
La paz en el debate electoral
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El oficialismo, la oposición y los precandidatos presidenciales hablan de “seguridad ciudadana”, “seguridad integral”, “seguridad agraria” u otras variantes de una idea vieja: la seguridad democrática que le da tanta popularidad a Uribe. Pero la paz no figura en sus discursos y hoy por hoy ya no es parte del debate nacional; ¿será que la sociedad civil puede o debe remediar este vacío?
Maria Victoria Duque
La paz no es un asunto de nosotros
Durante varias décadas la paz fue un anhelo recurrente y un tema capital en las campañas por la Presidencia – se dice, por ejemplo, que Andrés Pastrana ganó las elecciones por su sonado encuentro con "Manuel Marulanda". Pero esta larga búsqueda se acabó con Uribe y hoy por hoy no se habla, o casi no se habla, de nada que no sea (o no parezca) la derrota militar apabullante o rendición incondicional de las guerrillas.
La paz no es un debate nacional. ¿Las razones? Diversas, tienen que ver con los éxitos del Ejército contra las FARC, la percepción de seguridad existente en el país, la derrota política de las guerrillas, el proceso de desarme parcial de los paramilitares, y la manipulación del gobierno a la hora de presentar estadísticas, entre otras.
La paz, si acaso, es un debate local o regional, porque en algunas zonas es tanta la barbarie de los grupos armados que los políticos se atreven a pensar en remedios distintos de aplicar más violencia. Y por el otro lado, paradójicamente, la paz ha comenzado a ser un tema de la política internacional de Colombia: por cuenta de la seguridad democrática, las relaciones con Venezuela, Ecuador y aún con América Latina en su conjunto, han adquirido un tono francamente belicista.
Basta notar cómo en espacios internacionales como la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, la paz ha sido objeto de discusiones. Las razones son numerosas, y podemos encontrarlas en las bases norteamericanas, la seguridad de la región, la relación del conflicto con el narcotráfico, las fumigaciones, el desplazamiento forzado, la militarización de las fronteras, y los indicios de la "cercanía" de los gobernantes de los países vecinos con los grupos insurgentes colombianos, entre otras.
Todo apunta a una estrategia militar
Voces calificadas ponen en duda la sostenibilidad de la estrategia militar, dados sus altísimos costos económicos y la cada vez más condicionada negociación del Plan Colombia (o sus consecuentes nombres) con los Estados Unidos. No obstante, los recursos para garantizar su consolidación y la de la política de seguridad democrática saldrán del presupuesto nacional. Aunque esto vaya en detrimento de la inversión social y del desarrollo del país.
Por su parte, según expertos, las FARC están incómodamente esperando el 2010. Tienen la expectativa de que, independientemente de cuál sea el resultado de las elecciones, el nuevo gobierno (incluyendo un Uribe III) abra un espacio para la negociación política. Sin embargo, pensar en esta posibilidad parece lejano debido a que en el ámbito político -no en el militar- están derrotadas.
La otra cara de la moneda es la existencia, expansión y fortalecimiento de las bandas emergentes o de los reductos del paramilitarismo que no se desarmó. Actores que siguen operando en vastas regiones del país y con los cuales hablar de salida negociada es imposible a la luz de los altos grados de criminalización.
A la par de esta realidad se encuentra el narcotráfico y sus implicaciones para el conflicto y el desarrollo. La distorsión de la política antinarcóticos tiene una de sus explicaciones en que el gobierno cree que su guerra contra las FARC es sinónimo de acabar con el narcotráfico. Sin embargo las evidencias demuestran que aún cuando se acabe con ellas, la estructura del negocio ilícito ha permeado a tal punto a la sociedad que no se prevee el cumplimiento de esta premisa.
La paz en la coyuntura electoral: una mirada a los actores y sus agendas
Cuando hacen referencia a la paz, los diferentes precandidatos y candidatos tienen marcada su apuesta entre parecerse o diferenciarse de Uribe. No obstante, en la práctica, no se distancian mucho. Veamos:
Álvaro Uribe o Juan Manuel Santos
El presidente Uribe, pese a todos los pronósticos, aún no ha aceptado abiertamente su candidatura, pero sin duda no le incomoda la posibilidad de ser el "nuevo" presidente de Colombia para el periodo 2010-2014. Posibilidad que se percibe cada vez más cerca a juzgar por los acontecimientos que sobre la reelección han tenido lugar desde agosto en el Congreso y demás instancias decisorias. Lejos de las sumas y restas de la maquinaria electoral, el discurso de "campaña" del presidente continúa siendo la consolidación de la Política de Seguridad Democrática. Política que si bien ha demostrado resultados contra las FARC,[1] no ha implicado un avance hacia la construcción de la paz en el marco del panorama humanitario.
Ahora bien, en caso de que el referendo no se apruebe, su ex Ministro de Defensa y candidato presidencial por el partido de la U, Juan Manuel Santos, se presume consolidará el proyecto político y militar de Álvaro Uribe.
El Partido Liberal
Rafael Pardo, Alfonso Gómez Méndez, Aníbal Gaviria, Cecilia López, Héctor Elí Rojas, Iván Marulanda y Alfonso López Caballero son la baraja de pre candidatos del Partido Liberal entre los que, en consulta interna el próximo 27 de septiembre, será escogido el candidato presidencial. Sus programas indican que ninguno ha tomado la paz como propuesta de campaña. Por el contrario, se han centrado en tratar de diferenciarse de Uribe simplemente matizando los efectos de la política de Seguridad Democrática.
El Partido Conservador
Aquí que entre el diablo y escoja. El único precandidato del Partido Conservador que ha mencionado la negociación de paz como una oferta a la guerrilla (con un horizonte de dos meses para realizarse) es José Galat, Fernando Araujo propone un paraíso sin violencia gracias al control militar. Y Andrés Felipe Arias basa su propuesta en la participación y en la transparencia mediante el modelo de los Consejos Comunitarios. Habrá que esperar también la consulta interna, pero gane quien gane no se prevén cambios en esta perspectiva.
Sergio Fajardo
El candidato presidencial que renunció a la posibilidad de crear un partido político con los ex alcaldes Mockus, Peñalosa y Garzón, presentó su propuesta de Seguridad y Defensa. En la misma no se hace uso del término terrorismo[2] pero tampoco se habla de una propuesta concreta para la paz. Excepto por vagas y generales alusiones a la violencia, a las víctimas y a experiencias de la sociedad civil; o, que con nostalgia, menciona las frustraciones del Caguán; o de la ineficacia de la Ley de Justicia y Paz; o más recientemente cuando hace alusión a sus propios fracasos en el proceso de desmovilización, aludiendo la responsabilidad del Presidente y aceptando que el proceso fue manejado por los paramilitares y que se rompió en el momento de su extradición a Estados Unidos[3].
Los tres ex alcaldes: un nuevo partido político
Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón anunciaron la creación del partido político de opción centro. Sus principios se basan en la continuidad de las agendas que tuvieron durante sus respectivas alcaldías. Cultura ciudadana, rescate de la confianza en la política, capital social y la idea de que la vida es sagrada, en el caso de Mockus. Para Peñalosa, el rescate del espacio público y la igualdad en el acceso a la infraestructura urbana. La equidad social como el camino de la construcción de igualdad para Garzón. Como partido, anuncian los puntos de su agenda: el respeto a la vida y el rechazo a cualquier tipo de violencia por medio de la seguridad ciudadana. Si los tres fueran uno tendríamos un candidato presidencial de lujo, y sin embargo, su prioridad tampoco sería la paz.
El Polo
Gustavo Petro sustituye el tema de la paz por un sexto punto en su propuesta de programa, titulado Política de Seguridad Democrática Integral. Carlos Gaviria habla de alcanzar la paz pero no se identifica con claridad una propuesta sólida. De Lucio Torres no se conocen, al menos públicamente, sus propuestas.
Germán Vargas Lleras, Martha Lucia Ramírez y Noemí Sanín
Germán Vargas Lleras, candidato por Cambio Radical, sostiene que su gobierno heredará la Seguridad Democrática. Martha Lucia Ramírez, tal vez la más seria en su propuesta de paz (aún cuando en su documento de programa[4] ésta no pasa de dos renglones), no tiene la más mínima posibilidad siquiera de recolectar las firmas necesarias para inscribirse como candidata. Si es que acaso no termina en las toldas conservadoras. Noemí Sanín quien, como Juan Manuel Santos y Andres Felipe Arias, deposita sus propias aspiraciones en el devenir de la decisión de su jefe político. Y sin decisión propia, entendemos que su propuesta en esta materia está igual de enredada.
La sociedad civil y la construcción de una agenda de paz
Por primera vez en la historia reciente de Colombia la paz no es el tema de las campañas electorales. Dejó de tener sex appeal a la hora de conseguir votos. Mientras en Colombia los candidatos no la asumen como un asunto relevante, Costa Rica, por ejemplo, será el primer país latinoamericano con un Ministerio de la Paz.
Este cambio también es notable en la sociedad civil. Las ONG que tradicionalmente le apostaban al discurso de la salida política negociada y de una mesa de negociación como condición sine qua non para alcanzar la paz, hoy en día sostienen que la guerrilla se involucró en la degradación del conflicto y se enredó en prácticas criminales, a tal punto, que su falta de legitimidad social es ahora inconmensurable.
Lo novedoso de esta posición es que la sociedad civil, representada en universidades, partidos de oposición, sindicatos y más de un centenar de ONG de toda naturaleza, convocó hace unos días a una Cumbre Social y Política[5] como "una invitación para construir una agenda de país…" una agenda social y política que "sea muy significativa para la paz, el progreso y la democracia en Colombia".
A diferencia de las candidaturas presidenciales, uno de los puntos más importantes de este evento, enmarcado en la coyuntura electoral, fue la discusión sobre la paz, los acuerdos humanitarios, la negociación del conflicto y las víctimas. Lo anterior, sostienen, desde la perspectiva de avanzar hacia donde no se le haga el juego a la guerra.
Defienden que el proyecto ciudadano de construcción de la paz no puede ni debe estar condicionado a que las partes se sienten a negociar. Ésta es una construcción social y política que implica reformas sustanciales y transformaciones democráticas en las cuales la sociedad civil tiene un papel central que jugar, señalan. Parece que, entre la sociedad civil, se comparte con Carlos B Gutiérrez[6] que los diálogos de paz deben transformar y no ratificar a las partes.
Con Uribe o sin Uribe, la paz se mueve a escenarios complejos en la medida en que en el contexto electoral (donde lo importante son los votos), ésta se "camufla" con la seguridad y sus distintos apellidos: democrática, ciudadana, rural o integral. Y porque, aparentemente, la sociedad civil se descubre hasta ahora, como actor político relevante en la construcción de la paz.
En consecuencia, los que tendrán el poder para tomar las decisiones, no tienen el tema como prioridad. Por lo que se puede deducir que no se contará con la voluntad política necesaria para su construcción. Y los que la entienden como transformaciones democráticas que pasan por reformas relevantes, no tienen ni el poder ni la unidad necesarios para avanzar hacia su construcción. ¿Hasta cuándo será posible postergarla?
Notas de pie de página
[1] Duque, María Victoria. Balance Humanitario: Saldo en Rojo. Artículo. En: www.razonpublica.org.co de fecha 24/08/2009.
[2] Fajardo, Sergio: Once temas de seguridad y defensa, en boca de Fajardo. Disponible en: http://www.lasillavacia.com/historia/3623 . Consultado el 21/08/09.
[3] Entrevista a Sergio Fajardo. En: El Espectador 20 de septiembre de 2009
[4] Ramirez, Martha Lucía: 12 caminos para emprender juntos la revolución de las oportunidades. Disponible en: http://martaluciaramirez.com/12-caminos/propuestas.htm . Consultado el 21/08/09.
[5] Cumbre convocada entre el 20 y el 22 de agosto de 2009 con la participaran al menos 1500 delegados de todo el país y a la cual la precedieron encuentros preliminares en los 32 departamentos.
[6] Entrevista a Carlos B. Gutiérrez, filosofo colombiano de la Universidad de los Andes. En: El Espectador 20 de septiembre de 2009.
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María Victoria Duque
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