “podemos sacarlas adelante”.

Y, por supuesto, no podía faltar la bandera de la unidad por la paz, y convocó a estos candidatos y a sus seguidores “a que se unan por esta cruzada… Quiero pedirles a ellos y a sus seguidores que nos acompañen en la lucha contra la pobreza, en la lucha contra la guerra, contra la desesperación”.

En contraste con Santos, Zuluaga no hizo el menor intento por apropiarse explícitamente de los programas de sus contrincantes… excepto del de Santos, como diré más adelante.  Sencillamente les dio las gracias y los invitó a cambiar al país. “En pocos días, el próximo 15 de junio –dijo-, vamos a decidir si queremos más de lo mismo, o si vamos a cambiar para mejorar a Colombia”.

Ante la perspectiva segura de una segunda vuelta, la mayoría de los casi 33 millones de electores dejó el resultado al azar.

La estrategia de apropiación programática quizás no es tan eficaz, y esto lo vio mejor Zuluaga que Santos. Probablemente Marta Lucía Ramírez y los conservadores no están convencidos de que Santos va a ser el presidente de la lucha contra la corrupción y el respeto por las instituciones, ni Clara López y los izquierdistas de que por fin va a llevar a Colombia por la senda de la inclusión y la equidad, ni Peñalosa y los verdes de que sacará adelante sus propuestas ambientales, educativas o de seguridad. Pero tampoco Zuluaga, para decirlo brevemente.

Las alianzas seguramente van a tener alguna base programática, al menos en términos formales, pero van a primar otros argumentos. Cabría esperar que Marta Lucía Ramírez y sus seguidores apoyen a Zuluaga de todos modos, y que Clara López y los suyos apoyen a Santos, no tanto por acuerdos programáticos sino por la razón más obvia: los conservadores para que no gane Santos, y la izquierda para que no gane Zuluaga.

Pero como, a juzgar por los resultados, las fuerzas de Marta Lucía y Clara tienen idéntico tamaño, la capacidad decisoria, que en todo caso va a ser de un margen muy pequeño, va a recaer en Peñalosa y la Alianza Verde.


El candidato a la presidencia, Oscar Iván Zuluaga.
Foto: El candidato a la presidencia, Oscar Iván Zuluaga.

Derrotar la abstención>

Pero el verdadero reto para los dos candidatos que van a la segunda vuelta es el 60 por ciento de los abstencionistas de la primera. Desde luego, ambos van a tener que demostrar que su opositor no le conviene al país (como en el juego de las alianzas), pero también van a tener que demostrar la solidez de sus propias propuestas. La de Santos, como ya se dijo, es casi exclusivamente la paz. Pero el propósito de la paz tiene dos o tres inconvenientes para Santos:

  • Primero, que para las mayorías electorales la paz no es la primera prioridad. Lo son el empleo, la seguridad (más asociada con los ladrones de celulares que con las FARC), la salud y la educación.
  • Segundo, que no todo el mundo está convencido de las bondades de las negociaciones de La Habana (participación en política, castigo para los autores de crímenes atroces, política agraria, acuerdos sobre narcotráfico).
  • Y tercero, que Zuluaga comenzó su campaña por apropiarse de esta bandera de Santos. En su discurso dijo: “Mi compromiso es trabajar por la paz de nuestro país. Por una paz, seria, responsable y duradera. Por una paz justa, basada en hechos concretos y voluntad demostrable de terminar con la violencia, que tanto daño le hace a nuestro país. Les garantizo que voy a trabajar todos los días para que Colombia logre la paz. La paz sí, pero una paz que beneficie solamente al pueblo colombiano”.

Desde luego mencionó el tema de la impunidad, pero puso por encima de este el fantasma de las FARC en el gobierno: “No podemos dejar que las FARC pretendan comandar el país desde La Habana. El presidente de la República no puede ni debe ser manipulado por las FARC, hoy el principal cartel del narcotráfico del mundo”.

El argumento de la paz, como estrategia, solo le va a servir a Santos si logra demostrar (como no lo ha hecho hasta ahora) que también tiene planes serios sobre los demás problemas del país, y que dichos planes no se reducen a adoptar las propuestas programáticas de Marta Lucía Ramírez, Clara López y Enrique Peñalosa.

Por su parte, Zuluaga tendrá que demostrar que su proyecto de paz tiene al menos algo de pacífico. Esto no le va a quedar muy fácil, si se tiene en cuenta que entre las primeras cosas que dijo al dirigirse al ex presidente Uribe afirmó que: “usted le devolvió la esperanza al país y nosotros recuperaremos sus banderas”. Y Zuluaga ya lo ha dicho muchas veces: la principal bandera que va a recuperar es la seguridad democrática, con todas sus arandelas. Y allí está el problema.

Ni Santos ni Zuluaga tienen garantizado el triunfo, pues ni uno ni otro han convencido al electorado, ni tienen argumentos contundentes para derrotar el 15 de junio a su principal enemigo común: el desencanto de los colombianos.​

En contraste con Santos, Zuluaga se refirió a asuntos verdaderamente programáticos distintos de la paz. Pero, la verdad sea dicha, sus planteamientos tampoco son muy convincentes: cámaras y mejores salarios para la fuerza pública, mejores salarios para los maestros, jornada de ocho horas y acceso de los pobres a mejor educación (“les prometo que seré el presidente de la educación”), aumento de la infraestructura hospitalaria, trato cariñoso a los pacientes y otras minucias frente al drama de la salud, y programas de alivio de deudas conjurar la crisis agropecuaria, incluidas “¡tasas de interés que no superen el 3 por ciento al año!” (ya veremos qué piensan los bancos sobre la generosidad del doctor Zuluaga).

Obviamente, las próximas tres semanas no van a ser fáciles para ninguno de los dos candidatos. En todo caso, la táctica (pues no es propiamente una estrategia) de las acusaciones, los insultos, las zancadillas, los golpes bajos y la guerra sucia en general no es la más inteligente en un país como el nuestro, tan acostumbrado a la corrupción y poco dado a juzgar a sus gobernantes por sus estándares éticos.

 

* Sociólogo y doctor en Historia Moderna Latinoamericana por la Universidad de Oxford.

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