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¿Cuál es la verdad de la comisión?

Escrito por Juan Fernando Mejia
Comisión de la verdad colombia

Ante la publicación del informe de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, y la posesión del nuevo gobierno, una lectura de la verdad como interpelación y acontecimiento.

Juan Fernando Mejía*

La verdad de la Comisión

El informe de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) llega cuando el país se debate entre la esperanza y el recelo por el comienzo de un nuevo gobierno.

La propuesta de enseñar este informe en los colegios despertó una discusión sobre la conveniencia de que este sea un asunto primordial, y que sea material de trabajo en los planteles oficiales. Entonces, la posibilidad de que maestros, estudiantes y comunidad educativa conozcan y encuentren formas de asumir los contenidos del informe, no emociona a todo el mundo.

En esa polémica aparecen objeciones al trabajo de la Comisión desde el comienzo de sus labores. Varios sectores políticos y de opinión se preguntan por la posibilidad y la validez de una verdad sobre el conflicto armado colombiano:

  • Por un lado, el informe de la CEV está influenciado por las consignas del gobierno que comienza. Esto favorece al informe, pues contará con un decidido apoyo institucional del gobierno.
  • Por otro lado, esta solidaridad es una razón para los críticos que afirman que el informe, y el trabajo de la CEV, promueven una narrativa que no corresponde a la verdad del conflicto en opinión de otros muchos colombianos.

El sentido de “la verdad” en el trabajo de la CEV debe verse bajo el lente de su misión, y del trabajo que realizó en estos años para cumplirla.

Hay que comprender que no se trata de una verdad forense. Lo que dice el informe no constituye un expediente a partir del cual ningún ciudadano pueda ser juzgado.

El trabajo de la CEV es iluminado por el testimonio de las víctimas y por investigación histórica. De modo que no se compromete con la defensa de un sector político. Por el contrario, ofrece elementos para la reflexión y la convivencia, pues busca contribuir a la no repetición de las violencias del conflicto.

La verdad que la Comisión quiere esclarecer proviene de un profundo cuestionamiento ético del país, la sociedad y los ciudadanos. Por ello, la verdad con la que trabaja la Comisión es una interpelación y un acontecimiento.

Actos de reconocimiento

La verdad que la CEV se ha comprometido a esclarecer comprende la historia del conflicto armado que asoló a Colombia desde mediados del siglo XX, hasta la firma del Acuerdo de Paz y que aún continúa.

Las fuentes de esta verdad son múltiples, diversas y heterogéneas. Los testimonios de las víctimas de violencia son, por mandato, el eje del trabajo de la comisión de la verdad. Estos testimonios no son enunciados simples sobre hechos. Los testimonios deben comprenderse como actos, es decir, son realizaciones que requieren condiciones concretas para su expresión.

La verdad ocurre en los testimonios de las víctimas y en las declaraciones de los perpetradores.

La verdad como acontecimiento también es una interpelación. Nos señala. Nos pide las razones tanto de nuestro comportamiento como de nuestra inacción. A nosotros: la nación, las instituciones, y la ciudadanía.

La verdad se construye con los aportes de los que hablan, y de quienes escuchan activa y receptivamente. Por eso mismo, la verdad es un proceso abierto que necesita diálogo para desplegarse, complementarse, y matizarse.

Ahora bien, la escucha no es simple ni inmediata: se construye al convocar e invitar, y depende de la respuesta a esa invitación.

Víctimas de todo el país fueron convocados y respondieron a esa invitación. Ellos acudieron a las Casas de la Verdad, ofrecieron sus testimonios en distintos espacios, y aportaron todo tipo de documentos a los archivos de la comisión.

Fueron escuchadas las voces de quienes más sufrieron la violencia en la historia del conflicto en Colombia: los civiles no combatientes. Estos son en su mayoría campesinos, población rural, en un alto porcentaje indígenas, afrocolombianos, palanqueros, raizales, y rom.

Esto quiere decir que, una parte esencial del esclarecimiento de la verdad, consiste en crear las condiciones para que los miembros más vulnerables de la sociedad sean escuchados.

Comisión de la verdad colombia
Foto: Facebook: Comisión de la verdad - El informe de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) llega cuando el país se debate entre las esperanzas y las reservas que genera el inicio del nuevo gobierno.

La verdad dignifica

Las víctimas no solo describieron las injusticias que sufrieron por años. En los testimonios hablan el dolor, la ausencia y la herida, de donde surge una pregunta esencial: ¿por qué?

La Comisión registra los testimonios, los analiza, y clama: ¿cómo pudimos dejar que esto ocurriera?, ¿cómo dejamos que continuara por tantos años?

La verdad que las víctimas presentan en sus testimonios siempre ha estado, pero no fue admitida por décadas. La verdad está a la espera de ocurrir para todos y de forma rotunda. El esclarecimiento de la verdad es el proceso por el cual estos hechos se asumen no solo como reales, sino como graves, difíciles y dignos de esclarecimiento.

La verdad como acontecimiento también es una interpelación. Nos señala. Nos pide las razones tanto de nuestro comportamiento como de nuestra inacción. A nosotros: la nación, las instituciones, y la ciudadanía.

El trabajo de la Comisión aspira que la sociedad colombiana se haga cargo este cuestionamiento. Estamos llamados a escuchar, reconocer, y responder por nuestro silencio. Para ello, el informe debe ser socializado, comprendido, apropiado y discutido por los ciudadanos. El trabajo de los establecimientos educativos con el informe es un paso hacia el dialogo. Un paso más cerca a la verdad que hemos postergado por décadas.

Esta es la verdad de la comisión

Colombia no se comporta como un país que ha escuchado, ni se comporta como aquellos que saben que algo importante ha ocurrido.

Los colombianos hemos permanecido inmóviles ante las atrocidades que se repitieron por décadas. Entonces, las violencias ocurrían, pero no se contaban ni se asumían como reales.  El conflicto fue y ha sido negado por sectores enteros de la sociedad. Aun cuando estas violencias fueron registradas, contabilizadas e interpretadas, se fueron adaptando a la narrativa de Colombia, a pesar de su crueldad.

Necesitamos varias discusiones para pasar del conocimiento naturalizado de la violencia, al reconocimiento sensible del sufrimiento de las víctimas. Es necesario que la verdad no solo sea sabida o registrada, sino que sea cuerpo, afecto, y que acontezca social y políticamente.

La verdad se manifiesta en el cuerpo, es decir, como testimonio y experiencia, o como pedido de escucha y reconocimiento. Esta escucha no es pasividad receptiva, tampoco un silencio formal, sino una participación afectiva en lo que el otro me cuenta.

El deber de la escucha es fuente de otras obligaciones morales, pues los hechos y las heridas no son noticias, sino llamados a acompañar y reconocer al otro. De allí puede partir una conversación, una voluntad de protección o cuidado, o, por lo menos, una necesidad de respeto y tolerancia.

Verdad y educación en Colombia

Si estos actos de escucha y comprensión se realizan en los espacios educativos, se desencadenarán positivamente en las siguientes generaciones de ciudadanos. A ellos atañe la tarea y la posibilidad de construir un futuro común en el que todos participen, y en el que sus interacciones políticas no estén medidas por las armas, la violencia y el deseo de eliminación del otro.

El antagonista podrá dejar de ser enemigo para ser conciudadano digno de escucha.

El informe promueve un acontecimiento colectivo de enunciación en el que se mueven afectos y saberes. Sacar el debate de la noción de una verdad explica la verdad diferida, y la paz postergada. La historia del conflicto crea una disputa sobre la historia que se comprende y se cuenta, así como la que se discute y la que se acepta.

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