
La tenue línea de la legalidad: éxitos y desafueros de la inteligencia militar
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Mirada histórica y comparada sobre una actividad que por naturaleza es ilegal. La inteligencia colombiana ha progresado mucho y ha propinado duros golpes a la subversión, pero el riesgo de abusos no disminuyó con la reciente ley sobre el sector.

Inteligencia y legalidad
La inteligencia es una actividad encubierta, secreta e intrusiva – es decir, naturalmente ilegal.
Por eso mismo es difícil de controlar.
Más aún: para los mandatarios con frecuencia es imposible saber a ciencia cierta si son o no confiables la información y los análisis que reciben. Baste recordar cómo Bill Clinton planeó los bombardeos sobre Kosovo a partir de supuestos de inteligencia falsos, o cómo George W. Bush decidió invadir Irak aduciendo la existencia de armas de destrucción masiva, que al final no aparecieron.
Los servicios de inteligencia de todo el mundo utilizan “agentes provocadores”, interceptan comunicaciones, eliminan “enemigos del Estado”, sin juicio y de manera expedita, y organizan operaciones encubiertas sin la aquiescencia de las autoridades civiles, incluso sin el conocimiento de los países en donde operan.
Grandes escándalos han envuelto a los servicios de inteligencia por estas acciones clandestinas e ilegales. Hay casos paradigmáticos:
La inteligencia es una actividad encubierta, secreta e intrusiva – es decir, naturalmente ilegal.
· En 1976 un agente secreto de la Real Policía Montada de Canadá se voló una mano mientras plantaba un artefacto explosivo cuya autoría le querían achacar a grupos independentistas de Quebec para crear un ambiente adverso a las pretensiones nacionalistas y separatistas.
· La inteligencia rusa envenenó con polonio reactivo, en un restaurante de Londres, al antiguo agente dela KGB y opositor de Putin, Aleksandr Litvinenko.
· El Mosad capturó al criminal nazi Adolf Eichmann en una acción comando sin permiso del gobierno argentino. También robó los planos del avión caza francés Mirage para hacer uno propio, el Kfir, y en la operación “Colera de Dios” adelantada en varios países europeos, asesinó a los organizadores de la masacre de los atletas olímpicos en Munich 1972.
· La CIA creó las condiciones para la caída de gobiernos elegidos democráticamente para entronizar dictaduras; así sucedió en el complot contra Mosaddeq en Irán o con la huelga generalizada contra Allende en Chile.
El Expresidente, Álvaro Uribe Vélez. Foto : Globovisión |
Realismo político y espionaje
No hay que rasgarse las vestiduras: ésta ha sido la forma de actuar inveterada de los servicios de inteligencia.
Puede ser que Ángela Merkel o Dilma Rousseff convoquen a los embajadores estadounidenses al enterarse de que sus conversaciones son interceptadas, mientras que Barack Obama da explicaciones y promete que no volverá a espiar a sus aliados: de todas maneras va a seguir haciéndolo.
Así también, los británicos seguirán interceptando con el gran sistema Echelon, que puede “chuzar” varios miles de millones de llamadas telefónicas y correos electrónicos; los cubanos seguirán infiltrando el exilio en Miami; los venezolanos intentarán penetrar las oficinas de Washington, los franceses espíarán el programa nuclear iraní, los colombianos mantendrán ojo avizor sobre jefes guerrilleros que se pasean en las calles de Quito y Caracas. Es un juego sin fin: “tú me espías, yo te espío”.
Colombia: la vieja inteligencia
Aunque muchos colombianos la vivieron, parece haber pasado mucho tiempo desde la vieja inteligencia, aquella del D2, la Brigada XX o el COICI (Comando Operativo de Inteligencia y Contrainteligencia).
En esas épocas, una inteligencia desarticulada escribía semanalmente un documento extenso para la Junta de Inteligencia que reunía a los directores de las diferentes fuerzas, el DAS y la policía. En esas reuniones, tediosas e improductivas, poco se coordinaba, cada agencia actuaba por su cuenta y se confundían cuestiones operativas con las de inteligencia técnica.
Esa vieja inteligencia estaba altamente adoctrinada como aparato en contra de opositores del gobierno. La disputa entre liberales y conservadores desde el siglo XIX hizo que el partido en el poder viera al opositor como un grupo de conspiradores y, en verdad, que el partido opositor hacía su mejor esfuerzo para parecerlo. La inteligencia buscaba entonces desmantelar reductos de conspiradores.
Durante años, la inteligencia buscó al enemigo interno. En un país con una insurgencia comunista armada, pronto las voces disonantes o las de izquierda fueron escrutadas con lupa y señaladas como fuentes de desestabilización. Políticos, congresistas y sindicalistas de la oposición o críticos del gobierno tenían cada uno su dossier, donde la inteligencia consignaba desde sus gustos hasta sus horarios. No sucedió igual con voceros caracterizados de la derecha más radical.
Los servicios de inteligencia de todo el mundo utilizan “agentes provocadores”, interceptan comunicaciones, eliminan “enemigos del Estado”
Era una inteligencia por momentos obvia en sus acciones, como en el caso del espía colombiano Rafael Espinosa, en Panamá durante la Segunda Guerra Mundial, quien por equivocación envió uno de sus informes al apartado postal de un ciudadano alemán en Bogotá cuando en realidad quería hacerlo llegar al Ministerio de Guerra.
La inteligencia de entonces alquilaba casas en barrios residenciales como fachada, pero vecinos y extraños sabían que era “algo” de los militares. En el pasado, no pocos oficiales de inteligencia recibieron formación en la Argentina de Videla y Galtieri o en el Chile de Pinochet: por eso hoy en día puede entenderse mejor su manera de actuar bajo el Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala o en la retoma del Palacio de Justicia.
Oficina fachada desde dónde se estaría interceptando Foto: Angélica Zambrano @Anyelik |
Colombia: la nueva inteligencia
Pero la inteligencia se ha profesionalizado y se ha tecnificado, especialmente desde la era Uribe, cuando se dio coherencia al aparato sin necesidad de crear un gran pulpo como se había propuesto en reiteradas ocasiones. Por obra de estas reformas, del Plan Colombia y del aumento del gasto nacional en defensa, la inteligencia militar tienen ahora un mejor adiestramiento y, sobre todo, una mayor coordinación.
Los resultados han sido realmente excepcionales. La inteligencia colombiana fue fundamental en el punto de inflexión del conflicto con el consiguiente declive de la guerrilla luego de operaciones como “Fénix”, “Sodoma”, “Camaleón”, “Némesis” o “Jaque”, en las cuales fueron abatidos los jefes guerrilleros y liberados varias decenas de secuestrados en manos de las FARC.
La inteligencia y sus desafueros
Sin embargo, como lo señalé en un anterior artículo en Razón Publica, la inteligencia es una rueda suelta difícil de controlar y ello no es exclusivo de Colombia.
La inteligencia es fundamental para la supervivencia del Estado. El problema es determinar sus límites cuando está rodeada por el secreto, el sigilo y los gastos reservados que impiden saber sus reales alcances. ¿Cuándo cruza la inteligencia la delgada línea entre lo legal y lo ilegal, lo apropiado y lo inapropiado?
Quizás esa línea tenue se cruza cuando la inteligencia comienza a actuar con criterios estamentales, es decir, cuando pretende defender los intereses de sus miembros con el convencimiento genuino de que con ello defiende los intereses del país. Cuando interpretan su sentir y sus reivindicaciones como las de sus compatriotas y se ven a sí mismos como el último reducto contra las amenazas al país, llegando incluso a seguir e interceptar a su jefe, a su comandante, es decir, al mismo presidente.
La línea tenue se cruza cuando, en aras de mantener el statu quo y el establecimiento, la inteligencia se convierte, paradójicamente, en un factor desestabilizador y crea corto circuitos pues no obedece a los criterios del gobierno.
Es un juego sin fin: “tú me espías, yo te espío”.
Por el contrario, la inteligencia cumple su papel cabalmente cuando es un instrumento fiable y profesional que le sirve al mandatario en la toma de decisiones sobre temas de seguridad y defensa contra las amenazas al Estado. La complejidad actual de los aparatos de inteligencia, el paralelismo de varias agencias y su condición natural secreta hacen que cada vez sea más difícil determinar la validez y utilidad de sus productos.
¿Hay soluciones?
La Ley de Inteligencia en nada remedió el asunto, entre otras cosas porque trata de hacer legal lo que por antonomasia es ilegal.
La ley simplemente puso en la letra lo que se venía haciendo en interceptaciones, señalando que se podría escudriñar libremente el espectro electromagnético y que para el caso de vigilancia de personas naturales se requería orden judicial, en un articulado tan vago que solo precisaba el artículo 15 de la Constitución como amparo al ciudadano. Igual afirmaba que todo seguimiento o acción debía hacerse por orden de los jefes de los organismos de inteligencia.
Lo que la ley estableció ya existía, las interceptaciones ilegales se hicieron y suscitaron grandes escándalos. La ley creó una comisión de seguimiento conformada por congresistas, pero hasta el día de hoy nadie ha visto su actuar o su pronunciamiento frente a los recientes hechos de supuestos seguimientos a negociadores oficiales de La Habana. La ley no ha tenido efecto alguno si lo que se quería era controlar la inteligencia y sus desafueros.
* Profesor asociado y director de la Maestría en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, Ph. D. de la Universidad de Oxford, máster en Administración Pública de la ENA (Francia), máster en administración de empresas de la Universidad Laval (Canadá), máster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.
Acerca del autor
Juan Carlos Ruiz
*Profesor titular de la Universidad del Rosario. PhD. en Ciencia Política de la Universidad de Oxford, máster en Administración Pública de la ENA (Francia), máster en administración de empresas de la Universidad Laval (Canadá), máster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.
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