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Las barras bravas y el regreso del fútbol a Bogotá

Escrito por Alejandro Villanueva
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El fútbol regresó a la capital y trajo consigo la violencia de las barras bravas. ¿Cómo explicar este fenómeno y qué hacer para evitar que se repita?

Alejandro Villanueva*

Enfrentamiento

El martes pasado se jugó el primer partido de fútbol con la presencia de hinchas desde que comenzó la pandemia. El partido se jugó en el estadio El Campín entre el Independiente Santa Fe y el Atlético Nacional.

En medio del partido se presentaron enfrentamientos entre los hinchas que reflejaron el estado general del país, o la crisis de convivencia y cultura ciudadana que nos viene afectando en los últimos meses.

La administración distrital, las autoridades, los hinchas y los medios de comunicación trabajaron de manera conjunta para concretar el regreso de los espectadores al estadio.

Pero se dieron muchos errores, comenzando por la ubicación desacertada del público: los integrantes de la barra brava del Atlético Nacional se ubicaron junto a la gradería familiar, en el sector occidental, donde estaban los aficionados del Independiente Santa Fe. Ellos fueron atacados por algunos integrantes de los barristas “verdolagas”.

Ante esta situación, la Guardia Albi-Roja Sur —barra emblemática del club cardenal— reaccionó y atravesó el campo para defender a sus pares; una muestra de violencia originada en un sentimiento de solidaridad y protección entre quienes comparten una camiseta.

El resultado: varios hinchas, la fuerza pública y algunos trabajadores del Estadio resultaron heridos. Por esa razón era necesario suspender el partido, y sin embargo esto no se dio.

¿Por qué prevalece el espectáculo privado sobre la vida, la seguridad, la convivencia y la cultura ciudadana en el fútbol de Bogotá?

Legislación nacional

Durante los últimos diez años se presentaron alrededor de veintinueve altercados con distintos grados de violencia. Aún así, la legislación sobre la violencia en el fútbol es actualizada de manera constante.

Por eso están vigentes la Ley 1270 de 2009, la Ley 1445 de 2011 y el Decreto 1007 de 2012 que adoptó el Estatuto del Aficionado. Además, se cuenta con una política que fue acogida de manera tardía, pero que sigue vigente: el Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol 2014–2024.

El avance en términos legislativos es innegable. Lamentablemente, las demoras en la comprensión y aplicación de la ley son igualmente claras. Los legisladores y las autoridades colombianas carecen de voluntad efectiva para asignar los recursos y ejecutar el Plan Decenal.

Los programas distritales

Aun entonces es justo reconocer los esfuerzos de la alcaldía de Bogotá durante los últimos 25 años para mejorar la convivencia entre los integrantes de las barras bravas y aficionados al fútbol en general. Entre estas iniciativas cabe mencionar:

  • Jugando Limpio Todos Ganamos (administración Peñalosa),
  • Goles en Paz (administraciones de Garzón, Moreno y López),
  • Goles y Territorios en Paz (administración Petro),
  • La Estrategia Más Fútbol Más Vida (administración Peñalosa), y
  • Goles en Paz 2.0 bajo la administración de Claudia López.

Estos antecedentes no fueron suficientes para evitar que el primer partido de fútbol con hinchas desde que comenzó la pandemia resultara afectado por hechos de violencia física, verbal y simbólica.

Y aunque el segundo tiempo claramente debía suspenderse, la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor), los dos clubes y los árbitros escogieron no hacerlo.

La Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol también se equivocaron al no planificar ni ofrecer escenarios deportivos adecuados.

Esto muestra que faltaron acciones y compromisos con los procesos socioculturales y ciudadanos de los integrantes de las hinchadas y, sobre todo, el liderazgo de los clubes, quienes no mostraron voluntad para cumplir su responsabilidad social empresarial.

El interés del negocio sigue predominando sobre el bienestar, la seguridad, la comodidad y la convivencia de los aficionados. Parece que quien controla la industria del balompié colombiano antepone los beneficios económicos a la vida de las personas.

Foto: Twitter: Natalia Pérez Sabogal - Este tipo de eventos responden a que ha primado el interés particular del negocio del fútbol en Colombia sobre el bienestar, la seguridad, la comodidad y la convivencia de los aficionados.

De hecho, desde el surgimiento del barrismo en el país hace 25 años, no es fácil encontrar un evento o una decisión por parte de los clubes y la dirigencia deportiva donde la afición fuera más valorada que los intereses económicos.

Siempre que se presentan estas situaciones, se retoman las viejas fórmulas de aumentar las sanciones penales para las personas violentas o proponer medidas que sean financiadas por los contribuyentes, librando de la responsabilidad a los dueños del espectáculo que reciben las ganancias y socializan las perdidas.

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