La radio informativa cambia para no cambiar
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La radio informativa cambia para no cambiar

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RCN y Caracol han decidido fusionar sus sistemas de información respectivos, pero mantienen los mismos formatos y las mismas voces, justo cuando la audiencia huye de la política solemne y la narrativa del desastre.

Las fusiones

 RCN se olvida de ser RCN y se vuelve la FM, junta sus dos sistemas informativos. 

Caracol se olvida de ser la W e insiste en ser Caracol, junta sus dos sistemas informativos. 

En ambos casos, el cambio no se ve: todo sigue igual en casting periodístico y formatos de noticias, deportes, humor y nueva era. Eso suena como “somos buenos en lo que hacemos con la gente que lo hacemos, entonces, para qué cambiar”. O algo así como cambiamos para seguir siendo lo mismo.

La radio está viva

Aparece la palabra crisis de la radio y se le echa la culpa a lo digital, que los podcasts, que los streamers, que las redes, que ante tanta oferta ya la radio no puede ser; que la pauta publicitaria no llega ya que se fue a lo digital; que la marca RCN anda en el desprestigio, pero era la televisiva y acaban la radial; que el rating está en julito-W y, entonces, traerlo es la solución.

Lo cierto es que en la radio no hay crisis, la radio está muy viva y vital en una sociedad oral como la colombiana. Hay emisoras por montones y muchas con muy buen rating. Lo que sucede es que la radio que se oye es la popular, esa de música, chistes, chismes, regalos y algo de noticias: Olímpica se metió, Candela Candela, Tropicana la más bacana, Radio Uno la de uno, El sol asoléate que te conviene, La Kalle y hasta la emisora de la policía nacional se escucha mucho.

Esto significa que la radio de éxito está pegada a los gustos de lo popular, a los sentidos comunes, a las necesidades y expectativas de la gente. Mientras tanto la radio “seria”, esa que insiste en hablar de políticos poco y nada tiene que ver con la gente. 

La crisis de la información

Lo que si está en crisis y lo demuestran informes como el de Reuters es que más del 70% de la gente que consume medios no quiere oír noticias ni programas ni nada que tenga que ver con los políticos (¡basta ya de Petro, Uribe, Bukele, Trump, Milei!), y oh ironía los periodistas serios, solemnes e informativos viven fascinados en los tuits y sandeces de estos machirulos. Luego, se van los oyentes. 

Y, así mismo, este estudio indica que no se quiere esa información de pornomiseria donde el mundo es una porquería de robos, asesinatos, diatribas morales y escándalos (¡basta ya de sangre, semen y violencias!), y oh gloria inmarcesible, de eso es que está llena la información mediática. Así se termina expulsando a los oyentes.

Y si además “la información” de políticos y sangre ya no es propiedad del periodismo sino de X, la red mundial de desinformación, por donde políticos y el crimen se comunican; si son los algoritmos y las IAs las que deciden qué es la información, entonces, poco queda para la radio informativa: ser altavoz de los más violentos de las redes.

La solución RCN y Caracol

Las fusiones de RCN y Caracol alucinan porque al dejar el mismo casting, los mismos periodistas, los mismos programas de deportes, los mismos de humor-noticias afirman que lo están haciendo muy bien, que tienen un buen producto, que la culpa es de otros, del mercado y lo digital. Pero, al no crear otros formatos o tener otras maneras de pensar, enfocar y narrar la información, tal vez el resultado sea catastrófico.

Menos mal tenemos año de mundial de fútbol, luego mucha publicidad, y año de elecciones, luego mucha publicidad. En el negocio dirán que qué bien les fue y que las fusiones funcionaron. Esto los hará sentirse felices en el informe económico del primer semestre.

Foto: RTVC

¿Entonces?

Si se quiere hacer otra radio, hay que cambiar el concepto de lo que es información más allá de políticos y sangre, hay que cambiar de modelo de información más allá de la solemnidad del aburrimiento, hay que atreverse a hacer otros formatos para llegar a los oyentes.

Y ahí hay tres ejemplos exitosos para mencionar:

-Julito y la W que es lo que sobrevive, que es muy buen producto radial porque más que noticias es entretenimiento donde la política juega, pero no es lo único, donde hay espectáculo, hay drama, hay diversidad de temas para conversar y sobre todo hay ritmo sonoro que no se debe a empaquetar en informes de 3 minutos o boletines inútiles de noticias. En lo informativo cumple su misión ya que se atreven a preguntar en todos los focos, generar controversia entre fuentes y tiene alma de mundo, no es provincial como los demás periodistas colombianos.  Por su modo de informar tanto uribistas como petristas invitan a no oírla, si molesta a ambas morales significa que se está haciendo bien. Su éxito está en la oyen los que toman decisiones. Entonces, Julito no está en crisis porque como a Yamid Amat y a Hernán Peláez se le ocurren ideas y formatos sonoros. Lástima que ahora el programa de julito se llame manes al aire y se haya perdido ese valor de las mujeres y sus modos sutiles de generar ironías y provocar sentidos.

-Néstor y su Blue ganan oyentes, pero pierden incidencia en la toma de decisiones. Morales ha logrado hacer un programa donde no hay información sino “barras bravas de la política” opinando de todo: fundamento poco, fanatismo al 1000% y todo por generar debate al estilo programa deportivo.  Y eso gusta en taxistas e indignados, pero no da criterio que es lo que debe hacer el periodismo. Entonces, tienen la sintonía, es buen negocio, pero no logra tener poder sobre la toma de decisiones. Una radio exitosa, pero desechable.

-Peláez y De Francisco lástima que se fueron. Hernán Peláez es el maestro de la radio, sabe de ritmo sonoro, tiene el tono de la conversación pausada y rápida, juega con el humor. Por eso, él fue La luciérnaga en su buena época, no reía, conducía y dirigía; él fue El pulso del fútbol en su mejor momento con mucho ritmo y juego bonito cotidiano; él fue esa pareja maravillosa con De Francisco que llevaba a que inclusive a quienes no les gustaba el fútbol, lo disfrutaran.

Entonces, Julito, Néstor, Peláez y los de las radios musicales-chistes-chismes demuestran que el asunto es de creación de formatos y de búsqueda miradas menos solemnes, más de conversación y humor, lo que hace que volvamos a oír la radio. 

La radio que respeta la cultura oral es la que va con nosotros a todas partes y cuenta historias para conversar la vida. Y ahí tiene todo sentido.

Le recomendamos: Así pasamos de la radiodifusión al podcast

Acerca del autor

Omar Rincón
omarrincon@razonpublica.org.co | + posts

*Profesor del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER), Universidad de los Andes.

1 comentarios

Omar Rincón

Escrito por:

Omar Rincón

*Profesor del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER), Universidad de los Andes.

Comentarios de “La radio informativa cambia para no cambiar”

  1. En el análisis, bastante centralista por cierto, porque solo se refiere a emisoras locales de Bogotá, falto la franja de las emisoras universitarias que son un oasis en medio de la truculencia y desorden informativo que vivimos.

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