La rebelión de las canas y el confinamiento de adultos mayores - Razón Pública
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La rebelión de las canas y el confinamiento de adultos mayores

Adultos mayores y confinamiento

Diva Marcela GarciaAunque los adultos mayores estén en casa, estarán en contacto con quienes vivan con ellos y salgan a trabajar: sus casas no siempre serán seguras.

Diva Marcela García*, Juan Módenes** y Mariana Marcos***

Confinamiento para unos pocos

La medida de confinamiento extendido para adultos mayores ha ocasionado polémica en Colombia. Por una parte, se sabe que quienes superen los 65 años son el grupo poblacional más vulnerable; es decir, aquellos con más altas tasas de letalidad por COVID-19. Por otra parte, se ha criticado la obligatoriedad de la medida, a causa de sus posibles consecuencias para la salud física y mental de los mayores.

Este debate ha sido adelantado por personas importantes que forman parte de esta población: ellos y ellas protagonizan la llamada «rebelión de las canas», reclamando el ejercicio pleno de sus derechos y de su autodeterminación.

En medio de esta discusión, es pertinente preguntarse por la efectividad del confinamiento: ¿protege y aísla del virus a los adultos mayores? Para responder, se compararon dos casos representativos de la región: Colombia y Argentina. El contraste de ambos países con España destaca las particularidades de América Latina.

El riesgo residencial de los mayores se entiende como su exposición a la COVID-19 en sus viviendas, y se mide en función de tres factores:

  • con quién o quiénes viven,
  • la ocupación de las personas con quienes compartan su espacio,
  • la idoneidad de la vivienda para mantener el confinamiento y otras medidas sanitarias.

El riesgo de contraer la enfermedad en sus casas es mínimo para los adultos mayores que vivan solos o con su pareja, sin más familiares ni nadie que trabaje, con espacio suficiente y con acceso al servicio de agua potable.

La exposición al virus aumenta cuando viven con otras personas, cuando ellos mismos o sus convivientes tienen pocas o ninguna posibilidad de teletrabajar, cuando hay condiciones de hacinamiento o no tienen acceso a acueducto. Aunque los adultos mayores permanezcan en casa, tendrán alta exposición al virus a través del contacto con quienes vivan con ellos y salgan a trabajar.

La medida de confinamiento a adultos mayores

Foto: Alcaldía de Durania en Norte de Santander
La medida de confinamiento a adultos mayores ha sido polémica en Colombia.

El confinamiento protege menos en América Latina

Este análisis se basa en las encuestas sociodemográficas de los tres países. El estudio se concentró en los adultos de 65 y más años que vivieran en hogares particulares; no se tomaron en cuenta aquellos que residen en instituciones médicas o de cuidado.

Los resultados son reveladores. El riesgo residencial es mucho más alto en países latinoamericanos, como Colombia y Argentina, que en España:

  • En Colombia, el 51 % de los adultos de 65 y más años tiene alto riesgo residencial de exposición a la COVID-19; en Argentina, el 35 % de la población en esas edades enfrenta ese riesgo. Mientras tanto en España la proporción es solo el 19 %.
  • Visto de otra manera, apenas el 21 % de los mayores de 65 años en Colombia tendría el riesgo residencial más bajo; el 42 %, en Argentina, y el 62 %, en España.

Gráfica 1 Personas de 65 y más años según riesgo residencial (Colombia, Argentina y España)

Fuente: elaboración propia a partir de la Gran Encuesta Integrada de Hogares 2019 (DANE, Colombia), de la Encuesta Permanente de Hogares 1.er semestre 2019 y Proyecciones 2010 (INDEC, Argentina) y de la Encuesta de Condiciones de Vida 2018 (INE, España).

Puede leer: Un análisis demográfico de la COVID-19: ¿quiénes son los más vulnerables?

Misma edad, contextos diferentes

Estas diferencias se explican por las características socioeconómicas y culturales de la población, especialmente por los sistemas de bienestar de cada país. De aquí resultan los distintos perfiles de exposición residencial a la COVID-19.

Las prácticas de corresidencia son el primer factor. En Colombia, 67 % de los mayores comparten su vivienda con alguien distinto de su pareja; en Argentina, el 43 %. Estas cifras dan cuenta de una tendencia histórica en la región, pues son frecuentes los hogares intergeneracionales donde conviven abuelos, tíos, primos y otros familiares de distintas edades. Esta es una estrategia de apoyo fundamental para atender las necesidades económicas y de cuidado, especialmente entre los más pobres.

En contraste, en España este tipo de corresidencia incluye apenas al 35 % de los mayores de 65 años: es más frecuente la independencia residencial en edades avanzadas; además, en este país se acostumbra institucionalizar a los adultos mayores en residencias de cuidado especializado, que justamente se convirtieron en un foco de letalidad durante la pandemia.

Medidas para la protección de los adultos mayores

Foto: Alcaldía de Bogotá
Todas las medidas deben reforzarse con estrategias de protección dentro de las viviendas.

El segundo factor es la posibilidad de que quienes convivan con los mayores puedan seguir su actividad laboral mediante el teletrabajo. En Colombia, el 52 % de adultos mayores comparte su vivienda con alguien que muy probablemente deba salir a trabajar; incluso ellos mismos deben seguir trabajando. En Argentina la proporción es 36 %, y en España, del 19 %.

En contextos de protección estatal precaria o de sistemas pensionales insuficientes, es común que los mayores deban seguir trabajando después de la edad considerada como de «retiro». Por otra parte, el teletrabajo no se distribuye de manera equitativa en toda la sociedad: es poco probable que las actividades menos calificadas y aquellas informales, de subsistencia, puedan desempeñarse desde casa.

El tercer y último elemento analizado son las condiciones de vivienda que favorezcan o no las medidas sanitarias básicas. En ese sentido, el 15 % de adultos mayores colombianos vive en viviendas con hacinamiento o sin servicio de agua; en Argentina, solo el 5 % vive en estas condiciones, y en España esta situación es prácticamente inexistente.

La ausencia de condiciones mínimas de calidad de vida, que tienen alta incidencia sobre la salud de la población, revela los retos para Colombia en materia de vivienda, especialmente en las zonas construidas de manera informal.

Gráfica 2. Personas de 65 y más años según dimensiones de riesgo residencial (Colombia, Argentina y España)

Fuente: elaboración propia a partir de la Gran Encuesta Integrada de Hogares 2019 (DANE, Colombia), de la Encuesta Permanente de Hogares 1.er semestre 2019 y Proyecciones 2010 (INDEC, Argentina) y de la Encuesta de Condiciones de Vida 2018 (INE, España).

Lea en Razón Pública: ¿Cómo teletrabaja un colombiano de estrato uno?

La «rebelión de las canas»: retos para proteger a los adultos mayores

El estudio confirma que la COVID-19 afecta a los tres países según las características de sus poblaciones. En este caso, se analizó el riesgo de contagio en la vivienda; se ratificó que la desigualdad social es una distinción fundamental, que exige medidas específicas y adecuadas a las formas de vida local.

Por eso en América Latina —región reconocida por su profunda inequidad social—, cualquier medida de protección para el adulto mayor debe anticipar que muchos estarán en contacto cotidiano con personas altamente expuestas al virus por su trabajo: sus casas no siempre serán un lugar seguro. Sin embargo, la diversidad de la región también es importante.

Son pocas las situaciones extremas de hacinamiento y falta de agua corriente en la vivienda, pero son más extendidas en Colombia que en Argentina. Representan focos muy problemáticos para las cuarentenas o confinamientos generales, y no responderían bien a la eventual necesidad de aislar a algún miembro del hogar.

Además de la pedagogía sobre medidas de prevención del contagio en espacios públicos, medios de transporte o lugares de trabajo, es fundamental promover estrategias masivas de protección dentro de la vivienda, especialmente en las zonas donde esas viviendas tengan condiciones precarias de protección. Por lo tanto, hay que esforzarse para tener en cuenta el modo de vida de los adultos mayores, una población muy diversa.

Por último, este estudio revela que quienes se sumaron a la «rebelión de las canas» son probablemente los mejor protegidos; sus protagonistas protestan por razones ajenas a su seguridad frente a la Covid-19. Al final, queda una entre muchas preguntas: ¿cómo vive el confinamiento el 51 % de mayores colombianos altamente expuesto al contagio en sus viviendas y que necesita salir?

Nota. Para más información estadística puede consultarse https://ced.uab.cat/PD/PerspectivesDemografiques_020_ESP.pdf

***Investigadora de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

*Investigador del Centro de Estudios Demográficos y del Departamento de Geografía de la Universitat Autònoma de Barcelona

**Investigadora del Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas, en la Universidad de Buenos Aires, y de la Universidad Nacional del Tres de Febrero (Argentina).

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1 Comentario

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FERNANDO ACOSTA RIVEROS junio 16, 2020 - 11:08 pm

Saludos de paz y bendiciones desde México donde también es notorio que los Adultos Mayores tenemos problemas aunque nos quedemos en casa. Por ejemplo en Jalisco, durante los recientes 30 años se construyeron casas y apartamentos que están en el rango de «interés social» que más bien podrían llamarse desinterés por la sociedad. Son casas tan pequeñas y en condiciones precarias donde muchas veces habitan o malviven hasta 10 personas. Con el calor de la época es imposible mantenerse adentro de los mismos apartamentos o casitas. Las y los habitantes de ellas, adultos mayores, otros no tan mayores y jóvenes, prefieren salirse al parque para poder respirar y recuperar un poquito de su salud mental. Esto del Tal neoliberalismo y de la Tal Modernidad solo nos trajo desgracias, como diría vuestro poeta paisano colombiano: «Democracia es una Desgracia con Privilegios para Pocos y una Desgracia Terrible para el Resto». Así escribía Gonzalo Arango Arias, muy querido en Aguascalientes y Jalisco, México. Atentamente, Fernando Acosta Riveros

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