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La vejez no es como la pintan

Escrito por Ángela Jaramillo
Angela Jaramillo

Es hora de corregir los prejuicios sobre la vejez y diseñar políticas más justas.

Ángela Jaramillo*

Los viejos no son iguales

El significado que se otorga a la vejez varía con la cultura y con la historia. Hoy en Colombia asociamos la vejez con situaciones negativas, como la enfermedad, la dependencia y la inactividad. La vemos como una etapa indeseable a la cual llegamos porque “no hay más remedio”.

Pero esa interpretación negativa distorsiona la realidad de la vejez en Colombia, pues los avances sanitarios, médicos, educativos, alimenticios y habitacionales que tuvieron lugar en el siglo XX mejoraron considerablemente las condiciones físicas, económicas y sociales de la población en general y de los adultos mayores en especial.

Sin embargo, la distribución de estos avances ha sido sumamente desigual, de modo que hoy existen muy distintos tipos de vejez. En algunas ocasiones, los adultos mayores representan una carga para ellos mismos y para sus familiares, pero en otras muchas ocasiones son un soporte económico y emocional para sus familiares y amigos: su aporte es tan importante como el de las personas en edad productiva.

Más todavía, la experiencia y el conocimiento que ha acumulado esta población a lo largo de los años pueden y suelen contribuir de muchas formas al progreso social. Pero para que esta contribución sea efectiva se necesita dejar de un lado los estereotipos para reconocer la heterogeneidad de situaciones y el potencial de numerosos adultos mayores.

Hogares multigeneracionales  

Uno de los principales obstáculos al reconocimiento de esa fuerza social es la manera de analizar y diseñar políticas de población. El análisis por edades divide a los colombianos en las siguientes categorías: niños, jóvenes, adultos y personas mayores, lo cual limita la comprensión de las interacciones entre personas de distintas edades.

Esta clasificación está en la base de los estudios demográficos y las políticas del Estado, es decir, en este caso, de los programas dirigidos a mejorar la calidad de vida de las personas mayores. El asunto es problemático porque en la vida cotidiana los grupos familiares, de estudio y de trabajo están compuestos por personas de distintas edades. Estudiar las relaciones en los hogares intergeneracionales es por eso necesario para entender el problema y diseñar políticas adecuadas.

Los adultos mayores sí aportan  

El censo general de 2018 encontró cerca de seis millones de personas mayores de   60 años, que representan el 13% de la población total y comparten sus viviendas con unos trece millones de niños, jóvenes y adultos.

Lo anterior significa que los hogares con una o más personas viejas representan el 40,9% del total de hogares colombianos, es decir, que más de la tercera parte de la población del país vive con personas de dos o más generaciones diferentes de la suya. Visto de otra manera: los mayores de sesenta conviven en promedio con otras dos personas menores de sesenta y por lo tanto tienen una gran importancia en el orden social.

El 99,3% de los adultos mayores viven en hogares particulares y menos del 1% viven en hogares geriátricos. Esto contradice la idea extendida de que la mayoría de las personas mayores están institucionalizadas.

Según el DANE, para el 2021 el 43,4% de los que viven en hogares particulares lo hacen solos o con otra persona, en tanto que el restante 56,6% vive en hogares de tres o más personas, en su mayoría de distintas edades.

  • El 60,4% de las personas mayores son jefes de hogar, lo cual implica que son fundamentales para la estabilidad económica y emocional de sus familias y, por ende, deberían recibir un reconocimiento simbólico y material.

  • Además, muchos cuidan a sus nietos, el 24,6% trabaja, el 20% tiene una pensión o renta propia, y el 33,6% realiza oficios del hogar que reducen la carga de cuidado de los demás miembros del hogar.
  • El 77,7% de adultos mayores colombianos tienen autonomía física y mental, lo cual les permite desarrollar actividades cotidianas sin ninguna dificultad y apoyar sus entornos sociales. Tan solo el 22,3% tiene limitaciones que requieren atención social e institucional.

Estos datos muestran que los adultos mayores son una población heterogénea que realiza aportes económicos y simbólicos importantes para el resto de la población. Se trata de un grupo que contribuye de manera activa a la reproducción del orden social.

La tasa de dependencia

Dado que el 59,1% de los hogares no tienen personas mayores, es fundamental estudiar la distribución de las dependencias para identificar las cargas sociales y económicas de la vejez y diseñar estrategias que respondan a las necesidades de los adultos mayores.

Las estadísticas muestran que hoy en Colombia hay cerca de cinco personas entre 15 y 59 años por cada persona de 60 años o más. Pero esta cifra se reduce a una persona entre 15 y 59 años por cada persona de 60 años o más, cuando el cálculo se refiere a los hogares donde un adulto mayor convive con personas más jóvenes.

La realidad anterior plantea un desafío importante, porque los adultos mayores en este tipo de hogares suelen tener más cargas que los demás miembros del hogar, especialmente porque muchos se encargan del cuidado de sus hijos y sus nietos. En esos casos habría que preguntar quién cuida a quién.

Foto: Integración social - ¿Quién cuida a quién? ¿Los programas de vejez consideran los aportes sociales y económicos de las personas mayores?

Retos e interrogantes

¿Realmente los programas de vejez tienen en cuenta los aportes económicos y sociales de las personas mayores? ¿Existen estrategias diferenciadas que reconozcan las diversas expresiones de la vejez?

¿El verdadero problema son las personas mayores o es la falta de oportunidades que ofrece la sociedad colombiana para que las personas envejezcan con seguridad económica y bienestar?

Es momento de reconocer los aportes de las personas mayores, modificar la idea que tenemos sobre la vejez y diseñar políticas más justas que permitan que todos y todas tengamos una vida cuando lleguemos a la tercera edad.

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