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La tregua: verdades a medias y propuesta alternativa

Escrito por Juan Carlos Garzón
Juan Garzon tregua FARC RazonPublica

Juan Garzon tregua FARC RazonPublica

Las cifras frías muestran que la tregua funcionó, pero a medias, y que el gobierno haría bien en adoptar un cese unilateral, selectivo y disuasivo, de sus operaciones  militares. Análisis objetivo y propuesta inteligente, en medio de la polarización y los simplismos.   

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La guerrilla incumplió el cese de hostilidades, pero no en la dimensión que esperaban los más críticos. Lo grave fue que hubo víctimas civiles en varias de estas acciones.
Foto: tribunachilena.blogia.com 

Una tregua útil

Desde el pasado 20 de enero – cuando las FARC dieron por terminada la tregua –  se han difundido diferentes análisis y se ha especulado sobre el (in)cumplimiento del cese al fuego y sobre lo que vendrá de ahora en adelante.

Los opositores y los escépticos frente al actual proceso buscan culpables y argumentos para demostrar que no se llegará a buen puerto. En la otra orilla, quienes le apuestan a la salida negociada suponen que el fracaso de los diálogos intensificaría la confrontación.

En medio de este choque de opiniones, el gobierno se ha mantenido en su posición inicial, dejando la discusión sobre la tregua para la última etapa de los diálogos: aceptar un cese al fuego  en este momento podría conllevar un costo político alto, mostrando al gobierno como permisivo y demasiado generoso con la guerrilla.

A su vez, rechazar la tregua es asumir con todas sus consecuencias el hecho de que el diálogo se produce en medio de la confrontación: es decir, aceptar que la guerra seguirá, y que las FARC seguramente intensificarán sus acciones para ejercer presión en la mesa de conversaciones.

Dado este contexto, el análisis sobre la conveniencia o no del cese al fuego ha estado cargado de verdades a medias, que impiden sacar lecciones de la experiencia de estos dos meses de un cese declarado unilateralmente por la guerrilla: un hecho sin precedentes durante la última década, que obliga a una reflexión más serena y menos especulativa.

Verdades a medias

1.   La guerrilla incumplió el cese de hostilidades.

Cierto, pero no en la dimensión que esperaban los más críticos. Si bien las FARC incurrieron en acciones armadas durante el período anunciado para la tregua, el número de ataques y hostigamientos disminuyó de manera notable – de acuerdo con las distintas contabilidades, entre el 50 y el 80 por ciento, algo en que los analistas, las fuerzas armadas y el gobierno están de acuerdo,

El cese no se cumplió en estricto sentido, pero su violación fue la excepción y no la regla. Lo grave fue que hubo víctimas civiles en varias de estas acciones.

2.   Las Fuerzas Militares mantuvieron la ofensiva contra las FARC a pesar de la tregua.

Verdad, pero con menor intensidad.  De acuerdo con la contabilidad del conflicto que lleva el Centro de Análisis de Conflictos Armados (CERAC), las fuerzas armadas también bajaron el ritmo de la confrontación, al tiempo que se dio un menor número de acciones por parte de las FARC.

En términos generales, la intensidad de las operaciones se mantuvo, especialmente en aquellas regiones donde la guerrilla incumplió el cese, mientras que donde la tregua se acató, la ofensiva oficial fue menos intensa, con algunas excepciones como la ofensiva contra el frente 5 en  Urabá. En otras palabras: el cese también tuvo un efecto de freno relativo en la iniciativa armada del gobierno.

3. El “cumplimiento” del cese muestra que las FARC están cohesionadas.

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Las fuerzas armadas también bajaron el ritmo de la confrontación, al tiempo que se dio un menor número de acciones por parte de las FARC.  
Foto: ejercito.mil.co

De acuerdo, aunque esto no significa que puedan cumplir el cese en todas las regiones donde están presentes. Afirmar que el incumplimiento del cese por parte de algunos frentes es una muestra de la fragmentación de las FARC, aparece como un argumento forzado si se tiene en cuenta que hubo una reducción sustancial de las acciones en los distintos territorios donde operan sus frentes.

La mayoría de estas acciones fueron realizadas por los bloques Sur y Occidental, desplegados en departamentos donde la confrontación ya se expresaba con intensidad en el periodo anterior a la tregua.

Desde esta perspectiva, la violación del cese parece obedecer más a la inercia del enfrentamiento y a la disputa territorial, que a un acto de indisciplina por parte de estos “frentes” o unidades guerrilleras.

4. El cese de hostilidades dio un respiro a las FARC, permitiendo su recuperación y reorganización. 

Ninguna guerrilla se recupera en dos meses. En todo caso las versiones sobre la recuperación de la capacidad ofensiva de las FARC anteceden a la declaración de la tregua.

Según las estadísticas del Ministerio de Defensa, entre enero y octubre de 2012 se produjo un aumento de 53 por ciento en las acciones de la insurgencia, en comparación  con el mismo periodo del año anterior: pasaron de 472 acciones en 2011 a 716 acciones en 2012. Además, los ataques contra la infraestructura aumentaron en un 173 por ciento.

En otras palabras, la tregua navideña no produjo un cambio fundamental en las condiciones del conflicto armado, pero sí pudo llevar a que las acciones contra la infraestructura y contra los civiles se redujeran en forma temporal.

5.   El fin de la tregua traerá consigo una gran ofensiva

No, no habrá una gran ofensiva. El fin de la tregua sencillamente significará la reanudación del conflicto armado, siguiendo la tendencia que venía dándose.

En el último tramo del cese, tanto el Comandante del Ejército como el Comandante de la Policía advirtieron sobre la posibilidad de una escalada terrorista por parte del grupo insurgente. Mientras tanto, el presidente Santos declaró que la fuerza pública estaba lista para responder a la ofensiva.

Las alertas se encendieron tras el decomiso de explosivos, la incautación de armamento y la develación de planes de las FARC para llevar a cabo ataques o atentados– un conjunto de hechos que no son excepcionales en medio de la confrontación armada.

Es cierto, la guerrilla no desaprovechará oportunidad alguna para demostrar que negociar en medio del conflicto tiene un costo e intentará forzar al gobierno a aceptar una tregua bilateral.  Pero que esto no suceda dependerá de las fuerzas estatales.

6.   Hablar en este momento de la tregua entorpecería el proceso y desordenaría la agenda.

Probablemente, pero la intensificación de los ataques también podría propiciar una opinión contraria a la negociación.

Si la población no ve réditos tangibles del diálogo entre el gobierno y la guerrilla, será normal que aumenten la desconfianza y el escepticismo, alentados además por una oposición que ve en el fracaso del actual proceso la oportunidad para reocupar espacios de poder.

Cada vez es más difícil mantenerse en esta realidad paradójica, donde los negociadores dialogan tranquilamente en Cuba, mientras la guerra sigue su curso en Colombia. Una foto de prensa de alguno de los negociadores acompañada del anuncio de que el proceso va por buen camino, mientras el conflicto se recrudece, aparece como contradicciones  difíciles de digerir.

No hay que olvidar que estos procesos funcionan no sólo cuando se siguen estrictamente los puntos de la agenda, sino también cuando hay gestos que crean condiciones favorables para que la población decida darles su apoyo mayoritario.

Un cese de hostilidades “disuasivo” y selectivo

Durante los dos meses de cese, la guerrilla demostró que está en capacidad de reducir sustancialmente sus acciones armadas, de lo cual resultó una mejoría en la seguridad de los habitantes de las zonas donde las FARC tienen presencia.

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Las Farc asesinaron a sangre fría del líder indígena del Cauca, Rafael Mauricio Girón.
Foto: www.cric-colombia.org

Este descenso sin embargo no debe ocultar las responsabilidades del grupo insurgente en crímenes que empañaron el cese, como el homicidio a sangre fría del líder indígena del Cauca, Rafael Mauricio Girón.  Probablemente este tipo de acciones serán más recurrentes ahora que la tregua ha llegado a su fin, por lo cual resulta urgente encontrar alternativas que eviten estos sucesos.

Mientras transcurre el proceso hasta llegar a la tercera fase —  cuando se abordará el tema de la tregua —  el gobierno podría practicar en forma unilateral – y explícita o implícita- lo que podría denominarse un cese “disuasivo” de hostilidades.

¿En qué consistiría?  En concentrar las acciones de la fuerza pública sobre aquellos frentes o unidades de las FARC que incurren en hostilidades y ataques, mientras que en aquellas regiones donde la insurgencia cese sus acciones el Estado se abstendría de escalar sus acciones militares.

De hecho, esto sucedió en cierta medida durante la tregua declarada por las FARC. De esta manera, el Estado cumpliría con su obligación primordial de proteger a la población, al mismo tiempo que comienza a abrir espacios a una salida pacífica del conflicto armado.

Esta propuesta busca crear incentivos para aquellos frentes que cesan sus acciones, mientras que impone un “impuesto” a la violencia y a la afectación de los bienes públicos por parte de las unidades guerrilleras más empeñadas en proseguir la guerra.

En la base de este mecanismo se encuentra el  principio de proporcionalidad: es decir la exigencia de que las acciones correspondan al fin – y en este caso a la gravedad de la amenaza.

El cese “disuasivo” implicaría no sólo una estrategia reactiva, sino también selectiva bajo un enfoque preventivo, basado en información de inteligencia, capaz de anticipar las acciones de la guerrilla.

Por ejemplo, no sería necesario esperar a que la guerrilla incursionara en una población para justificar una ofensiva: el desplazamiento de una columna de hombres armados hacia un casco urbano sería suficiente para aplicar la disuasión.

La diferencia esencial radica, pues, en que en los territorios donde la guerrilla tiene presencia, pero contiene sus acciones — tal como lo hizo durante la tregua — la fuerza pública se abstendría de realizar ofensivas.  Obviamente, se trata de un mecanismo temporal que se desactivaría ante un aumento simultáneo de la ofensiva de la guerrilla en varias regiones del país.

¿Es una  idea buena o mala?  Depende de cómo se analice y de cómo se aplique. ¿Seguir como vamos? No parece el mejor de los escenarios en el corto plazo. ¿Dar por terminado  el actual proceso? Ni pensarlo. Y retroceder el tiempo, una alternativa imposible.

En fin, se trata de explorar alternativas que permitan construir un ambiente propicio para el actual proceso: un Estado que cumpla con su responsabilidad de proteger a los ciudadanos, mientras se van sentando las bases para asegurar una salida pacífica a la actual confrontación. ¿Se le ocurre una mejor idea?

 

* Politólogo de la Universidad Javeriana, investigador del Centro Woodrow Wilson y el Centro de Estudios Latinoamericanos de Georgetown University,  consultor del PNUD y de la OEA, autor del libro Mafia & Co: las redes criminales en México, Brasil y Colombia.

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Juan Carlos Garzón*

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 La mayoría de violaciones al cese fueron realizadas por los bloques Sur y Occidental, desplegados en departamentos donde la confrontación se expresaba con intensidad antes de la tregua.

 

La tregua navideña no produjo un cambio fundamental en las condiciones del conflicto armado, pero sí pudo llevar a que las acciones contra la infraestructura y contra los civiles se redujeran temporalmente. 

 

 No, no habrá una gran ofensiva. El fin de la tregua sencillamente significará la reanudación del conflicto armado, siguiendo la tendencia que venía dándose. El análisis sobre la conveniencia o no del cese al fuego ha estado cargado de verdades a medias, que impiden sacar lecciones de la experiencia de estos dos meses. 

 

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