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La universidad asediada: el dogma por encima de la libertad en Cuba

Escrito por Sergio Ángel y Nicolás Liendo

Sergio AngelNicolas LiendoLa libertad de pensamiento nos interesa a todos, y la experiencia de Cuba muestra que esto no depende únicamente de las universidades.

Sergio Ángel* – Nicolás Liendo**

Duras palabras

Martha del Carmen Mesa, viceministra de Educación Superior, declaro a través de la página web del Ministerio que quien no se sienta activista del Partido Comunista de Cuba (PCC) y no sea defensor de su ideología, moral y convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario.

Estas palabras, pronunciadas por una funcionaria de este nivel, son una amenaza para todos aquellos que decidan adoptar posiciones contrarias al pensamiento oficial en nombre de la libertad de cátedra y la autonomía universitaria.

No se trata de una expresión aislada o de un pensamiento visceral. Es una estrategia anclada en uno de los pilares esenciales del régimen: la máxima enunciada por Fidel Castro en su discurso de 1961 en la Biblioteca Nacional de La Habana: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir”.

El acceso a internet ha hecho visibles muchos problemas del régimen.

Los últimos años en Cuba han estado marcados por cambios en el monopolio informativo, teniendo en cuenta que Granma, el periódico oficial del partido, ha sido desafiado por los nuevos portales y medios alternativos donde el relato se aleja de las versiones oficiales y las críticas al gobierno son el pan de cada día.

Al mismo tiempo, el acceso a internet ha hecho visibles muchos problemas del régimen, dando voz a las nuevas generaciones. Por eso el gobierno de Díaz-Canel ha exacerbado el control y la censura para evitar que esos brotes de “rebeldía” se salgan de control.

En este sentido, las palabras de la viceministra cierran filas en el ámbito universitario y cooptan a todos aquellos que se sientan en la libertad de disentir. Se trata de un mensaje para los inconformes, opositores y disidentes, con el que se afianza el miedo y se refuerza la idea de una universidad dogmática y retardataria.

El caso Omara Ruiz Urquiola

El pasado 29 de julio la profesora Omara Ruiz fue citada por las autoridades del Instituto Superior de Diseño de La Habana (ISDI) para informarle que su contrato como profesora de planta fija iba a ser cancelado y a partir de ese momento pasaría a la modalidad de contrato. Aunque este episodio podría no tener nada de extraordinario, hay, al menos, tres razones por las que puede ser interpretado como una persecución:

  1. Los argumentos para cancelar su contrato son fácilmente rebatibles y da la impresión de que es una excusa para expulsar a una profesora bien evaluada, pero que ha sido opositora del régimen;
  2. Es hermana del biólogo Ariel Ruiz Urquiola, quien fue expulsado del Centro de Investigaciones Marinas de la Universidad de La Habana y luego fue condenado a un año de prisión por desacato a la autoridad.
  3. Ha sufrido episodios anteriores de hostigamiento, entre ellos la visita de profesores a sus clases por instrucciones de los directivos para vigilar lo que decía a los estudiantes.
Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel

Foto: El Kremlin
Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

El mensaje de la viceministra ha sido interpretado como una respuesta a las críticas que ha hecho la profesora a través de las redes sociales y, aunque el ISDI dice que “no se despidió, expulsó, cesó, dejó excedente, dejó disponible, ni ningún sinónimo de ruptura de vínculo laboral definitivo” a ningún profesor, también se puede afirmar que la directiva buscaba deshacerse poco a poco de la profesora hasta desvincularla completamente de la institución. Esta es la conclusión que resulta de lo publicado por el medio alternativo El Estornudo, en el que se cita una fuente que no quiso ser identificada.

Lea en Razón Pública: Cuba y su nueva Constitución: ¿cambiará algo?

Hostigamiento y persecución

El caso de la profesora no es un hecho aislado; es el modus operandi para controlar a la disidencia cubana. Tanto así que la persecución a los académicos ha sido acompañada con la censura y encarcelamiento de artistas y periodistas que han osado cuestionar el statu quo.

En la academia se pueden destacar los casos de los profesores Omar Everleny y Dalila Rodríguez, el primero acusado de indisciplina y actitud irreverente por criticar la lentitud de las reformas económicas durante el gobierno de Raúl Castro. Hecho que llevo a que lo expulsaran del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana en abril de 2016.

La segunda fue expulsada en abril de 2017 de la Universidad Central Martha Abreu de Las Villas por ser considerada una mala influencia para los estudiantes, por sus relaciones con defensores de derechos humanos. En los dos casos los criterios académicos o profesionales fueron secundarios, dando prioridad a los criterios políticos e ideológicos.

Pero también en días recientes el periodista Roberto Jesús Quiñones fue sancionado con un año de prisión por resistirse a la autoridad. Frente al suceso se pronunciaron la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEA), repudiando el hecho.

Pero, quizá uno de los sectores en los que la represión y la censura ha sido más constante y visible es en el arte, debido a que el Decreto 349 del año 2018 en el que se criminalizaba la actividad de los artistas independientes y se dictaban nuevas formas de censura y de vigilancia cultural, llevo a que varios artistas se organizaran para protestar en contra de la medida. Esto llevo a que varias figuras como Tania Bruguera o Luis Manuel Otero fueran encarceladas.

Puede leer: Reducir la libertad de cátedra: ¿es una buena idea?

No es nuevo

Rafael Rojas sostiene en su texto Tumbas sin sosiego que en los primeros años de toda Revolución se da una suerte de hechizo entre intelectuales y políticos, que tiempo después acaba por romperse bruscamente. Se refiere no solo a lo que sucedió en Cuba en 1959, sino también a lo acaecido en Rusia en 1917 y en Francia en 1789.

Y es que no hay regímenes más retrógrados que aquellos instaurados después de una Revolución. Por ello el pensamiento libre y las posturas críticas con el tiempo terminan por volverse incómodas y los otrora amigos acaban perseguidos.

El caso Padilla es tal vez el episodio más emblemático de esos intelectuales que comulgaron con la Revolución, pero que fueron desencantándose hasta volverse incómodos. Después de un recital en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Padilla fue acusado de subversivo y fue encarcelado. Con esto se produjo un cisma en la intelectualidad global y muchos de los que hasta ese momento habían apoyado a la Revolución empezaron a cuestionar su giro estalinista.

Heberto Padilla y Roque Dalton

Foto: Wikipedia
Heberto Padilla y Roque Dalton.

Pero, así como hubo quienes rechazaron el encarcelamiento de Padilla, otros reforzaron su posición en defensa de la Revolución. Tal es el caso de Roberto Fernández Retamar, quien desde la Casa de las Américas y desde su emblemático ensayo Calibán, de 1971, se puso del lado del régimen, abogando por una identidad latinoamericana construida sobre la imagen del subalterno, en su lucha contra el imperialismo.

De este modo, la figura de Calibán sirvió como excusa para identificar a los intelectuales que se encontraban del lado de la Revolución, tachando a los otros de arielistas y, por ende, de imperialistas y publicistas del imperio.

El dogma de la Revolución

La sentencia de la viceministra recuerda que el profesor universitario en Cuba está para reproducir el dogma de la Revolución y no para tener un pensamiento crítico que ponga en duda las decisiones gubernamentales.

En este escenario todo aquel que cuestione el statu quo corre el riesgo de ser expulsado de las aulas, acusado de contrarrevolucionario y peón del imperio siguiendo la retórica de Fernández Retamar.

La universidad es entonces un espacio de reproducción del saber en el que las autoridades controlan los textos, los autores y los profesores. Casi se puede hablar de un espacio propagandístico del partido en el que el pensamiento crítico es una consigna en favor del régimen.

Pero, aun cuando el gobierno de Díaz-Canel refuerce la censura y el hostigamiento de la oposición, la ola de cambio es irrefrenable y las consignas de la libertad seguirán llegando a las nuevas generaciones que no decidieron vivir bajo el yugo de una Revolución que prometió cambios y que hoy no permite la libertad de cátedra y mucho menos la autonomía universitaria.

*Profesor asociado e investigador del Programa Cuba de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda. PhD (C) en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, magíster en Estudios Políticos y estudios de Ciencia Política y Filosofía. @angelsergioa.

**Decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales. Director del Programa Cuba. Candidato a doctor en Ciencia Política de la Universidad de Arizona. Master en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Salamanca. @liendonicolas.

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