La televisión ha muerto, ¿y ahora qué sigue? - Razón Pública
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La televisión ha muerto, ¿y ahora qué sigue?

Escrito por Andre Didyme-Dome
Andre-Didyme-Dome

Hace diez años, Netflix revolucionó para siempre la forma de ver televisión. Este es un repaso de sus comienzos y del cambio que produjo en los hábitos de millones de personas.

André Didyme-Dôme*

El principio

Casi todos saben qué es Netflix, pero la mayoría de las personas que nacieron en el siglo XXI no saben cómo empezó ni qué cambió.

Al principio, Netflix fue la principal competencia de Blockbuster, la franquicia de alquiler de videos más importante del mundo. Hoy en día, los videoclubes prácticamente no existen y la idea de “alquilar un video” es obsoleta.

Cuando Reed Hastings y Marc Randolph fundaron Netflix en 1997 como una empresa de alquiler de videos, la televisión por cable estaba en auge y los formatos de video más populares eran los casetes de VHS (un formato hoy desaparecido) y el DVD (un formato que está desapareciendo gradualmente). Además, el acceso a internet era muy limitado (las pocas personas que accedían a la red lo hacían a través de la telefonía fija).

Blockbuster obligaba a sus clientes a acudir presencialmente a sus tiendas para escoger las películas que querían alquilar. Después, los clientes tenían que volver para devolverlas, si no querían pagar una multa. En ese contexto, Netflix marcó una diferencia, porque empezó a usar el sistema de correo postal como un medio para que los clientes alquilaran y entregaran las peliculas sin dejar sus hogares o puestos de trabajo.

Con el tiempo, Hastings y Randolph empezaron a usar internet como un medio para que los clientes accedieran a los catálogos y pudieran hacer sus pedidos más fácilmente. Pero todo cambió a medida que internet se volvió más accesible y popular.

La “revolución Netflix”

Diez años después, Netflix dejó a un lado el negocio del alquiler de videos y se convirtió en una plataforma de video por demanda a través de un sistema de “descarga continua” o streaming.

En este sistema, el usuario puede disfrutar del material audivisual sin tener que descargarlo y sin usar un formato físico, como el DVD. Ese fue el comienzo de la “revolución Netflix”.

En varias ocasiones, Hastings ha anunciado que Netflix acabará definitivamente con la televisión abierta, es decir, aquella que se transmite por canales, que funciona con una parrilla fija y que se financia con la pauta publicitaria que interrumpe continuamente la programación.

Haciendo cuentas discretas, Hastings calcula que la televisión tradicional desaparecerá en menos de veinte años, tal y como Blockbuster desapareció en 2014. Pero eso podría ocurrir mucho antes.

El auge

A comienzos de la década de 2010, Netflix incluía un nutrido catálogo de películas y series producidas por los grandes estudios de Hollywood al cual podía acceder los clientes sin restricciones ni pautas publicitarias, pagando una módica tarifa mensual. Netflix acostumbró a los televidentes a unas comodidades que la televisión abierta y la televisión por cable no brindaban, y ya no era posible volver atrás.

Un año después, Netflix le apostó a la producción original y exclusiva. Para 2013, estrenó la popular serie House of Cards, que se convirtió en todo un éxito de crítica y audiencia. Dos años después presentó su primer largometraje exclusivo: Beasts of No Nation, un celebrado trabajo de Cary Joji Fukunaga (el mismo director de la última película de James Bond), que no pudo obtener nominaciones a los premios Óscar por no haber sido exhibida en las salas de cine. Para 2020, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas tuvo que modificar sus reglas y las películas de Netflix se apoderaron de la ceremonia de premiación.

La competencia a Netflix no se hizo esperar y ya en 2010 existía Hulu, una plataforma que surgió de una asociación entre Disney, Universal y Warner y que ofrecía la posibilidad de ver episodios y series completas que inicialmente se transmitían por los canales de televisión abierta de NBC (perteneciente a Universal), ABC (perteneciente a Disney) y CW (un canal compartido entre Warner y Paramount). Pero mientras que Hulu se limitaba al mercado norteamericano, Netflix se expandía por todo el mundo y ganaba millones de suscriptores año tras año.

La pandemia

La pandemia de COVID-19 obligó a cerrar las salas de cine y frenó repentinamente la producción de nuevas películas y series de televisión, lo que puso en aprietos económicos a gigantes como Disney y Universal.

Para Netflix, el panorama fue el opuesto: en menos de seis meses, la plataforma pasó de tener 170 millones de suscriptores a contar con más de 195 millones. Para ese entonces, la competencia más fuerte de Netflix no era el cine, la televisión abierta o la televisión por cable, sino Prime Video, la plataforma de Amazon. Esta plataforma también se expandió rápidamente a nivel mundial y actualmente es la segunda más popular después de Netflix.

Los grandes estudios decidieron acelerar sus planes y Disney lanzó al mercado internacional su plataforma Disney +. Disney reitró su contenido de Netflix para pasarlo a su propia plataforma y esto obligó Netflix a apostarle a un mayor contenido original. Para 2021, ya estaban programadas más de 50 nuevas películas y series, con un catálogo exclusivo que aumenta cada día a pasos agigantados.

Por su parte, Warner lanzó al mercado internacional su plataforma HBO Max y Paramount creó Paramount +. Ambos estudios también retiraron su contenido de Netflix y eso aumentó aún más la producción de material original en este sitio.

¿Qué sigue?

Hoy, los televidentes ya no pueden llamarse así, porque ahora se puede acceder a estas plataformas a través de muchos dispositivos electrónicos distintos de un televisor.

Con solo un click, las personas pueden acceder a miles de horas de programación en una gran variedad de plataformas que, junto a las ya mencionadas, incluyen otras como Apple TV +, Star +, Starzplay y Mubi, por hablar solo de las que hoy tienen suscriptores por fuera de Estados Unidos.

Algunos afirman que la televisión abierta seguirá viva por las dificultades para acceder a plataformas de streaming, como la necesidad de contar con internet y el costo mensual de la suscripción. Pero todo indica que la televisión ya está muriendo: la falta de presupuesto ha obligado a estos canales a recurrir a repeticiones más que a producciones originales, y la pauta es cada vez menor, debido a la dramática disminución de la audiencia.

Además, las plataformas de streaming conquistan cada vez más espacios. Hoy, plataformas como Disney +, Paramount+ y HBO Max incluyen la posibilidad de transmitir en directo eventos deportivos o ceremonias de premiación. Y pese a que el costo de estar suscrito a varias plataformas puede llegar a ser elevado, muchos prefieren suscribirse a una o a dos plataformas y el precio sigue siendo considerablemente inferior a lo que se tiene que pagar por una televisión por cable.

Por otra parte, aunque las salas de cine reabrieron, muchos estudios prefieren adelantar los estrenos de sus películas en plataformas y no arriesgarse a un pobre desempeño en la taquilla. Durante el confinamiento, la audiencia se acostumbró a no ir a cine y hoy prefiere no pagar una boleta para ver una sola película, cuando en menos de quince días la tendrá  a su disposición junto con cientos de películas más.

Actualmente, la mayoría de familias mantienen desconectados los canales de televisión abierta, ya no están suscritos a la televisión por cable y los miembros más jóvenes utilizan sus computadores, teléfonos celulares y tabletas para acceder a sus películas y series favoritas. En fin, la muerte de la televisión ya no es solo una profecía, sino un diagnóstico.

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