Lagos de Torca: ¿desarrollo o destrucción ambiental para Bogotá?
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Lagos de Torca: ¿desarrollo o destrucción ambiental para Bogotá?

Escrito por Liliana Castaneda

El proyecto Lagos de Torca que prolongará la avenida Boyacá fragmentará aún más la Reserva van der Hammen. La ciudadanía debe participar para que el daño ambiental no sea irreversible.

Liliana Castañeda Morales*

Un tesoro en peligro

La veeduría ciudadana por la protección de la Reserva Regional Productora del Norte de Bogotá “Thomas van der Hammen” alertó hace unos días sobre la intención de la CAR Cundinamarca de tramitar la sustracción de aproximadamente 20 hectáreas para la prolongación de la avenida Boyacá.

Esto en el marco del gran proyecto urbano “Lagos de Torca”, un gigantesco plan de urbanización del borde norte de la ciudad. La construcción de una nueva vía causaría un daño ambiental que no podemos darnos el lujo de ignorar.

La reserva

Ubicada en el borde norte de Bogotá, entre las localidades de Suba y Usaquén, la Reserva “Thomas van der Hammen” cuenta con un área aproximada de 1.400 hectáreas (similar al tamaño de la localidad de Teusaquillo) y constituye un corredor de conectividad fundamental para la estructura ecológica principal del centro del país.

Asimismo, funciona como reguladora del ciclo hídrico de la región, amortiguando los efectos del cambio climático, y alberga una biodiversidad que en algunos casos no se encuentra en ninguna otra parte del mundo. Además, la Reserva tiene un papel importantísimo como barrera a la conurbación con municipios de la Sabana Norte, en consecuencia, en la reducción de la huella urbana.

Hoy esta área de protección ambiental tiene un reconocimiento, fuera de toda duda, por parte de las autoridades distritales y regionales.

Un largo camino

Pero no siempre fue así. Su declaratoria como área protegida, así como la expedición del Plan de Manejo Ambiental y la asignación de recursos para su consolidación han sido producto de luchas ciudadanas, concertación, decisiones judiciales y derrotas de políticos apoyados por el sector constructor e inmobiliario.

Asimismo, funciona como reguladora del ciclo hídrico de la región, amortiguando los efectos del cambio climático, y alberga una biodiversidad que en algunos casos no se encuentra en ninguna otra parte del mundo. Además, la Reserva tiene un papel importantísimo como barrera a la conurbación con municipios de la Sabana Norte, en consecuencia, en la reducción de la huella urbana.

Es importante traer este recuento de los hechos a la memoria colectiva de la capital porque la Reserva durante años ha estado en un lugar central del debate ambiental de Bogotá.

La entonces candidata Claudia López suscribió el Compromiso Ambiental por Bogotá, un mecanismo mediante el cual más de 30 organizaciones ambientales de la ciudad quisieron que todas y todos los candidatos en 2019 asumieran como propia la agenda de protección de ecosistemas estratégicos de la capital.

Respecto de la van der Hammen, López se comprometió a ejecutar el Plan de Manejo Ambiental de la Reserva, a frenar todo intento de urbanización empezado por la administración Peñalosa y a “buscar una alternativa para asegurar la conectividad ecológica en la porción de 86 hectáreas localizada en el corredor de la autopista, entre las reservas forestales de los Cerros Orientales y Thomas van der Hammen (…)”.

Lo que falta

La van der Hammen es una prioridad ambiental tanto en el Plan de Desarrollo como en el Plan de Ordenamiento Territorial, con acciones como la  suscripción de 10 acuerdos de conservación entre la Secretaría Distrital de Ambiente y propietarios de predios dentro de la Reserva, así como la restauración del Bosque Las Mercedes.

Sin embargo, esta área de protección ambiental enfrenta dos riesgos a su integridad que nos mantienen en alerta, ambos relacionados con Ciudad Lagos de Torca.

  • El primero es la disputa legal no resuelta sobre el corredor de 86 hectáreas de conexión ambiental en inmediaciones de la autopista norte entre las calles 222 a 235 (AP-2), que desde el año 2000 tiene vocación ecológica y un ancho mínimo de 800 metros, por mandato del Ministerio de Ambiente. La administración Peñalosa intentó incluir estos terrenos en un plan parcial de Ciudad Lagos de Torca con usos de suelo industriales, residenciales y comerciales.

Aunque la acción de nulidad interpuesta por la concejala María Fernanda Rojas contra el proyecto Lagos de Torca sigue viva en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, hoy no hay decisión judicial de fondo en este asunto.

Además, la administración distrital no ha tenido un papel activo para defender esta área, que es la más angosta de todo el corredor estratégico de conectividad ecológica del borde norte, a pesar de no ser parte formal de la Reserva.

  • El segundo riesgo es la posible sustracción de 20 hectáreas para la prolongación de la avenida Boyacá (Low Murtra), que pretendió hacerse en un primer momento sin tramitar ningún permiso especial, pero que, tras denuncias de la veeduría de la Van der Hammen y  pronunciamiento de la CAR como autoridad ambiental competente, ahora debe contar con una licencia ambiental previa.

Aunque la sustracción no involucraría un área protegida muy grande, esta nueva avenida endurecería parte de una de las zonas más angostas de la Reserva, que está destinada a procesos de restauración, según la norma ambiental vigente.

Dicha obra significaría una fragmentación grave de este corredor ecológico, que se sumaría a los fraccionamientos ya existentes por la existencia de la Carrera Séptima; la Carrera 9, con corredor férreo en el mediano plazo; la Autopista Norte, que está en proceso de ampliación y ya corta el humedal Torca-Guaymaral; y la vía Suba-Cota, cuya ampliación se encuentra desde 2014 en el Plan de Manejo Ambiental de la Reserva, con lineamientos de sostenibilidad.

Los ciudadanos y ciudadanas importan

Hoy no existe certeza sobre si la decisión tomada por la administración distrital respecto de la Boyacá es la más conveniente para la Reserva Thomas van der Hammen, pues no se realizó ningún diagnóstico ambiental de alternativas antes ni después de solicitar la licencia en marzo de 2021.

Ante la posibilidad de la fragmentación de este corredor de conexión ecosistémica, la Veeduría de la Van der Hammen ha solicitado actuar como tercera interviniente en el proceso, y sus integrantes radicamos en días pasados más de 100 firmas para realizar una audiencia pública ambiental en el marco del trámite de licenciamiento y sustracción, sin que las voces ciudadanas hayan sido atendidas en debida forma.

Aunque la sustracción no involucraría un área protegida muy grande, esta nueva avenida endurecería parte de una de las zonas más angostas de la Reserva, que está destinada a procesos de restauración, según la norma ambiental vigente.

Foto: Facebook: Soy Mafe Rojas - Aunque sigue viva la acción de nulidad interpuesta por la concejala María Fernanda Rojas, no hay una decisión judicial de fondo sobre el asunto.

Ante la noticia de que el Consejo Directivo de la CAR tramitaría la sustracción a favor del fideicomiso Lagos de Torca este martes 21 de marzo, hubo que recurrir a una acción de tutela para exigir que se atiendan las exigencias hechas por la ciudadanía.

El juzgado encargado ordenó detener provisionalmente la discusión de la sustracción hasta que haya fallo de tutela de fondo, para lo cual se ha dado un plazo máximo de 10 días hábiles, que expira el próximo 3 de abril.

Mientras conocemos la decisión es necesario recordar la necesidad de apropiación colectiva de la Reserva por parte de todas y todos los bogotanos. Desde distintos lugares se han hecho enormes esfuerzos para defenderla, darle vida jurídica y potenciar su valor ecosistémico.

Valga la oportunidad para hacer de nuevo un llamado ciudadano a entender que la protección de la Van der Hammen no riñe con el desarrollo de Bogotá, sino que es condición para el mismo. De ella depende en buena parte el futuro del aire y los acuíferos de la región y, por eso, su existencia es una determinante del ordenamiento territorial de la ciudad.

Entender que todo proyecto urbano debe adecuarse a las condiciones del entorno natural es lo mínimo que exigimos como ciudadanía después de salvar a la Reserva de las intenciones de la pasada administración. La participación democrática no es accesoria en este ni en ningún caso.

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