La segregación racial y la posibilidad de una Universidad Distrital en Cali
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La segregación racial y la posibilidad de una Universidad Distrital en Cali

Escrito por Alejandro Sanchez

Aunque el legado afrocolombiano en Cali es indudable, el racismo de la ciudad lo hace invisible. Una universidad distrital sería un instrumento importante para hacerlo visible.

Alejandro Sánchez Guevara*

Racismo acendrado  

Cali fue diseñada conforme a poderosos y sigilosos mecanismos de segregación racial que, como diría Nelson Maldonado, condenan a la gente afro a la pobreza. Por este motivo, es posible afirmar que Cali es una urbe que se ha cimentado en el racismo.

En el siguiente texto, expondré algunos argumentos que sustentan la idea de que en Cali existe un sistema de segregación racial que opera como el apartheid, el cual puede ser combatido desde el fortalecimiento de la calidad y la cobertura de la educación superior en el oriente: el sector donde más se evidencia el racismo estructural.

Cali es conocida como la segunda ciudad con más población afrodescendiente por fuera del continente africano. Sin embargo, en su interior, se viven procesos de racismo que configuran una especie de apartheid de facto.

El apartheid en Cali

El apartheid fue un régimen legal de segregación racial en Sudáfrica que pretendía que la gente negra se mantuviera en la pobreza e ignorancia. De esta manera, los espacios de disfrute, la posibilidad de ascenso social, una justa remuneración y la buena educación eran privilegios exclusivos para las minorías blancas.

Teniendo en cuenta la anterior problemática, intentaré exponer algunos elementos de segregación racial latentes en Cali que apartan, especialmente a la población negra, del goce efectivo de sus derechos.

En un estudio titulado “Distribución de las instituciones de educación superior: un análisis de equidad espacial para la ciudad de Cali”, la economista Stephanie Mendoza evidencia que la oferta de educación superior está concentrada, en un 88%, en 6 barrios del suroccidente de Cali.

Dichas decisiones se complementan con los constantes mensajes estereotipados que reciben las personas del oriente de Cali. Es común escuchar que se trata de gente peligrosa, violenta, ladrona y desordenada “por naturaleza”. Los anteriores prejuicios, evidentemente, son determinantes al momento de conseguir empleo.

Esta situación genera mayores dificultades a las personas que habitan en el oriente porque, al no contar con rutas de transporte público que disminuyan las distancias y los tiempos, tienen más dificultades para movilizarse hacia las instituciones educativas.

Lo anterior configura una inequidad espacial que no viven otras personas ubicadas en diversos sectores de la ciudad. La movilidad tiene consecuencias importantes en el logro educativo y laboral de las personas del oriente, ya que si logran acceder a la educación superior y obtener un título, lo hacen con sobre-esfuerzos y con muchas dificultades que afectan las posibilidades de acceder a empleos dignos, decorosos y bien remunerados.

En otro estudio titulado “Persistencia de la segregación residencial y composición del capital humano por barrios en la ciudad de Cali”, Harvy Vivas afirma que en el oriente de la ciudad hay menos rentas y menos ocupación de la mano de obra.

Además, el profesor Vivas evidencia que existe una exclusión en el acceso a bienes públicos y comunes, tal y como se evidencia en el diagnóstico del POT del 2014. En el oriente de Cali hay pocos espacios públicos, escasos árboles y muy pocos monumentos (salvo el puño de Puerto Resistencia).

Junto a ello, hay que tener presente que en oriente de Cali, es el territorio donde hay mayor presencia de afrodescendientes, por lo que las exclusiones en el acceso a la educación superior, al trabajo digno y el goce del derecho a la ciudad afectan especialmente a este sector de la población.

La anterior situación no es fortuita. Es producto de una serie de decisiones públicas y privadas que han transformado al oriente de Cali en un reducto de mano de obra barata. Es en este sector de donde salen las cocineras de algunos de los mejores restaurantes de la ciudad, las trabajadoras del hogar de muchas familias de clase media- alta, y, por ejemplo, los constructores de las mansiones del sur.

Dichas decisiones se complementan con los constantes mensajes estereotipados que reciben las personas del oriente de Cali. Es común escuchar que se trata de gente peligrosa, violenta, ladrona y desordenada “por naturaleza”. Los anteriores prejuicios, evidentemente, son determinantes al momento de conseguir empleo.

Incluso, la “gente de bien” se asombra cuando ven a una persona negra estudiada y trabajadora que proviene de algún barrio del Distrito de Aguablanca, es decir, del oriente de Cali. “¿Y usted viene de por allá?”, suelen preguntarse entre el sarcasmo, la sorpresa y la ironía.

el oriente de Cali no necesita que “lleven” o le “parqueen” de manera temporal programas de educación superior, como si se tratara de un programa asistencialista. Para el Distrito de Aguablanca es fundamental la construcción de una entidad configurada de cara a las dinámicas y problemas de este sector de la ciudad.

Foto: Facebook: Alcaldía de Cali - Algunas decisiones públicas han hecho que el oriente de Cali sea visto como una zona para conseguir mano de obra barata.

Este sistema de segregación racial funciona tan bien que las personas negras del oriente concentran altos índices de pobreza, desempleo, hacinamiento, NBI altas, entre otras preocupantes variables de exclusión. Sin embargo, en el Distrito de Aguablanca existen miles de habitantes que luchan, en palabras de la investigadora y activista Mauri Balanta, para derribar los cercos que los apartan de su derecho a la ciudad.

Gracias a diversos procesos organizativos, se ha propuesto como solución lograr una mayor presencia de la educación superior en el oriente de Cali. En este contexto, la construcción de una Universidad Distrital será fundamental.

Un sueño revolucionario

En el imaginario popular de la gente del Distrito de Aguablanca, hay un sueño revolucionario: luchar para que los jóvenes vayan a las universidades y, que, en el territorio, se edifique una institución de educación superior que permita dicha transformación.

Por supuesto, no es un sueño caprichoso. El problema del acceso a la educación superior en el Distrito de Aguablanca es enorme, ya que este territorio tiene el tamaño de ciudades como Armenia o Santa Marta, y, por desgracia, solo tiene una universidad privada que ofrece 5 programas académicos.

La poca oferta educativa para el oriente de la ciudad fue hábilmente capitalizada por Jorge Iván Ospina, quien se hizo elegir en gran medida bajo la promesa de una Universidad Distrital. Incluso la propuso como uno de los proyectos movilizadores de su Plan de Desarrollo: “Cali Unida por la Vida”.

Sin embargo, en medio de muchas salidas en falso, el exalcalde no hizo nada por desconcentrar y aumentar la oferta de la formación universitaria. Su programa “Todos y todas a estudiar”, en el mejor de los casos, redistribuyó la oferta existente.

A pesar de las dilaciones de Jorge Iván Ospina, la gente no ha dejado de creer en este proyecto. Producto de la insistencia, se logró incluir el proyecto de la Universidad Distrital en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026. En la actualidad, ya se encuentra en instrumentos de planeación como el Plan Plurianual de Inversiones.

Las expectativas son grandes, sobre todo teniendo en cuenta que la ministra Aurora Vergara ha luchado contra las dinámicas de exclusión en la capital vallecaucana. El pasado 3 de noviembre de 2023, anunció que en el 2024 se invertirían 840 mil millones en infraestructura educativa, con los que se financiarán, entre otros, los primeros estudios de una “ciudadela universitaria para el oriente de Cali”.

Aunque es una buena noticia, es importante que la ministra aclare si es una ciudadela para la Universidad Distrital o si hace referencia al modelo de la “universidad líquida”, en la que las instituciones de educación superior (públicas o privadas) emplean la infraestructura pública para, al decir del experto en educación Diego Victoria, “parquear” programas, solo comprometiéndose a que sea viable económicamente.

Si es la primera opción: enhorabuena. Sin embargo, si se trata de la segunda opción, vale la pena insistir en que el oriente de Cali no necesita que “lleven” o le “parqueen” de manera temporal programas de educación superior, como si se tratara de un programa asistencialista. Para el Distrito de Aguablanca es fundamental la construcción de una entidad configurada de cara a las dinámicas y problemas de este sector de la ciudad.

De esta manera, poco a poco, se podrá desarrollar las vocaciones de la Cali Distrital. Es necesario la construcción de una universidad en el oriente, en el corazón de donde históricamente se ha negado la posibilidad de educarse. Cualquier otra alternativa es dilatar esfuerzos, recursos, tiempos y sueños innecesariamente.

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