Lagos de Torca: urbanizar en los lugares correctos
Inicio TemasEconomía y Sociedad Lagos de Torca: urbanizar en los lugares correctos

Lagos de Torca: urbanizar en los lugares correctos

Escrito por Juan Luis Rodriguez

Lagos de Torca y la extensión de la avenida Boyacá que fragmentaría la Reserva van der Hammen demuestran la importancia de planificar y ordenar el territorio.

Juan Luis Rodríguez*

Consorcios y eufemismos

La Corporación Autónoma Regional de la Sabana (CAR), el Distrito, la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) y Lagos de Torca hacen parte de un consorcio temporal y extraoficial para que la Avenida Boyacá atraviese el corredor biológico Van Der Hammen.

Como para hacerlo necesitan una licencia ambiental, el consorcio usó el eufemismo de una “sustracción” para disimular la magnitud de lo que realmente quieren hacer.

En pocas palabras, ofrecen una vía de 70 metros de ancho, con ocho carriles para tráfico mixto y cuatro para Transmilenio. Para tranquilizar a los “fundamentalistas”, el consorcio asegura que van a construir unos “túneles para la vida” que permitirán la continuidad de la flora y la fauna.

Es difícil saber para qué se necesita ser más tonto: para hacer esta propuesta o para creerla.

Manipular el lenguaje es una estrategia útil para ganar la batalla legal, pero en resumidas cuentas, lo que nos ofrecen es un cercenamiento del corredor biológico y unos socavones de setenta metros de longitud.

Las áreas no construidas cumplen una función metabólica esencial para el funcionamiento de un territorio; además, posibilitan una mejor urbanización.

Con la Séptima y la Autopista ya se dieron los primeros dos cercenamientos. Los dos son una especie de hechos cumplidos que pertenecen a un período anterior a la era del ambientalismo, inaugurada por la ley 99 de 1993.

Si la operación Torca tiene éxito permitirá una nueva fragmentación dentro de veinte o treinta años mediante la Avenida Cali, será una nueva “sustracción”. Mientras tanto, en lugar de estar hablando de diseño y paisaje, nos distraen con eufemismos.

En la vida cotidiana, el trancón es algo muy atractivo para el escándalo. Todos somos víctimas y expertos en el tema, aunque quienes más lo padecen son los habitantes del sector. No es necesario esperar la llegada de las 135 mil viviendas que aportará Torca al norte de Bogotá para saber que la prolongación es esencial para el desarrollo de un área que actualmente es un caos.

Foto: ANI - El viaducto sobre la Ciénaga de la Virgen es un ejemplo de un corredor vial que se cruza con un corredor biológico.

Historia del megaproyecto

En primer lugar, debo señalar que Lagos de Torca es un proyecto prepóstero, o donde primero se aprueba la urbanización y después se ejecuta el plan vial necesario para que funcione.

En síntesis: es un plan para un área de 1800 hectáreas, aprobado sin POT, por decreto y sin los planes de vías y trenes esenciales para algo de semejante dimensión. ¿Por qué llegamos a esto?

La historia es muy sencilla. Comienza por el desconocimiento de un mandato del Ministerio del Medio Ambiente en el año 2000 (resoluciones 0475 de mayo 17 y 621 de junio 28), según el cual la Reserva Van der Hammen debía incorporarse en el POT-2000. En tanto invalidaba las ideas iniciales del POT, la modificación implicaba hacer ajustes para incluir la reserva y modificar el plan vial.

El alcalde excluyó las 5 mil hectáreas de la Zona norte del POT, que quedaron registradas como una mancha negra en todos los planos generales del POT-2000. Así, de un manotazo y sin explicación ni castigo, la Zona entró en un limbo jurídico que todavía existe porque ningún mandatario la ha incorporado al POT.

Pero a pesar de la inoperancia de los alcaldes para acabar con la mancha negra, hubo dos avances significativos para la reserva: la legalización en 2011 y la reglamentación en 2014. Pese a estos logros parciales, ninguno resolvió el problema.

Y como Peñalosa quería volver y después de un par de intentos fallidos lo logró, en 2016 se puso manos a la obra. Sin embargo, lo hizo mediante un decreto exprés (088 de 2017), que —como era de esperar— no considera la reserva Van Der Hammen como un vecino sino como un enemigo a exterminar. Tal aspiración no ha cambiado ni cambiará.

Cinco años después el funcionamiento de Torca está en dificultades porque dependen de la Boyacá y del cercenamiento de la reserva. No obstante, si observamos el plano vial de Bogotá, la Boyacá puede empatar con la Autopista y la Séptima, por medio de las calles 215 y 222, sin necesidad de cercenar el corredor biológico. ¿Por qué no se considera esta cómoda alternativa?

Camacol versus corredor biológico  

Los corredores biológicos permiten la continuidad de la flora, la fauna y el agua. Cuando un corredor biológico o un río se cruzan con un corredor vial, la solución toma una de dos formas: el corredor pasa por encima y la vía por debajo, o viceversa. El viaducto sobre la ciénaga de la Virgen en Cartagena es un ejemplo de ello.

Dicho esto, es fundamental retomar la pregunta expuesta con anterioridad. La respuesta es evidente. No se hace lo uno ni lo otro porque cuando se trata de urbanizar, esta lógica no le conviene a quienes deciden qué hacer con el suelo, es decir, a la Cámara Colombiana de la Construcción.

Esta asociación es un poderoso gremio de urbanizadores para la que es incómodo convivir con un antagonista que pertenece al mundo de la planeación: el ambientalismo. Este último empezó a fraguarse con la ley 99 de 1993 y la creación del Sistema Nacional Ambiental (SINA). Pese a los anteriores contrapesos, Camacol sabe que en este tipo de lidias el transcurso de veinte años es algo normal.

En el 2000, después de muchos años de espera, el gremio estuvo a punto de alcanzar un gran objetivo gracias a un alcalde vestido con su uniforme. Sin embargo, la reserva Van Der Hammen se puso en su camino. En el 2000, Torca y Camacol creyeron tener el triunfo en las manos, pero esta meta solo revivió en 2017, con el regreso del mismo mandatario al poder.

Camacol está configurado para pensar en metros cuadrados de construcción y no en corredores biológicos, campos agrícolas o grandes avenidas. Atravesar la reserva es una forma de llevar a cabo el lema “más rápido, más fuerte, más alto”, que adaptado a ámbito inmobiliario podría leerse “más alto, más grande, más enajenable, más privado y más poder”.

En este punto estamos hablando del “poder territorial” del que habla Orlando Fals Borda y de la necesidad del gremio por mantener un derecho histórico sobre el uso del suelo, en el cual la tradición, la costumbre, la creencia, la voluntad y el poder se confunden en una misma cosa.

Construir o no construir  

Lo que debería sorprendernos es la asociación de la CAR, el Distrito y Camacol. Por un lado, la postura de la CAR y el Distrito debería escandalizar a toda la población, pues se tratan de instituciones que velan por los intereses de la ciudadanía y que ahora están poniendo en riesgo la oportunidad excepcional de tener un corredor biológico en la zona.

Una solución adornada con adjetivos como ecológica, sostenible, responsable, verde, social y amigable tiende a ignorar la importancia de cuidadosos trabajos de ingeniería y diseño del paisaje. De esta manera, ponen a la ciudadanía a decidir entre una reserva forestal que no tiene árboles y unos pobres niños desesperados en el trancón.

Vale la pena destacar la pasividad de quienes se supone que somos expertos en estos temas. En este caso, sorprende la facilidad con la que la que hemos quedado atrapados en el laberinto del metro cuadrado, el sistema constructivo, el cierre financiero, la seguridad, la edificabilidad, el futuro de Bogotá y demás parámetros con los que se rige la producción actual de ciudad.

Para salir del laberinto intentemos pensar un dilema más atractivo como la variación que plantea Richard Sennett al dilema de Hamlet: ser o no ser. Pensando colectivamente, Sennett transforma la famosa pregunta en construir o no construir, lo que significa: ¿dónde construir y dónde no construir? O ¿dónde urbanizar y dónde no urbanizar? (es diferente a no urbanizar, a secas).

Las áreas no construidas cumplen una función metabólica esencial para el funcionamiento de un territorio; además, posibilitan una mejor urbanización. Proyectar la existencia de un bosque que actúe como corredor biológico, lo mismo que planificar una zona de cultivo o una autopista, no significa la prohibición de la construcción, sino planearla. Al final, se trata de elegir ante quiénes se va a comparecer: si ante los demonios o ante los ángeles.

Una tradición cultural nociva

Lagos de Torca sería una mejor urbanización al lado de un corredor biológico. No obstante, ni a Torca ni a Camacol les interesa esta posibilidad. No les basta las 1800 hectáreas que ya tienen, porque desean todo lo que abarque su ambiciosa mirada.

Pensando colectivamente, Sennett transforma la famosa pregunta en construir o no construir, lo que significa: ¿dónde construir y dónde no construir? O ¿dónde urbanizar y dónde no urbanizar? (es diferente a no urbanizar, a secas).

Esta situación es el resultado de una tradición cultural que entiende el crecimiento urbano como la anexión de suelos a diestra y siniestra, lo cual, desconoce que la urbanización es un fenómeno complejo que requiere de la ayuda de entidades como Camacol para producir metros cuadrados de buena calidad.

También, la situación puede complejizarse al momento de definir dónde se debe construir. Este dilema debería estar en manos de una entidad con la capacidad de ver hacia atrás y adelante en cuestiones obvias y no tan obvias como:

  1. que los lugares en los que hoy vivimos, con mayor o menor comodidad, en algún momento fueron, sin excepción, bosques o potreros;
  2. que donde hoy hay 10 millones de personas, hace un siglo había menos de 1 millón, y que nadie sabe con certeza si dentro de un siglo habrá 2 o 20 millones;
  3. que la Sabana no es “de” Bogotá, y en consecuencia de los bogotanos; sino que la Sabana es “del” río Bogotá, y en consecuencia de los sabaneros;
  4. que los corredores biológicos, al igual que la planeación de la urbanización, no son fundamentalismos sino fundamentales para el futuro;
  5. que la Sabana del río Bogotá necesita un corredor biológico y que sería mejor si fuera más generoso que el propuesto, ojalá desde los cerros orientales a los occidentales;
  6. que la planeación de la Boyacá es una oportunidad para planificar una línea circular de Metro entre las estaciones Yomasa y Van Der Hammen, enlazando la Caracas y la Boyacá;
  7. que el futuro de Bogotá, paradójicamente, está en manos de los alcaldes vecinos, por mucho que los alcaldes de la capital se sientan los dueños del mundo durante cuatro años;
  8. que la Sabana necesita un plan regional que ordene un único territorio geográfico, cuyo primer objetivo es resolver el dilema ¿dónde urbanizar y dónde no urbanizar?

Artículos Relacionados

8 Comentarios

Angie Catalina Ramirez Zambrano octubre 22, 2023 - 11:15 pm

Es importante plantearse estos dilemas, y de igual manera buscar una solución que beneficie el desarrollo socioambiental que abarca esta problemática. Muchas veces se pone el beneficio propio antes que el común y esto nos ha llevado a tener un avance caótico en la urbanización, por eso es común encontrar carreteras y vías que no suplen la capacidad requerida para las personas que hacen uso de ellas, y se dispone de la naturaleza para arreglar ese afán desordenado por el crecimiento.
Sin duda tener un orden basándose en estudios detallados de las zonas nos daría un enfoque practico en donde y hacia donde impulsar el crecimiento de una ciudad que crezca uniformemente, encontrando un balance para el desarrollo.

Responder
Andrés Felipe Mora Rodriguez octubre 22, 2023 - 11:27 pm

Situaciones como la tratada en esta noticia me entristecen, mientras yo hago pequeñas cosas para tratar de reducir mi impacto sobre el ambiente hay otros que sin pensarlo o sin un motivo le hacen mucho daño y en este caso como hay dinero involucrado hay un motivo por el cual generar una afectación ambiental, como si estuvieran cegados por el dinero, ni que se fueran a convertir en las personas más ricas del mundo por ese proyecto, es una enfrentacion qué parece no tener fin, eso es triste.

Responder
Juanita Gonzalez octubre 23, 2023 - 10:43 pm

Como residente en Bogotá, me preocupa el proyecto Lagos de Torca y la extensión de la avenida Boyacá que amenazan la Reserva Van der Hammen. No solo la propuesta de este consorcio disfraza el daño que causaría llamándolo «sustracción» si no que la vía de 70 de metros y los túneles que se proponen no compensarían la problemática causada en este ecosistema. El no tener consideración de esta reserva deja que situaciones como estas sucedan sin la debida planificación, priorizando la urbanización sobre la preservación ambiental.

Solo espero que haya una reconsideración del peligro que representa el proyecto y busquen las alternativas que permitan el desarrollo de esta ciudad sin comprometer la integridad de los espacios naturales que ya son escasos en Bogotá.

Responder
Anónimo octubre 26, 2023 - 10:21 am

Es fundamental encontrar un equilibrio entre el desarrollo urbano y la conservación del medio ambiente. En este caso, es crucial considerar alternativas que no impliquen la fragmentación de corredores biológicos. La planificación urbana debe ser cuidadosa y sostenible, tomando en cuenta la importancia de mantener áreas verdes y espacios naturales en medio de un entorno urbano en crecimiento. Es evidente que la construcción de una vía de 70 metros de ancho, va a generar una fragmentación de la reserva. La utilización de eufemismos por parte de los promotores del proyecto parece una estrategia para minimizar la magnitud de su impacto pero parece una estrategia muy factible.

Responder
Sebastian Agudelo octubre 26, 2023 - 10:21 am

Es fundamental encontrar un equilibrio entre el desarrollo urbano y la conservación del medio ambiente. En este caso, es crucial considerar alternativas que no impliquen la fragmentación de corredores biológicos. La planificación urbana debe ser cuidadosa y sostenible, tomando en cuenta la importancia de mantener áreas verdes y espacios naturales en medio de un entorno urbano en crecimiento. Es evidente que la construcción de una vía de 70 metros de ancho, va a generar una fragmentación de la reserva. La utilización de eufemismos por parte de los promotores del proyecto parece una estrategia para minimizar la magnitud de su impacto pero parece una estrategia muy factible.

Responder
María cuenca octubre 28, 2023 - 10:26 am

Es triste leer este tipo de noticias que afectan importante humedales o parques naturales, dónde viven una gran variedad de animales, solo para el beneficio de movilidad de algunas personas, pero como bien sabemos muchas veces, importa más el dinero que la propia fauna y flora que nuestro país tiene, podemos ampliar más nuestros espacios en sociedad, pero a qué costo?. Solo deberías de preguntarnos, que otras alternativas tenemos de ampliar las carreteras y ciudades, sin afectar nuestro ecosistema.

Responder
Sara Giraldo octubre 29, 2023 - 2:42 pm

Encontrar un equilibrio cuando se habla de la urbanización no es fácil, esto debido a que entran en juego diversos factores como los son los sociales, económicos, ambientales, entre otros. Siendo estos pilares fundamentales para estudiar y posteriormente identificar las zonas que son viables para la urbanización y de esta manera ejecutar propuestas adecuadas al territorio; para así no tener grandes faltas al medio ambiente ni la biodiversidad presente en distintas zonas rurales.

Responder
Anónimo octubre 29, 2023 - 6:40 pm

El artículo plantea de manera elocuente la importancia de una planificación cuidadosa del territorio en proyectos urbanos de gran envergadura como Lagos de Torca y la extensión de la Avenida Boyacá. Se destaca acertadamente el uso de eufemismos por parte del consorcio para minimizar el impacto ambiental, lo cual es una estrategia cuestionable y engañosa.

La exposición detallada de la historia del megaproyecto es muy esclarecedora y pone de manifiesto la falta de consideración hacia la reserva Van der Hammen desde sus inicios. La omisión del mandato del Ministerio del Medio Ambiente en el año 2000 y la exclusión de las 5 mil hectáreas de la Zona Norte del POT son errores graves que han tenido repercusiones importantes en el desarrollo del proyecto.

Se critica acertadamente la postura de la CAR, el Distrito y Camacol al formar un consorcio que busca atravesar el corredor biológico. Es alarmante ver cómo instituciones que deberían velar por el interés público están poniendo en riesgo un activo ambiental tan valioso.

La propuesta de replantear el dilema de construir o no construir es muy acertada. Se resalta con claridad la importancia de considerar dónde es adecuado urbanizar y dónde no, reconociendo el valor de las áreas no construidas para el equilibrio del territorio.

En última instancia, se hace un llamado a una planificación más holística y regional, lo cual es fundamental para abordar los desafíos urbanos de manera sostenible y responsable. El artículo proporciona una perspectiva valiosa sobre la necesidad de considerar tanto el desarrollo urbano como la preservación del entorno natural.

Sin embargo, sería enriquecedor profundizar en posibles soluciones o alternativas que permitan conciliar el desarrollo urbano con la conservación del medio ambiente, así como abordar posibles implicaciones sociales y económicas.

Responder

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies