
La peleíta por el FMI
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La obsesión que tenemos con el Fondo Monetario Internacional – FMI no tiene discusión. De un lado, es el santo al que más le rezamos, del otro es la encarnación del diablo para los países en desarrollo. Pero de fondo, estamos hablando mucho del banco y poco de por qué estamos acudiendo a él.
Para hacerlo sencillo, imaginemos que yo me gana 10 millones de pesos al mes, pero llevo meses irresponsablemente gastándome 13. Como estoy en déficit, acudo a mi tarjeta de crédito, pido préstamos a mis amigos y cada cierto tiempo llamo al banco para que me refinancie la deuda. Una bola de nieve. Pero un día, un banco me llama y me dice que está dispuesto a prestarme más barato.
¿Es una buena noticia? Claro. ¿Solucionó mi problema? En absoluto.
Esta, guardando todas las proporciones, es una forma de entender la conversación que Colombia está teniendo con el FMI. El país tiene un problema fiscal que todos conocemos y que este Gobierno, bajo una promesa de campaña, aseguró podía resolver. Por eso volver a hablar con el FMI puede tener sentido, pero para entender la discusión actual hay que devolverse unos años atrás.
Colombia tuvo desde 2009 acceso a la llamada Línea de crédito flexible del FMI. El nombre suena enredado pero la idea no lo es tanto. Pensemos en ella como una tarjeta de crédito de emergencia que uno espera no tener que utilizar y que es bastante exclusiva.
El FMI se la ofrece a países que considera que tienen fundamentos económicos muy fuertes y políticas e instituciones macroeconómicas sólidas. A diferencia de otros programas del Fondo – y ojo que este es un agregado muy importante- el país puede acceder a los recursos sin tener que negociar después una lista de reformas para recibir cada desembolso. Las condiciones están establecidas para el ingreso: si demuestras que tienes la casa ordenada no hay acciones adicionales.
Durante años Colombia la tuvo y no la utilizó, hasta que llegó la pandemia. En 2020, durante el gobierno de Iván Duque, el cupo disponible llegó a aproximadamente 17 mil millones de dólares. Y aquí hay otra confusión que he visto en varios videos, medios y columnas: Colombia no se endeudó por 17 mil millones, ese era su cupo disponible. El Gobierno utilizó 5.400 millones, con un plan de pago establecido, y el resto de cupo quedó disponible.
Luego vino otro punto de disputa política. Que Petro pagó toda la deuda pero que ahora Abelardo quiere volver a abrir este canal. En efecto, Petro la pagó pero porque desde el momento de asumirla, después de un período de gracia, el capital debía pagarse entre 2024 y 2025. Esto quedó establecido al momento de asumir el préstamo, no a la llegada del gobierno Petro.
Las cuotas del FMI hacían parte del servicio normal de la deuda externa de la Nación. Al mismo tiempo que Colombia pagaba esas obligaciones, el Gobierno seguía necesitando financiamiento y obteniendo nuevos recursos mediante TES, bonos internacionales y créditos con organismos multilaterales.
De hecho, cuando el Ministerio de Hacienda pidió en 2024 ampliar el cupo de endeudamiento externo del país, incluyó entre las obligaciones que debía atender precisamente los pagos de la Línea de Crédito Flexible del FMI.
Y esto nos lleva a una diferencia que parece pequeña, pero es fundamental.
Pagarle una deuda a un acreedor no significa necesariamente reducir la deuda total en esa misma cantidad.
Volvamos a mis deudas hipotéticas. Supongamos ahora que le debo los 3 millones al banco A y el crédito vence mañana. Consigo un nuevo préstamo, entran recursos a mi cuenta y pago los 3 millones que le debía al banco A. No significa que no los deba, solo cambié de acreedor.
En las finanzas públicas esto ocurre permanentemente. Vencen bonos y créditos mientras el Estado emite nuevos TES, coloca bonos o consigue préstamos para financiar sus necesidades.
Por eso decir “Petro pagó la deuda con el FMI” es correcto como descripción de quién gobernaba cuando vencieron las cuotas, pero dice bastante poco sobre si Colombia se desendeudó. Colombia dejó de deberle esos recursos al FMI. Eso no significa, por sí solo, que la deuda pública colombiana haya disminuido en 5.400 millones de dólares. Solo cambiamos la composición de la deuda.
Entonces, ¿por qué estamos hablando otra vez del FMI? Nuestras cuentas fiscales se deterioraron. El déficit aumentó, la deuda creció y en 2025 se suspendió temporalmente la regla fiscal. Ese mismo año el FMI concluyó que, aunque Colombia conservaba fortalezas importantes en otros frentes, su marco fiscal ya no podía calificarse como muy sólido y nos quitaron la tarjeta de crédito mágica. La línea de crédito quedó cancelada.
En la situación fiscal tan compleja que nos encontramos, los acercamientos al FMI son para abrir nuevas vías para recomponer la deuda. El FMI no puede prestarnos inmediatamente porque perdimos la línea crediticia excepcional. Los acercamientos no son un hecho, porque actualmente no tenemos ninguna modalidad abierta. Volviendo a mi ejemplo: es como si quisiera que el banco B que presta más barato me hiciera una compra de cartera, pero este banco no me quiere prestar a mi porque estoy reportada en datacredito con una calificación negativa.
Ahora puedo intentar convencerlo bajo unos compromisos, que es lo que el país está intentando hacer, pero esos compromisos suelen ser austeridad, recortes, impuestos y pérdida de autonomía.
Entonces la conversación política es realmente en este punto, ¿a quién le pedimos la plata? No pedírsela al FMI no hace desaparecer la cuenta. Pueden ser los colombianos comprando TES, inversionistas extranjeros comprando bonos u otros organismos multilaterales. ¿Quién está dispuesto a prestarnos, cuánto nos cobra y qué nos pide a cambio?
De fondo, la discusión que hay que dar es como vamos a resolver en el largo plazo el problema fiscal enorme que tenemos más allá de las posturas políticas que se tiene sobre una institución internacional. Hay un compromiso de Gobierno de no aumentar los impuestos. Entonces hay que recomponer el gasto y la deuda. Hacer recortes presupuestales y buscar acreedores que nos ofrezcan mejores tasas y condiciones de financiamiento.
¿Por qué si Colombia puede conseguir un dólar prestado más barato en un lugar que en otro, no va a hacerlo?
Acerca del autor

Laura León
* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.
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