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La voz negra de la literatura colombiana

Escrito por Mateo Quintreo
ManuelOlivella

La pandemia ha opacado la celebración del Año Manuel Zapata Olivella. El mejor homenaje es recordarlo y leer su obra.

Mateo Quintero*

¡Levántate mulato! Los primeros años

Nacido hace cien años en Córdoba, pero criado en Cartagena, el joven Manuel Zapata Olivella de veinte años, se trasladó a la fría Bogotá para cursar estudios de Medicina en la Universidad Nacional. Sin embargo, el futuro médico también se interesó por la escritura. Alfonso Múnera, estudioso de su obra, afirma que ya desde ese entonces publicaba artículos en periódicos y revistas sobre temas de folklore y cultura colombiana

Desde siempre lo inquietaron los asuntos que tenían que ver con su raza y con su geografía. Zapata creció influenciado, sobre todo, por sus raíces y por su historia familiar. Fue hijo del matrimonio de Antonio María Zapata Vázquez, un mulato e intelectual autodidacta que se había trasladado de Lorica a Cartagena para refundar su colegio La Fraternidad, y Edelmira Olivella, una mestiza, de raíces zenú y españolas.

Dos aspectos de su formación atravesaron su vida, obra y accionar político: las ideas liberales y humanistas de su padre y la conciencia étnica que tuvo gracias a su madre.

Él mismo lo confirmó en su autobiografía Levántate mulato: por mi raza hablará el espíritu (1990): «En mi familia todos los abuelos habían nacido engendrados en el vientre de mujer india o negra. Mis padres, mis hermanos, mis primos llevamos el pelambre indígena, los ojos azules o el cuerpo chamuscado con el sol africano».

Sin embargo, los años de Bogotá lo marcaron muchísimo. Allí conoció de primera mano las particularidades de la capital y comprendió el centralismo en el que se hallaba inmerso el país. También allí supo que debía luchar por los derechos de las negritudes y en contra del racismo, tarea que no abandonó nunca en su vida. El mulato se levantaba.

Esa consciencia sobre el centro y la periferia lo llevó a escribir una de sus primeras novelas, La calle 10 (1960), en la cual Zapata Olivella demostró dos aspectos importantes como autor: el primero, compromiso social y político, y el segundo, originalidad. Esta novela recoge temas del denominado periodo de La Violencia, pasados por una visión creadora negra y Caribe.

Tal vez esa sea toda la empresa poética de Zapata: revisar la cultura y la historia colombiana desde otras maneras de ver y entender el mundo. Su destino será una postura estética, pero también política.

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Los grandes pasos de Zapata Olivella

Pero antes de escribir esa novela habían pasado varias cosas en su vida. Para aprender, el joven Manuel tenía que viajar; abandonó la carrera de medicina en Bogotá y se dedicó a viajar. Entre 1943 y 1947, tras conocer distintos lugares de Colombia y América, comenzó su carrera como novelista y continuó con sus colaboraciones periodísticas sobre temas de folklore y cultura popular. Su novela Tierra mojada (1947) fue elogiada y prologada por el peruano Ciro Alegría.

Producto de esos viajes, Manuel escribió Pasión vagabunda (1949) y otras dos obras inéditas, las cuales pueden considerarse “comprometidas”, teniendo en cuenta los debates de la época. Son textos con alto contenido político y social que dan cuenta de sus reflexiones y posturas sobre la discriminación racial en los Estados Unidos.

Cada vez más interesado por la cultura afro, Zapata decidió convertirse en investigador y dio un giro hacia la academia. En Estados Unidos y Canadá realizó investigaciones etnográficas y antropológicas sobre la cultura negra alrededor del mundo. También promovió el primer Congreso de la Cultura Colombiana y la Junta Nacional del Folclor. En 1965 fundó la revista Letras Nacionales, que circuló durante veinte años y permitió un espacio para que autores jóvenes de la época expusieran sus obras a la crítica.

Biblored homenaje

Foto: Biblored
El homenaje debería hacerse todos los años.

Luchar por los derechos de las negritudes y en contra del racismo

Zapata Olivella iba perfilándose como un embajador de la cultura afro alrededor del mundo, desde la literatura, la academia y el activismo político. Esto le proporcionó nuevas amistades por todo el mundo y otros reconocimientos que le darían otros giros a su vida y a su obra. Debido a ese prestigio internacional, Zapata Olivella fue invitado a Senegal, de la mano del presidente Léopold Sédar Senghor, al Diálogo de la Negritud y la América Latina.

Este encuentro fue muy significativo para la obra de Zapata porque pudo pisar la tierra de sus ancestros. Junto con el profesor Francois Bogliolo, recorrió las tierras de Senegal y de Gambia. Allí comprendió que su tierra natal no era un lugar geográfico, sino su raza, el pasado y la memoria de sus antepasados: el color de su piel.

Más adelante, conoció las aldeas de las etnias Diola y Serer. Esta segunda visita fue clave porque entendió que bajo su sangre no fluía ninguna sangre de esclavos. A pesar de lo que dice la historia, la esclavitud no es el único pasado de las poblaciones africanas. Por lo tanto, la raza negra no tenía razón para saberse heredera de la esclavitud.

La otra experiencia ocurrió cuando estaba próximo a abandonar Senegal, como lo cuenta Darío Henao Restrepo en su introducción a Changó, el gran putas (1983). Antes de volver a América, el escritor le pidió al presidente Sedar Senghor que le permitiese visitar la Isla de Gorée, de donde habían salido los barcos con esclavos negros hacia América en los tiempos de la colonia.

Ya en la isla, Zapata decidió visitar la fortaleza esclavista de otros tiempos, donde -en siglos pasados- dormían los esclavos antes de partir a América. Pasó la noche allí, desnudo. Y sintió un ímpetu creativo que le permitió regresar con nuevas ideas y proyectos. Esas reflexiones producidas en el viaje le permitieron terminar su obra magna, Changó, el gran putas, que está a la altura de otros grandes logros de la literatura latinoamericana del siglo XX, según varios críticos.

Zapata, ya siendo un novelista consagrado, continuó con sus empresas políticas y culturales. Creó la Fundación Colombiana de Investigaciones Folclóricas; fue co-fundador del Centro de estudios Afro-colombianos y organizó la Primera Semana de Cultura Negra en la Biblioteca Nacional.

Dedicó sus últimos años de vida a la investigación, a la promoción cultural y al activismo político. Hasta el 2004, año de su muerte, su raza nunca dejó de hablar por su espíritu. Sus cenizas descansan para siempre en el río Sinú.

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 No son suficientes homenajes

El “Año Zapata Olivella” peligra, pues la pandemia que azota al mundo suspendió las actividades culturales que se tenían planeadas para homenajear al escritor cordobés. Charlas, congresos y eventos a lo largo y ancho del país quedaron en veremos.

Centenario de Manuel Olivella

Foto: Alcaldía de Bogotá
Manuel Zapata Olivella, el mulato que se levantó.

Zapata Olivella iba perfilándose como un embajador de la cultura afro alrededor del mundo

Por otro lado, no habría que impulsar la obra de Zapata Olivella solo en un año específico, sino establecer programas culturales que permitan que su vida y su obra sigan difundiéndose en el país. Tal y como Zapata lo soñó.

Muchos de sus textos son difíciles de conseguir y, la mayoría, son ediciones viejas. Pese a que algunos de sus textos son de acceso público virtual, habría que hacer esfuerzos por reeditar sus obras. Por ejemplo, El hombre colombiano (1974) y Chambacú, corral de negros (1967) son obras esenciales para el pensamiento colombiano y para acercarse a la literatura nacional desde sus fragmentaciones geográficas e históricas.

Zapata Olivella hace parte de una tradición literaria afrocolombiana, alimentada por Arnoldo Palacios, Jorge Artel, Candelario Obeso, Óscar Collazos, entre otros. Urge recordar a estos autores y acudir a ellos para repensar el país y su literatura desde otras geografías y cosmogonías. El mejor homenaje hacia un autor es leer su obra.

*Escritor y periodista. @mateoquintero77

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1 Comentario

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Jorge Lozano abril 29, 2020 - 3:13 pm

Excelente recordar a un colombiano de trabajo y letras . Que conozcan los chocoanos por ejemplo :ese gobernador de Chocó, que se robó una gran parte de la ayuda para mercados populares en esta pandemia ¡Horror! con el puerto de Buenaventura que es un pudridero para los nativos pero mina de oro para avivatos de otros sitios geográficos.

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