La plaza nunca miente, el presidente las llena
Foto: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

La plaza nunca miente, el presidente las llena

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Las plazas llenas confirman que el presidente conserva una legitimidad popular que inquieta a sus adversarios. En estos tiempos de comunicación virtual, Petro está confirmando la importancia del carisma.

La plaza, termómetro del poder 

La plaza pública es mucho más que un cuadrante de cemento rodeado de edificios: es el corazón de la política, el escenario donde los liderazgos se ponen a prueba frente al único jurado que importa, la multitud. 

Cuando un presidente en ejercicio convoca y la plaza se desborda, no es solo gente la que acude: es la legitimidad que se hace carne, la adhesión que camina por sus propios pies para decir “aquí estamos”. 

En las convocatorias del presidente Petro, todas las plazas han rebosado. Esa multitud no llega por azar ni por promesas inciertas, sino porque reconoce en el líder la capacidad de marcar rumbo y encarnar un proyecto de país. 

Algo se agita en el espíritu político de la gente. Las plazas no cambian, pero al llenarse se vuelven un espejo donde el poder se reconoce en la multitud que lo respalda. Y eso inquieta a las fuerzas del centro y de la derecha.

El poder de la multitud

Para el presidente Petro, la plaza abarrotada es un plebiscito a cielo abierto.

Lo fue en Sotaquirá (Boyacá) y también en Ibagué, donde el 3 de octubre las calles se desbordaron como recordatorio de que su poder aún tiene músculo y emoción popular. 

En cambio, para otros candidatos, la plaza puede ser un examen sin anestesia: cada metro vacío revela las flaquezas de su proyecto. 

La plaza pública no es solo escenario, es una tarima viva donde el poder se mide a pulso, entre el pregón y el aplauso, entre la fe de la gente y la astucia de quienes buscan su favor.

De Gaitán a las redes

Desde los balcones con Gaitán, junto al paseo de Bolívar en Barranquilla con López Michelsen, hasta las caravanas del siglo XXI, la plaza ha sido el escenario natural de la política colombiana. Allí no solo se convoca al pueblo, también se mide el pulso de las emociones y se comprueba si la versión de los medios coincide con la de la calle. 

Durante décadas, conservadores y liberales encontraron en la plaza el espacio para demostrar fuerza y disputar la narrativa de nación a través del cuerpo mismo de las multitudes.

Hoy, sin embargo, la política también se juega en la arena intangible de las redes sociales, en esa seducción digital que sustituyó los viejos balcones y los mítines encendidos. Aun así, la plaza —aunque asediada por algoritmos y pantallas— sigue siendo el escenario táctico más contundente. Nada reemplaza la imagen de una ola humana ocupando el espacio físico, porque ese espectáculo es el poder hecho visible.

Foto: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia

El carisma como fuerza política

El presidente viene llenando las plazas como resultado de una mezcla de esperanza y fe política. 

Antes y después de la pandemia, el país era otro en sus contrastes. Las élites regionales sembraron incertidumbre entre los electores: pensaron en asegurar una credencial, no en construir país. Esa desconexión entre región y centralismo alimentó el malestar y, junto al conflicto armado, dejó heridas que los partidos tradicionales no han sabido leer.

El reto de los candidatos hoy es inmenso:

  • El Centro Democrático, que alguna vez convocó multitudes bajo la bandera de la seguridad, busca reavivar una pasión que se les apagó en el camino. El progresismo, impulsado por el carisma del presidente, logra desbordar plazas, aunque vive con la duda de si ese fervor depende de su figura o si podrá consolidarse como movimiento duradero.
  • Los liberales, que en otro tiempo se disputaban a gritos las multitudes con los conservadores, parecen extraviados en su propia historia y cargan con la nostalgia de un pasado que ya no les devuelve la gente.

El espectáculo es más que el espectáculo

La plaza no se llena sola. Detrás hay un operativo, buses, logística y toda una maquinaria que engrasa el espectáculo político. Pero nada de eso sirve sin la capacidad del líder para despertar una emoción auténtica. 

Para los candidatos de Cambio Radical, Maíz, Verde, Centro Democrático, la alianza progresista, liberales y conservadores, la prueba es arriesgada: quien no logra llenar la plaza queda desnudo ante la opinión pública. De poco vale un discurso brillante si el vacío retumba entre los adoquines.

El caso de Sergio Fajardo lo ilustra bien: no es un hombre de plazas. Su estilo es el contacto directo, casi pedagógico, pero carece del golpe visual que producen las masas reunidas. Y la política —arte de percepciones— castiga esa falta de espectáculo.

El espejo del poder

En el fondo, la plaza es un espejo filosófico del poder. 

Es el ágora contemporánea donde se define si un liderazgo es capaz de traducir el rumor disperso en una ola visible. Allí la multitud encarna la soberanía, se convierte en argumento, en cuerpo político que habla sin palabras. Ese lenguaje no lo dictan los partidos ni las redes, sino la fuerza elemental de la presencia humana.

En un país donde la democracia se debate entre tradición y modernidad, la plaza sigue siendo la última frontera del poder, el lugar donde se revela si el liderazgo es solo discurso o si tiene la fuerza de mover montañas de gente.

Podría decirse que la plaza nunca miente. Es secreto y condena. Pero el resultado final está en las urnas. Allí, en medio del bullicio y los pregones, se sabe de qué está hecho un liderazgo. Porque las encuestas pueden fallar, los noticieros manipular y las redes inventar mundos paralelos, pero la plaza es terca: solo se llena con la voluntad del pueblo.

En esas losas de cemento se decide, a cielo abierto, si un político tiene alma de conductor o apenas la voz de un predicador solitario.

Le recomendamos: Petro entre la dignidad y la indignidad

Acerca del autor

Ricardo Miguel Arquez
rarquez@razonpublica.org | + posts

*Escritor y periodista mompoxino, especializado en Derecho Administrativo y formado en resolución de conflictos. Ejerce el periodismo investigativo con enfoque en política pública, minería, energía, derechos humanos y medio ambiente.

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Ricardo Miguel Arquez

Escrito por:

Ricardo Miguel Arquez

*Escritor y periodista mompoxino, especializado en Derecho Administrativo y formado en resolución de conflictos. Ejerce el periodismo investigativo con enfoque en política pública, minería, energía, derechos humanos y medio ambiente.

12 comentarios de “La plaza nunca miente, el presidente las llena”

  1. Petro es innegablemente un gran orador, pero nadie en sus cabales puede decir que ha hecho un buen gobierno. No sabe gestionar porque nunca aprendió. Tiene al país en un estado de incertidumbre que se acerca al caos. Esto afecta a todos los estamentos y cada día sus inconsistencia y su incoherencia son mayores. No dudo de sus buenas ubetenciines y de sus sueños por un país mejor, pero no lo logró.

  2. Patético este dizque periodista apoyando lo que solo ha dejado miseria.ñ,división y muerte de un imbécil guerrillero que no sabe dónde está parado

  3. Pues llenan estadios gagos como bud bunny, eso no quiere decir que sean buenos solo que al vulgo le gusta la basura. Petro llena estadios y plazas de gente resentida y mediocre como el

  4. Toda mivilizacion implica umcostosa logística. Petro trae mucha gente. Con qué plata? Ejemplo: miles d indigenas vinieron por la reforma laboral, q casi no aplica a ellos. Ergo, no es el tema ni el lider sino la plata

  5. Que triste recurrir a pendejos que se creen periodistas para inflar la ya escurrida aceptación que no tiene el narcopresidente, apoyado en seudomedios pagados con el erario público, a gustavo petro no lo quiere ni la mamá, solo se aprovecha y amenaza a contratistas obligándonos a asistir a tan deplorables eventos, como el caso de ibagué donde tuvo que traer más de 80 buses con gente de otros lugares para medio llenar lanplaza Murillo Toro

  6. Petro eleva su ego cuando está hablando las cosas que nadie entiende. Es una persona dispersa, está hablando de un tema y resulta hablando de otra. Averigüe señor columnista cuánto pagan por asistir a estos eventos tan aburridos..

    1. En serio ??? yo fui y no me dieron nada de eso que comentan ….. qeu sera? mi voluntad hizo que llegara alli…..hablan muchas pendejadas y si lo sllevaron ? que ??? les dieon todo ….enonces malo si , si …..malo si no ? que pueblo este, ah!!!!

  7. Con todo el respeto que se merece este periodista, le digo que pareciera totalmente parcializado. Cuando habla de plazas totalmente llenas hace referencia a una idea platónica, distorsionada por la multiplicación de sus sombras, estas multitudes en su mayoría son compradas, anestesiadas y hechizadas por un discurso poético y soso del bien contra el mal, del pobre contra el rico, pareciera el discurso de un resentido económico pero que tiene tanto o más dinero que los ricos que tanto critica.

  8. COMO NO LLENA PLAZAS SI TODOS LOS QUE VAN ESTA PREPAGOS Y PRECOMIDOS, AHORA FUERON IBAGUE, AMENAZADOS VAN O VAN SINO EL LAPRESTACION SER VICIO NO SE LES RENUEVA.
    eN EL PASADO SELLENABAN POR QUE EL LIDER ERA UN GRAN ORADOR Y CONVENCIA CON SUS PROPUESTAS MAS CIERTAS, ES DECIR NO MENTIRAS Y ENGAÑOS.

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