La persistencia de la informalidad laboral, o el desarrollo sin desarrollo - Razón Pública

La persistencia de la informalidad laboral, o el desarrollo sin desarrollo

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Explicación conceptual y numérica sobre el llamado “sector informal”, sobre por qué ha persistido en Colombia, sobre el fracaso de los programas de gobiernos sucesivos y sobre los cambios que serían necesarios. 

Álvaro Martín Moreno Rivas*

Lo que se discute y lo que debería discutirse

Dos temas concentran la atención de los analistas y de los ciudadanos:

– El primero, por supuesto, es el proceso de paz, convertido en la bandera electoral del presidente Santos.

– El segundo es la bandera probable de Peñalosa, su contendor más probable. Así al menos lo ha dicho Claudia López, la recién elegida senadora por su partido Alianza Verde: el problema más importante del país no es la guerra sino la corrupción…la mermelada ha pasado de sus “justas proporciones”.

Al parecer existe un consenso sobre la conveniencia de mantener la agenda económica “uribista” de  privatización (alianzas publico-privadas) y crecimiento liderado por el sector minero y los megaproyectos agroindustriales.

La paz y la lucha contra la corrupción serán entonces los temas de Santos y de Peñalosa, por igual candidatos de derecha. Y mientras tanto, la destitución e inhabilitación de Petro confirman “la extraña derrota” de los proyectos de izquierda en el país y abren espacio para consolidar aquello de que “no hay alternativa” que en su momento acuñó Margaret Thatcher.

Pero si esos son los temas del debate, al parecer existe un consenso sobre la conveniencia de mantener la agenda económica “uribista” de  privatización (alianzas publico-privadas) y crecimiento liderado por el sector minero y los megaproyectos agroindustriales.

Sin embargo, la política de “formalizar lo informal” del gobierno Santos muestra la ausencia de una agenda verdadera para el desarrollo, agenda cuya discusión – y consiguiente reorientación de las políticas comerciales e industriales- debería ser el centro del debate electoral.


Cultivo de arroz en el Tolima.
Foto: Colombia Travel

El mal de la informalidad

Como ha mostrado el  economista Ha-Joon Chang, el discurso de los gobiernos y  agencias multilaterales ha reducido el significado del desarrollo “a la disminución de la pobreza, a la provisión de bienes básicos, al mejoramiento individual, todo sustentado en la estructura productiva existente”, dejando de lado la característica sustancial de todo proceso exitoso y sostenible: un cambio estructural orientado a acumular capacidades para la producción de bienes y servicios sofisticados, intensivos en capital humano y conocimiento tecnológico.

En el pasado, a este proceso se le llamó industrialización. Este supone que la fuerza de trabajo se movilice de actividades de baja productividad y bajos salarios (sector informal) hacia sectores de alta productividad y altos salarios (sector formal). Para usar las palabras de Ha-Joon Chang: las llamadas locomotoras de Santos son apenas un “Hamlet sin el príncipe de Dinamarca”.

Los economistas denominan “heterogeneidad estructural” o “economía dual” a la convivencia entre el sector moderno y el sector informal, un sistema no funcional para el crecimiento: si la mitad de la población está ocupada en un sector de baja productividad,  la economía no podrá converger hacia el club de las naciones ricas y desarrolladas.

Estrategias fracasadas

Pese a que en 1986 la misión Chenery reconoció que “no hay una economía colombiana sino dos”, y que desde entonces los gobiernos han adoptado una serie de estrategias  para corregir los problemas del sector informal, el paisaje de la economía nacional no ha cambiado sustancialmente. Aún persiste un porcentaje importante de la fuerza de trabajo atrapada en actividades económicas de baja productividad y pequeña escala, salarios e ingresos reducidos y desconectados jurídica y políticamente del sector moderno.

Si bien existen diferencias significativas en las cifras (por ejemplo, la CEPAL reporta una tasa de informalidad en 2012 del 58,9 por ciento en el sector urbano), el DANE informa que para noviembre de 2013-enero de 2014, el 49 por ciento de la población urbana ocupada estaba en el sector informal.  Dicha cifra fue de 52 por ciento para el período noviembre-enero de 2010, es decir que la reducción durante el gobierno de Santos llega apenas a 3 puntos porcentuales.

La reducción durante el gobierno de Santos llega apenas a 3 puntos porcentuales. 

Es más: la disminución confirma el comportamiento contra-cíclico de ciertas actividades informales, que se reducen cuando la economía se recupera. Por ejemplo, los trabajadores familiares sin remuneración disminuyeron en 1,3 puntos porcentuales y los que laboran en el servicio doméstico lo hicieron en un punto porcentual: ningún cambio en el  patrón de largo plazo.

Cuentan que cuando a Hans Singer, uno de los pioneros en estudiar el sector informal, le pidieron definir el concepto, contestó que “el sector informal es como una jirafa, difícil de describir, pero fácil de reconocer”. La jirafa de la economía colombiana sigue aquí: la informalidad urbana es parte del paisaje económico y social, después de 25 años de reformas de liberalización comercial, desregulación y flexibilización de los mercados laborales.

Las recientes reformas laborales y tributarias que redujeron los costos de la nómina buscaban incorporar más trabajadores al sector formal pero, a lo sumo, se logró apenas un pequeño aumento en el número de cotizantes a la seguridad social. Sin embargo, las empresas sí obtuvieron un aumento sustancial en sus ganancias.

Como asegura Chang Ha-Joon: “sin visión alguna de transformación de la estructura productiva y mejoramiento de las capacidades que la hacen posible, la visión de… los Objetivos de Desarrollo del Milenio (MGD) solamente puede ser descrita como desarrollo sin desarrollo”. Por eso, no me cabe duda de que el modelo económico de Uribe-Santos-Peñalosa puede calificarse como “desarrollo sin desarrollo”.


Cultivos de palma aceitera.
Foto: El Turbión, Ernesto Che Mercado Jones

La ruta hacia el desarrollo

La evidencia empírica desvirtúa los enfoques convencionales, que achacan la existencia del sector informal al exceso de regulaciones estatales, pues los agentes privados optarían racionalmente por la informalidad para minimizar los costos jurídicos y tributarios de operar en el sector moderno.

En realidad, el sector informal es el resultado de la incapacidad del sector moderno para crear empleos suficientes para ocupar a la creciente oferta de trabajo proveniente de la migración rural urbana y a la población atrapada en los sectores de subsistencia en las ciudades. Como dicen Mario Cimoli, Annlisa Primi y Mauricio Pugno: “El carácter residual del empleo informal permite mantener la segmentación del mercado del trabajo y fortalece la restricción externa al crecimiento”.

En efecto, la tasa de crecimiento de una economía está determinada por la tasa de crecimiento de las exportaciones y por la “elasticidad” de las importaciones (qué tanto aumentan estas al ir creciendo la riqueza del país). El círculo virtuoso de las naciones desarrolladas consistió en promover procesos que les permitieron especializarse en producir bienes con altas elasticidades ingreso de la demanda externa, mientras que sus importaciones se concentraron en bienes intensivos en recursos naturales y materias primas, con bajas elasticidades ingreso.

El modelo económico de Uribe-Santos-Peñalosa puede calificarse como “desarrollo sin desarrollo”.

Así, una política que promueva una mayor diversificación productiva y un patrón de integración a los mercados internacionales con bienes y servicios caracterizados por altas elasticidades ingreso y reduzca su elasticidad ingreso de las importaciones, desencadenaría un círculo virtuoso que se auto-refuerza, esto es, aumentará la tasa de crecimiento económico en el largo plazo.

Esto permitirá incorporar innovaciones y tecnologías en la producción, mediante la diversificación de su sector externo. Por esta vía se generan economías externas y rendimientos crecientes, aumentando la productividad y la eficiencia de la economía, al mismo tiempo se mejoran los ingresos de los trabajadores y se reduce rápidamente el tamaño del sector informal.

Un camino equivocado

Desafortunadamente, este no ha sido el patrón para los países en desarrollo.

Las economías de América Latina profundizaron su especialización en materias primas y  en recursos naturales, mientras que las elasticidades ingreso de las importaciones aumentaron sustancialmente después de la apertura económica. El Gráfico 1 muestra la relación entre las elasticidades ingreso de las importaciones y los indicadores del sector informal para varios países del continente.

Gráfico 1. Informalidad y patrón de especialización en América Latina

Informalidad

Fuente: Cimoli et al (2006) y Pacheco y Thirlwall (2006), elaboración propia.

Aquellos países del continente que liberaron sus economías y experimentaron mayores crecimientos de la elasticidad ingreso de sus importaciones sufrieron un retroceso  en el patrón de desarrollo. El sector informal se expandió, agravando la “heterogeneidad estructural” y la especialización en unos pocos productos primarios y recursos naturales.

Confirmación de la hipótesis

Dije que la existencia del sector informal no se debe a las regulaciones sino ante todo a la incapacidad del sector formal para crear empleos suficientes. Porque este punto es básico y aunque es un poco técnico, resumo en unas líneas el modo de probarlo.

El Gráfico 2 presenta la estimación de elasticidad ingreso de las importaciones en Colombia entre 2000 y 2012. El valor resultante de la elasticidad es 2,081.  Con dicho valor se puede estimar la magnitud de la informalidad en Colombia utilizando la ecuación que se deriva  del Gráfico 1 (Informalidad = 44.513+2.2337*2.081=49.1).

Gráfico 2.  Elasticidad Ingreso de las importaciones en Colombia (2000-2012)

Elasticidad

Fuente: DANE, cálculos propios

El resultado es de 49,1 por ciento de la población ocupada en el sector urbano, es decir, la teoría estructuralista explica de manera sencilla el origen y el nivel de la informalidad en Colombia.

Esta evidencia confirma un hecho tozudo: las reformas de libre mercado profundizaron un patrón regresivo en el país, ahondando la heterogeneidad estructural de la economía. Así las cosas, el peso de las actividades informales en el empleo urbano  se convierte en el principal problema de la economía colombiana.

Resolverlo, permitirá un transito virtuoso hacia una sociedad sin conflicto armado, con mayores controles sociales y políticos sobre la corrupción. Como muy bien dice Ha-Joon Chang: “La corrupción suele existir porque hay demasiadas fuerzas del mercado, no demasiado pocas”.

 

*Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia y profesor investigador de la Universidad Externado de Colombia

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Álvaro Moreno

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Álvaro Moreno

* Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia.

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