La razón de las cuchas y la disputa estética por el espacio público en Medellín
Foto: José Loaiza- Centro Nacional de Memoria Histórica

La razón de las cuchas y la disputa estética por el espacio público en Medellín

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El graffitour de la Comuna 13 de Medellín se ha convertido en destino turístico internacional en el que la comunidad ha podido dinamizar su economía, que vende narcoestética y una marginalidad colorida a cambio de borrar su pasado.

Para Evy Valencia, una hija de Orión, 

y para Tatiana López, una artista popular.

Los graffitis como medio de comunicación

Desde finales de 2011, en la alcaldía de Alonso Salazar (2008-2012), el Metro inauguró las escaleras eléctricas, una forma de movilidad integrada al transporte público de la ciudad que buscaba brindarles soluciones a los habitantes de esa comuna, a la cual no existe acceso vehicular. Con el tiempo, las mismas han dejado de ser un mero medio de transporte para convertirse en un atractivo turístico. Los jóvenes de la comuna que han aprendido inglés para ser guías del tour no saben qué fue la operación Orión ni qué esconde La Escombrera. El contenido de los muros, que es mera decoración, se restringe a flores, mujeres bellas y costumbrismo, sin contenido político alguno. 

Este lugar es un ejemplo del éxito del modelo de gobierno corporativo para la planeación urbana que existe en Medellín desde la alcaldía de Sergio Fajardo (2004-2007) y que ha gobernado la ciudad de manera ininterrumpida –con excepción de la alcaldía de Daniel Quintero (2020-20023)–. La cuota de responsabilidad social de ese modelo corporativo se ha concretado a través del urbanismo social como estrategia de intervención público-privada, para disminuir la desigualdad: haciendo grandes obras de infraestructura que generan calidad de vida en las comunidades empobrecidas y manteniendo limpio el espacio público, porque lo sucio y lo “feo” generan caos, según el alcalde Federico Gutiérrez. Como si la estética calmara el hambre. 

Esta estrategia de inclusión a través del disfrute del espacio público, evidentemente se queda corta frente a las necesidades reales de los sectores populares, quienes exigen un verdadero compromiso político de transformaciones profundas que lleven a la reducción de las desigualdades sociales y económicas; sectores que siguen sin ver ese compromiso. Adicionalmente, el urbanismo social del gobierno corporativo, al ser de inversión mixta, en realidad ha privatizado los parques de Medellín para garantizar su limpieza y una estética que no permite hacer memoria ni expresiones políticas; el espacio público está restringido a lo que incentiva el consumo y el comercio, pero veta lo que pueda ser difícil de digerir para turistas y consumidores que quieren divertirse –como tener la fosa común a cielo abierto más grande del mundo–.

Foto: X: RTVC

El hallazgo de las “cuchas” y el peligro que representa

Las madres buscadoras de las más de quinientas víctimas de desaparición forzada en La Escombrera están encontrando que, en efecto, ese lugar, ante el que pasan miles de turistas diariamente inadvertidos, es un campo santo, y que allí, sus familiares fueron torturados, ultimados y sepultados entre 2002 y 2004 en el marco de la operación Orión. La JEP abrió el caso para escucharlas en 2018 y desde entonces, y de la mano de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, ha avanzado hasta llegar a la intervención técnico-forense (2022-2025) para encontrar que esas madres, las “cuchas”, tenían razón y allí yacen víctimas de la operación Orión. 

El eco que hizo el colectivo de graffiti de la ciudad Fuerza y Graffiti con el mensaje de apoyo de “Las cuchas tenían razón” fue realizado en la Comuna 4, muy lejos de la Comuna 13; ellos ni siquiera sueñan con pintar el mensaje al frente de La Escombrera, por donde pasan los turistas. Sin embargo, el mensaje se ha viralizado más que por su acción de apoyo a las madres buscadoras, por la respuesta desproporcionada de la Alcaldía de Medellín. 

Federico Gutiérrez y su secretario de cultura, Santiago Silva, pusieron a disposición funcionarios de la administración para borrar el mural, y justificaron su necesidad en virtud del contenido “político-electoral” del mismo. Fue tanta la indignación nacional por el acto de censura a la memoria en Medellín, que varias ciudades se solidarizaron por la revictimización a la que han sido sometidas las “cuchas” de la comuna 13. Lo que llama la atención es que lo que en Medellín es un acto institucional que hace un alcalde con sus funcionarios, en otras ciudades ha sido protagonizado por personas incógnitas en altas horas de la noche, al punto de ser catalogados como “actos vandálicos”.

Pero el alcalde de Medellín sigue insistiendo en que el espacio público debe estar decorado con una estética “neutral”, porque le parece que el mensaje de las “cuchas”, además de “político-electoral”, es “sucio y feo”. Esa visión del espacio público que rechaza las expresiones populares y de memoria no solo es una afrenta a la libertad de expresión, sino que marca la concepción de lo público que defiende el gobierno corporativo, en donde lo popular no tiene cabida. 

De entrada, la pretensión de que un graffiti sea natural políticamente es un sinsentido, porque su naturaleza es política, porque usar los muros para comunicar implica que no existen otros medios de comunicación a disposición de esos sectores que grafitean, máxime cuando el colectivo Fuerza y Graffiti ha generado juntanzas autogestionadas popularmente, y explícitamente se niega a recibir apoyo de cualquier figura política, porque es un proceso espontáneo de jóvenes que desean manifestar su inconformidad con todo el sistema político. 

Ya desde 2023 el proceso organizativo de resistencia de la Biblioteca Popular Betsabé Espiral había advertido que los gerentes de la Zona Norte en la Comuna 4 (Jardín Botánico, el parque Norte Fundación EPM y el parque Explora), las caras visibles de la apuesta por el urbanismo social, estaban preocupados porque el arte popular se había tomado el sector desde el estallido social de 2021 y estaban haciendo ollas comunitarias en sus jardines con la población de Moravia y los habitantes de calle. Desde entonces, y más aún con la actual administración, se ha intentado borrar la memoria del estallido social; historia que se repite con la memoria de las víctimas de la operación Orión

Es hora de entender que la asepsia y la neutralidad política promovidas por la administración municipal no son para nada actos administrativos sin contenido ideológico. Todo lo contrario, albergan agendas políticas propias a favor del olvido y en contra de las expresiones populares.
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Acerca del autor

Andrea Arango
AndreaArango@razonpublica.org.co | + posts

* Politóloga de la Universidad de Antioquia y magíster en Ciencia Política de la Universidad Estatal de San Diego en California (SDSU).
andrearango09-15@hotmail.com

1 comentarios

Andrea Arango

Escrito por:

Andrea Arango

* Politóloga de la Universidad de Antioquia y magíster en Ciencia Política de la Universidad Estatal de San Diego en California (SDSU). andrearango09-15@hotmail.com

Comentarios de “La razón de las cuchas y la disputa estética por el espacio público en Medellín”

  1. Las frases que finalizan el artículo resumen un poco lo que sucede: «…la asepsia y la neutralidad política promovidas por la administración municipal no son para nada actos administrativos sin contenido ideológico. Todo lo contrario, albergan agendas políticas propias a favor del olvido y en contra de las expresiones populares.» Claramente existe una política que quiere mostrar a Medellín como una ciudad pujante de «gente bien» en donde no tiene cabida a las victimas de la violencia narco-paramilitar y del terrorismo de estado, ni el presente que presenta a la ciudad como un epicentro internacional para el turismo sexual de menores, la fiesta blanca, y el desenfreno. La doble moral por doquier…

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